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¿Quién fue Peppino Impastato?

Cinisi es un pueblo siciliano que pasó muchas décadas hundido en el negro del traje de sus hombres y los vestidos de sus mujeres. Recién hacia 1960 Cinisi ganó un poco de fama entre los círculos mafiosos norteamericanos, porque se convirtió en un centro clave de la Cosa Nostra. Los hombres vestidos de traje negro, con sus bigotes finos y su tez aceitunada, almacenaban y distribuían heroína. Era un pueblo chico. Esos hombres eran casi todos los hombres.

En Cinisi trabajaban juntas la ‘ndrangheta calabresa y la camorra napolitana. Uno de los jefes locales era Luigi Impastato. Su hijo, Peppino, fue un poeta, periodista y militante comunista que la historia dominante se ha tragado, pero sobre cuya vida trata una película que se puede ver en estos días en Europa Europa, Los cien pasos: eran los que separaban la casa de Pe-ppino de la de Gaetano Badalamenti, su “tío” y asesino.

La vida de Giuseppe Impastato, contemporánea a una generación que en el mundo encarnó en los ’60 y los ’70 fenómenos tan disímiles como el Mayo Francés, el hippismo, la Generación Beat, el guevarismo y todas las vertientes de vanguardias políticas y estéticas de buena parte del mundo, también llegó a la oscura Sicilia, y allí queda la historia de Giuseppe Impastato, la de su madre y la del fenómeno olvidado: Cinisi fue el pueblo en el que la mafia se instaló en cada familia, y fueron los hijos y las mujeres de los mafiosos los que los combatieron. Fue una lucha política y subjetiva. Cada uno de ellos peleaba desde lo político, desde lo familiar, en lo colectivo y en lo personal. El de Peppino Impastato fue un combate de una dimensión moral notable.

El padre de Peppino, jefe local, rendía tributo a Gaetano Badalamenti, nombre fuerte de la Cosa Nostra, que articulaba el tráfico de heroína a Estados Unidos. El pueblo gozaba de tranquilidad económica, en las casas no faltaba nada, los hijos estudiaban. El problema fue ése.

Los hijos comenzaron a poner en cuestión la mentalidad mafiosa en la que habían sido educados. Empezaron a rasgar con las uñas la telaraña de supuestos morales entre los que habían crecido todos ellos, llamando “tío” a todo hombre de traje negro, sintiendo un compromiso familiar hacia la estructura mafiosa que los ahogaba. Porque ellos mejor que ningún espectador de la saga de El Padrino sabían que un “tío” querido podía aparecer muerto de repente, y no había que pedir explicaciones. Estaban amaestrados para la vida de la mafia. Tenían que adaptar sus emociones y sus sensibilidades a ella.

En Cinisi se dio el único caso en el que los denunciantes de la mafia no eran “arrepentidos” tratando de salvar sus vidas, sino hijos y mujeres que nunca habían entrado en el circuito salvo emocionalmente. No violaban la omertá, el pacto de silencio, porque nunca habían hecho el trato. Simplemente, se liberaban de aquello para lo que los habían educado. Peppino pertenecía a una familia cuyas últimas tres generaciones habían pertenecido a la mafia. Dio una lucha abierta, política, que muchos calificaron como suicidio porque, efectivamente, terminaron asesinándolo a los 24 años, en 1978. Me llama la atención la edad y el año.

La madre de Peppino, Felicia Bartolotta, lo acompañó en su lucha. Ella estaba casada con un mafioso pero provenía de una familia ajena a la famiglia, de modo que le proporcionó al hijo el regalo de la duda. Las mujeres eran las transmisoras por excelencia del código entre los futuros “hombres de honor”.

En 1963, un “tío” de Peppino, Cesare Manzella, un capo, fue asesinado en uno de los Alfa Romeo cargados de TNT que fueron signos distintivos de la mafia siciliana de esos tiempos. Peppino tenía solamente 15 años, pero fue entonces cuando comenzó su militancia. Se unió a la izquierda, y a los 17 ya era un líder que llenaba la plaza del pueblo. Editaba un periódico, El ideal socialista, en el que con sus compañeros denunciaban las actividades mafiosas de sus padres, tíos, compadres, vecinos. Cuando Peppino escribió el artículo “Mafia: una montaña de mierda”, su padre lo echó de su casa. Quedaba rota la protección paterna. La expulsión equivalía a convertir al hijo en un blanco móvil.

