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Quiénes son los que odian a Cristina Kirchner

Los que le contaban las carteras, los que le criticaban el maquillaje, los que la diagnosticaban por tevé, los que repetían “dos PBI”. Los que hace ya muchos años empezaron a hablar de doble comando con Néstor, porque a una mujer alguien tenía que estar diciéndole qué hacer. Los que la acusaron de chorra, de hybris, de bipolaridad, de traición a la patria.

Esos la acusaron a ella y al ex canciller Héctor Timerman, cuya muerte quedó a cuenta del lawfare, que es una palabra difícil pero una práctica frenética con la que hoy baten parches los jueces y fiscales que ha cometido tantos delitos que da vergüenza que sigan en sus cargos. Y los tiempos se aceleran.

Los que idearon y materializaron ese circo que fue precedido y seguido por más circos delirantes. Los que marcharon el 18F acusándola de haber matado a Nisman. Los que escribieron y leyeron y creyeron esa narrativa barata que incluyó comandos multiculturales. Los que acompañaron en el sentimiento a la ex jueza Sandra Arroyo Salgado. Los fiscales y jueces de Comodoro Py que delante de nuestras narices trabajan en equipo con los grandes diarios, cumpliéndoles todas las primicias vinculadas a la persecución de peronistas.

Los que en sus casas vieron durante meses cómo el Poder Judicial gastaba enormes recursos en hacer perforaciones en la Patagonia con retroexcavadoras, no para buscar petróleo sino cajas de metal conteniendo dólar billete: los que les ofrecían el espectáculo saben cómo fugar divisas y tener cuentas secretas, pero a la chusma le hicieron creer que los ladrones peronistas levantan el parquet siempre, esta vez para dejar plata enterrada. Lo hicieron mientras desaparecían 44.000 millones de dólares que obtuvieron del FMI.

Los que afirmaban que como se había robado todo, tenía plata enterrada pero también hacía escalas secretas en Seychelles para depositar lo que decían que equivalía a sacarle la comida de la boca a los niños argentinos. Esos mismos asistían con total indiferencia al desmantelamiento educativo, científico, sanitario. Miraron con indiferencia cómo los acusadores golpeaban con una maza, hasta casi deshacerlo, todo lo construido hasta entonces, que era mucho más que lo construido en décadas.

Los que creyeron que Milagro Sala también se robaba todo, con la razón nublada por el odio que no les permitía ver cómo, con la misma lógica con la que se podía mirar el país, lo que se hacía con los recursos estaba delante de sus ojos, era material y concreto. La odiaban porque hacía rendir esos recursos y porque era mal ejemplo porque demostraba que los pobres podían tener su casa si tenían organización. Los que además de meterla presa con causas inventadas, después o bien destruyeron el esfuerzo de miles de humildes durante veinte años, o bien usufructuaron para su propio beneficio político parte de su obra. El mismo hombre que la detuvo en 2016, ilegalmente, siendo funcionario del Ejecutivo provincial, hoy integra el Superior Tribunal de la provincia.

Los que empezaron a decir que Alberto era un títere de Cristina, y cuando vieron que tanto él como ella están preparados para que incluso desde adentro se petardee la unidad, buscan otras estrategias. Los que repiten como loros todas las mentiras que sistemáticamente les proveen los medios que ellos saben que mienten pero les dicen lo que necesitan escuchar.

Los que a lo largo del tiempo anidaron un odio profundo, visceral, salvaje. Los que no saben lo que quieren pero saben a quiénes quieren sacarse de encima, arrancarlos de la argentinidad, manchar irrevocablemente una manera de pensar este país. Los que se convierten en idiotas haciéndole de claque a un puñado de vivos.

Los que durante el tremendo año que recién terminó obstruyeron los cuidados colectivos, los que instigan desde los medios a que se rompan las reglan, los que las rompen. Los que han revivido algo emparentado con la viveza criolla pero esta vez pone en riesgo la vida de los demás.

