Categorías
Política internacional

Se robaron la perla cultivada

El golpe de Estado al estilo tradicional que tuvo lugar hoy en Bolivia indica que Estados Unidos concluye que ha terminado la fase de ganar por las urnas. Se terminó la Bolivia que durante trece años fue la perla cultivada de la región. El mejor gobierno de su historia. El mayor empoderamiento histórico de la población indígena, su aplastante mayoría, en un país que ya tuvo un presidente que sólo hablaba inglés. La paz, la no violencia en nombre de la cual renunciaron Evo y García Linera, debe ser la clave, el anhelo y la bandera de los nuevos organismos que surjan. Nos es indispensable la cláusula democrática fundante de la Unasur, para vivir en una región en la que no sea reconocido ningún gobierno como el que habrá en Bolivia ahora. No tienen derecho. Y es al Estado de Derecho al que habrá que defender como nuestra Bastilla. Hoy es un día de luto para las democracias del mundo.
Sabremos quién es quién cuando se comience a saber qué país (qué gobierno) reconoce al engendro que surgirá en Bolivia después de días de linchamientos, incendios a familiares del presidente, golpizas organizadas por comandos civiles y mercenarios. El mundo civilizado debe reaccionar en consecuencia.
Para millones, Evo Morales ha sido un enorme ejemplo de lo que puede anidar en un pueblo siempre despreciado, y que se convirtió en un el país más desarrollado de la región, con índices de calidad de vida ineditos. Evo redimió 500 años de injusticia. Evo será reivindicado hoy y siempre. Viva Evo.

Categorías
Contratapa Página/12 Política internacional

El derecho de vivir en paz

Lo que pasa en Chile está más visto que contado. No cesan los relatos visuales escalofriantes, a su vez documentos sobre la represión descontrolada que castiga a hombres, mujeres, ancianos, niños, estudiantes, discapacitados; que castiga sin relación entre el balazo y el castigado. Lo que pasa en Chile nos envía también a nosotros al recuerdo de las épocas más oscuras y salvajes del siglo XX. Lo que vemos además nos reconfirma que la pelea con los grandes medios no fue un episodio argentino de la década pasada, sino que se trata de un dispositivo de blindaje que existió siempre, pero hace poco que tenemos conciencia colectiva de que los grandes medios, cuando se concentraron, fue para ser una pata más del neoliberalismo.

Los medios no sólo han actuado sólo contra los chilenos: le han ocultado al mundo qué había atrás de aquello a lo que le hacían propaganda. Y seguimos sin ver nada de Haití, seguimos sin coberturas sobre el genocidio por goteo en Colombia, no tenemos idea de lo que pasa en Africa. El nuevo intento de golpe en Bolivia se hizo visible también por las redes, en videos movidos, mostrando una de las escenas más bárbaras y asquerosas que puedan concebirse, con la alcaldesa de Vinto retenida por la turba de la derecha, vejada, golpeada, teñida de rojo. El odio es profundo y está acicateado, estimulado y otra vez quieren muertes. Y uno piensa, mientras escucha a los chilenos cantar de a miles El derecho de vivir en paz, que sí, que basta ya, que se traguen su odio y que se calmen, que a veces se gana y a veces se pierde, y que si pierden que soporten, como acabamos de hacer en la Argentina, a gobiernos que detestan. Pero la derecha no soporta no ganar. Y derroca, invade, injuria, encarcela, censura, miente, roba, mata.

Sin embargo, lo que pasa en Chile no viene sólo con el olor de la opresión, sino también con el perfume de las primaveras. Por muy poco menos que esto la prensa mundial habló de la primavera árabe, que terminó siendo su propio reverso. Y es una confesión de parte que los medios hoy no hablen de la primavera chilena: ven vándalos donde, cuando a sus mandantes les convenía, veían pueblos rebelándose contra la tiranía. Entendámoslo: el neoliberalismo es una forma de tiranía.

Lo que pasa en Chile viene con el olor turbio de la opresión, pero también con el perfume de aquella resistencia que, como en Chile nunca fue reivindicada institucionalmente, reaparece ahora con una fuerza acojonante. Ver tocar ante una multitud a la Sinfónica de Chile los temas de Víctor Jara es un fenómeno de renacimiento. Lo reprimido, lo aplastado, lo hundido a sangre y fuego por la vara de la normalidad de los militares y la elite, retoma su énfasis en un pueblo que hoy es otro y es el mismo. Eso es un pueblo, una cadena transgeneracional que conserva el fuego de su identidad encendido aun en las peores circunstancias. Hay varias generaciones que no son contemporáneas a Víctor Jara. Pero la cultura popular también tiene sus clásicos, que son los que en cualquier latitud, en cualquier idioma y en cualquier época expresan lo que necesita cantar el pueblo para hacer comunión con sus emociones. Y uno ve pibes de secundario cantar sus letras y entonar sus melodías, y ve y escucha un Te recuerdo Amanda que son ellos mismos, que son los de antes y los de ahora y serán los de mañana. La identidad chilena que fue condenada guardó sus íconos y sus tótems. Guardó su espíritu.

