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Medio Ambiente

Los pibxs del fertilizante orgánico

Crearon un fertilizante orgánico y aplicarán en veinte hectáreas
Se trata de un proyecto escolar de cuatro amigos que mutó y se transformó en un emprendimiento innovador que genera una alternativa sustentable y ecológica para el suelo. Esta semana, y por primera vez, Biocuno comercializó 7.000 litros de su fertilizante orgánico a un campo de la localidad de Las Flores, de veinte hectáreas.
Buscan crecer y convertirse en una multinacional y rompen con la lógica del campo como un negocio para pocos: “Queremos que sea rentable, que nos permita un margen de ganancia usando materias primas naturales, es un cambio que se debe el mundo”, dicen. El futuro ya llegó.

Agustín Molina, Lucas Celse, Tomás Armendáriz e Ignacio Gilabert tienen menos de veinte años y estudiaron en la escuela secundaria pública Ingeniero Felipe Senillosa de Tandil. Una de las exigencias del secundario era un trabajo final para desarrollar los conocimientos
en química. Tiraron algunas ideas. Un montón de ideas. Desde un principio buscaron algo en lo que les interesera trabajar. Extendieron su inquietud fuera de clase. La luz se encendió cuando el primo de Ignacio, ingeniero agrónomo, les dió un libro-manual de agricultura orgánica. Cada uno leyó un bloque e hicieron una puesta en común. El libro estaba lleno de recetas de fertilizantes orgánicos, y a partir de ese conocimiento crearon una propia.

Trabajan durante un año en la investigación de prototipos hasta llegar a el producto final.

“Nos fue genial”, cuenta Agustín Molina, ahora estudiante de Biotecnología en la UNLP. Durante el último año de secundaria ya tenían sesenta litros en un bidón. Querían que la gente conozca el producto, por eso fueron a un taller de cultivo en Tandil y lo regalaron.

-¿Cómo impactó en la ciudad Biocun?
-La verdad es que hay una repercusión increíble. Está buenísimo que la gente nos brinde apoyo y que vean que somos chicos con ganas de emprender. En Tandil nos están dando lugar y eso la verdad es un montón, porque hay bastantes discusiones sobre el impacto
ambiental.

-¿Cuál es la opinión de ustedes sobre el sistema productivo en Argentina?
-No es nada bueno el agrocultivo, por eso queremos aportar nuestro granito de arena para generar un cambio.

Esta semana y por primera vez, el proyecto de innovación Biocuno comercializó 7.000 litros de fertilizante ecológico a un campo de veinte hectáreas de la localidad de Las Flores. Arrancaron en junio del año pasado a pedido de Francisco, un abogado que administra una empresa familiar que tiene crías de ganado vacuno. Para él es fundamental que el alimento de los animales sea sano, por eso necesita un tratamiento orgánico.

-Nos pusimos a trabajar en julio durante las vacaciones de invierno. No somos compañeros de secundaria, somos muy amigos. Nos conocemos mucho, eso es fundamental. A lo largo de seis días terminamos de producir todo y teníamos que
esperar la fermentación anaeróbica que requiere de determinado tiempo dependiendo de las condiciones de temperatura que se den. En enero pudimos filtrar, por suerte
estuvimos todos.

Para la inversión tuvieron que explicar que no tenían el dinero para producir tanta cantidad, entonces recibieron un pequeño adelanto que les permitió encarar el lote.


Hoy, además de estar asesorados por un profesional, están insertos en el mundo académico, “Eso va a ser importante para nuestro proyecto y el conocimiento, Tomás está estudiando medicina, Nacho administración de empresas, Lucas ingeniería en Sistemas. Creo que nos vamos a complementar muy bien”, dice.


-Nuestro objetivo es producir un fertilizante ecológico sin efectos secundarios para la salud y el suelo y que a su vez sea rentable, que nos permita un margen de ganancia usando materias primas naturales. No solo apuntamos a comercializar en Argentina, queremos ser una multinacional porque es un cambio que hay que generar acá pero en todo el mundo también. Estamos estudiando para seguir investigando y con una
expectativa de superación constante. Queremos mejorar nuestra producción, creo que venimos por buen camino.

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Economía

Y apareció Guzmán

Quien sea que haya sido que lo conocía, no guardó el secreto mucho tiempo. Hace mucho tiempo seguramente era un estudiante prometedor. Recién va por los 37. Pero ya está decantado, como a
lo largo de la historia muchos jóvenes como él o más jóvenes aún tomaron en sus manos enormes empresas colectivas. Guzmán habla casi en cámara lenta, haciéndose entender, en un tono seguro
y amable, pero el contenido de lo que dice y también su voz y su actitud corporal minimalista, de leve acercamiento al micrófono o desdibujamiento de la media sonrisa, es firme. Claro y firme,
como él debe estar viendo su plan. Tal como explicó el miércoles en Diputados, tiene un plan pero las circunstancias complejísimas de la deuda contraída por los cara de piedra, requiere dejar abiertas ventanas flexibles para ir nadando junto con las oleadas que vaya levantando la reestructuración de la deuda argentina.