Los que intoxican y los intoxicados. Los que dicen que la vacuna Sputnik alterará nuestro ADN, que la pandemia es una forma de control de la natalidad, y que por eso Soros invirtió mucho dinero en crear los feminismos argentinos. Los negadores y los negacionistas.

Los que se sintieron agredidos por una ley que no obliga a nada. Los que luchan por obligarnos a todos a vivir de acuerdo a lo que piensan ellos. Los que siguen inventando noticias y los que las escriben y las editan. Los que atentan contra la salud colectiva porque lo único que quieren es desgastar a un gobierno al que le temen porque no fueron ellos los que lo diseñaron. Los que operan para provocar la rispidez necesaria para partir el FdT y rediseñarlo ellos.

Los que sabotean el ánimo general escondiendo lo alentador. Los que si Cristina no estuviera pero sí sus políticas, intentarían destruir al que las quisiera llevar adelante. Los que privan de la libertad a ex funcionarios que ayudaron a dar pasos de equidad como pocos. Los que creen que el amor a la patria, que la lealtad y el compañerismo son excusas para robar. Lo hacen para tapar la estatura ética que han tenido tantos hombres y mujeres estos años, soportado la cárcel pero negándose a declarar mentiras.

Los que se opusieron y se oponen a la felicidad del pueblo combaten a quienes pueden hacerlo feliz o lo han hecho. Siempre y en todas partes la felicidad popular es reprimida y abortada con violencia. El establishment no la tolera porque siempre ha creído que todo lo que va para el pobre es algo que les sacan a ellos.

Los que respiran desprecio y subestimación. Los que quieren judicializar la política porque la Justicia todavía está bajo su mando. Los que insisten en que dos niños vuelvan a separarse de su padre, encarcelado por una causa inventada y llena de testimonios falsos. Los que se alegran de eso. Los que en el camino perdieron uno por uno cada escrúpulo y hoy desesperan porque dejaron marcas de dedos en todas partes.

Todos esos, los que concentran el odio para seguir concentrando el dinero, son irreductibles. No salen de la nada sino de una línea histórica que produjo las desgracias más hondas. Nadie los convencerá de nada. Todos esos son los mismos y como siempre están dispuestos a todo. Si no se comprende lo inevitable de algunas peleas, se puede perder esta enorme oportunidad popular para restaurar el amor y la igualdad.     

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Sociedad

Balance de la sombra

Cada uno de nosotros hace cuentas de pasado y conjetura un álgebra posible del futuros. Por nuestra cabeza pasa un loop los momentos álgidos, celebratorios y tristes. Todos entremezclados. Todxs brindamos por seres queridos. Algunxs, antes de la hora señalada, pasan frente a algún espejo para hablarse en la intimidad de lo que necesitan silenciar o no se atreven a compartir. 

Frente a los cambios de año hay algo ineludible de intimidad. De monólogo interior basado en  silabas hecha de meses, caídas, asombros y sorpresas. Pero al costado de esas escenas fragmentarias e intransferibles hay quienes toman impulso en el viaje hacia sus coetáneos, conocidos o desconocidos. Salen a la calle, se convierten en un nexo con otrxs. Reclaman la libertad de lxs Presxs Políticxs. No se conforman con lo dado. Divulgan una topografía común, una encrucijada de tránsitos en armonía compasiva y humilde –únicamente– con quienes no están en guerra contra sus semejantes. No son ingenuos. 

Acusados de maniqueos, mis hermanxs, se aferran a copas para repudiar la mezquindad en sus variadas y complejas formas. Las explícitas y las diplomáticas. Las que relegan a los humildes.   Las que deprecian a lxs trabajdorexs. Las que instituyen falsas superioridades respecto de las mujeres. Las que estropean el mapa del planeta con invasiones, injerencias o restricciones a las soberanías de los pueblos. Las que mercantilizan el aire, el agua y exterminan a criaturas vivientes en nombre de un becerro de oro manchado de sangre. Mis hermanxs, memoriosos,  registran cada cachetazo que reciben lxs más vulnerables. No dejan pasar una. Se les da, en pleno brindis, por recordar a compañerxs que ya no están. Eligen alguna estrella antes de pronunciar sus nombres. Rememoran sus pacientes de luchas contra la mezquindad –escenificada de lujo– y repiten los nombres de los enemigos de la generosidad humana. Son obstinados.   