Decían que la historia había muerto. En uno de los lugares donde anclaron esa idea fue en Chile. Que la historia había muerto significaba que habían implantado un orden inmodificable. Y a ese orden le llamaron, desde entonces, “normalidad”. Atrás quedaban los crímenes de Pinochet. Como en España los de Franco. Durante décadas los impulsores del fin de la historia nos aturdieron con los magníficos atributos del Pacto de la Moncloa y con la Concertación chilena. El modelo exitoso que nunca acercaba el foco a la población de Chile sino que mostraba planillas con números. Cada tanto las revueltas eran tan grandes, especialmente las de los estudiantes y las de los mapuches, que teníamos noticias pero luego se apagaban, porque había vuelto la “normalidad”.

Esa normalidad incluye y siempre incluyó el abuso de poder. Chile hasta ahora ha sido un gran abuso, como lo han sido los últimos cuatro años argentinos. Somos pueblos abusados por elites. Están convencidas de su supremacía. No hay supremacía posible si no se aplasta a otro. Y el otro de las elites es el 99 por ciento de la población. Pero al parecer hay una sincronía histórica que nos hace vivir a muchos pueblos al mismo tiempo un despertar de lo que parecía la vigilia y era un ensueño, un folleto, una cáscara, la publicidad de un producto que éramos nosotros mismos, vendidos como trabajadores baratos.

El Chile que vemos muestra a un gobierno y unas fuerzas de seguridad cometiendo a los ojos del mundo un monstruoso delito de lesa humanidad contra todo el pueblo chileno. Se pueden pretextar asesinatos diciendo que fueron enfrentamientos, se pueden justificar represiones salvajes diciendo que hubo vándalos, pero allá ya son más de veinte las denuncias comprobadas de violaciones a mujeres y homosexuales detenidos. Es algo que no es nazismo ni fascismo pero que pertenece a esa familia de regímenes de bajos instintos morales: es el neoliberalismo defendiéndose en el poder.

La dignidad, la claridad conceptual y la conciencia política con la que el pueblo chileno ha salido a la calle tienen mucho que ver con haber preservado, como vemos, la memoria. No tuvieron juicios a genocidas, como aquí, pero preservaron la cultura que les dejó esa generación, y con Víctor Jara hoy cantan los vivos y los muertos.

 

Contratapa de Pagina /12

Categorías
Política internacional

Líderes colombianos bajo las balas

América Latina enfrenta una cacería cada día más feroz contra los líderes sociales indígenas que defienden la vida y el territorio. Cauca es uno de los treinta y dos departamentos de Colombia, su capital es Popayán y está ubicado en las regiones andina y pacífica, a más de 500 kilómetros de Bogotá.

De acuerdo con el Consejo Regional Indígena, este año han sido asesinados 54 nativos en diferentes puntos del norte del departamento. La situación se agravó durante la última semana, con quince asesinatos sistemáticos de comuneros indígenas. El presidente colombiano, Iván Duque, busca militarizar la zona, pero las comunidades aseguran que cada vez que eso sucede, un nativo es asesinado. No esperan protección del Estado porque el Estado no es confiable.

Las fuerzas de seguridad estatales y grupos al margen de la ley, en su disputa por el territorio, atacan con impunidad a las organizaciones sociales y sectores populares en el país. Atentan contra la visión milenaria y ancestral del ecosistema, que está siendo destruido por la economía liberal, y también contra los campesinos que monitoreaban el consensos de paz con las FARC que el gobierno de Duque echó por tierra.

Para el Consejo Regional Indígena, que agrupa a más del 90% de las comunidades indígenas del departamento del Cauca, la política de muerte y exterminio se ha fortalecido desde el posicionamiento de Duque “por el abandono institucional y estatal a los acuerdos de paz, profundizan flagelos como el narcotráfico, la explotación de la madre tierra y el control del territorio, escenario ideal para que los grupos armados y las mafias del narcotráfico se posicionen y fortalezcan desarmonizando y desplegando la muerte y la guerra”.

La muerte llegó al municipio de Morales el 30 de octubre, con el asesinato de tres personas, en un caso relacionado al supuesto robo de una vivienda. Horas después, la Unidad Nacional de Protección confirmó el secuestro y asesinato del escolta Fabián Rivera en Suárez.

Jesús Mestizo era un líder indígena a quien también interceptaron cuando salía de su casa el domingo por la noche y asesinaron a quemarropa. Menos de veinticuatro horas antes, se había reportado el homicidio de Alex Vitonás Casamachín, un joven de 18 años, que fue atacado por hombres armados en la vereda Loma Linda, del municipio de Toribío.

Ese mismo día, las comunidades indígenas del lugar habían denunciado el asesinato de los guardias indígenas (kiwe Thegnas) Asdrual Cayapu, Eliodoro Fiscue, José Gerardo Soto, James Guilfredo Soto y Nejuex Cristina Bautista.

