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«En nombre de Dios, no»

Entrevista

Desde las lógicas más disruptivas, muchas mujeres se acercaron al feminismo a través de la militancia católica. Maria Teresa Bosio es Presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir desde hace varios años. Habla de los fundamentalismos religiosos en América Latina, la escalada de la violencia contra las mujeres, el golpe en Bolivia y la palabra del papa Francisco, entre otras cosas. “En este golpe aparecen muy fuerte los símbolos de la biblia, de la cruz. Símbolos que toman ese matiz de colonización que no queremos. Repudiamos el golpe en Bolivia, y la violencia hacia las mujeres indígenas y de pollera. En nombre de Dios no”, dice.

Nació en un pueblo pequeño del interior de la provincia de Córdoba, en una familia católica. Su militancia dentro del catolicismo se forjó en su adolescencia, marcada por las escuelas religiosas y el mensaje evangélico de Jesús. Dice que le encantaba leer el antiguo y el nuevo testamento, pero lo que la desafiaba era el mensaje de Jesús con la opción por los más humildes, los desvalidos, “y con el no juzgar, ponerse en el lugares de les otres, y romper con los parámetros, las normativas y los contextos en los que habitaba, es decir, un contexto patriarcal, donde las mujeres estaban siempre subordinadas”. Ese mensaje es el que primó en su recorrido. Cuando decidió irse a estudiar a la capital Cordobesa, en el año 84, se inscribió en la Carrera de ciencias de la Educación, y lo primero que hizo fue buscar un espacio que trabajara la Teología de la Liberación. Sus docentes volvían de sus exilios y la referenciaron a la iglesia de “Quito” Mariani que estaba en el barrio Cerro de las Rosas. Así participó de algunas comunidades de base en las que Quito era referente mientras estaba internada en una pensión de pupilas. Sus actitudes disruptivas en relación a la religión y su forma de pensarse y pensar su lugar como creyente, hicieron que la echaran de esa institución, donde habitaban cuarenta mujeres. “Ahí mandaba un cura salesiano con formas perversas y jodidas de dirigir la institución, generaba mucho conflicto, y entre todas las compañeras pensamos que el conflicto no estaba entre nosotras, sino que era el cura”, recuerda. No conceptualizaban el patriarcado todavía, pero entendían por dónde venía el problema. La única que fue al frente fue Teresa, y le valió su permanencia en el lugar. Se fue a vivir con algunas amigas al barrio de Alberdi, y se pudo conectar con la revista El tiempo latinoamericano. Una revista de laicos, de rescate histórico. A ella la pusieron a ordenar el archivo de Angelelli, y así es como se enteró que había sido asesinado por la dictadura. En ese tiempo conoció a Marta Alanis. Algunos años después le contó su proyecto de Católicas por el Derecho a Decidir. Había pocos espacios de debate político en pleno neoliberalismo, y ella tenía ganas de reiniciar su búsqueda. Marta le ofrecía un espacio para trabajar de forma voluntaria. Tenían muy poco financiamiento, y el sindicato de publicidad les prestaba una piecita donde trabajan en un proyecto de prevención de VIH Sida, que articulaban con otras organizaciones. Tenían una obra de teatro, iban a los colegios, a las cárceles, y a diferentes instituciones trabajando con prevención. Algunos años después se fue interiorizando en el feminismo con su base teórica, metodológica, política. “Yo era una feminista instintiva. Negaba un mandato que me quería imponer mi mamá de ser una chica que se quedara en el pueblo, se casara, que fuera docente. De hecho todo eso lo hice (risas), pero una transita la vida como puede, con esos mandatos patriarcales y conservadores, donde las mujeres teníamos que estar ocupando roles de cuidado, teníamos que vivir la sexualidad desde el aguante y la reproducción, el no placer, cosas que a mí no me cerraban pero que tampoco tenía muchos elementos para disputarlo”, dice.

-¿Cuáles son las estrategias que desde CDD se están pensando contra los fundamentalismos religiosos que desembarcan en América Latina?
En principio conformar espacios disidentes dentro del fundamentalismo religioso. Construimos diálogo con otras compañeras de otras religiones que llevan la misma disputa. La mayor subordinación que tenemos es a la hora de tomar decisiones, de construir perspectivas teológicas, entonces la idea es armar un movimiento interreligioso, contrarrestar el ecumenismo conservador que están construyendo estos sectores.

-Participaste del XXVI Coloquio Internacional de Estudios de Género donde se habló de la lucha por la despenalización del aborto en América Latina, ¿cuál es el estado de situación en la región? ¿qué podemos esperar con la avanzada de la derecha que arrasa con los derechos humanos?
-Nosotras siempre tenemos un mensaje de esperanza. Reconocemos al enemigo, y así tenemos herramientas para contrarrestar sus discursos. La idea es disputar estos discursos en la educación, en las instituciones de salud, para disminuir la resistencia. Lo que vemos en América Latina es que esta tensión juega en el interior del Estado. Los sectores fundamentalistas saben dónde generar la disputa y dónde poner el obstáculo. Usan el Estado como una herramienta para obstaculizar el acceso a los derechos.

-¿Qué opinión tenés respecto al golpe de Estado en Bolivia en nombre de la política femenina, con una presidenta autoproclamada y funcional a la derecha fascista?
Nosotras decimos “En nombre de Dios no”. En todo este golpe aparecen muy fuerte los símbolos de la biblia, de la cruz. Símbolos que toman ese matiz de colonización que no queremos. Repudiamos el golpe en Bolivia, y la violencia hacia las mujeres indígenas y de pollera y todas las mujeres. Se las ha despojado de los pocos derechos que pudieron alcanzar en la gestión de Evo Morales. Hubo una respuesta a los dichos de Rita Segato de las mujeres indígenas. En este recorrido tenemos que salirnos de nuestro lugar de privilegio -porque somos feministas blancas, educadas, con obra social- a veces uno juzga desde un lugar determinado un proyecto político porque no está viviéndolo. Esas mujeres hablan desde el no haber tenido nada, haber tenido los derechos básicos negados como el de la salud, la anticoncepción, la educación. Y en Argentina las mujeres indígenas disputan sentidos y lugares en relación al feminismo, que era un feminismo blanco.