Hace un par de semanas en una nota de Página/12 esta observadora apuntaba que la restructuración de marras no será una más. Que el mundo está en un punto álgido y de bifurcación, y que una vez más “el caso argentino” será el caso testigo para otro países, entre ellos
algunos de los europeos que apoyan al país, porque el rey está desnudo y el rey, tal como se entiende la palabra en su acepción absolutista, no es ningún miembro de la realeza: es el FMI.

Vaya uno a saber cuál era el plan de ellos cuando accedieron a prestar millones de dólares a un gobierno que, tal como explicó ayer CFK, no los iba a gastar en paliar el hambre ni en hacer rutas
ni en mejorar hospitales ni la infraestructura de nada, salvo la de sus “ingenierías fiscales”, como decía De Narváez jactándose de la propia. Cuando el FMI siguió prestando no era para ayudar a un
país sino a un gobierno y eso estaba claro y era público, y no alcanza con se hayan cartelizado con los grandes medios ni con que “la opinión pública» permanezca todo el tiempo obnubilada por los
debates menores a la que la obligan a atender.

No vamos a conocer ese plan para no frustrarlo, se entiende perfectamente. Sólo pueden querer reclamar más detalles los cara de piedra y los que precisamente intentan frustrarlo porque van a
comisión con buitres o bonistas. Hay muchísimas personas, incluso muchas dentro del país, que preferirían que no se restructurara nada y que nuestro destino sea un Puerto Rico. Los hay a patadas.

Lo que ya sabemos y la confianza de la representación política tienen ejes muy claros: no se pagará tal como está pactado, no se pagará ajustando a los trabajadores, no se pagarán tasas delirantes, el FMI debe asumir que fue corresponsable en la irresponsabilidad de entregar una masa de dinero tan grande destinada a la fuga, y los bonistas deberán aceptar que los negocios de altísimas ganancias tienen altísimos riesgos. Quien confió en Macri, en fin, debe aceptar que se equivocó, y que no será el pueblo argentino el que otra vez pagará con su dolor la festichola de ilegalidad y falta de escrúpulos que se vivió en los últimos cuatro años.

Faltaba un ministro de Economía que trenzara lazos de empatía con los grandes economistas heterodoxos de este tiempo, con el Papa, con los líderes mundiales que se la ven venir. Y que tuviera la templanza necesaria para trasmitir algo que uno advierte que tiene en mente. Un cuadro político y económico de última generación, formado para esto: para tomar el guante justo cuando hay que darlo vuelta. Y apareció Guzmán.

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Política

Chispazos pero adentro

Los chispazos por los presos políticos fueron inevitables, pero se equivoca la derecha si cree que las disidencias o los diversos estilos y procedencias que integran el Frente de Todos caerá en la trampa de la fricción destemplada (lo que no quita, claro, que alguna declaración lo sea). No los hemos padecido en vano a ellos. No los hemos sufrido sin aprender un tono que nos permita no ser hipócritas ni disciplinados, y al mismo tiempo hacer lo que el propio presidente pidió: que le digamos lo que pensamos.

Todavía no hemos recuperados índices de libertad de expresión asimilables a una democracia. Y no es porque el gobierno acalle a nadie esta vez: el problema de la libertad de expresión en nuestros países tiene que ver con el mercado de medios. Todo el aparato mediático está presto a tender zancadillas, cuando no operaciones cotidianas, como las dirigidas al gobernador Kicillof. No hay voces que equilibren, salvo tres o cuatro excepciones… contra miles.

La Nación tituló ayer que Cristina dijo en Cuba que está en contra del lenguaje inclusivo. No lo dijo. Dijo que no le gusta el lenguaje inclusivo, que no lo cree efectivo, pero también dijo, en una posición parecida a la de la legalización del aborto, que ése es su punto de vista pero que contempla los de los feminismos. Hacer esa salvedad de honestidad intelectual que la dispensan de cualquier cosa parecida a la demagogia, es imposible para ella sin que su voz sea alterada, puesta a punto para la reacción rápida y en contra. Si es a lo que juegan todos los días desde hace años. No al periodismo. A eso.

Entre nosotros habrá más diferencias como la de los presos políticos. Para una base importante del electorado del FdT son una bandera. Porque hemos visto lo que los diarios no publican. Desde hace años leemos lo que los diarios no publican. Porque no tenemos dudas. Vivimos en la realidad, no en la agenda de Clarín. Por eso pudimos organizarnos y ganar.

No vamos a desperdiciar torpemente esta oportunidad. Será así: diciéndonos con honestidad lo que pensamos y sentimos, y en qué el apoyo es incondicional pero en qué, también, se nos debe
responder como electorado. Todos nosotros, los dirigentes y los ciudadanos que votamos este gobierno estamos haciendo política. De modo que nada es personal. Discutimos posiciones y tiempos.

No seríamos quienes somos, ni hubiésemos afrontado la vida como lo hemos hecho quienes insistimos en que los presos son políticos. Y se lo decimos a un gobierno que consideramos nuestro. Tenemos paciencia y la seguiremos teniendo porque vemos el trabajo cotidiano, titánico para un mes y medio. Así que los grandes medios y el macrismo pueden dejar de ilusionarse con que caeremos una vez y otra vez y otra más en sus cantos envenenados. Esa fisura que buscan como sabuesos está blindada por la experiencia y la esperanza.

