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Militancias

El de este año no fue un Día de la Militancia más. Este martes fue un día encendido, de pronto verde, tumultuoso en las calles, en el Congreso, en los corazones palpitantes que por la pandemia siguieron desde sus casas el paso de las horas. Ese revuelo –me gusta esta última palabra releída, no como alboroto sino como reimpulso hacia arriba– cayó además en medio de la revulsión que provocó la ministra porteña Soledad Acuña, con su honestidad brutal: es mentira que toda honestidad enaltece. La de Acuña le derritió la mascarilla de mujer sedosa y dejó ver la mueca. Y no era novedosa porque la misma mueca de vileza ya la vimos incontables veces. Es la mueca de la necesidad de humillación y crueldad que los impulsa

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El mar volverá

Este martes, en el Palacio del Temple de Valencia, hubo un acto cerrado del que participaron el presidente de la Generalitat local, Ximo Puig, varios ministros y los descendientes directos de Miguel Hernández. Fue un acto de desagravio al poeta que, condenado a cadena perpetua por el franquismo, escribió encarcelado la última parte de su obra, una de las más altas del siglo XX. No es una obra en el aire la de Miguel Hernández. Es una obra cuyas raíces yacen bajo tierra, como miles y miles de españoles que soñaron y quisieron llevar adelante su república.

La república de los republicanos españoles no es la que está en boca de los que hoy aquí (o en Estados Unidos o en Brasil o en Colombia o en otros países) la pronuncian junto con otra, corrupción

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El viento

El lunes pasado, cuando en la Argentina estaba fresco el ánimo político y emocional que salieron a darse a sí mismos tantos y tantas en la carnalidad del 17 de octubre, en Bolivia sucedió lo que parecía imposible. El gobierno golpista no podía retener con fraude el poder: sin veinte puntos de diferencia, lo hubieran hecho.

Pero la reacción no cesa. Tardaron dos días en montar lo que será el leitmotiv de la temporada, opinadores en medios grandes y trolls en las redes iniciaron el intento de dividir a partidarios de Arce con los de Choquehuanca, en simultáneo con un ataque a Evo y a su liderazgo. Hay fundaciones y hay intelectuales orgánicos acoplándose a la estrategia global destinada a limar los liderazgos populares

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Encrucijadas: El Coronavirus y los dos mundos posibles

Cada día que pasa nos alejamos más del día anterior a la aparición de la pandemia. Parecía una peste más, de esas que cíclicamente han arrasado con millones de vidas en todas las épocas. Y cada una de ellas tuvo su pico y su bajada; hace unos meses pensábamos que así sucedería también con ésta, quizá alentados por el desarrollo de la ciencia y quizá todavía pueriles, como cuando vimos las tapas de todos los diarios argentinos saliendo con una portada de lucha en común. Pero el covid-19 no llegó en un momento cualquiera, sino en el de la encrucijada de la especie: hay dos mundos posibles por delante, e incluso puede que no haya ninguno.

Esta peste cayó en el clímax de una aceleración integral, y en su transcurso el mundo y las poblaciones también han mutado: la iniciativa política de la ultraderecha, de usar la catástrofe como un escenario en el que afloren subjetividades descentradas y esquizoides, no permitirá regresar al día anterior a la pandemia

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Anticuarentenas: El desequilibrio y los desequilibrados

En una de las exposiciones de la Internacional Progresista, el fin de semana pasado, uno de sus mentores, ese monumento a la lucidez que es el lingüista Noam Chomsky, puso así los términos: “Internacionalismo o extinción”. Es en rigor la premisa que tanto comprendemos y conocemos, “nadie se salva solo”, aplicada a la geopolítica. Corren riesgo, dijo, las especies y entre ellas la nuestra, el planeta y la humanidad. Retomó, de algún modo, el discurso prepandémico, que asomaba aquí y allá, en voces científicas, nórdicas, originarias, adolescentes y adultas, que en los meses previos habían llegado a la agenda mundial, con la razonabilidad que les daban en esos mismos meses varias catástrofes, naturales e inducidas