La militancia de Peppino comprendió otras preocupaciones clásicas de la izquierda de esos años. Desde críticas a la postura hippie y drogona por eludir con ella la lucha política, hasta la denuncia contra el Partido Comunista cuando éste se alió con la Democracia Cristiana. Esas denuncias ya las hacía desde Radio Aut, una innovación para la época: Peppino fue un comunicador que durante su hora de transmisión diaria mantenía en silencio y con la oreja pegada a la radio a todo el pueblo. Hacía un programa satírico, malhablado, escandaloso, en el que cada tanto el objeto de sus burlas e imitaciones era un jefe mafioso reconocible por todos sus seguidores. Hablaba de Cinisi como “Mafiópolis”, una ciudad en la que el que no aceptaba asesinar, era asesinado.

Durante todos esos años, Peppino supo que si el capo Badalamenti le perdonaba la vida era por la supervivencia del código mafioso, que de alguna manera su vida era una prueba de que sobre él flotaba todavía el perdón de la famiglia. A medida que Radio Aut comenzó a ser cada vez más explícita y radical en sus denuncias satíricas, más evidente era que Peppino estaba probando el límite, y todos sabían, él también, que llegaría.

El límite llegó de manera salvaje y ejemplar el 8 de mayo de 1978, cuando un grupo de hombres de traje negro secuestró a Peppino a la salida de la radio. Lo llevaron a una casa cerca de las vías del tren Palermo-Trapani. Allí lo mataron a golpes con piedras, y luego depositaron su cuerpo rodeado de cartuchos de dinamita en las vías.

Al día siguiente, el Corriere della Sera tituló: “Fanático izquierdista destrozado por su propia bomba en la vía férrea”. Ese mismo día, muy lejos de Cinisi, apareció el cadáver de Aldo Moro, secuestrado y asesinado por las Brigadas Rojas. La lucha armada de las Brigadas ayudó a hacer pasar el crimen de Peppino como un “acto terrorista fallido”. La historia enorme de Peppino fue tragada así por su época, por la mafia, por los medios cómplices y por la lucha armada, en la que nunca participó, asqueado como estaba, profunda, existencialmente, por la violencia en la que creció y murió.

Sus amigos y compañeros juntaron en bolsas sus restos el día de su muerte, y luego impulsaron durante años el juicio que ningún juez quería tomar. Pero fueron tenaces. En 2002, Gaetano Badalamenti fue condenado finalmente a cadena perpetua por el asesinato de Peppino Impastato.

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Sociedad

Odio racial

Como otras pocas veces, como hace más de treinta años en Catamarca, con el caso de María Soledad Morales, un asesinato mueve y combina hilos que “normalmente” el establishment
exhibe, sí, pero deja pasar de largo. Esta vez el crimen de Fernando tuvo un gran despliegue mediático. Los grandes detalles de ese crimen eran inocultables y de una sordidez extrema. Mostró ese crimen el lado sádico de la cultura de elite. Gritarle negro de mierda antes de matarlo fue incluso menos impactante que la expresión “caducó” que usó uno de los rugbiers para referirse a la muerte de ese pibe al que habían elegido casi al azar para descargar su furia.

¿Qué enfurece a ese tipo de asesinos, tanto como para cometer un acto colectivo aberrante como ése? ¿Qué late debajo de la merca, de la cultura machista del lomo anabolizado como signo de hombría, del sistema meritócrata y cruel que barre con lo vivo porque prefiere acumular dinero? Se ha opinado mucho sobre esto. Pero más que opinar, esta muerte terrible merece que nos pongamos a pensar, a escuchar, a intentar entender un poco mejor por qué Fernando está muerto y por qué de esta manera tan ruin y tan idiota esos jóvenes van a pasar muchos años en la cárcel. ¿Qué clase de veneno liberaron esa noche?