El Gobierno colombiano responsabilizó a disidentes de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ordenó el despliegue de 2.500 militares en la zona, para enfrentar a las estructuras armadas y “frenar la expansión del narcotráfico”. El presidente Duque busca articular el trabajo de los organismos del Estado con las autoridades indígenas, pero el defensor del Pueblo en el Cauca, Rossi Jair Muñoz, asegura que cada vez que avanzan en ese sentido, un nativo es asesinado.

 



Fuentes:
https://www.bluradio.com/nacion/horror-en-el-cauca-15-muertos-en-menos-de-una-semana-pcfo-231665-ie435?fbclid=IwAR0FjAWlRaFzN-r0KfnDK4bRaXmfN5ICKDedJMN-iBA7IxyHvL194MJaUqE

https://www.facebook.com/cric.colombia/

https://www.nodal.am/2019/11/en-una-semana-asesinaron-a-13-personas-en-el-norte-del-cauca/?fbclid=IwAR0lOeHOs8gacPnjVWvX6TXQMgLQGXDgzQ7JX2dt4rlBL2JsxVG8XdBzWs8&utm_source=tr.im&utm_medium=l.facebook.com&utm_campaign=tr.im%2F1UWje&utm_content=link_click

https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/presidente-duque-reitero-su-plan-social-para-el-cauca-430430

Categorías
Política internacional

El neoliberalismo choca contra el buen vivir

La rebelión frente al capitalismo como forma de descolonización

El modelo capitalista se impuso desde la colonia y continuado más tarde en los albores de la República por la ideología conservadora instalada en la Constitución que aprobó Portales. Los intentos modernizadores han sido siempre fieles al liberalismo imponiendo la libertad individual por sobre la idea de igualdad, así se fue forjando la sobre valorización y naturalización de la propiedad privada. Sin embargo, en nuestros pueblos indios existia otra concepción originaria en dónde era más considerada la idea de igualdad. El buen vivir practicado por nuestros ancestros excluye los excesivos privilegios de clase.

Los pueblos indios alzados en América vienen planteando hace rato una forma de vida alternativa al capitalismo y le han declarado una oposición radical, justificados en el régimen de injusticia brutal que hemos sufrido en las últimas décadas.

Un hito histórico paradigmático está en la historia boliviana de estos últimos años, desde la gestación de la revolución que surge con las protestas populares e indígenas en el contexto de las llamadas Guerra del Agua y Guerra del Gas provocadas por el recrudecimiento del capitalismo en manos de Sánchez de Losada quien también provocó matanza y medidas represivas que violaban los Derechos Humanos, tal cual ha sucedido en Chile durante la última semana.

El país hermano y vecino se constituyó una revolución que trajo consigo un cambio profundo en la distribución de la riqueza, con lo cual Bolivia viene superando (a pesar de la oposición de los sectores conservadores internos y de los zarpasos externos) con buenos resultados el problema de la desigualdad. Dicha revolución sólo fue posible en la unificación entre las clases indígenas y la clase popular.

En el caso chileno de estos días apreciamos un estallido de insurrección que ha ido decantando en una dura oposición a la política del gobierno de Sebastián Piñera que trajo algunos triunfos menores, tales como: el cambio en las prioridades del plan de gobierno, desmantelamiento de parte de su gabinete, la humillación de la clase política y empresarial, la suspensión de la Apec y de la Cop25 en nuestro país. Pero, por otra parte las grandes reivindicaciones siguen pendientes, el juicio y desafuero de Piñera, la instalación del nuevo pacto social y el urgente cambio de Constitución que permita terminar con el lucro en salud, las pensiones, educación, vivienda y transporte.

Esta vía democrática hacia el nuevo pacto social es familiar a los movimientos revolucionarios indios en cuanto a que la lucha contra el capital es también una guerra contra el capitalismo salvaje. Podemos ver estas dos alternativas de lucha que tienen un propósito común, reestablecer formas de vida sin desigualdad social. El encuentro entre estas dos fuerzas políticas constituye un gran potencial transformador para alcanzar la liberación del capitalismo de la colonialidad/modernidad.

Categorías
Política internacional Videos

Documentales sobre los Chicago Boys – Gracias Alex Ibarra. Viva Chile

🎬 Chicago Boys (2015)


https://ok.ru/video/87099247174

 

🎬 Chile: Impresiones (1978) *Francia

 

🎬 El diario de Agustin (2008)

 

🎬 La educación prohibida (2012)

 

🎬 Actores secundarios (2004)

 

🎬 Los montajes de la dictadura (2016)

 

🎬 Se robaron el cobre (2012)

 

🎬 Chile: Hasta cuando?

https://youtu.be/nqTdfz_8Lxw

 

🎬 Chile, la memoria obstinada (1997)

https://youtu.be/mNH-9aAF_Fg

 

🎬 La batalla de Chile (1975)

 

🎬 Newen Mapuche: la fuerza de la gente de la tierra (2011)

 

🎬 Mala Pesca: La depredación pesquera en Chile (2016)

 