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Política

El símbolo Bonadío

Hoy no subí la noticia de la muerte del juez Bonadío a mi Facebook aunque estuve a punto. Era una noticia de alto impacto. Pero tuve miedo de los comentarios. Tuve miedo de tener que eliminar, como hago siempre, los comentarios que incitan al odio o son violentos. No me refiero a trolls, que elimino casi siempre aunque son tan absurdos que ya no molestan tanto. Me refiero a aquellos y aquellas que a quienes Bonadío hizo sufrir, porque cuando la persecución es contra un representante popular, se ofende al perseguido o perseguida, y a sus representados.

Todas esas personas son precisamente las que no prefieren el odio y sin embargo lo han padecido en el lomo de una o de otra manera en los años en los que Bonadío se erigió en algo diferente a un juez. Muchos jueces lo han dicho. Muchas cosas siempre fueron evidentes. Bonadío discurrió en los márgenes del absurdo, el lawfare ocurrió frente a millones de personas. En estos años hemos sido obligados a que nuestro campo visual choque con una retroexcavadora en la Patagonia, o a que fotocopias de cuadernos que no existen revelen negociados escandalosos. Hemos sido tratados como un rebaño de idiotas no sólo por Bonadío sino también por muchos que todavía ocupan sus cargos y nos hablan desde la Macondo que inventaron reemplazando el lenguaje selvático por los laberintos de sus expedientes, habitados por notas de medios convencionales y arrepentidos que ahora regentean un hotel boutique.

Bonadío fue un símbolo de la degradación flagrante del Estado de Derecho en la Argentina. Y así será recordado.

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Contratapa Página/12

Deuda

Esta semana los números y los escenarios de la actual deuda externa argentina, por cuya reestructuración han comenzado en Nueva York las conversaciones preliminares, volvieron, con su aplastante volumen, a hacernos arder los oídos. En la semana que comienza el tema se trasladará por un lado al Senado, y por otro a Europa. La propuesta del gobierno de Alberto Fernández está bastante clara, y el camino recto hacia el default también si no se actúa rápidamente: se lo distingue apenas se esfuma la niebla de la esperanza. Digámoslo de esta manera tan poco técnica, tan poco aferrada a la planilla de vencimientos que los funcionarios públicos, cada uno de acuerdo a su responsabilidad específica, deben tener muy en mente. “Deben”, aquí es imperativo, no potencial. Tienen la obligación de ser perfectamente conscientes de lo que está en juego. Porque la situación en la que nos han dejado “los muchachos” a los que el ex presidente les dijo que si dejaban de prestarles plata “nos íbamos a la mierda”, es límite. Y todo es literal.

No faltaron legisladores que pretendieron saber “qué quita” prevé una negociación cuya meta exitosa sería lograr precisamente pagar menos y a más largo plazo, en una reformulación inevitable de la frase de Néstor. Los muertos no pagan. Deben darnos sobrevida para poder cumplir no con los números que se ventilaron esta semana, sino con otros que si todos los sectores pensaran como una nación, y no como una porción de torta, deberían ser otros. El alcance del poder de la negociación del ministro Guzmán y del equipo designado para trabajar en la reestructuración, será inversamente proporcional a las chicanas, a las preguntas cizañeras, a la desconfianza en la tarea. La ley que busca ser aprobada es un espaldarazo a esa negociación, que nadie ignora que parte de la idea de que los pagos no serán a costa del hambre y la desdicha del pueblo.

Una de las liberaciones que uno más disfrutó en los años anteriores a Macri, era precisamente que durante muchos años no pronunciamos la sigla FMI, que se escuchaba más la palabra “desendeudar” que “deuda”. Parece un detalle pero no lo es: fue parte de la estructura que permitió todas las políticas de redistribución de las que los gobiernos de Néstor y Cristina fueron capaces. Mi generación, que no es joven, vivió sólo esos años aquel clima de sensación de autonomía. Todo lo que habíamos vivido antes, desde la salida de la pubertad en los ´70 hasta nuestra madurez, fue esto: FMI, ajuste, blindaje, megacanje, bonos, jurisdicciones, cláusulas, letra chica, condiciones, buitres, hambre. Hay una línea de puntos seguidos que va desde la sigla FMI hasta el estómago vacío de nuestros niños, y hay otra línea de puntos seguidos que va desde la palabra “deuda” hasta muy adentro nuestro, que se mete en nuestras casas, nuestras camas, nuestro humor, nuestro deseo de vivir.

No hay manera de vivir con el FMI encima. ¿Cuántas veces, cuántos ejemplos hay que repetir para terminar con la fábula canalla de la lluvia de inversiones y la espera del derrame? Lo sabe hasta el FMI. La caída de Chile ya no deja resquicio para candidatos como Macri, que señalaban hacia allá. La región habla sola. Los gobiernos concebidos como unidades de negocios han fracasado. Lo están intentando en Bolivia, pero fue por la fuerza, como antes. No por sentido común envenenado.