No voy a extenderme mucho porque precisamente hay que seguir pensando. Pero quiero apuntar aquí algo que sabemos pero no del todo porque no se dice, porque queda mal, porque no se admite, porque no tiene eco ni difusión. Vivimos en un país que, como muchísimos otros, fue construido sobre el odio racial. La supremacía de las elites blancas son profundamente racistas. Vivimos en un país en el que hasta el año pasado una mujer ex actriz y estandarte de esa
supremacía, en sus almuerzos, dijo que ella era “rubia por fuera y por dentro”.

Y pasaba de largo. Todos los días de todos los años de más de cinco siglos, hemos mamado el odio racial como algo opaco, disimulado. Cuando uno mira el color de la piel que los trabajadores de la
construcción, y el de la de cualquier bancario, también puede apuntar que hay sectores que tienen el destino predeterminado, y aunque estamos ahora frente a un caso absolutamente extremo, su
aura, su olor, es el que respiramos cada vez que alguien dijo negro de mierda. Hay una división racial del trabajo, y todavía no la abordamos.

Quizá esta vez esta muerte sirva para que reaccionemos colectivamente a la conciencia de que en este sentido también hay que llegar a un nunca más. Todos los ofendidos, las despreciadas, los
perseguidos, las violadas, los humillados y las condenadas a bajar la cabeza ante el agravio son los y las que saben mejor que nadie cómo cambiar el mundo.

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Contratapa Página/12 Medio Ambiente

El agua, el origen

Así se llama y se llamó siempre, incluso durante las décadas en las que se la dio por perdida, la monumental obra subacuática del muralista mexicano Diego Rivera que ahora emergió de las profundidades ya intacta, después de años de trabajo de restauración a cargo de expertos del Museo de Bellas Artes. Hay azares que nos fuerzan a creer en algo más sincronizado que el azar, que transforman al tiempo pasado no en algo ido sino el algo que está y que permanece. Hay azares que parecen señales.

La belleza de la obra, que fue encontrada hace tiempo y desde los 90 estaba siendo restaurada, aunque tomó impulso reciente, ya vuelve a lucir su fuerza indescriptible, sus colores fuertes, sus imágenes simbólicas, que es increíble tanto como su dimensión: hay más de 270 metros cuadrados pintados.

Rivera la terminó en 1951, en un sector del bosque de Chapultepec. Fue para celebrar la llegada a término de un gigantesco acueducto que llevaría el agua potable hasta la ciudad de México. Está ubicada en el Cárcamo de Dolores, el depósito donde finaliza el acueducto de 62 kilómetros de largo que transporta el agua por el río Lerma hasta la mega urbe. Cuando la hizo, dijo que era “el más fascinante encargo de toda su carrera”. Porque sería una obra ubicada no a la vista, sino en las profundidades, en los secretos de los caminos del agua hacia la población. Una obra destinada no a ser vista, sino a latir.

Ahora, que ya se sabía de su existencia, el Centro Nacional de Obras Artísticas logró desviar el curso del agua para verla. La encontraron intacta, pero más allá de la pericia técnica y la pizca de delirio de Rivera para la pintura subacuática, el texto que trae el enorme mural le habla al mundo de hoy tanto o más que al de hace cuarenta años.

Rivera trabajó con Ricardo Rivas y Ariel Guzik, diseñadores del edificio y compañeros del muralista. El mural se extiende a los túneles y a los espacios internos del túnel. «El agua, el origen de la vida», incluye las cuatro caras del tanque interior. Fue pintada de forma tal que desde donde se la mire, se pueda distinguir el sentido. Es un conjunto, sin principio ni final. En la parte inferior y en el suelo, Rivera ubicó microorganismos, mientras a medida que la mirada asciende las formas se van haciendo más estilizadas. Las manos se presume que son las del dios Tlaloc, señor de la lluvia. Hay una idea evolutiva en la pintura. Y hay una pareja solamente: él tiene rasgos africanos y ella, orientales.