Saben que para alcanzar esa escenario tienen que zafar del fundamentalismo neoliberal. Saltar al encuentro, ensanchar el puente entre el territorio acotado de la subjetividad para acceder a la plaza colectiva de la política. Para una gran parte de la sociedad ese es una vinculo desconocido: los han convenido que el mejor recorrido es de la desconfianza hacia sus semejantes y de guerra (o competencia) contra ellos mismos. El hechizo del neoliberalismo represivo ha logrado anestesiar a un sector social inculcándole el estropicio como destino. Ha impuesto como normalidad la profecía tenebrosa de las catástrofes naturales. Ha supeditado toda regulación a la fantasmagórica presencia de unas mano invisibles que premian a los mercaderes omnímodos y monstruosos. El modelo hegemónico se niega sistemáticamente a asumir las consecuencias de su accionar: impide que pueda advertirse la correlación entre sus decisiones y sus destrucciones. Pone un velo, ciega su negrura, naturaliza la ciénaga que nos ensucia y nos lanza a la soledad y pánico.  

Timing del sentido

Nuestro cronograma vital pretende ser  cíclico. Concluimos años en formato planetarios para darle un sentido al movimiento de nuestra vida. Para fijar en parámetros nuestro lapso biográfico. Tenemos fechas para todo. Mojones con cifras anuales. Días y meses que acompañan el trayecto de la tierra alrededor del sol. Aniversarios, ciclos, flores, cumpleaños. Esta temporalidad tan reputada, fue descripta por un señor llamado Alberto Einstein como relativa. La duración depende del sujeto que la percibe, que la define y le pone en un orden de sucesos,   de secuencias. La pretendida circularidad de los años nos lleva a esos planteos en perspectiva. Quizás porque algunos nos empecinamos en resguardar el brillo pulsional de nuestra infancia: esa eternidad de futuros que ni siquiera tenían días previsibles de cara a un mañana. Eso que venía como  presente de agitación lúdica. Un asombro. 

La forma con la que pautamos el tiempo humano con pretensiones ordenatorias tiene su costado ingenuo. Creemos que mañana, primero de enero, será un abrupto inicio per se. Abrirá la periodización que presume como comienzo irrestricto de algo. Un adiós absoluto a este 2020 que nos dejó llagas en los pulmones y en los ojos. Partimos hacia 2021 como en final. Como el silencio finito del chasquido de la vela que se apaga. Hacemos memoria del cruce que no fue. De todo lo que no sucedió. De lo que nos espera. Unas imágenes apiladas en varias fotos recientes. Sombras desteñidas que incluyen partidas, arribos y –obviamente– estos deterioros previsibles de la osamenta vital.

Aunque nos cueste asumirlo, somos un lapso. Un paréntesis en los tramos de una continuidad histórica. Hay tres tipos de tiempos que se nos cruzan. El primero es íntimo, emocional, subjetivo. Se compone del sentido que le damos a lo que vivimos. El segundo es social. Remite a al engranaje de movimientos en los que estamos insertos. En la actualidad, por ejemplo, estamos atravesados por una ola verde: si la negamos, la desconocemos o la ignoramos, nos pasa por arriba. Si la acompañamos, la surfeamos, o la tratamos de incorporar podemos llegar a crecer con ella. La tercera temporalidad excede el tiempo biográfico de nuestra vida. Pero es el formato de las máximas sorpresas. La tradición china remite a esa cronología como tiempos interesantes: una revolución (la francesa, la rusa, la cubana), o el fin de una época: el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo, etc. 