Este no es el mundo de los 70, ni el de los 90, ni el del 2000. Esta región está atravesando un despertar de su conciencia que en medio siglo no había dado respuesta. Pompeo y Duque siguen complotando contra Nicolás Maduro pero la sangría está en Colombia y está en Brasil. Los medios ya sabemos: son ellos mismos. Pero la realidad objetiva cuenta que sólo en lo que va de este año, un mes exacto, 27 líderes populares y preservadores del acuerdo de paz fueron asesinados en Colombia, ahí donde quieren instalar un nuevo ejemplo. No hay un día sin un crimen político. Las economías de esos países caen, como cayó desplomado el mito del crecimiento chileno. El neoliberalismo hace dibujos con tiza que borra el agua. Ya sabemos todo el dolor y la desigualdad que nos ocultaron esos que dicen que nos informan o esos que dicen que nos representan.

El Papa está en el tema desde antes de ser Papa. Todo esto y mucho más que esto está detallado en el Documento de Aparecida. Pero sin embargo no estaba previsto el aceleramiento. Algo en el capitalismo colapsó. Y mueren personas, animales, árboles, naciones, lenguajes, esperanzas. Todo eso estaba escrito, pero ahora resulta espeluznante la velocidad a la que avanza el huracán de destrucción neoliberal. Francisco está presente porque ése es uno de los objetivos de su Papado, y así quedará escrito su nombre en la historia de una institución que fue y sigue siendo en muchos casos violenta, injusta, hipócrita. El primer Papa latinoamericano llevó con él a Roma la experiencia que se narra en las líneas de Aparecida, la conciencia de que el dinero estaba en camino de terminar con la vida, no sin antes generar la cultura del odio.

Hoy hay condiciones que antes no había para llevar adelante una dificultosa, frenética y zozobrante negociación de la deuda que ponga al pueblo por delante del ajuste. Llegó el momento de sean los ricos más austeros. La vida en el planeta necesita esa y no otra austeridad.

Lo cierto, según este otro punto de mira, es que nada garantiza nada, pero estamos ante un momento global crucial, en el que el caso argentino de reestructuración de la deuda es un objeto de deseo y atención de muchos países y muchos jugadores de los organismos internacionales. El coraje del punto de mira implica comprender que estamos fregados, claro que sí, pero que hay una masa crítica mundial y una multipolaridad que ahora, y no antes, serán la tribuna atenta ante la que se desarrollarán los hechos. El gobierno de Alberto Fernández está signado por esa instancia crucial: lo que se dirime permitiendo que un país sea viable, o condenándolo a índices sociales insoportables. Nos acordamos de Grecia.

En lo interno y en lo externo los desafíos son enormes pero al mismo tiempo, la Argentina hoy encarna la palabra con la que empezamos, la esperanza. Se ruega a los que lo creen imposible, que dejen trabajar a los que creen que hay grandes posibilidades de lograrlo.

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Política

¿Quién es Daniela Castro?

La abuela de Daniela Castro había conocido a Eva Duarte, por eso le hablaba maravillas de ella. Vivía en el campo, en Carlos Tejedor, era una familia de trabajadores de la tierra. Eva y Perón lograron expropiar y fraccionar algunas parcelas para que fueran a mano de los y las trabajadores. Su abuela fue beneficiada, y además Eva le entregó una máquina de coser.

La abuela de Daniela murió a los 91 años. Era quien la apuntalaba y le insistía en no perderse en la mirada del otro. La llenaba de amor. Daniela es la segunda de cuatro hermanos. Tuvo una niñez y una infancia que recuerda como normal, en Mar del Plata. En un contexto familiar contenedor, humilde. Su papá era electricista y su mamá ama de casa.

Los padres quisieron entender por qué Daniela se corría del esquema de niño o niña dentro de los parámetros binarios. Empezaron a afinar la mirada y fueron a un psicólogo para entenderla y acompañarla.

-Creo que eso fue fundamental para el desarrollo de mi vida, y el acompañamiento que necesitamos las mujeres o los varones trans en estas instancias. Las familias son un ente fundamental para sostener el bienestar y el futuro de cualquier persona. Ellos entendieron en algún momento que iba a haber un proceso y que en algún momento yo iba a ser Daniela indiscutiblemente.

Su abuela Emma fue como su segunda mamá. Daniela lleva en su honor su segundo nombre. Y de ella sus bases ideológicas. “Era cien por ciento evitista, no había nada que superara a Eva Duarte de Perón”, cuenta. De todas formas, el desarrollo de su impronta militante llega desde un lugar – para ella- impensado. Tuvo que ver con su lucha por generar los recursos económicos que le permitieran vivir sin caer en la situación de prostitución.

-No teníamos recursos, éramos muchos en mi casa, mi papá no tenía un trabajo estable, cuando tenía trabajo estábamos un poco mejor y cuando no, la pasábamos peor. Entonces en algún momento termino parada en una esquina, en situación de prostitución. Yo entendía que no tenía que estar ahí, que tenía un montón de proyectos y metas en mi cabeza que no tenían que ver con eso. Me costaba entender por qué yo tenía que hacer algo a lo que me resistía totalmente para poder vivir.