En la salida del túnel, Rivera pintó dos enormes manos dando el agua. Dos manos morenas, mexicanas, pintadas en posición de dar todo lo que fluye, todo lo que viene, todo lo necesario. Es estremecedor pensar en estas sincronías del arte, de la percepción y del azar, porque esas manos hoy no dicen que México ya tiene agua potable, como cuando fue encargada, sino que es en nombre de ese elemento puro, claro, filtrado, inocente, que en los últimos años se han desatado guerras, que mueren acribillados líderes ambientales, que son apedreados y secuestrados los guardianes del agua y de los bosques, como Berta Cáceres en Honduras, o como los peregrinos hacia el Lago Escondido en la Patagonia argentina. Problemáticas totalmente diferentes, pero unidas por el reclamo del agua.

En el nombre del agua que se reclama que el fracking se detenga, que la palabra “sustentable” no sea decorativa, que no se fumigue más sobre poblados, y tampoco sobre campos hartos de ser transmutados en algo que no es fruta ni verdura, sino commodities y veneno. En algunos lugares, hasta el agua de lluvia tiene glifosato. Esta semana en la Antártida, una de las reservas globales de agua, la temperatura trepó a 20 grados. Esta semana circuló la foto de osos polares comiendo plástico. Esta semana en Colombia fueron asesinados tres activistas más que intentan frenar las represas, la producción a gran escala, la fumigación sobre los bosques que luego va a parar a los ríos.

Cuando Rivera pintó su fabuloso mural, a Nestlé todavía no se le había ocurrido que el agua no es un derecho, y que el mundo debe avanzar hacia el agua embotellada y con precio. Ya están remarcando nuestra sed. En decenas de países y de diversas maneras están haciendo negocios con el agua, olvidándose que es el origen de la vida.

Y en la Argentina, nos estamos preparando para la reacción que generarán las leyes de municipales, provinciales y nacionales para ponerle un límite no sólo al ataque a la naturaleza, sino también a los vecinos de pueblos fumigados, a los vecinos de pequeñas ciudades, a las comunidades a las que un puñado de ricos impide el acceso al río como si las propiedades se compraran sin servidumbre de paso, como si en este país las tierras se vendieran como feudos.

En ese contexto es que resurgen del pasado, de otras luchas, otras conquistas, del mismo idioma, esas manos benditas que en posición de dar, son un continente para el agua limpia que llegará a las bocas del pueblo.      

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Economía

Y apareció Guzmán

Quien sea que haya sido que lo conocía, no guardó el secreto mucho tiempo. Hace mucho tiempo seguramente era un estudiante prometedor. Recién va por los 37. Pero ya está decantado, como a
lo largo de la historia muchos jóvenes como él o más jóvenes aún tomaron en sus manos enormes empresas colectivas. Guzmán habla casi en cámara lenta, haciéndose entender, en un tono seguro
y amable, pero el contenido de lo que dice y también su voz y su actitud corporal minimalista, de leve acercamiento al micrófono o desdibujamiento de la media sonrisa, es firme. Claro y firme,
como él debe estar viendo su plan. Tal como explicó el miércoles en Diputados, tiene un plan pero las circunstancias complejísimas de la deuda contraída por los cara de piedra, requiere dejar abiertas ventanas flexibles para ir nadando junto con las oleadas que vaya levantando la reestructuración de la deuda argentina.

Hace un par de semanas en una nota de Página/12 esta observadora apuntaba que la restructuración de marras no será una más. Que el mundo está en un punto álgido y de bifurcación, y que una vez más “el caso argentino” será el caso testigo para otro países, entre ellos
algunos de los europeos que apoyan al país, porque el rey está desnudo y el rey, tal como se entiende la palabra en su acepción absolutista, no es ningún miembro de la realeza: es el FMI.

Vaya uno a saber cuál era el plan de ellos cuando accedieron a prestar millones de dólares a un gobierno que, tal como explicó ayer CFK, no los iba a gastar en paliar el hambre ni en hacer rutas
ni en mejorar hospitales ni la infraestructura de nada, salvo la de sus “ingenierías fiscales”, como decía De Narváez jactándose de la propia. Cuando el FMI siguió prestando no era para ayudar a un
país sino a un gobierno y eso estaba claro y era público, y no alcanza con se hayan cartelizado con los grandes medios ni con que “la opinión pública» permanezca todo el tiempo obnubilada por los
debates menores a la que la obligan a atender.