🎬 Chao Pescao (2013)

 

🎬 Matapaco (2013)

 

🎬 La nostalgia de la luz (2010)

https://bit.ly/2JzeEvE

 

🎬 El botón de nácar (2015)

https://bit.ly/2NlsOBW

 

🎬 La ciudad de los fotógrafos (2006)

 

🎬 Huérfanos de la leche (2012)

 

🎬 Territorio sagrado (2014)

 

🎬 Plantar pobreza, el negocio forestal en Chile (2014)

 

🎬 I love Pinochet (2001)

 

🎬 El aguacate – El lado oscuro del superalimento (2018)

 

🎬 Las lágrimas secas de Chile (2019)

 

🎬 El gran robo de carabineros de Chile – PACOGATE (2017)

 

🎬 Corrupción en el ejercito de Chile – MILICOGATE (2015)

 

🎬 La doctrina del Shock (2009)

Categorías
Política internacional

Los shuar

Estaban los dos sentados en esos sillones con forma de huevo que diseñó el escandinavo Aalvar Alto, por los que tienen preferencia los hoteles de convenciones. Había tres sillones. Me senté en el restante. Los miré, me miraron. Los tres hicimos un gesto con la cabeza y murmuramos algo impreciso con una media sonrisa. Una ceremonia de cordialidad en una situación en la que no se comparten los idiomas.

Uno era un hombre un poco calvo y regordete, de rasgos mestizos y vestido de traje. El otro era un aborigen con camisa y pantalón, y plumas de colores muy fuertes en la cabeza. Nos quedamos en silencio un buen rato, mientras alrededor iba y venía mucha gente. En un momento el hombre calvo le dijo al indio algo en español. Un español sudamericano que a mí se me hizo impreciso. Después de otro rato de silencio el hombre de traje finalmente hizo un poco de esfuerzo para asomarse desde su sillón huevo, y se dirigió a mí:

–Disculpe usted. ¿Usted es periodista?

–Sí. Argentina.

–¿Tendría la amabilidad de aceptarnos un regalo? –dijo, mirándonos alternadamente al indio y a mí.

–Claro –sonreí yo por impulso, dispuesta a esas comunicaciones espontáneas que surgen en esas convenciones. Entonces, el indio que estaba a mi derecha también se incorporó, y me dijo su nombre. No retuve ese nombre, pero sí la afirmación que hizo después:

–Soy jefe shuar.

El hombre calvo era alcalde de un pueblo amazónico ecuatoriano, cerca del cual había una comunidad shuar. Yo nunca había escuchado de ellos. Hace un mes, fueron los shuar los que friccionaron tan fuerte con el gobierno de Rafael Correa que hasta hubo un maestro shuar muerto. Los shuar y Correa entraron en una polémica pública sobre la responsabilidad de esa muerte. Hubo un reflejo rápido de ambas partes para evitar la ruptura. La Conaie, que nuclea a las comunidades del estado plurinacional que es Ecuador, necesita a este gobierno de un Estado unitario que de acuerdo con la Constitución rige a todos los ecuatorianos. Y Correa no habría llegado al poder sin esa fuerza, que representa a la organización social más grande del país. Los shuar son los más díscolos. Los más radicales.

El indio extendió hacia mí, entonces, un libro. Lo tengo aquí. Se llama (y obviamente copio letra por letra) Tarimiat Nunkanam Inkiunaiyamu. Es uno de los libros más maravillosos que he visto en mi vida. Tiene el tamaño de un manual, 500 páginas, señaladores numerados, ilustraciones, fotos, historias de vida, testimonios, análisis, opiniones y documentos sobre tres pueblos de la Cordillera del Cóndor, entre Perú y Ecuador. Los wampís, los awayun y los shuar son los pueblos que viven en esa zona. Los tres pueblos pertenecen a la familia lingüística del jíbaro.

El alcalde y el jefe shuar habían llevado al Foro Social Mundial algunos ejemplares de ese libro monumental, con CD y PDF. Pero no sabían qué hacer con él. Nadie parecía interesado en ellos. Fue así como me traje a casa el libraco, y ahora que los shuar protagonizaron el violento incidente en cuyo esclarecimiento trabajan junto a funcionarios estatales, me di un baño de inmersión en una historia increíble.

Porque en esta semana, justo la del llamado Día de la Raza, la historia de los shuar pareció puesta en el camino. Una historia en el camino de la conciencia de este continente, tan raro incluso para los que nacimos en él. Tan desconocido, tan ignorado, tan ausente de nuestras percepciones de la realidad.