-El papa Francisco habló de la situación latinoamericana, dijo que “hay Gobiernos débiles que no han conseguido poner orden y paz”, y por otro lado dijo que la situación es similar a la de la década de los 70 y 80, ¿qué opinión tenés?
Creo que no va a haber paz en la medida en que haya injusticia. Los gobiernos no son débiles, lo que pasa es que América Latina siempre estuvo sometida a procesos de dominación, exclusión y colonización. Y la disputa con los sectores poderosos es tan desigual que uno puede pensar que los gobiernos son débiles pero no, es que los otros son muy fuertes. Habría que revisar un poco en la historia de latinoamérica, que él pueda mirarla. Siempre fuimos una región sometida a los designios de los poderosos, con nuevas estrategias, nuevas intenciones de sustraer riquezas, porque ahora está el capitalismo financiero, o el extractivismo, pero siguen siendo los mismos, que de todas las formas nos siguen poniendo bajo sus pies.

-¿Cómo vivieron la marcha atrás de Mauricio Macri sobre el protocolo de ILE? ¿Cómo creés que será el debate aquí en más teniendo en cuenta que Cambiemos deja al país sin Ministerio de Salud?
Lo del protocolo fue una vergüenza, hubo un desconocimiento de todo el proceso que se vivió durante todo el 2018. Nos pareció que el protocolo estaba muy bien, muy prolijo, nos sorprendió gratamente, y después vino la contramarcha. Pero es la posición que Macri adoptó en la campaña política, adhirió al pañuelo celeste sin ambigüedades. Creo que al tener al presidente entrante con una posición muy clara, y escuchar que la Iglesia no va a incidir en la cuestión del debate, el panorama es esperanzador. Hoy es una demanda social que entró en agenda.

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Política

El enemigo interno, parte II

¿Este era el plan para el que Patricia Bullrich no se cansó de comprar armas? Nunca tuvimos hipótesis de conflicto con un país extranjero. Si a Gran Bretaña Macri le mandó el oro de nuestras reservas, además de desmalvinizar todo lo que pudo. Desde el principio no hubo hipótesis sino plan: y el plan era generar la conocida, aberrante y sangrienta escena del enemigo interno. Ya no pelean contra fuerzas insurrectas ni organizaciones armadas como hace treinta años. No las hay. Hay chicos del sencudario, jubilados, jóvenes y personas comunes y corrientes que salen a las calles a gritar que el neoliberalismo no es lo que eligen en elecciones, que quieren otra cosa, que están hartos de tantas mentiras y eufemismos.

A cada rato vemos vejaciones, maldad, violaciones a los derechos humanos inconcebibles. Los medios ni mu. Hace años que son parte del elenco estable del neoliberalismo. Ahora la presidenta de facto de Bolivia celebra una fecha de posibles elecciones con Evo proscripto y con el vicepresidente del MAS detenido en el fin de semana.

¿Supervisará la OEA las nuevas elecciones? ¿Es posible que el mundo siga andando cuando se ven helicópteros sobrevolar Cochabamba y empiezan a aparecer los ricos de cada país tan parecidos a nuestros sojeros, tan seguros de su superioridad, tan excitados por las ganancias que un gobierno que no les pertenezca puede limitarles?

Estamos en un dilema y en una bisagra. Nunca la reacción pro yanqui fue tan feroz, con un presidente que cursa un juicio político y levanta su imagen con slogans supremacistas. La verdad, Estados Unidos nunca fue una potencia cultural. En sus incursiones en medio oriente, además de robarse el petróleo, se ocuparon de borrar huellas de culturas milenarias, la iraní, la siria. Sus representantes locales y quienes los defienden tienen la piel oscura pero aspiran a ser blancos como Trump. Si pudieran, todos ellos se teñirían el pelo de rubio canario y recortarían corazones para el Día de San Valentín. No les alcanzaría. Quieren, querido rey, borrar de la faz de la tierra a los sobrevivientes de la primera colonización. Quieren deforestar sin que nadie moleste. Quieren matar sin causa. Quieren enchufarnos a su propio y siniestro Cristo en la mente.

Mientras cursamos ese dilema, y estamos por empezar una nueva etapa en la Argentina, aspiro como simple ciudadana que busca la información que ellos ocultan a que no se le permita a la Iglesia Universal desplegarse en el país. Ningún culto que incite al odio racial debería ser habilitado. Una cosa es defender derechos, y otra entregarse mansa e ingenuamente a que nos operen como lo han hecho en Brasil y en Colombia. Ser democrático también es repeler a los agentes de los golpes o las democracias de fachada.

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El patriarcado es una pata más del capitalismo corporativo

Radio Caput

Somos Nosotras

Creado por RadioCaput

19 de noviembre

La periodista y escritoria Sandra Russo reflexionó sobre el feminismo en Latinoamérica: “En Bolivia es probable que reprochen que las indias tengan las mismas oportunidades que ellas, no creo posible el feminismo liberal. Nadie que esté a favor del racismo puede portar una bandera de Derechos Humanos. No es casualidad que hayan puesto a una mujer como presidenta de facto. En esta fase del capitalismo corporativo el patriarcado en una pata más del racismo, el machismo y el clasismo. El único punto de vista razonable es estar a favor de las víctimas y en contra de los victimarios”

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Contratapa Página/12 Política internacional

Mitos mediáticos: “Perpetuarse en el poder”

Uno de los mitos mediáticos que la derecha convirtió más exitosamente en frase hecha, es que los líderes latinoamericanos de los diversos movimientos populares surgidos en la década pasada quieren “perpetuarse en el poder”. Recuerdo un día hace más de diez años, cuando mirando distraídamente la pantalla, mientras instalaba alguna aplicación, me apareció un jueguito de apariencia infantil, cuyo título era “Los que quieren perpetuarse en el poder”, y en una secuencia sinfín iban apareciendo Chávez, Lula, Néstor, Cristina, Evo, Ortega, Lugo, Correa. Era una especie de publicidad sin anunciante visible, que lo que publicitaba era lo que se convertiría en latiguillo, en acusación y en una de las justificaciones de los golpes blandos que siguieron. Ya estaba planteado por Estados Unidos cuál era el “eje del mal” en América Latina: el que ganaba las elecciones. Si todos los beneficiarios de esos gobiernos se hubieran sentido tales, el ciclo era definitorio: por primera vez en siglos, las grandes mayorías serían las que retendrían el poder, y no las elites, como hasta entonces.