No vamos a conocer ese plan para no frustrarlo, se entiende perfectamente. Sólo pueden querer reclamar más detalles los cara de piedra y los que precisamente intentan frustrarlo porque van a
comisión con buitres o bonistas. Hay muchísimas personas, incluso muchas dentro del país, que preferirían que no se restructurara nada y que nuestro destino sea un Puerto Rico. Los hay a patadas.

Lo que ya sabemos y la confianza de la representación política tienen ejes muy claros: no se pagará tal como está pactado, no se pagará ajustando a los trabajadores, no se pagarán tasas delirantes, el FMI debe asumir que fue corresponsable en la irresponsabilidad de entregar una masa de dinero tan grande destinada a la fuga, y los bonistas deberán aceptar que los negocios de altísimas ganancias tienen altísimos riesgos. Quien confió en Macri, en fin, debe aceptar que se equivocó, y que no será el pueblo argentino el que otra vez pagará con su dolor la festichola de ilegalidad y falta de escrúpulos que se vivió en los últimos cuatro años.

Faltaba un ministro de Economía que trenzara lazos de empatía con los grandes economistas heterodoxos de este tiempo, con el Papa, con los líderes mundiales que se la ven venir. Y que tuviera la templanza necesaria para trasmitir algo que uno advierte que tiene en mente. Un cuadro político y económico de última generación, formado para esto: para tomar el guante justo cuando hay que darlo vuelta. Y apareció Guzmán.

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Política

Chispazos pero adentro

Los chispazos por los presos políticos fueron inevitables, pero se equivoca la derecha si cree que las disidencias o los diversos estilos y procedencias que integran el Frente de Todos caerá en la trampa de la fricción destemplada (lo que no quita, claro, que alguna declaración lo sea). No los hemos padecido en vano a ellos. No los hemos sufrido sin aprender un tono que nos permita no ser hipócritas ni disciplinados, y al mismo tiempo hacer lo que el propio presidente pidió: que le digamos lo que pensamos.

Todavía no hemos recuperados índices de libertad de expresión asimilables a una democracia. Y no es porque el gobierno acalle a nadie esta vez: el problema de la libertad de expresión en nuestros países tiene que ver con el mercado de medios. Todo el aparato mediático está presto a tender zancadillas, cuando no operaciones cotidianas, como las dirigidas al gobernador Kicillof. No hay voces que equilibren, salvo tres o cuatro excepciones… contra miles.

La Nación tituló ayer que Cristina dijo en Cuba que está en contra del lenguaje inclusivo. No lo dijo. Dijo que no le gusta el lenguaje inclusivo, que no lo cree efectivo, pero también dijo, en una posición parecida a la de la legalización del aborto, que ése es su punto de vista pero que contempla los de los feminismos. Hacer esa salvedad de honestidad intelectual que la dispensan de cualquier cosa parecida a la demagogia, es imposible para ella sin que su voz sea alterada, puesta a punto para la reacción rápida y en contra. Si es a lo que juegan todos los días desde hace años. No al periodismo. A eso.

Entre nosotros habrá más diferencias como la de los presos políticos. Para una base importante del electorado del FdT son una bandera. Porque hemos visto lo que los diarios no publican. Desde hace años leemos lo que los diarios no publican. Porque no tenemos dudas. Vivimos en la realidad, no en la agenda de Clarín. Por eso pudimos organizarnos y ganar.

No vamos a desperdiciar torpemente esta oportunidad. Será así: diciéndonos con honestidad lo que pensamos y sentimos, y en qué el apoyo es incondicional pero en qué, también, se nos debe
responder como electorado. Todos nosotros, los dirigentes y los ciudadanos que votamos este gobierno estamos haciendo política. De modo que nada es personal. Discutimos posiciones y tiempos.