Ese pensar fue el detonante para que esa esquina tuviera una fecha de vencimiento. Daniela era la que se resistía frente a la policía, y la que iba detenida. Tuvo un costo muy alto. “La pasé muy mal, estando presa más de tres meses en alguna comisaría común, de forma totalmente arbitraria”, cuenta. Por eso cree que las disidencias son sobrevivientes.

Empezar a reclamar por sus derechos en ese contexto era militar sin saber bien hacia dónde. La policía le dijo que “iba a terminar mal”. Creer que iba a desaparecer la llevó a buscar alternativas. Corría el año 2001, los primeros programas sociales empezaban a tapar los agujeros del neoliberalismo. Conoció a una referente barrial que la ayudó a conseguir un programa social, que tenía como contraprestación el trabajo en un ropero comunitario y en un comedor barrial.

Aprendió a coser a máquina, y así surgió la posibilidad de trabajar en un taller de costura, que sumado al salario del programa le alcanzaba para vivir. Después la Central de Trabajadores Argentinos la nombró administrativa, historia que la ubica en el presente.

-En aquel momento era muy difícil incluir a las disidencias dentro de algún parámetro sindical. La sociedad de trabajadores concentraba sindicatos sumamente machistas entonces fue muy difícil poder meterme en esos sectores. Tuve el abrazo de compañeros y compañeras que me apoyaban y pensaban, como yo, que había que darle batalla a aquellos que se oponían por una cuestión de género y no de capacidad política.

Es la primera mujer trans que obtuvo el cambio de documento. Había presentado un recurso de amparo luego de la aprobación de la Ley de Identidad de Género. No creía que iba a modificar su vida, pero el día que la jueza del tribunal la llamó para que estuviera presente en el momento del fallo, se sentó en un rincón a llorar desconsoladamente.

-Ahí entendí que mi vida entera cambiaba, que no era solamente un nombre en un documento, que ese fallo tenía que ver con la lucha, con los años de espera, con las detenciones, y a partir de ahí lo usé indiscutiblemente como bandera.

Daniela considera que hoy hay otra realidad, que “si bien sigue costando la participación de las mujeres y las disidencias, es un tema que está en agenda claramente, ese machismo se ha ido deconstruyendo, no por completo, pero sí bastante, y hemos ido ganando algunas batallas”.

La provincia de Buenos Aires es un territorio muy hostil para cualquiera que no encaje en el paradigma heterosexual. La creación del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, donde Daniela quedó a cargo del área de Diversidad Sexual, es un desafío.

-Está en plena etapa de desarrollo, aunque ya comenzaron las acciones. No nos han privado de poder proyectar, poder generar actividades, poder planificar a corto y mediano plazo, de qué forma tiene que funcionar el Ministerio y las distintas áreas. En el caso puntual del área de Diversidad, el trabajo en el territorio es fundamental y primordial. Ninguna de las que formamos parte de este ministerio podemos perder la mirada del territorio, entendiendo que ocupamos esos espacios llevando el nombre de todas esas compañeras que luchan y han luchado incansablemente, inclusive las que ya no están.

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Política

Milagro no necesita un milagro, necesita justicia

Hablo de Milagro porque fue la primera, porque ya pasaron más de cuatro años de la privación antojadiza de su libertad, pero mientras hablo de ella pienso en sus compañerxs detenidxs, y en Amado Boudou, y en los demás presos políticos, porque eso es lo que son. No hay condenas y están “preventivamente” presos por un sistema de justicia deforme que selectiva y políticamente elige a quienes pueden esperar sentencia en libertad y a quienes aunque siempre estuvieron a derecho deben esperar encerrados a que sus causas caigan. Porque todos sabemos que caerán. Porque sabemos cómo se compuso, en el caso de Milagro, el STJ que la encarceló, con trampa y engaño, y quienes vimos el antes y el después de lo que era su obra, también sabemos del odio a la felicidad del pobre.

Tenemos paciencia. Vamos despacio. La maraña que dejó el macrismo en todos los ámbitos de nuestra vida en común es monstruosa. Ningún gobierno desde el 83 había cometido tantos delitos a la luz del día sin que ninguno de ellos fuera tapa de diario. En la tapa de los diarios están los seleccionados para la demonización. El aparato de injurias y estigmatización no cambiará un ápice su naturaleza: siempre fue la misma, y no se puede deconstruir porque no se trata de periodismo sino de capitalismo corporativo, y los grandes medios son corporaciones como las petroleras o los laboratorios.

Hablo de Milagro porque nunca en mi vida me voy a olvidar de la primera visita al Alto Comedero en su esplendor, porque nunca se me había ocurrido que en este país existía un rincón como aquel, pluricultural, orgulloso, frenéticamente laborioso. Hablo de Milagro porque nunca voy a olvidar tampoco aquellos días de Reyes con los niños de las copas de leche armando sus mesitas coloridas y desbordantes de tortillas, y tortas acarameladas y bizcochuelos caseros. Nunca había visto ni volví a ver la felicidad popular tan concentrada, que olía a vainilla y a sudor. Y sigo hablando de ella porque nos han prohibido en estos años muchas cosas, pero hemos encontrado la manera de decirlas igual.