En las vidas usuales, las múltiples, las reales, todo transcurre en termino de corazones, expectativas, amores, sueños estratégico o quimeras rotas. Somos eso que fuimos capaces de conjeturar y al mismo tiempo lo que no pudimos prever. Esa mezcla. Pero no podemos sustraernos al conflicto objetivo conta la infamia y la vileza. La falsa paz del márketing tranquilizador –inoculador de la pasividad, la contemplación absoluta y el conformismo–  es funcional al tránsito esquivo que logra pasar por la vida sin mirar a los costados. Sin asumir la procedencia. El origen. La continuidad de dónde venimos. Para muchxs, forasteros al padecimiento de sus hermanxs, esta estrategia plastificada puede ser útil como bálsamo de ajenidad. Se convierte en el remedio de la burbuja excéntrica. 

Tipologías

Muchos de nosotros carecemos de esa paz. Se nos seca la garganta ante la impunidad. Se nos llenan de lágrimas las corneas. Nos colmamos de furia ante cada provocación. Es que asumimos la existencia de esta conflictividad intrínseca contra el sometimiento, La presencia de una negrura que sobrevive en los márgenes de la luz que habita en el afecto. 

Hay conflicto por que la maldad existe. Negarla nos paraliza. Te enferma o te convierte en una ameba deshabitada. La indignidad está presente en la destreza aviesa de muchxs integrantes de la especie humana. Y esa perversidad tiene fechas, nombres, direcciones, número de celular. No es un relato ideológico. Tiene consecuencias en la vida cotidiana, Y tiene políticas, discursos y jueces que las instituyen. 

La crueldad dispone de esferas de dominación irrestricta. Frente a sus designios, prepotencias y brutalidades muchxs decidimos no ser indiferentes. Empuñamos todos los escudos disponibles para defender la respiración, la naturaleza, las criaturas que laten, el agua, la risa, el espíritu lúdico, la creatividad e incluso la sobrevivencia combinada de toda estas existencias simultaneas. No nos resigamos. Apostamos (hipotecando) nuestros huesos a que hay algo de trascendencia en esta pelea. No importa el nombre que tenga, si es de carácter divino, teológico, óseo o simplemente amatorio. Su entrega desprendida y su repudio visceral al egoísmo naturalizado convierten esta disputa en una causa sublime e irrenunciable.  

De ninguna manera significa que esa reyerta nos deba convertir en sujetos oscos, revestidos de amargura. Por el contrario: no hay alegría más inconmensurable que ser parte de ese torrente de belleza que implica la solidaridad, la entrega al prójimo, el trayecto en compañía con el golpeado. Esa dimensión nos transporta a un sentido último ajeno a la oscuridad: viene con música; risas hasta altas horas de la noche, poesía no enlatada y relatos de amores imposibles. Algo así como la potencia enternecedora de un abrazo brindado como bienvenida, o la inoculación de la confianza enérgica de cara a un camino que se inicia. O, si se quiere, como la honrada gestualidad de una amabilidad sobria hacia quienes más duelen. Eso de dejar migas de ternura en el territorio donde el dolor hace su estaca, su sudor, su madrugada. Eso de sentirse que no se pasa al pedo por la vida. 

Brindo, conmovido, por quienes no arrugan ante esta pelea. Por quienes construyen artefactos de humor en plena noche. Por quienes tienen la fortaleza de alumbrar el barro. Por quienes nos salvan con una simple sonrisa en la tarde que creímos como última. Por quienes dan un paso al frente para defender a sus hermanos y están dispuestos a pagar el precio de su valentía. 

A sabiendas que esta gente maravillosa existe. Y que son señalados por los dedos índices de los capitostes del utilitarismo, levanto mi copa en esta noche. La gloria siempre se presenta en alpargatass.

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Sociedad

Interrupción Voluntaria y Marea Verde

La historia como realización perpetua y los vértices de una memoria necesaria

«Si para algo sirve la historia es para hacernos conscientes de que ningún avance social se consigue sin lucha», afirmó el historiador catalán Josep Fontana. 