Los shuar nunca fueron colonizados, hasta los ’60 del siglo pasado. Pasaron quinientos años recorriendo la selva y la montaña, su lugar de origen hace unos 2500 años. Aferrados a su cultura, sabios en hierbas, cazadores, nómadas de esencia y espíritu. Los contactos con ellos siempre fueron en los alrededores de sus vastos territorios, pero hasta el siglo pasado nadie interfirió con sus vidas. Cuando llegaron las empresas mineras a la Amazonia, ahí sí aquel universo fue destrozado. Les arrebataron sus tierras, las más biodiversas del planeta. Fueron confinados a reservas. Los curas salesianos arrancaron de sus comunidades a una generación entera de niños shuar. Desaprendieron su lengua y aprendieron español. Perdieron sus hábitos nómadas. Los curas los nombraron de otra manera. Esta generación de shuar, ya adulta, es la que hoy lidera la parte más radical y dura de las organizaciones aborígenes ecuatorianas. Domingo Ankuah, dirigente shuar a nivel nacional, cuenta en su biografía:

“Yo fui reclutado por los salesianos tal vez cuando tuve mis 4 o 5 años, que ellos determinan así. Lo primero que sé que ellos hicieron fue darme un nombre, o sea dos nombres, dos apellidos, porque mi padre cuando yo nací me dio un nombre pues era sólo nombre que los shuar teníamos. Pero cuando me reclutaron, me dieron el nombre que todavía mantengo. Muy niño no conocía todo lo que sucedía en la vida, lo que hicieron los misioneros. Hice la primaria y estuve en el colegio de práctica agrícola de la misión salesiana hasta los 17 años”.

Otro shuar dice en uno de los videos que acompañan el libro que ellos son “tan fuertes porque durante dos mil quinientos años no necesitamos dólar, y podemos seguir otros dos mil quinientos años sin un solo dólar”. Sus mujeres viejas se quejan de que las mineras han alterado todo, y ya no crecen algunas de las plantas necesarias para su medicina. También se quejan de que sus mujeres jóvenes, criadas como Domingo Ankuah, ya no saben ni hacer ni cuidar sus huertas. No saben quiénes son. Hay conflictos familiares que no conocían desde que no pueden ser nómadas. El sedentarismo forzado los irrita en su faz más profunda. No viven de acuerdo con su naturaleza.

En una nota de análisis sobre el conflicto que enfrentó a los shuar y a Correa, el periodista Kintto Lucas –Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí– indica esta semana que hubo errores estratégicos de ambas partes, gobierno y comunidades, y que lo lógico es una mutua autocrítica. Porque el gobierno unitario contra el que choca la nacionalidad shuar es el gobierno que más respeto les ha tenido en la historia moderna de ese país. Aunque el daño causado a los shuar sea ya irreparable. Sobre las contradicciones como ésta que bullen en los países más progresistas de la región, sobre cómo leer esta realidad de gobiernos populares que, sin embargo, salvo en Bolivia, no han avanzado lo suficiente o dudan en hacerlo, Lucas cita a Saramago en este párrafo:

“A esta ciudad le basta saber que la rosa de los vientos existe. Este no es el lugar donde los rumbos se abren, tampoco es el punto magnífico donde los rumbos convergen. Aquí, precisamente, cambian los rumbos”.

Categorías
Contratapa Página/12 Política internacional

El sínodo por la Amazonia

Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llama él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente mala, es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el Papa le paró el carro a un enviado que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. “La alta política es algo muy noble”, dijo.

Sabe que el trampolín a través del que las nuevas elites financieras se han encaramado al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época en la que le ha tocado ejercer su papado, es precisamente la antipolítica. La abonan a chorro tanto medios como empresarios y CEOS. Es el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Macri hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Peña Nieto hizo política? ¿Duque hace política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando el FMI entra a escena. Nombres variopintos. Dos salidos de la política traicionera y dos productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como “chorros” o “dictadores” los chorros y los dictadores de nuestro tiempo.

Cuando el Papa hizo su primera visita a la región fue a Brasil. Al encuentro de jóvenes. Y allí dijo su recordado “hagan lío”. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquél fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, y son estos nuevos cultos que apañan al neofascismo, y que están pensados como la nueva religión hegemónica de la región. Los que depositan en cada individuo recortado de los otros la posibilidad de su salvación en la tierra: tener suerte, si así fue la voluntad de Dios. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les ha tocado. No luchan. Rezan. “Hagan lío” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general que le da el Papa, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del lodo.

Esta semana en Roma el Papa inauguró el Sínodo por la Amazonía. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pedido de los obispos de diversos países a los que esta nueva camada de gobiernos odiadores los enfrentó de pronto con el hambre y el fuego. Esta semana se vio la foto de las decenas de camiones que empresas ganaderas mandan a las zonas deforestadas por el fuego.

En el Vaticano ahora están los delegados de las etnias aplastadas. El Papa recibe a los habitantes ancestrales –a quienes pidió perdón por la colonización ya hace unos años en Bolivia, pero eso que era una enorme noticia fue como otras miles de enormes noticias borroneada por los grandes medios–. El Papa recibe a los Garabombos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en esas etnias deslumbrantes que brotan de la Amazonía. Recibe a esos invisibles.

En la apertura del Sínodo, Francisco fue al hueso y nos compete, aunque la lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de nuestros países. Se refirió a la disyuntiva sarmientina “civilización o barbarie”. En estas notas se ha apuntado varias veces que esos términos se han invertido. “El lema de civilización o barbarie se ha usado para aniquilar pueblos originarios”, dijo. Los que se identifican con la civilización están trayendo una nuevo colonialismo”, dijo.