El mito mediático, que completaba su sentido con otros atributos negativos (narcisismo, ambición desmedida, robo de lo público para beneficio personal, etc.), plantaba una semilla transgénica en la mente de millones de usuarios no politizados que tomaban a la web como un soporte neutral, y en los que les creían todavía a los grandes medios de comunicación. Las grandes mayorías debían ser desarticuladas. Y lo hicieron fomentando el odio de clase, el odio racial, los bajos instintos de sectores que pertenecen al mundo del trabajo y no al del capital.

Todo ha ocurrido vertiginosamente en estos últimos treinta días. En la Argentina estamos en el final de una etapa que nos devolvió sombríamente al neoliberalismo y a su verdadera biblia, que no es la que levantó la presidenta de facto de Bolivia, sino la creencia fanática en el ajuste social para elevar el margen de la renta financiera y la reprimarización de la economía. Fue a lo largo de años y en boca de miles de comunicadores y dirigentes que hablaron desde centenares de medios, que la caracterización de los gobiernos populares se cristalizó. Esos mitos –el populismo regala a los pobres cosas a las que no tienen derecho, porque son pagadas con los impuestos de todos; simula beneficios para las grandes mayorías pero ésa es la pantalla para que “los políticos se roben todo” –, son los mismos en todos nuestros países. Es una pantomima un poco pueril, ya que Chile estalló porque su pueblo no aguanta más, en la Argentina el neoliberalismo perdió por diez puntos las elecciones y en Bolivia derrocan a Evo Morales con una excusa ridícula (irregularidades en 78 actas sobre más de 33.000) y entonces, en el país con mejores resultados económicos y sociales de la región, donde por primera vez la población indígena estaba representada en el poder, pegan un golpe duro, sangriento, ya sin pretensiones de república, se decreta que las fuerzas de seguridad pueden matar sin tener que dar explicaciones, atrás de la presidenta de facto hay un hombre al que le gusta que lo llamen “el macho Camacho”, los pobladores aymaras son repelidos con balas y asco por militares de piel oscura, y una ministra de Comunicación echa a la prensa extranjera y amenaza con acusar al periodismo de “sedición” si menciona la palabra “golpe”.

Esos mitos antipopulares y antipolíticos germinaron con su veneno adentro y nos depararon en la Argentina estos últimos cuatro años de derecha saqueadora, persecutoria, delictiva, pero ahora parecemos mirar un terrible partido de tenis, girando alternativamente la cabeza, la mente y el corazón hacia Chile y Bolivia. Ambos escenarios son inéditos. Hace más de cuarenta años que el pueblo chileno dormía el sueño neoliberal de la normalidad, y su despertar combina extrañamente dolor y alegría. Es difícil de asimilar esa combinación, cuando estos días de policía militar enloquecida están dejando, de noche, a una generación sin ojos, mientras se están cometiendo delitos sexuales en las comisarías, están arrinconando a los manifestantes para que caigan al río, están matándolos. Y de día, la nueva Plaza de la Dignidad exhibe la contracara del horror de unas horas antes: la explosión de la creatividad y la confraternidad que da la lucha callejera. Muchos vimos el video de Frank, ese joven estudiante de Historia de Maipú, que tomó por asalto una cámara de televisión para hacer probablemente uno de los alegatos y análisis más lúcidos y autorizados que se hayan escuchado sobres las mentiras del neoliberalismo. Frank reprochaba el discurso de la meritocracia porque en Chile “ya están aburridos” de escuchar que el que no tiene éxito es un flojo. Frank tiene una beca y por eso estudia, pero pertenece a esos sectores que “se rompen la cresta” de sol a sol trabajando para después usar su salario apenas en comer mal y enfermarse, porque no hay salud pública, mientras los chicos ricos aprenden tres idiomas y cursan en aulas donde hay veinte, no cuarenta, y tienen su capital cultural ya embolsado por haber nacido en el seno de familias de elite.

“Me aburrí”, decía Frank, y me llamó la atención que reemplazara el me harté o me cansé. En los ´90, la derecha logró generar “jóvenes aburridos” que caían en la abulia política, porque “todos eran lo mismo”. Eso marca una enorme diferencia con lo que pasa hoy, cuando el “aburrimiento” no aísla sino junta, no aplaca sino enardece. También estos jóvenes chilenos están decepcionados de la dirigencia política, pero han descubierto que no están obligados a seguir mansos mientras otros hagan o no hagan las cosas por ellos. Han tomado el destino en sus manos, y si doscientos ojos después, decenas de muertos después, decenas de violaciones y abusos después, siguen y más inflamados todavía, es porque no se trata de espuma y no los convencerán con promesas. Hay una épica de la “primera fila”, que parece una avanzada vikinga protegida con escudos rudimentarios, atrás de la cual avanzan también uno o dos músicos, haciendo salir de su saxo o su violín la cadencia de El derecho de vivir el paz. Y uno ve eso y se queda estupefacto, porque ahí hay un pueblo que estuvo callado pero que entendió visceralmente que lo estaban jodiendo.

Frank pedía un cambio de rumbo, como piden todos los chilenos que hace un mes están en las calles. Colombia sigue esa ruta. Bolivia, mientras tanto, se desangra. No ha sido un golpe cívico militar tradicional el que sacó a Evo Morales del poder. Tuvo componentes inéditos. Los más importantes son la complicidad activa de la OEA, y el odio racial apoyado en la nueva religiosidad impulsada por las agencias de la CIA, que parece que ya abandonan las formas que nunca tuvieron contenido, y renuncian a simular que les importa la democracia. Pronto hablarán elogiosamente de una raza superior.