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Fucik, la reivindicación de la militancia

“En el campo de concentración de Ravensbruck, mis compañeros de prisión me comunicaron que mi marido, Julius Fucik, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por el tribunal nazi de Berlín”, comienza su introducción a Reportaje al pie del patíbulo Gusta Fucikova, su esposa, que sobrevivió y fue liberada. Apenas volvió a Praga, Gusta comenzó a rastrear datos de lo que había sucedido con su marido, con quien había sido detenida en l942, poco después de la ocupación de Checoslovaquia. Ambos eran periodistas, escritores y comunistas. Fueron llevados a la prisión de Pankrac, dependiente de la Gestapo. Durante unos meses, se supieron bajo el mismo techo, pero perdieron contacto

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Czeslawa Kwoka / La historia de las fotos de Auschwitz

Colorear a veces hace revivir. No siempre, pero cuando se trata de imágenes que sólo habían sido vistas en blanco y negro, muchas de ellas rápido, sin detenerse en los detalles por lo insoportable de lo que se veía, poner color es acercar el foco, descubrir el brillo en la mirada, inclinar al que mira la foto hacia quien está fotografiado. En algunos casos, como en éste, es revivir el asesinato, la eliminación masiva y los grados de crueldad insondables que el blanco y negro va destiñendo. Casi todo el imaginario en blanco y negro que el mundo tiene sobre lo que sucedió en Auschwitz lo produjo un prisionero, Wilhelm Brasse, nacido en la Polonia ocupada

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No te dije adiós

La situación en este país se hace más grave y más siniestra –por los usos políticos de los efectos del virus–, y el descontrol asoma por la posición bolsonarista que, incluso frente al abismo al que llevó a Brasil el desquiciado, prende. Eso habilita algunas preguntas. ¿Cómo ha sido contada esta pandemia? ¿Cómo nos sigue siendo relatada? ¿Qué duda cabe de que los fenómenos sociales que se elaboran como respuesta a esta catástrofe tiene directa relación con aquello a lo que cada sector cree que le contesta?

Vi un video que deben haber visto muchos: muchos corredores trotando a paso lento frente al Hospital Zubizarreta, donde estaban estacionadas las ambulancias de las que bajaban camillas con personas con mascarillas puestas

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¿Quién más no quiere a los viejos?

Hace unos pocos años, firme ya en el FMI, Christine Lagarde dijo que el principal problema económico que enfrentaba el mundo era la expectativa de vida. Aquel fue el primer síntoma de que el sistema financiero estaba trabajando en los cimientos culturales más profundos de nuestras sociedades, alterando nociones ancestrales y fundantes de cada una de ellas, y el general de Occidente. Fue el primer indicio de que la economía estaba chocando contra la ciencia, y que en muy poco tiempo eso que creíamos que iba junto, se bifurcaría, como muchas otras cosas.

La ciencia, aunque ahora Estados Unidos en un flash de Guerra Fría haga méritos vinculados a Marte, ya no era asimilada a la carrera espacial sino sobre todo a hallazgos que prolongaran la vida

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Anticuarentenas y liderazgos

Vemos las caras de los anticuarentena, pero no las de los muertos. Vemos los ojos desorbitados, los ojos con derrames de ira, pero no vemos los ojos que ya están cerrados. Escuchamos las voces de los negacionistas, pero las de los infectólogos suenan “molestas” a los que insisten en que todo es un “invento”. Esto faltaba en las distopías conocidas: que los médicos fueran el objeto de odio de los que quizá mañana mismo los necesiten.

El virus no es uno solo. “Viralizar” era hasta hace pocos meses una expresión de redes: se viralizan noticias, verdaderas y falsas, pero a lo que asistimos mudos es a la viralización de un tipo de desvío mental y emocional que hace que el odio se manifieste en argumentos inconexos que mezclan a Venezuela con Valenzuela, a Bill Gates con “fetos abortados”, a eventuales vacunas con “chips de control”