Las elites financieras que desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los bárbaros sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas, animales y vegetales. El Papa después tiró una flecha hacia Pichetto, aunque nombrando sólo a la Argentina. Dijo que en nombre de la civilización (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late en la región desde hace cinco siglos), se escuchan palabras denigratorias, “con el desprecio a los ‘bolitas’, a los ´paraguas´y a los cabecitas negras”.

Los que tenía enfrente mientras decía eso eran los guardianes de la naturaleza, los que como ha dicho también Chomsky, “han sido los que en la historia más han luchado por defensa de la vida en el planeta”. Son los que perseveran hace siglos y siglos, cuando nuestros países no existían, en el buen vivir, que no le demanda a la tierra más de lo que la tierra pueda dar sin arruinarse ni seguir estando allí, disponible y pródiga para las generaciones futuras.

Esos pueblos, que tienen su propia medicina, que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con los blancos, y algunos de ellos han tomado decisiones de una sabiduría extraordinaria, como los más populosos, que en lugar de vivir todos juntos se han repartido por diferentes zonas de la Amazonía para evitar desequilibrios. Esos invisibles que hoy deben huir de sus tierras porque el fuego las devora, en estos días tienen un interlocutor. Mientras desde la “civilización” llegan las fotos del hijo de Bolsonaro haciendo gracias con sus armas, mientras Ecuador se desangra, mientras en Colombia los activistas ambientales son asesinados todos los días, mientras en la Argentina se fumiga glifosato sobre escuelas rurales y hay niños y adultos enfermos soportando la amplia gama de envenenamiento que produce la ganadería o el cultivo transgénico a gran escala, ellos, los pueblos originarios, siguen guardando sus secretos y aspiran solamente a que los dejen en paz.

Hoy son ellos la civilización a la que hay que mirar con interés político. Bolivia es el único país que ha logrado quedar en pie y sigue repartiendo justicia y felicidad, junto con desarollo. Nos los tenemos que tomar en serio. No por “un gesto”. Por algo mucho más profundo y lúcido: si logramos romper la fetichización del dinero como vara del poder político, se abrirá una nueva fase de nuestra cultura común. Ellos nunca fueron del todo incorporados como sujetos políticos en paridad con los demás. Como el machismo, el racismo es algo que a veces parece encapsulado como un virus transversal. Ese es el hueso. Porque el hueso es la tierra, pero también el modo de ser y estar en ella. Y los pueblos originarios saben de eso mucho más que nosotros. Muchísimo más.

Categorías
Política internacional

Relacionemos

Hace poco supimos de la existencia de Carola Rackete como capitana de barco detenida por haber salvado a inmigrantes africanos de la muerte en el mar. Para ese entonces Pía Klemp, que ya había salvado a otros, era amenzada con la aplicación de una ley siciliana durísima, avalada por la ultra derecha iltaliana, para condenar a quienes salven vidas en el Mediterráneo. Saludamos la existencia de estas jóvenes y bravas mujeres con muchos tatuajes en sus cuerpos, aunque el Mediterráneo está surcado también por capitanes varones que hacen rescates epopéyicos como el el del español Open Arms, la ong cuyos integrantes se lanzaron al mar a rescatar a los refugiados que ya no aguantaban más la espera de días y días a los que los sometía la justicia italiana.

Alemana como Rackete, Pia Klemp fue premiada por la alcaidía de París por su tarea de salvataje, pero respondió con estas palabras “No soy humanitaria. No estoy allí para áyudar´. Estoy por solidaridad. No necesitamos medallas. No necesitamos que las autoridades decidan quién es un ´héroe´y quién es ´ilegal´. De hecho, no están en condiciones de determinarlo, porque todos somos iguales. Lo que necesitamos es libertad y derechos. Es hora de que mostremos la hipocresía detrás de estas condecoraciones y llenemos el vacío con justicia social. Es hora de convertir todas las medallas en puntas de lanza de la revolución. ¡Documentación y refugio pata todxs! ¡Libertad de movimiento y residencia!”

Cómo no relacionar a estas jóvenes alemanas cargadas de la mordacidad y la valentía de una de piratas justicieros, con la aspereza de la sueca Greta Thunberg diciéndoles a los miembros del Parlamento Europeo que sabe que no la quieren, pero no le importa, porque ella tampoco los quiere. Porque non cumplen con su palabra. Cómo no relacionar las reacciones en cadena y protesta en más de ciento veinte países de estudiantes secundarios reclamando por la reducción urgente de gases. Cómo no relaciones, al fin, esos gases, con los que producirá la Amazonía arrasada, destinada al fracking, a la ganadería y a la soja en una escala de producción que terminará con el planeta y finalmente con la especie.