Milagro creó la Tupac diez años antes de que existiera tal cosa como el kirchnerismo. La creó cuando Cavallo decía que Jujuy era una de las provincias inviables. Es decir: que no se podía hacer nada por los jujeños. Que pasáramos a otra cosa, aunque la pobreza superaba al 50 % de la población y el hambre roía los estomaguitos de bebés y niñxs que habían nacido pobres. Ese es el determinismo de la derecha, que se fue volviendo ultra derecha aunque no querramos verlo. Serás lo que a tu lugar de nacimiento, a tu color de tu piel y a la clase que te toque le corresponda.

Milagro eligió para empezar su trabajo de organización popular empezar por ahí. En l992. A dar de comer. Y les propuso que armaran las primeras copas de leche a los estigmatizados de cada barriada. A los que tenían antecedentes penales. Esos que después nunca vuelven a conseguir trabajo, y menos todavía en un país en el que el trabajo estaba siendo dado por muerto.

A ella le han arrebatado más de cuatro años de su vida porque a la ultra derecha le molestaba el empoderamiento de los que deben mirar para abajo y nunca deben hacer ningún reclamo. Los que para los racistas que incluso no admiten que lo son, deben asumir que han nacido indios o negros, y deben clausurar en la infancia de idea del buen vivir.

Jallalla Milagro. Cada día, cada hora, hoy cuesta más, porque no sabemos cuánto más te ultrajarán y te difamarán. Es lo que hace esta gente, la de la ultra derecha de la política, el poder judicial y los grandes medios. Intentar destruir un buen nombre. Para destruir el tuyo mintieron a destajo y además rompieron a patadas las casas y se robaron hasta los motores de las piletas. Jallalla Milagro. Ojalá saques de tu memoria ancestral la reserva de fuerza y resistencia para esperar como hasta ahora, entera, el día de tu libertad. Lo escribo para que sepas que estás en nuestros corazones, como los demás compañerxs detenidxs.

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Contratapa Página/12

Cerdos

Hace unos cuantos años leí un cuento que me impresionó mucho, y esta semana volvió a mi memoria; volvieron las imágenes imborrables que el cuentista norteamericano Stephen Dobyns selló en mi cabeza, mediante una peripecia patética, que hacía salir a la superficie nuestra idea del éxito y sus devastadoras consecuencias.

Dobyns, en su ficción, cuenta la historia de un poeta célebre, unánimamente aclamado en todo el mundo, ganador de premios, narcisista igual que toda su familia, que cree ser depositaria de los mismos atributos que el ganador de premios, Jason W. Plover. “Existen en la vida peligros tan turbadores que necesitamos mantenernos en estado de alerta y permanentemente preparados para manifestar nuestra conmoción o nuestra incredulidad”, comienza diciendo el narrador. Y lo dice porque acaba de leer una noticia de último momento: Jason W. Plover “resultó muerto en Harvard Square cuando un cerdo cayó del cielo y lo aplastó mientras cruzaba la avenida de Massachusetts con el semáforo en rojo”.

El cerdo pesaba doscientos kilos y estaba destinado a aparecer en una película sobre el asalto a un banco. Un helicóptero lo transportaba desde una granja de Lexington a lo largo los márgenes del río Charles, donde en una locación esperaban una actriz muy taquillera y un camión blindado que la producción había alquilado por una tarde. Era una escena importante de la película. Cuando los ladrones intentaban escapar con el botín, el cerdo se interponía en su camino. El cerdo, mientras tanto, viajaba sedado. Pero la medicación terminó su efecto antes de lo previsto, y el cerdo ya despierto rompió las sogas que lo ataban y sus movimientos frenéticos desestabilizaron el helicóptero. Los productores no pudieron impedir que cayera al vacío, y que comenzara un trayecto descendente que al cabo de doscientos metros lo hizo chocar contra el poeta célebre. El cerdo sobrevivió.

Plover cruzaba con el semáforo en rojo porque estaba apurado, llegando tarde a un almuerzo con su editora. El semáforo no tuvo nada que ver con su muerte pero agregó morbo a la noticia y al brutal desangelamiento del poeta célebre, que se había pasado la mitad de su vida pensando cómo sería recordado, que tipo de adjetivos acompañarían la noticia de su muerte, de qué homenajes póstumos sería objeto y cómo esa posteridad lustrosa sería parte del legado que dejaría a su familia.

La cuestión es que fue recordado como el poeta célebre al que un cerdo que cayó del cielo aplastó mientras él cruzaba la calle con el semáforo en rojo.

La contingencia arrasó con todos sus planes, forjados prolija y burocráticamente congreso tras conferencia, honoris causa tras homenaje. Las ridículas circunstancias de su muerte se convirtieron en objeto de burla, no de lamento. Sus libros desaparecieron pronto de las librerías. Su familia quedó inmersa en el bochorno, y pronto lamentó más las circunstancias de la pérdida que la pérdida de Plover.

Esta es la diferencia entre la narrativa y la realidad. Es necesaria. Es saludable mentalmente reconocer entre ficción y realidad. La narrativa existe para compensar lo que la realidad oculta pero que se percibe, para crear secuencias de hechos que quizá en la realidad se den aislados pero que juntos permiten ver de cerca la trama del tejido de los hechos y su correspondencia con emociones inexplicables. La ficción dice la verdad de una manera que la realidad no puede.