No seríamos quienes somos, ni hubiésemos afrontado la vida como lo hemos hecho quienes insistimos en que los presos son políticos. Y se lo decimos a un gobierno que consideramos nuestro. Tenemos paciencia y la seguiremos teniendo porque vemos el trabajo cotidiano, titánico para un mes y medio. Así que los grandes medios y el macrismo pueden dejar de ilusionarse con que caeremos una vez y otra vez y otra más en sus cantos envenenados. Esa fisura que buscan como sabuesos está blindada por la experiencia y la esperanza.

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Política

El símbolo Bonadío

Hoy no subí la noticia de la muerte del juez Bonadío a mi Facebook aunque estuve a punto. Era una noticia de alto impacto. Pero tuve miedo de los comentarios. Tuve miedo de tener que eliminar, como hago siempre, los comentarios que incitan al odio o son violentos. No me refiero a trolls, que elimino casi siempre aunque son tan absurdos que ya no molestan tanto. Me refiero a aquellos y aquellas que a quienes Bonadío hizo sufrir, porque cuando la persecución es contra un representante popular, se ofende al perseguido o perseguida, y a sus representados.

Todas esas personas son precisamente las que no prefieren el odio y sin embargo lo han padecido en el lomo de una o de otra manera en los años en los que Bonadío se erigió en algo diferente a un juez. Muchos jueces lo han dicho. Muchas cosas siempre fueron evidentes. Bonadío discurrió en los márgenes del absurdo, el lawfare ocurrió frente a millones de personas. En estos años hemos sido obligados a que nuestro campo visual choque con una retroexcavadora en la Patagonia, o a que fotocopias de cuadernos que no existen revelen negociados escandalosos. Hemos sido tratados como un rebaño de idiotas no sólo por Bonadío sino también por muchos que todavía ocupan sus cargos y nos hablan desde la Macondo que inventaron reemplazando el lenguaje selvático por los laberintos de sus expedientes, habitados por notas de medios convencionales y arrepentidos que ahora regentean un hotel boutique.

Bonadío fue un símbolo de la degradación flagrante del Estado de Derecho en la Argentina. Y así será recordado.

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Contratapa Página/12

Deuda

Esta semana los números y los escenarios de la actual deuda externa argentina, por cuya reestructuración han comenzado en Nueva York las conversaciones preliminares, volvieron, con su aplastante volumen, a hacernos arder los oídos. En la semana que comienza el tema se trasladará por un lado al Senado, y por otro a Europa. La propuesta del gobierno de Alberto Fernández está bastante clara, y el camino recto hacia el default también si no se actúa rápidamente: se lo distingue apenas se esfuma la niebla de la esperanza. Digámoslo de esta manera tan poco técnica, tan poco aferrada a la planilla de vencimientos que los funcionarios públicos, cada uno de acuerdo a su responsabilidad específica, deben tener muy en mente. “Deben”, aquí es imperativo, no potencial. Tienen la obligación de ser perfectamente conscientes de lo que está en juego. Porque la situación en la que nos han dejado “los muchachos” a los que el ex presidente les dijo que si dejaban de prestarles plata “nos íbamos a la mierda”, es límite. Y todo es literal.

No faltaron legisladores que pretendieron saber “qué quita” prevé una negociación cuya meta exitosa sería lograr precisamente pagar menos y a más largo plazo, en una reformulación inevitable de la frase de Néstor. Los muertos no pagan. Deben darnos sobrevida para poder cumplir no con los números que se ventilaron esta semana, sino con otros que si todos los sectores pensaran como una nación, y no como una porción de torta, deberían ser otros. El alcance del poder de la negociación del ministro Guzmán y del equipo designado para trabajar en la reestructuración, será inversamente proporcional a las chicanas, a las preguntas cizañeras, a la desconfianza en la tarea. La ley que busca ser aprobada es un espaldarazo a esa negociación, que nadie ignora que parte de la idea de que los pagos no serán a costa del hambre y la desdicha del pueblo.

