Diez años de Milagro Sala presa por corrupción política y judicial

Salud, trabajo, educación, La contratapa de P/12 de hoy.

Hace diecisiete años, un día de primavera, llegué a San Salvador de Jujuy junto a Carlos Girotti, de la CTA, y Aurelio Narvaja, el director de Colihue, para empezar un libro sobre Milagro Sala.
Ellos dos eran de Carta Abierta, y habían hablado con Raúl, el marido de Milagro, sobre el libro, y quién les parecía que podía escribirlo. Di por sentado – muy mal hecho- que Milagro estaba
al tanto.

Se sabía muy, muy poco sobre ella, y nada sobre la organización que dirigía, la Tupac Amaru, que no era reciente: ya tenía una década de historia. Pero no llegaba ninguna noticia y ellos no
hacían nada para que sucediera. Últimamente Milagro se había hecho conocida “porque hacía muchas casas” y porque era la única organización social con gran parte de población colla.
Después comprendería que lo que hizo Milagro en su momento, plenos noventa, era haber atajado en una organización social a una población que Cavallo ya había declarado “inviable”. Jujuy
había sido la provincia más castigada por el ajuste neoliberal de Menem y la Alianza, y esa población a la que se consagró Milagro era la parte de abajo de la parte de abajo. Eran pobres,
indios, negros, ignorantes, sucios, piojosos, delincuentes, mal nacidos.

Cuando llegamos a la casa de Cuyaya fuimos bien recibidos, pero por Raúl, ese otro ser luminoso, y un grupo de gente que cebó mate, hizo tortas fritas, cortó mortadela en cubitos, puso música, hizo pasar el tiempo. Milagro bajó recién después de dos horas. Yo ya olía algo muy raro, mucho murmullo de muchachones lejos de mí.


Nos saludamos, se sentó con nosotros, había bajado a decir algo. No encontraba las palabras. Después de unos instantes interminables, me miró y me dijo: – Yo no quiero hablar. Andá al barrio, hablá con quien vos quieras, todas las puertas están abiertas. Pero yo no soy
mediática.

Al final el libro se llamó Jallala, fue más sobre la organización que sobre su vida, Milagro un poco habló, y estoy agradecida de haber podido dejar testimonio escrito de esa experiencia
maravillosa.

Aquel día en Cuyaya, la comprendí inmediatamente porque ésa no era su agua. Ella había construido lo que al día siguiente conocí, su corazón, su barrio, su “cantri”: la Tupac
Amaru en su esplendor fue algo que estremecía, una celebración a la vida a lo grande. Sus parques acuáticos con trampolines y puentes, los dinosaurios gigantes, el templo
aymara, la música de las risas infantiles, los peques como duendes de los cerros. En la fábrica textil, las obreras trabajaban en mesas frente a un enorme mural que decía: “Compañero, tu patrón no vivirá más de tu trabajo”. En el largo paredón del límite del barrio, apadrinaban a los
tupaqueros Evita, el Che y Tupac Amaru. Daban en sus escuelas la materia “Autoestima”, porque toda su vida Milagro luchó para que esa gente, que era la suya, que era
ella misma, no se sintiera inferior a nadie.

Los que visitaron en esos años el barrio de Alto Comedero, dudo
que hayan dejado de ser atravesados por ese espíritu de
orgullo, lucha y compasión, que era lo que se impulsaba. Y
disciplina. Era una organización dura, porque podía pasarles lo que les pasó, aunque nunca pensamos que la venganza iba a ser institucional, y que nadie haría nada por ella, nunca. Alberto
Fernández, tenías que hacerlo.

Mucha gente se quebraba en el Centro de Discapacitados. Las vueltas de la vida, de la historia, de los valores, del poder. Mmm Hoy, que Milei ha tomado a los discapacitados como un
blanco y un símbolo y una metáfora de que la vida de todos nosotros le importa tres carajos, vuelven imágenes de aquel día, frente a la enorme pileta climatizada del Centro para
Discapacitados del barrio. El maestro mayor de obra me explicaba con su acento dulce que estaban trabajando en el diseño de una rampa para que los discapacitados motrices pudieran usar la pileta para recreación y rehabilitación. Cada terminación, cada detalle de los baños, cada picaporte,
estaba pensado para diferentes discapacidades.

Nunca antes y nunca después en Jujuy se trató de esa manera no solo a los discapacitados, sino a los obreros y las obreras de la construcción y las fábricas de la organización.

El gran problema es que no pidieron el permiso que jamás les será concedido. Milagro no creó ningún estado paralelo. Para esa población no había Estado en Jujuy, solo existía para perseguirlos, como hicieron antes y ahora.

Todavía hay quienes en Jujuy, donde la clase media es marrón pero se autopercibe canario, la acusan de “autoritaria”. Los mismos que festejaron la reforma constitucional trucha de Morales, que prohibió la protesta social antes que Bullrich y detuvo gente extrajudicialmente sin que nadie se inmutara. El 16 de enero se cumplen diez años desde que, no un empleado judicial, sino un funcionario político del gobierno del radical Gerardo Morales fue a detener a Milagro a su casa.

Nunca hubo nada. No sé si les suena. Milagro fue la prueba piloto que se extendió como una sombra a Cristina. No porque ellas se parezcan, aunque sí en su carácter de lideresas populares. Nunca hubo delito. Todos los jueces que fallaron eran parciales e indecentes. Los testigos que
declararon en contra estaban extorsionados o comprados con cargos, especialmente en Jujuy, dónde eso nunca se ocultó.

Hace diecisiete años, cuando por primera vez fui al barrio al que volví varias veces -una de ellas para el Inti Raymi que se hizo estrenando el enorme templo de Kalassaya. Los maestros mayores de obras de la Tupac habían ido al Tiahuanaco a trabajar en las escalas. Para la ceremonia había
venido la legendaria amauta Mamá Quilla- me quedó atesorado. Recurro a esos recuerdos en momentos de desesperanza.

Y nunca, en todo este tiempo, volví a sentir el estremecimiento que provocaban esos miles y miles de tupaqueros marrones y vestidos con ropa de obra, contestarle a su jefa a la pregunta:
-¿Qué queremos, compañeros?
-¡Salud, trabajo, educación! ¡Salud, trabajo, educación!

Por eso está presa Milagro. Por eso está presa Cristina. Por tener el coraje de hacer lo que hay que hacer para que el pueblo tenga salud, trabajo, educación.

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