Todo fue farsa. La democracia nunca les importó más allá de su fachada. Quieren asegurarse que América Latina les pertenece, y han declarado a los pueblos indígenas como los nuevos blancos a eliminar. Vienen por los recursos y esos pueblos siempre han sido los mejores y más persistentes guardianes del equilibrio. El capitalismo financiero y corporativo es enemigo del equilibrio, porque necesita la gran escala en todo. En Bolivia y en Chile estamos viendo la gran escala de la crueldad.

Los gobiernos populares nunca quisieron “perpetuarse en el poder” a través del fraude. Hubo muchas elecciones, de medio término y generales en las que las derrotas fueron asumidas inmediatamente. Pero esos gobiernos, que cada uno a su modo, a su ritmo, con sus errores, con sus contradicciones, repararon más que ninguno de los anteriores las enormes deudas sociales latinoamericanas, trajeron un nuevo paradigma de distribución que la derecha no acepta. Y la repele y reacciona con ira, fanatismo y delitos de lesa humanidad porque es ella la que se ha perpetuado en el poder desde hace dos siglos, ella sí mediante fraudes muchas veces, y otras veces como mandantes de las fuerzas armadas. Es la derecha, el neoliberalismo, el racismo, el supremacismo, la política de los privilegios y la traición a la patria lo que se perpetuó realmente en el poder de nuestra región.

Los que echaron a Evo con el pretexto de que quería “perpetuarse en el poder” son, en Bolivia, los que han tenido el poder a lo largo de toda su historia. Nunca tuvieron reparos en mentir, en falsificar, en robarse lo público, en hostigar a opositores, en cometer crímenes aberrantes. De un partido o de otro, se han pasado la posta liberal y eurocéntrica primero, y neoliberal después, desde mediados del siglo pasado, y no soportan que por algo llamado democracia deban replegarse. Siempre han acusado en espejo. Pero sobre todo en esto: las proscripciones, la del peronismo o ahora la que pretenden del MAS en Bolivia, les resultaron exitosas. Vuelven a ellas. Lo que encuentran sin embargo, ya no son pueblos a los que pueden venderles sus folletos. Encuentran pueblos “aburridos” de tanta oscuridad y maleficio. Y esta vez ese aburrimiento de escuchar siempre lo mismo, de sufrir siempre lo mismo, no viene manso sino furioso. Lo seguirán intentando, pero no solamente Chile despertó. Ya viene Colombia. América Latina es para los latinoamericanos.

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Ladridos, luna y esperanza

Jorge Elbaum

…y dios que miraba al mundo por los ojos de los perros
(Milonga de Los Perros, La Chicana)


Ilhapa

El último 16 de noviembre, una unidad militar pisó con una tanqueta a Ihapa, el cachorro de Evo Morales. Ilhapa quiere decir “amanecer” en lengua aymará y la cultura andina asocia ese apelativo a la noción de esperanza. Según testigos la tanqueta se hallaba realizando tareas represivas y de su interior salieron las unidades militares que se encargaron de llevar a cabo el allanamiento a una de las viviendas presidenciales. Ilhapa se interpuso frente al blindado, ladrando intensamente, y fue arrollado por vehículo. Ilhapa había sido salvado, tiempo atrás, de unos derrumbes sucedidos en las zonas San Jorge Kantutani y obsequiado a Evo. El cachorro se convirtió en la mascota de Morales y participó de visitas a escuelas primarias inauguradas durante su gestión.

Un 16 de noviembre de 1989 el rector de la Universidad Católica de El Salvador, el jesuita Ignacio Ellacuría fue asesinado junto a otras 7 personas por un comando ultra derechista autodenominada «Cruzada pro Paz y Trabajo». La proclama que se adjudicó el crimen amenazó con continuar la sangría sobre todos “los perros comunistas” que simpatizaban con la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

En Santiago de Chile, se enunció esta última semana que Rucio Capucha, el perro que se enfrentó a los carabineros en la Plaza Dignidad –o Baquedano–, fue adoptado el último 16 de noviembre luego de ser curado por estudiantes de veterinaria participantes de las protestas. Rucio se había enfrentado contra los pacos, junto a centenas de encapuchados que lo bautizaron con el apelativo que hoy pulula en las redes junto a su foto. En el país trasandino se asocia a Rucio con la memoria de Negro Matapacos el pastor negro con pañuelo rojo que acompañó las marchas estudiantiles de 2011 convirtiéndose en un símbolo de la resistencia contra la derecha post-pinochetista


Rucio

Dicen los descendientes de los pueblos amazónicos que matar a un perro tiene como consecuencia una de los peores maldiciones: que el asesino nunca podrá ser recordado como alguien que tuvo un tránsito vital sobre la tierra. Se considere que su memoria deja de ser retenida incluso por sus herederos, por su hijos y por las personas con las que tuvieron trato y familiaridad. Su contracara, en la mitología Nanti, es el fulgor de la criatura ultimada. El o ella, el perro o la perra llega a brillar en las noches como la forma esperanzada de una estrella. Su carita vuelve y una y otra vez a salpicar de alegría lxs niñxs y sus juegos –visibles en sus descendencias perrunas– son capaces de curar las peores enfermedades.

Los Nanti, junto con los Matsigenkas se sienten parientes cercanos de los perros. Afirman que el acto de aullar a la luna es una señal de conexión planetaria. Una especie de diálogo entre el ecosistema y la sensibilidad profunda del can. Quizás la íntima sabiduría de morder pacos, desafiar tanques y disponer sermones comprometidos con la dignidad humana sea algo más que un código disperso.

La esperanza de Ihapa, la ferocidad comprensible de Rucio –criado en la heráldica de Matapacos, y la voz de pausada de Ellacuría son signos de un devenir de gruñidos que defienden a nuestras lágrimas. Cuando el tiempo pase nosotros recodaderos a estos perros. Sus asesinos no habrán dejado registro del paso por la vida. No serán siquiera polvo. Pero nuestros nietos conocerán la esperanza legada de Ilhapa, la valentía de Rucio, la ferocidad del Negro, y el legado de los jesuitas de El Salvador. Todxs perrxs. Como yo.