Obviamente el cuento de Dobyns volvió a mi memoria a raíz que ese veraneante rico de Punta del Este que tiró a un cerdo (o un cordero, o lo que fuere) desde un helicóptero a una pileta de natación. No leí detalladamente la noticia. No me interesa si fue uno o el otro. Lo que veo es a un puñado de personas riéndose de la muerte.

No es casual este tipo de diversión tan pegada, tan unida al sadismo, en un mundo en el que los ricos creen que “en realidad” el mundo es suyo. Las narrativas populares son muchas, porque siempre intentan, desde las derrotas históricas sucesivas, demostrar que hay valores y épicas de las que sólo son capaces quienes pelean juntos y para el bien de todos. La narrativa del poder de los ricos es una sola: de distintas maneras, siempre dice que todo les pertenece y que cualquier puja será aplastada mediante la peripecia necesaria, por más ruin o sádica que sea, esto es: por más vidas humanas o animales que cueste. Mientras el mundo se convierte en un nuevo circo romano que mata cristianos o esclavos o leones (pobres, mujeres, inmigrantes, animales, bosques, océanos, etc.) en un paraje caro y lleno de gente que cree que es superior a otra, tirar un cerdo desde un helicóptero es divertido. Es el tipo de diversión que le corresponde a la crueldad.

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Entrevista

¿Quién es Sergio Rafaelli?

El cura ambientalista

“Tomar en serio el mensaje de Jesús tiene que tener una consecuencia social, de no dejar de lado a los descartables de la sociedad, que en esta época son los campesinos. El grito de la tierra es el grito de los pobres”, dice el cura Sergio Raffaelli, que toma el planteamiento ecológico integral del Papa Francisco. Vive hace quince años en Santiago del Estero y está al frente de reuniones en las que se debate la Multiplicación de los panes y los peces, el derecho a la tierra, el modelo productivo que envenena, la salud y las herramientas legales para defenderla. Un cura ambientalista que el 26 de diciembre, logró -junto con sus vecinos y compañeros de lucha- reunir en la capilla de la virgen de Luján del Bagual, a una fiscal federal, un fiscal de ese departamento judicial, funcionarios y autoridades policiales. En estos días se realizaron distintos operativos donde se secuestraron mosquitos y fumigadoras que envenenan a los campesinos.

Pasó su primera infancia en Capilla del Señor, en el partido de Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires. Vivían en una quinta de verduras de treinta hectáreas que había comprado su abuelo cuando vino de la guerra. Cuando cumplió tres años su familia se mudó a San Martín, gran Buenos Aires. Tuvo algunos trabajos informales, arrancó la carrera de Comercio Exterior y consiguió empleo en un banco.
Nunca había pensado en ser cura. Cuando tenía veintidós años un amigo lo había invitado a una misión de verano en Monte Chingolo, Lanús, con un grupo de jóvenes de la parroquia. El amigo iba porque una chica que le gustaba.

-Fuimos en busca de novias y acá terminé. Fue una experiencia fuerte para mí, porque era un mes en misión y justo la zona que recorrimos era un asentamiento, esto recién empezaba. Era una experiencia nueva y muy linda compartir la vida y los valores con los pobres- cuenta.

Cuando volvió se acercó a la parroquia de su barrio. Había un cura nuevo. Le dijo “Che, quiero ser cura, quiero vivir toda mi vida así”. El hombre le dijo “Tranqui, podés ser médico, maestro o lo que sea para ayudar a los pobres”. Pero no.
Arrancó el seminario y se recibió el 10 de octubre de 1999. Cinco años después, con tres curas del Agustinos Recoletos dejaron la orden para irse a vivir a Santiago del Estero, lugar al que viajaban a misionar desde hacía algunos años.

La vida en Santiago como cura, como ser humano y como ciudadano lo ha cambiado muchísimo, dice. Han vivido en parroquias rurales. Conoció a la comunidad Tonocoté, comunidades afrodescendientes, descendientes de esclavos, y convive desde ese entonces con comunidades campesinas también.

Con ellos cultivó otro concepto de la tierra, el del pueblo originario y el campesino, “porque en Buenos Aires uno aprende que la tierra es un bien comercial que se compra, se vende, se alambra, se divide en cuadraditos, y esa es la imagen que tenemos de la sociedad rural, el campo y la pampa húmeda. Acá aprendí que hay otra manera de relacionarse con la tierra que no tiene tanto que ver con lo comercial sino con lo existencial”, dice.

-La gente de acá nos fue arrastrando a los curas a entender que la tierra es el lugar de vida y por eso se defiende. “A mí de acá me van a sacar muerto¨, te dicen. Arrasar el monte es arrasar una cultura. El monte es el alma del santiagueño. Es donde ha nacido, donde tiene su rancho, su escuela, su cementerio, el monte es un lugar donde sus animales comen, donde tiene sus remedios caseros, y el alimento de su familia.