Hay una nueva épica global. Es la defensa de la vida en todas sus formas. La encarnan seres humanos muy jóvenes que serán nuestros flautistas de Hamelin, pero nos conducirán a otro tipo de sistema, sencillamente un sistema de producción a escala humana y a escala de la Casa Común, que es el planeta. Estemos preparados para aprender a leer y a escribir esa épica nueva. De ella depende todo.

Categorías
Política internacional

Los presidentes neoliberales

La ola de mandatarios neoliberales que sucedió a los proyectos progresistas y nacional-populares en América Latina se vio impulsada por discursos moralistas y republicanos, sostenidos por compromisos con la transparencia institucional y el repudio a la corrupción estructural anidada al interior de sus países.

Esa sobreactuación de sus protagonistas se vio, sin embargo, ensombrecida por la emergencia de repetidos escándalos que han tenido como responsables máximos a los empresarios (devenidos Presidentes) y a sus más íntimos colaboradores. En el caso de la Represa Binacional de Itaipú, el reciente descubrimiento de una negociación secreta entre las más altas autoridades llevó a los parlamentarios de ambos países a iniciar investigaciones sobre negociaciones incompatibles con sus respectivas funciones gubernamentales.

El negociado hecho público durante la última a semana incluyó la redacción de cláusulas secretas que fueron develadas luego de la denuncia del titular de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) Pedro Ferreira, quien se negó a aceptar la comercialización de energía hidroeléctrica excedente (producida por la represa binacional de Itaipú) a una entidad privada ligada a la familia del Presidente brasileño. Dichos megavatios (MW) sobrantes iban a ser adquiridos del lado brasileño a un valor de 6 U$S, cuando la cotización de mercado ronda los 40 U$S el MW. Una vez incorporados a la red por la empresa brasileña LEROS (ligada a Bolsonaro), sería vendida a un precio de 80 U$S el MW, registrando un potencial y módico beneficio del 1200 %.

La malversación quedó al descubierto cuando el titular de ANDE, Pedro Ferreira, se negó a suscribir el contrato, renunciando a su puesto el 24 de julio último. Una investigación del diario guaraní ABC Color puso en evidencia que el embajador paraguayo Federico González, intermediario entre la empresa LEROS y ANDE, presionó al titular de esta última para que se convirtiera en cómplice respecto al silenciamiento de las cláusulas secretas del convenio firmado en mayo último por los presidentes Abdo y Bolsonaro.

Las negociaciones orientadas a lograr la aprobación del contrato ilícito fueron operativizadas por José Rodríguez González, hijo de María Epifania González, secretaria de la unidad de Prevención de Lavado de Dinero o Bienes (SEPRELAD), quien debió renunciar una vez difundidas las cláusulas secretas gestionadas por su heredero. Las tratativas confidenciales (caracterizadas como sigilosas) fueron conducidas por Rodríguez bajo la supervisión de de Mario Abdo y su vicepresidente Hugo Velázquez, quienes buscaron beneficiar al ex militar devenido Presidente de Brasil. La articulación entre Rodríguez y los máximos mandatarios se hizo evidente luego de la difusión pública de los intercambios de mensajes por WhatsApp, expuestos por los medios de comunicación guaraníes y brasileños.

Categorías
Política internacional

El blanco negro del neofascismo

El 14 de marzo de 2018, cuatro balas en la cabeza terminaron con la vida de Marielle Franco en Río de Janeiro. Su acompañante, el chofer Anderson Gomes, también murió. Salían de una reunión política (ella pertenecía al PSOL), cuando un auto se les puso a la par y les descerrajaron nueve disparos. Cuatro le entraron en la cabeza a Marielle, que la tenía llena de ideas y de sueños y de proyectos para su gente, los débiles entre los débiles.

El Brasil obturado, el vencido, el Brasil humillado, el que desde hace años no cesa de recibir latigazos con forma de democracia y contenido de dictadura de nuevo tipo, la despidió acongojado. Al día siguiente cincuenta mil personas fueron a su entierro. Marielle había sido asesinada en una forma de anticipo de lo que sobrevendría después, el aceleramiento de la militarización y el saqueo de la región. Es un mismo poder con las mismas ideas y un mismo comando extranjero el que ha decidido abortar posibles reacciones populares eliminando a sus referentes. Líderes campesinos, sociales, facilitadores de la paz, activistas ambientales y de derechos humanos están siendo sistemáticamente asesinados en un crescendo que el asesinato de Marielle dejó entrever.

“Mujer, negra, de Maré (complejo de favelas en Río de Janeiro) y defensora de los Derechos Humanos”. Así se presentaba la concejala Marielle Franco en las redes sociales. Tenía 38 años, una hija de 19, y llevaba ya doce años en pareja con otra mujer. Marielle había nacido y crecido en la favela, y pobres entre los pobres y aplastados entre los aplastados, los afrodescendientes eran a quien ella dedicaba especialmente su trabajo y sus proyectos, como un Programa nocturno de acogida infantil de niños cuyos padres salían a estudiar o trabajar, o como la instauración del Día de la Mujer Negra, o como campañas de sensibilización sobre el acoso y la violencia sexual en los transportes públicos.