 

Escultura en homenaje al Negro Matapacos en la Plaza a la Aviación, Providencia.

 

 

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América Latina según Enrique Dussel

La autoproclamación de Jeanine Añez a la presidencia de Bolivia con una enorme biblia en la mano en la que se lee “Los cuatro evangelios” es una muestra más de cómo “la fe” aparece, en esta nueva fase de colonialismo, como un instrumento político que divide a la ciudadanía, y que la enfrenta para sembrar aquí y allá guerras civiles de alta o baja intensidad. Estados Unidos está más que dispuesto, parece decidido a recuperar Latinoamérica bajo la doctrina Monroe: algo que les pertenece. El golpe de Estado en Bolivia y los derechos de ese pueblo y de todos los pueblos de la región peligran. Enrique Dussel, académico, filósofo, historiador y teólogo argentino, naturalizado mexicano, analizó el contexto de América Latina, “donde nos enfrentamos a nuevas categorías que surgen de una realidad colonial, nos encontramos desvalidos de teoría para poder encarar esto”.

En una entrevista brindada al Canal 21 de México con Carmen Aristegui, el filósofo Enrique Dussel afirma que desde el fin del siglo pasado, los movimientos progresistas -que algunos los llaman de izquierda- cubrieron América del Sur, “pero de pronto hubo un paso atrás, empezó una reorganización de la derecha comandada por la OEA”.

Dussel se refiere puntualmente a la situación de Bolivia, que junto con Haití era el país más pobre de América Latina, y que ha aumentado anualmente su porcentaje de riqueza, y su PBI como ningún otro. Dice que es necesario “pensar muchos temas nuevos que no se habían hecho objeto de estudio”. El primero sería pensar cómo un sector de clase, que habiendo estado en la pobreza, gracias al éxito de estos gobiernos progresistas, ingresa a una especie de clase media y pasa a tener otras aspiraciones, que ya no significan salir de la pobreza. “Hay un cambio de subjetividad, pasan a ser consumistas neoliberales, que creen que ciertos proyectos tradicionalmente de derecha pueden solucionar sus nuevas aspiraciones”.

Para Dussel se ha observado muy poco la subjetividad, y asegura que estamos frente a un fenómeno nuevo, con las iglesias neoevangélicas apoyando el proceso brasileño y boliviano, con un hombre desaforado como Camacho que dice algo que teóricamente es esencial: “Vamos a sacar de los lugares públicos a la pachamama y vamos a imponer la biblia”.

Dussel explica que esa biblia “no es la del catolicismo y de derecha tradicional, es la biblia de los nuevos grupos evangélicos que justamente toman la cultura popular y los pueblos originarios como un oscuro paganismo, que el cristianismo –su cristianismo- debe reemplazar a rajatabla. Esa biblia no es católica de derecha, es una biblia que viene de las sectas norteamericanas y cambia la subjetividad de un indígena que tiene su cultura y lo quiere transformar en un hombre moderno, que deje las borracheras y que ahora sea más ascético, que se proponga trabajar y entrar en la sociedad capitalista burguesa”. Todo como parte de un estereotipo ya inoculado: poco pueblos hay más laboriosos que el boliviano.

Se trata, en palabras del reconocido filósofo, de poner en la escena una biblia del evangelismo norteamericano, en una actitud perfectamente orgánica, “en querer destruir la tradición indígena, que se suma al racismo tradicional y al machismo, y al mismo tiempo con un sentido burgués y pronorteamericano, es una nueva interpretación de la sociedad. Es un cristianismo fundamentalista, fanático, donde la riqueza es considerada una gracia de dios. Es novedoso, y está prendiendo en muchas partes”.

Lo cierto es que en Bolivia se da por una parte la blanquitud racista que desprecia al indígena. Son las cholas bolivianas humilladas, siendo rapadas, violadas, ultrajadas. Hemos visto en distintos videos cómo lloraban “las mujeres de pollera”, las cholas feministas, cuando los soldados les cortaban sus trenzas. La pollera y las trenzas tienen un alto significado simbólico para ellas. “Esto coincide con la doctrina de la OEA dirigida por Almagro. Eso da un panorama desconocido para América Latina, que hay que enfrentar con mucha seriedad. Es un fundamentalismo de derecha evangélico. Son nuevas categorías que surgen de una realidad colonial, que en Europa y en Estados Unidos no pueden interpretar, nos encontramos desvalidos de categorías teóricas para poder encarar esto”.

Pero el pueblo, según Dussel, va a reaccionar. Va a encarar lo que está pasando, “por las tradiciones aymaras, que ya han sido influenciadas por cinco siglos de catolicismo, van a enfrentar a los grupos evangélicos. Vamos a ver a grupos de lucha religiosa, que es esencialmente política”.

Hoy en América Latina los grupos neopentecostales se han propagado muchísimo, son cuentapropistas. Dussel explica cómo un pastor “aprende de otro un cierto lenguaje, un cierto uso de ciertos textos bíblicos, arma un argumento que no es propiamente mesiánico sino ideológico y político contemporáneo con textos bíblicos, y pone su comunidad a la cual se le cobra un diezmo, y se enriquecen”. Cualquier buen orador puede vivir de eso. El neoevangelismo se propaga como un negocio: “Logran tener mucha presencia en nuestro pueblo, porque está angustiado, está pobre, está sufriente, y no sabe el sentido de todo eso. El pobre que deja de ser pobre agradece a Dios, porque gracias a Dios tiene un trabajo, tiene una casita, cumple con su deber, y deja sus tradiciones”.

Se trata de la biblia reinterpretada desde un hombre norteamericano, “es el origen de la posibilidad de una nueva vida. Eso es hoy utilizado por la OEA, que se está retirando de Medio Oriente; estuvieron en Irak, Irán, Afganistán, Libia, haciendo desastres, y se alejaron de América Latina. Aquello ya lo dejan de pensar, han sido derrotados por los rusos, vuelven a América Latina porque la quieren recuperar, y estamos en esa situación. Es el enemigo disfrazado, ya no quieren disputar elecciones porque saben que las pierden, estamos en un momento muy peligroso”.

«Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=6L2IiK8cAg4»

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Dos sonidos

De mis días fugaces en Capitán Bermúdez a mis cuatro años, recuerdo el peso del calor envuelto entre las calles de tierra. Un reencuentro con la familia santafesina de mamá que duró apenas un par de visitas después de un largo exilio. Tiempo después, la economía alfonsinista nos tendría ocupadas tratando de sobrevivir y nunca más volvimos. Pero de estas tardes en ese barrio de polvareda y de casas bajas, recuerdo especialmente la hora de la siesta. El sueño se negaba a venir y yo me amparaba en la televisión. Así supe de la chicharra paralizadora, una de las herramientas con que el Chapulín Colorado trataba algunos de los problemas que se le presentaba al personaje principal. Con un solo sonido, cualquier acción quedaba congelada y el tiempo se detenía, lo que le permitía al Chapulín cambiar el curso de las cosas. Con dos sonidos la acción se reanudaba, pero ya con en héroe sacando su ventaja.

Yo nací en ese tiempo entre un sonido y dos sonidos en la historia argentina. El primero sonó en 1976, con el último golpe. Y sonó dos veces en diciembre de 1983. Entre un sonido y dos sonidos desaparecieron treinta mil, nos endeudaron cinco veces, nos mandaron a morir al frío de la guerra y dijimos nunca más. Después Alfonsín, Menem, de la Rúa, el 2001 y después Néstor y Cristina. En el medio la vida. En el medio la democracia consolidándose poco a poco. Llegó la Patria Grande con Evo, Lula, Correa, Mujica, y Chávez, continuando con Maduro. Recordamos a Bolívar, recordamos a San Martín, a Perón, a Belgrano, recordamos al Che y a Fidel. Recordamos a Juana Azurduy. Nunca hablamos de Salvador Allende.

Pocas muertes fueron tan épicas como la del ex presidente de Chile. Dar la vida por su pueblo lo consumió en la literalidad. Pero no fue recordado ni incluido en nuestro reciente discurso latinoamericano. Y ése fue el primer éxito del genocidio en Chile: romper los lazos morales entre pueblos hermanos, neutralizando la capacidad de empatizar. Ver “La batalla de Chile” de Patricio Guzmán, permite saber exactamente qué pasaba antes de que la chicharra paralizadora sonara una vez para cambiarlo todo: un pueblo con conciencia de clase, organizado y consciente de sus derechos, y consciente también de que los embates venían de Estados Unidos con sus Chicago Boys. La previa fueron seis meses de hostigamiento, que es una de las seis etapas de un genocidio. Probaron con todo: acaparamiento, desabastecimiento sistemático, fuerzas de choque en las calles, lock out. Cuando nada de eso resultó pasaron a la etapa del exterminio. Pero esta idea de periodización del genocidio que plantea el sociólogo Daniel Feierstein, no termina sino hasta la etapa final: la realización simbólica: ¿Qué se recuerda de los asesinados? ¿Se los recuerda? ¿Se los reivindica? ¿Son símbolos para las generaciones siguientes? Si nada de eso pasa y, por el contrario, son olvidados o recordados de un modo horrible; si la imagen se distorsiona y se pierde la empatía con ese prójimo, entonces el genocidio fue un éxito. Fuimos nosotros quienes debimos recordar a ese Chile luchador, vanguardia de un socialismo por la vía democrática, que supo nacionalizar el cobre y crear las JAP ante el mercado negro. Nosotros debimos recordar a Allende en cada discurso nacional y popular de la Patria Grande, pero la demonización del enemigo – o del otro al que se quiere exterminar- fue efectiva. Estuvimos 40 años hablando mal de los chilenos mientras ellos se cocinaban al calor del neoliberalismo habitando un inframundo. Mi generación creció con un “qué feo que hablan los chilenos” de mínima, hasta que por culpa de los chilenos perdimos Malvinas ¿Podríamos decir acá que no recuperamos Malvinas porque los pibes de 18 años que fueron a morir a una guerra absurda no supieron ser los soldados que debían? Sabemos que la guerra de Malvinas fue un artilugio del gobierno militar. Había que recuperar legitimidad después de las cientos de denuncias ante organismos internacionales por la violación de derechos humanos en la Argentina. Chile también estaba en una dictadura.

Recién ahora se escuchan las primeras rajaduras de un modelo que vendieron como inquebrantable. Habrá que preguntarnos por qué recién ahora hablamos de Chile y nos emocionamos con Chile. Habrá que preguntarnos qué hicimos por los chilenos entre un sonido y dos sonidos en un tiempo de 46 años.

La chicharra sonó una vez aquel 11 de septiembre de 1973. Hoy, del otro lado de la cordillera, en este octubre de fuego, se escuchan dos sonidos inconfundibles.

Entre un sonido y dos sonidos los chilenos pasaron de llamarse “compañero” a tener todos los aspectos de su vida enredados y dependientes del sistema financiero.

Entre un sonido y dos sonidos les quitaron todos sus derechos. Pero los octubres latinoamericanos son impacientes, reveladores. La memoria histórica irrumpió como lava caliente desbordando las calles. Esto no es sólo una revuelta popular. Ni la sociología ni la teoría política me alcanzan para escribir. No hay palabras. No se inventaron los conceptos. Hace unos días mi amiga chilena residente en España me dijo: “Amiga, escribe como poeta”. ¿Acaso podríamos escribir sobre este nuevo Chile sin poesía? ¿Podríamos dar solo cifras o datos duros?

La memoria histórica salió de la clandestinidad y empezó a corroer. Se viralizan por las redes decenas de videos donde canta Violeta Parra en la voz de una mujer que se escucha en el fondo de ventanas recortadas una noche en Santiago. Circula Víctor Jara empoderado en los cientos de guitarras que entonan sus canciones. Crujen los medios de comunicación hegemónicos, principales vehiculizadores de la experiencia neoliberal. Retroceden en chancletas los intelectuales orgánicos de la miseria mientras el pueblo avanza.