Una de las liberaciones que uno más disfrutó en los años anteriores a Macri, era precisamente que durante muchos años no pronunciamos la sigla FMI, que se escuchaba más la palabra “desendeudar” que “deuda”. Parece un detalle pero no lo es: fue parte de la estructura que permitió todas las políticas de redistribución de las que los gobiernos de Néstor y Cristina fueron capaces. Mi generación, que no es joven, vivió sólo esos años aquel clima de sensación de autonomía. Todo lo que habíamos vivido antes, desde la salida de la pubertad en los ´70 hasta nuestra madurez, fue esto: FMI, ajuste, blindaje, megacanje, bonos, jurisdicciones, cláusulas, letra chica, condiciones, buitres, hambre. Hay una línea de puntos seguidos que va desde la sigla FMI hasta el estómago vacío de nuestros niños, y hay otra línea de puntos seguidos que va desde la palabra “deuda” hasta muy adentro nuestro, que se mete en nuestras casas, nuestras camas, nuestro humor, nuestro deseo de vivir.

No hay manera de vivir con el FMI encima. ¿Cuántas veces, cuántos ejemplos hay que repetir para terminar con la fábula canalla de la lluvia de inversiones y la espera del derrame? Lo sabe hasta el FMI. La caída de Chile ya no deja resquicio para candidatos como Macri, que señalaban hacia allá. La región habla sola. Los gobiernos concebidos como unidades de negocios han fracasado. Lo están intentando en Bolivia, pero fue por la fuerza, como antes. No por sentido común envenenado.

Este no es el mundo de los 70, ni el de los 90, ni el del 2000. Esta región está atravesando un despertar de su conciencia que en medio siglo no había dado respuesta. Pompeo y Duque siguen complotando contra Nicolás Maduro pero la sangría está en Colombia y está en Brasil. Los medios ya sabemos: son ellos mismos. Pero la realidad objetiva cuenta que sólo en lo que va de este año, un mes exacto, 27 líderes populares y preservadores del acuerdo de paz fueron asesinados en Colombia, ahí donde quieren instalar un nuevo ejemplo. No hay un día sin un crimen político. Las economías de esos países caen, como cayó desplomado el mito del crecimiento chileno. El neoliberalismo hace dibujos con tiza que borra el agua. Ya sabemos todo el dolor y la desigualdad que nos ocultaron esos que dicen que nos informan o esos que dicen que nos representan.

El Papa está en el tema desde antes de ser Papa. Todo esto y mucho más que esto está detallado en el Documento de Aparecida. Pero sin embargo no estaba previsto el aceleramiento. Algo en el capitalismo colapsó. Y mueren personas, animales, árboles, naciones, lenguajes, esperanzas. Todo eso estaba escrito, pero ahora resulta espeluznante la velocidad a la que avanza el huracán de destrucción neoliberal. Francisco está presente porque ése es uno de los objetivos de su Papado, y así quedará escrito su nombre en la historia de una institución que fue y sigue siendo en muchos casos violenta, injusta, hipócrita. El primer Papa latinoamericano llevó con él a Roma la experiencia que se narra en las líneas de Aparecida, la conciencia de que el dinero estaba en camino de terminar con la vida, no sin antes generar la cultura del odio.

Hoy hay condiciones que antes no había para llevar adelante una dificultosa, frenética y zozobrante negociación de la deuda que ponga al pueblo por delante del ajuste. Llegó el momento de sean los ricos más austeros. La vida en el planeta necesita esa y no otra austeridad.

Lo cierto, según este otro punto de mira, es que nada garantiza nada, pero estamos ante un momento global crucial, en el que el caso argentino de reestructuración de la deuda es un objeto de deseo y atención de muchos países y muchos jugadores de los organismos internacionales. El coraje del punto de mira implica comprender que estamos fregados, claro que sí, pero que hay una masa crítica mundial y una multipolaridad que ahora, y no antes, serán la tribuna atenta ante la que se desarrollarán los hechos. El gobierno de Alberto Fernández está signado por esa instancia crucial: lo que se dirime permitiendo que un país sea viable, o condenándolo a índices sociales insoportables. Nos acordamos de Grecia.

En lo interno y en lo externo los desafíos son enormes pero al mismo tiempo, la Argentina hoy encarna la palabra con la que empezamos, la esperanza. Se ruega a los que lo creen imposible, que dejen trabajar a los que creen que hay grandes posibilidades de lograrlo.