Más tarde fueron detenidos sus asesinos, y resultó que uno de ellos era amigo del hijo de Jair Bolsonaro y el otro posaba en una foto con el mismísimo presidente. No fue un escándalo ni nada tambaleó. Brasil es todavía una carcaza de democracia envenenada con el elixir nazi. Las armas que se promueven y se facilitan a la población no tienen por objeto la autodefensa. Son la herramienta que se naturaliza para que se naturalice también la eliminación del otro cuando se considera una amenaza. En toda la región se propagandiza esa política, que exime a las fuerzas de seguridad que cumplir con el rol de prevenir el delito y al mismo tiempo fomenta en todos contra todos y la sensación de vivir rodeado de enemigos. Pero desde el poder se le da color y forma a ese enemigo. Es negro casi siempre. Y si no, es mestizo o es blanco pero pobre. Así de fácil resuelve Bolsonaroel dilema de la seguridad: con la inseguridad permanente y el asesinato impune.

Marielle no sólo era negra, pobre, lesbiana, feminista. Era concejala. Empezaron por ahí porque eso quiso decir ese escarmiento: Lula está preso, el obrero que salió de la miseria haciendo ese mérito que ellos nunca hacen porque nacen ricos, está fuera de juego por maniobras jurídicas ilegales como las que aquí la tiene a Cristina sentada en el juicio oral más bochornoso y bizarro que se haya visto. Con las cuatro balas que le metieron a Marielle en la cabeza lo que les dijeron a las negras, lesbianas, pobres y feministas fue “ni se te ocurra”. Fue “mirá lo que les pasa”.

Marielle, que era socióloga porque había estudiado en una universidad para sectores populares, se había inclinado a la acción política después de ver morir a una de sus compañeras por una bala perdida en la favela. Pasa en las favelas y pasa en las barriadas y en los asentamientos latinoamericanos donde se hacinan los pobres y que intervienen los ejércitos o las policías militares para “prevenir el narcotráfico”. El cuento de siempre en todas partes. No previenen, participan y mejicanean.

La conmoción por el crimen, que se extendió a varias ciudades del país y de otras partes del mundo, tiene su epicentro en Maré, donde Franco creció. El complejo de favelas tiene casi 140.000 residentes y uno de los peores índices de desarrollo humano en Río. Pero su rostro, hermoso, de ojos negro profundo y dientes grandes y expuestos en su enorme sonrisa, ya es un icono. Marielle sigue recordándonos desde las paredes y las banderas que llevan su rostro que eso en lo que ella creía y por lo que fue asesinada es por lo que vale la pena vivir y tantos mueren. Porque hay que decir también que América Latina es en escenario donde hace más de cinco siglos ocurren los crímenes masivos más horribles, pero también la región en la que las luchas jamás se han apagado porque siempre, cuando todo parece ensombrecerse, surge alguna sonrisa como la de Marielle.

Bolsonaro quiere un Brasil en el que los negros ocupen el lugar que les corresponde, que es donar sus vidas para ganarse la mera supervivencia. Una forma de desigualdad cercana a la esclavitud. Negras sirvientas, atentas, calladas. Quiere negras al servicio del negro, que no se quejen y mantengan la comida caliente para cuando llega el negro explotado y recupere fuerzas que le permitan ser explotado al día siguiente. Eso es estar en su lugar. Como aquí el lugar que les toca a los pobres es la intemperie, la olla popular o la inundación, la comida vencida o el ruido de las tripas. Quieren sujetos sujetados por una idea de sí mismos: no se merecen otra cosa y no deben rebelarse contra esa aberración que a ellos les parece una ley natural no menos absurda que la que hacía a los Luises creerse designados por Dios.

Desde el asesinato de Marielle, los crímenes contra activistas de sectores populares o de pueblos originarios que reclaman por el acceso al agua, a la comida o al pago al día se han incrementado de un modo atroz en varios países. Es tan obvio que van hacia la guerra, que van hacia la muerte, que van hacia el dolor de las grandes mayorías que lo único que varía en cada país es el modo en el que lo expresan y la velocidad a la que van. Pero el proyecto es el mismo. Eliminar. Cortar de cuajo el ansia de progreso, la sensación de dignidad, la esperanza de superación, la idea de lograr políticamente una organización que les permita recuperar el gobierno.

Estamos en esa encrucijada, también aquí. La maquinaria de muerte de la nueva derecha neofascista es uno de los ejes de la neocolonización. No traen espejitos de colores sino armas sofisticadas que compran a Estados Unidos o a Israel. El proyecto es bastante sencillo: quieren quedarse con todo para venderlo barato. Les sobran millones de personas y no tienen reparos en eliminarlos de mil maneras. No sólo con las balas. También con el hambre o la falta de alimentos o de techos para vivir. No les importan sus vidas, les molestan.

Marielle Franco es un símbolo, mal que les pese, de la potencia que tiene la vida de un pobre cuando tienen una chance. La mataron para que sea olvidada. Por eso no hay que olvidarla.