Ese conocimiento y la fuerza de sus conciudadanos lo llevó a convertirse en un cura ambientalista. Hace quince años empezaron las reuniones por el peligro de la usurpación de las tierras de parte de los grandes empresarios. Se formó una comisión de tierras parroquial donde al principio se acercaban las familias o algún representante para ver qué hacer con estos conflictos.

-No soy abogado, pero hice un curso de primeros auxilios en cuanto el derecho a la tierra. Tenemos una radio en la parroquia que hemos hecho con mucho esfuerzo en base a la aldea campesina. La idea era tener un medio de comunicación propio donde nosotros podamos decidir qué contenido le queremos poner, que tiene que ver con la toma de conciencia de derechos. Nos ayudó mucho que las comunidades escuchen la radio todo el dia, la gente se fue como apropiando de estos derechos.

Dios, el Papa y el cuidado del medio ambiente

En el 2015 el Papa Francisco escribió una carta encíclica, para todo el mundo, que tiene que ver con “el cuidado de la casa común”. Es una herramienta política que plantea no una ecología verde al estilo Greenpeace, si no una ecología integral, donde toda cuestión ecológica no puede dejar de lado el planteamiento social. Se trata de escuchar al grito de la tierra como el grito de los pobres, como un solo grito. “Este modelo consumista que nos envenena no tiene mucha durabilidad en el tiempo, con todo el tema del agotamiento de los recursos, el calentamiento global, las guerras por los bienes culturales”, dice el cura Raffaelli.

-El papa lo dice claro, este no es el sueño de Jesús. Este no es el proyecto de bien para su pueblo, el suyo es un modelo inclusivo. Y en las reuniones con las comunidades campesinas leemos ese texto. En la multiplicación de los panes y los peces se ve claro. Los discípulos le dijeron a Jesús que le diga a toda la multitud que se vaya, porque no había mucho para comer. Y en el fondo están ahí bien claritos los dos modelos, el de los discípulos que era el modelo judío, que en definitiva es el nuestro, consumista, egoísta, en donde yo tengo para mí y los demás que se jodan. Y el de Jesús, que plantea que lo poquito que hay, hay que repartirlo, y que si se comparte, alcanza para todos. Me parece que ahí está un poco la puja de poderes que se traducen en modelos políticos, sociales, económicos. Con la gente lo debatimos mucho, sobre cómo traducir cuando tenemos que elegir en las elecciones. Aunque sabemos que ningún proyecto político es perfecto, santo, inmaculado, debemos pensar cuál es el que más similitudes tiene con el proyecto de Jesús. Cuál es el que pone a los pobres en el centro, el que piensa en la inclusión de los postergados. Y desde ahí el compromiso de uno. Tomar en serio el mensaje de Jesús tiene que tener una consecuencia social, de no dejar de lado a los descartables de la sociedad, que en esta época son los campesinos, que son despojados de sus tierras.

Reunión bisagra en la Capilla del Bagual

El 26 de diciembre, lograron reunir en la capilla de la virgen de Luján del Bagual, a una fiscal federal, un fiscal de ese departamento judicial, funcionarios y autoridades policiales.

-Siempre quieren poner al cura como el superhéroe. Yo formo parte de la mesa de tierras en la que hay comunidades campesinas que son los protagonistas de la mesa y también participa el INTA con compañeros que trabajan en la zona, la Universidad Nacional de Santiago del Estero a través de la cátedra de Ecología Política, algunos organismos del gobierno, el Comité de Emergencia, entre otros.

La reunión fue bisagra por la gran participación de la comunidad, en su mayoría mujeres, hijas, madres, abuelas, niños y niñas. Los varones que trabajan lo hacen en las fincas de los grandes empresarios. Y cuando se acercan a las reuniones corren el riesgo de ser despedidos.

-Gracias a Dios los dos fiscales, y la policía la federal nos han dado algunas herramientas, sobre todo en lo que tiene que ver con el uso de la tecnología, para pasarles fotos, videos, nombres de las fincas, dueño, fechas, para que cuando vean cualquier movimiento extraño o situaciones cerca de las casas se los transmitan. Después de la reunión se han secuestrado bastantes mosquitos por no estar registrados o por usar algún veneno prohibido. La gente con todo eso se va empoderando y va viendo que, a pesar de que la lucha es muy desigual, cuando la comunidad está organizada los engranajes del Estado y la Justicia van respondiendo por la presión de las comunidades.

Cuando vivía en otra parroquia, hace tres años, la quemaron por un conflicto de tierras. Si bien no tenían pruebas evidentes, todo cerraba, “toda la lectura que hizo la comunidad fue quemaron la iglesia por estar del lado del bien común, pero eso a gente la animó a comprometerse más, ayudaron con lo que podían y la iglesia quedó más linda que antes” cuenta.

Sus vecinos le agradecen constantemente por su compromiso. Raffaelli no tiene miedo a lo que se enfrenta, “Sino estaría encerrado en mi casa, ando con el cuidado que debo tener, cuando voy a visitar las comunidades voy en la camioneta o una motito que tengo ahí, a veces de noche, y no tengo miedo, porque no tengo nada que perder, no tengo hijos, ni familia. Creo que es una riqueza esa libertad interior que uno tiene de darse por completo”.