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Política

Milagro no necesita un milagro, necesita justicia

Hablo de Milagro porque fue la primera, porque ya pasaron más de cuatro años de la privación antojadiza de su libertad, pero mientras hablo de ella pienso en sus compañerxs detenidxs, y en Amado Boudou, y en los demás presos políticos, porque eso es lo que son. No hay condenas y están “preventivamente” presos por un sistema de justicia deforme que selectiva y políticamente elige a quienes pueden esperar sentencia en libertad y a quienes aunque siempre estuvieron a derecho deben esperar encerrados a que sus causas caigan. Porque todos sabemos que caerán. Porque sabemos cómo se compuso, en el caso de Milagro, el STJ que la encarceló, con trampa y engaño, y quienes vimos el antes y el después de lo que era su obra, también sabemos del odio a la felicidad del pobre.

Tenemos paciencia. Vamos despacio. La maraña que dejó el macrismo en todos los ámbitos de nuestra vida en común es monstruosa. Ningún gobierno desde el 83 había cometido tantos delitos a la luz del día sin que ninguno de ellos fuera tapa de diario. En la tapa de los diarios están los seleccionados para la demonización. El aparato de injurias y estigmatización no cambiará un ápice su naturaleza: siempre fue la misma, y no se puede deconstruir porque no se trata de periodismo sino de capitalismo corporativo, y los grandes medios son corporaciones como las petroleras o los laboratorios.

Hablo de Milagro porque nunca en mi vida me voy a olvidar de la primera visita al Alto Comedero en su esplendor, porque nunca se me había ocurrido que en este país existía un rincón como aquel, pluricultural, orgulloso, frenéticamente laborioso. Hablo de Milagro porque nunca voy a olvidar tampoco aquellos días de Reyes con los niños de las copas de leche armando sus mesitas coloridas y desbordantes de tortillas, y tortas acarameladas y bizcochuelos caseros. Nunca había visto ni volví a ver la felicidad popular tan concentrada, que olía a vainilla y a sudor. Y sigo hablando de ella porque nos han prohibido en estos años muchas cosas, pero hemos encontrado la manera de decirlas igual.

Milagro creó la Tupac diez años antes de que existiera tal cosa como el kirchnerismo. La creó cuando Cavallo decía que Jujuy era una de las provincias inviables. Es decir: que no se podía hacer nada por los jujeños. Que pasáramos a otra cosa, aunque la pobreza superaba al 50 % de la población y el hambre roía los estomaguitos de bebés y niñxs que habían nacido pobres. Ese es el determinismo de la derecha, que se fue volviendo ultra derecha aunque no querramos verlo. Serás lo que a tu lugar de nacimiento, a tu color de tu piel y a la clase que te toque le corresponda.

Milagro eligió para empezar su trabajo de organización popular empezar por ahí. En l992. A dar de comer. Y les propuso que armaran las primeras copas de leche a los estigmatizados de cada barriada. A los que tenían antecedentes penales. Esos que después nunca vuelven a conseguir trabajo, y menos todavía en un país en el que el trabajo estaba siendo dado por muerto.

A ella le han arrebatado más de cuatro años de su vida porque a la ultra derecha le molestaba el empoderamiento de los que deben mirar para abajo y nunca deben hacer ningún reclamo. Los que para los racistas que incluso no admiten que lo son, deben asumir que han nacido indios o negros, y deben clausurar en la infancia de idea del buen vivir.

Jallalla Milagro. Cada día, cada hora, hoy cuesta más, porque no sabemos cuánto más te ultrajarán y te difamarán. Es lo que hace esta gente, la de la ultra derecha de la política, el poder judicial y los grandes medios. Intentar destruir un buen nombre. Para destruir el tuyo mintieron a destajo y además rompieron a patadas las casas y se robaron hasta los motores de las piletas. Jallalla Milagro. Ojalá saques de tu memoria ancestral la reserva de fuerza y resistencia para esperar como hasta ahora, entera, el día de tu libertad. Lo escribo para que sepas que estás en nuestros corazones, como los demás compañerxs detenidxs.