Chile despertó, sí. Pero nosotros despertamos con Chile.

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Los indios del pasado y del futuro

Anoche estaba en Zapala, sola, cuando me llegaron esos videos que muchos vieron y que después no fui capaz de volver a ver. Escribí un posteo en Facebook que despedía el humo de mi rabia, un posteo descentrado y furioso que si no escribía me hubiese hecho daño. Uno ve lo que pasa. Es demencial. Esa mujer –no es casual que hayan elegido la mascarada de una mujer para hacerles de florero siniestro, lleno de flores carnívoras – hoy decretó que las fuerzas no deberán rendir cuentas por nada de lo que hagan durante la represión. ¡Y la libertad de prensa! Ese concepto de culto para acusar a los gobiernos populares de lo que nunca hicieron, censurar, salvo cuando los medios, como en Venezuela, eran parte activa de los intentos de golpe o cuando incitaban a la violencia contra quienes apoyaban al chavismo. Ahora en Bolivia las fuerzas le echan gas en la cara a los corresponsales extranjeros o los amenazan con acusarlos de sedición. Si algo tiene esta ultraderecha es libertad para expandir su odio. Ya llegarán protestas duras desde otras latitudes, pero aquí… parece un mal menor. Parece una necesidad tolerable. Consienten. Salvo excepciones, los que ya sabemos consienten todo, porque en realidad ven en Bolivia eso que quisieran hacer en todas partes, locuras tales como negar a los indígenas en un país con más de un setenta por ciento de población indígena.

Están alienados y tienen algo más que el falso diablo adentro que vemos cómo los pastores neoevangélicos les sacan al grito de “¡Vete demonio!”. Pero la presidenta de facto ha hablado de “satánica” para referirse a la Pachamama. A ella le gusta más Halloween.

Todavía no se dan cuenta, pero matan a los que han matado siempre desde hace siglos, y sin embargo no son los mismos. Matan a los indios como si hoy los indios fueran lo que fueron para las cortes del siglo XV. Y hoy son todo lo contrario: son la reserva de la especie para encontrar nuevas formas de estar y ser en el mundo, en armonía y en equilibrio.

Los jóvenes chilenos que usan punteros láser para enfrentar a los carabineros anabolizados estilo chimpancé, tienen otra idea de los pueblos originarios. El láser y la bandera mapuche se llevan bien y se necesitan. No hay contradicción entre modernidad y pueblos originarios, porque en el paradigma que todavía no tomó forma pero que germina, los pueblos originarios forman parte de lo nuevo. Tienen soluciones que Occidente no tuvo. Tienen saberes que Occidente no tiene. Lo plurinacional no es una forma de decir. Es un modo de integrar y acoplar lo reprimido, lo sabio, lo emergente, lo último, lo antiguo, y de vivir en paz.

Aunque hoy sigamos viendo escenas inenarrables dignas de torquemadas tan torpes como sanguinarios, se abre el camino de la cohesión plurinacional en todos nuestros países y la certeza de que la emancipación será con ellos o no será. No es una concesión de progresía. Es un despertar que nació en Chile pero se expandirá porque siempre nuestra región siempre fue el patio trasero que reprodujo con los originarios la opresión que Estados Unidos ejercía contra nuestras sociedades. Esos cholos y cholas que parten al alma cuando lloran a sus muertos estaban aquí desde mucho antes que llegaran los europeos y, qué paradoja, hoy nos están esperando en el futuro.

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Quién es Daniel Ruiz

Hace treinta días Daniel Ruiz fue excarcelado, después de haber sido detenido por la protesta de diciembre de 2017 contra la reforma previsional. Estuvo trece meses en la cárcel, imputado por supuestas lesiones a un policía. “Quiero volver a mi ciudad, estar con los míos, ser lo que siempre fui. Pero hay algo que quiero, es que todo esto, lo poco o mucho que uno aprendió de esta experiencia le sirva a las nuevas generaciones. Para que no le vuelva a pasar a nadie”, dice.

Daniel Ruiz tiene 40 años y dice con orgullo que ha vivido toda su vida en el mismo barrio de la ciudad de Comodoro Rivadavia. No tenían red de gas, ni de cloacas y las primeras obras estatales se comenzaban con el compromiso de los vecinos en poner la mano de obra. Daniel era chico y ayudaba a su papá a hacer las zanjas, “Entre todos hacíamos todo, me críe viendo esa solidaridad”, dice. Así fue forjando una identidad colectiva.

Le tocó, por ser parte de la generación que se educó en los noventa, que las instituciones públicas los abandonaran a su suerte. Había pocas vacantes para quienes empezaban el secundario. Por la demanda se armó una escuela (N°71) sin edificio propio. “Ahí es donde fueron mis primeras peleas colectivas, porque estudiábamos en edificios rotos y eran inviernos de mucho frío, entonces hicimos sentadas y organizamos el centro de estudiantes”.

Sobre el final de los noventa lo despidieron de su primer trabajo, en un frigorífico. Con sus vecinos armaron cooperativas porque había hambre y decenas de despidos en un solo día. “Era un golpe psicológico la gente no podía pagar el gas, con lo que significa eso en ciudades frías, era una angustia permanente”, recuerda.

En la primera asamblea de su barrio fueron más de doscientos vecinos. Como él había terminado el secundario le preguntaron si podía anotar a todos en el padrón y escribir los puntos que se habían charlado. Así se gestó su rol militante.

En una reunión de Coordinación de los vecinos se votó cortar los accesos a los yacimientos petrolíferos para pedir trabajo. Daniel estuvo en presencia de lo inédito. Aprendió ese día lo que era la huelga de una petrolera, que comenzó a las cinco de la mañana y fue desalojada con la furia de gendarmería una hora después.