La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo fue aprobada hoy. Pero su conquista fue el producto de cientos años de lucha de mujeres que pagaron un alto costo para llegar hasta acá. 

Cada uno sabrá a quién recordar. En mi caso miro las fotos de las compañeras que peleaban en soledad mientras una gran cantidad de mis congéneres varones las depreciaban. Por su puesto que también pienso en mi vieja. Y en las miles y miles y miles de mujeres que perdieron la vida en situaciones de abortos clandestinos. Miro, devastado, la carita de cada una de ellas hasta valorar y reivindicar,  aún más, esta Ley. 

Y rememoro a las militantes de puños apretados que conocí a lo largo de mi vida. A las pibas cargadas de pasión que hicieron esto posible y nos mostraron cómo es que se pelea en formato de marea, de maremoto. Pero no me olvido de aquellas que fueron humilladas por exigir esto que mañana tendrá certificado de legalidad. En la sensación de profunda soledad que percibían cuando llegaban a sus casas, agotadas, después de reclamar algo que las cruces y las buenas costumbres catalogaba de gran pecado. 

Veo, ahora, a las chicas jóvenes de mi pías contar con condiciones mínimas de asepsia hospitalaria que hasta el día de hoy solo disfrutaban las personas acomodadas de mi sociedad. 

Y en la emoción de esa marea verde que nos inunda, diviso también, una sociedad un poquito mejor. Un hogar de Matria/Patria que cuida un poco más a sus hijxs. 

Las lágrimas de alegría son contagiosas: ver a las mujeres, hoy a la madrugada, en la plaza de los dos Congresos, abrazarse en medio de la noche verde, quedará en los pliegues donde la belleza se inscribe como entusiasmo.  

Quienes sabemos como Fontana que nada se conquista sin lucha, redoblaremos la pelea por lo que falta. Y eso es mucho. Es de una inmensidad que aparece inabarcable. Sin embargo, al mirar para atrás y ver los jalones previos, la claridad nos atraviesa. 

Este asunto de la vida solo tiene sentido si somos capaces de combatir por sueños buenos. Por imaginarios que enfrenten las pesadillas. Por futuros en los que nuestros descendientes muestren –orgullosos– nuestras fotos en plena lucha.

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Textiles originarios

Telas peruanas prehispánicas

Las telas pintadas prehispánicas

Durante siglos, a través de distintos períodos históricos, las antiguas culturas del  Perú sostuvieron una larga tradición: las  telas pintadas.

Realizadas sobre simples telas balanceadas de algodón, están pintadas con tintes naturales. 

Óxidos de cobre y hierro, diferentes arcillas y algunos extractos vegetales,  forman una paleta armoniosa de tonos neutros, que van del negro al ocre amarillo, pasando por verdosos y anaranjados.  Siempre en una clave de gran sobriedad, que contrasta con la intensidad y el brillo  que esas mismas culturas aplicaron en sus tejidos y bordados.

 En algunos casos, los grandes paneles de algodón destinados a tapices o estandartes, fueron pintados a mano alzada y representan seres míticos de una expresividad sorprendente. 

 En otros ejemplos, seguramente con fines decorativos, la estampación se realizó mediante sellos de madera que se impregnaban en los diferentes pigmentos y se aplicaban repetidas veces sobre la tela. 

Las culturas Chavin, Kotosh y Paracas – Nasca, en el período temprano,  y el Reino de Chimor y los señoríos pesqueros de Chancay, en el intermedio tardío, fueron grandes cultores de esta técnica pictórica.

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Recortes de Radio

El programa del 26/12

Editorial de Sandra Russo 👇
Columna de Sergio Wischñevsky 👇
Columna de Christian Rodríguez 👇
Entrevista a Carlota Russ, médica infectóloga. 👇
Entrevista a Marín Vergara, senadora por Chaco. 👇

https://ensamblecontenidos.com.ar/

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