Al poco tiempo comenzó su militancia partidaria, era una ruptura del MAS en Comodoro, tuvo así una base de formación política marxista que, según dice, le sirvió mucho. Con el método de afectar a las multinacionales como Repsol, consiguieron alrededor de 1.800 puestos de trabajos y así entró a trabajar como petrolero. Arrancó en el área de perforación.
Un trabajo hostil, en el que se trabaja a la intemperie durante doce horas, más las horas de viaje de larga distancia. Seis días de día, seis días de noche, mientras desde una casilla un hombre observa durante las doce horas. Así opera la empresa sobre el trabajador, en un estado permanente de control y vigilancia.

-Cuando yo entré, era piquetero, había estado varias veces en marchas, entrevistas con el gobierno y con las mismas empresas. Entonces el primer año me dieron el trabajo más hostil que había. Aguanté eso porque quería ser petrolero, y por dignidad. Empecé de a poquito a hablar con otros compañeros, y cuando me di cuenta éramos del turno que estábamos organizados.

Luego fue delegado y congresal del gremio. Ruiz habla de las largas jornadas y los horarios rotativos, que hacen que los trabajadores petroleros vivan a trasmano. Para algunos no hay día del padre, egresos de los hijos, ni actos de fin de año, ni domingos en familia.

El 14 de diciembre de 2017 Daniel Ruiz viajó a la ciudad de Buenos Aires, habían decidido con el partido (Socialista de los Trabajadores Unificado) participar de la marcha contra la reforma previsional. Sabían que el clima era de hostilidad, que no iban a una marcha cualquiera, porque la decisión de avanzar con la reforma estaba tomada. Llegó a las diez de la mañana, sintió que el ambiente estaba tenso, pero, a pesar de cómo sucedieron los hechos, cree que “tenía que estar ahí, por quienes me enseñaron a trabajar, y por los excombatientes, algo muy sentido para mí”.

Como él, hubo mucha gente identificada ese día por el Ministerio que conduce Bullrich. En abril de 2018 se dio la orden de que le intervengan todos sus dispositivos de comunicación, cuentas, y se le hizo seguimiento de inteligencia a él y sus familiares. En septiembre, cuando venía de una marcha de Astilleros de Santiago, subía de la estación Pichincha del subte y sintió que lo seguían dos personas, pensó que le iban a robar. De una camioneta bajaron cuatro más y gritaron “Es él”. Creyó que lo habían secuestrado, hasta que una policía de civil le explicó que eran de la Policía Federal. En la comisaría no le decían por qué estaba detenido, ni le permitieron comunicarse con nadie durante horas. Lo hostigaron para que diera información.

-¿Vos sabés por qué estás acá?
-No.
-Sabés lo del Congreso, y lo de tu compañero de rastas (Sebastián Romero). Si decís algo te podés ir a la mierda de acá.
-Todos sabemos cómo empieza y cómo termina esto- les respondió.

Lo miraron. Se miraron y quedó clara la situación. Al otro día lo llevaron a Comodoro Py donde le leyeron las imputaciones. Quedó un día en los calabozos esperando a que lo llevaran a Tribunales, tal como le habían prometido. Pero a las tres de la mañana, a empujones, estaba entrando en una celda de Marcos Paz.

-Lo más difícil fue la primera semana. Uno sabe que perdió. Y empieza a reflexionar y pensar qué es lo que debería haber hecho. Cuando abrían el patio yo no salía, hasta que un día salí, vi los paredones muy altos, me sentía en una iglesia, me veía muy chiquito. Entre las rejas y los alambres de púa dije “Esto a mí no me va a ganar”.

Así se empezó a adaptar al pabellón, y a replicar conocimiento de trabajo en equipo para empezar a conseguir algunas cosas como pinturas para los pabellones, incorporación de mesas y sillas, instalaciones eléctricas, cocinas y bachas, entre otras. La superpoblación es uno de los mayores conflictos. Según un informe de la Sala de Casación II, se comprobó que en Marcos Paz hay detenidas 2800 personas, cuando el penitenciario está habilitado para 1400.

-Tuve suerte en la vida, primero porque nací en la Patagonia. Hay una tradición de nuestros pueblos de dar pelea, sobre todo quienes nos antecedieron, los pueblos originarios, hay mucha bronca acumulada y la palabra dignidad tiene otro sentido. Me di cuenta que adentro de la cárcel había un movimiento genuino y masivo de todos los pabellones, y decidí involucrarme. Descubrí que en la cárcel sí es sí, la palabra vale mucho.

Daniel no quería estar ilusionado con la idea de irse. Le habían negado varias veces la excarcelación con argumentos ridículos. El poder del estado lo seguían manejando Macri y Bullrich. Estaba confiado con las luchas populares, y con la campaña por su liberación. El resultado de las PASO lo alentó, hacía más de un año que estaba preso, dijo “Ahora es cuando”, y anunció a sus abogados que era hora de apretar las clavijas. Empezó una huelga de hambre. Hubo actos por su libertad en más de veinte países. Hubo presión y se consiguió una reunión y una fecha para el comienzo del juicio. Salió en libertad el 8 de octubre. A las seis de la tarde se había ido dormir una siesta. A las siete entraron en su celda y le dijeron “Ruiz, te vas, en una hora tenés que estar afuera”. Lo sacaron como entró: a empujones. Firmó las actas, le entregaron el documento.

-De acá no me voy sin el carnet de River, si estaba mi documento tiene que estar el carnet.

Se fue sin plata, pidió subir al colectivo, después al tren, y en el Molinete del subte, se cansó de pedir por favor y saltó. A las pocas horas se reunió con sus familiares.

El próximo paso Daniel Ruiz es pedir la nulidad del juicio. “Cuando termine el proceso judicial la vida sigue. Quiero volver a mi ciudad, estar con los míos, ser lo que siempre fui.
Pero hay algo que quiero, es que todo esto, lo poco o mucho que uno aprendió de esta experiencia le sirva a las nuevas generaciones. Para que no le vuelva a pasar a nadie”, dice.

-Hay cosas que valoro, esta lucha fue de la unión de la clase obrera y los sectores populares. Tuve el apoyo de todos los organismos de derechos humanos, del Foro de Presos Políticos, independientemente de mi postura. Eso no tiene que ser una excepción, tiene que ser una norma. Hay un uso de la justicia para manipular los fines políticos, eso es lo que se tiene que terminar.