Categorías
Sociedad

«Las villas, el otro grupo de riesgo»

Por Nacho Levy,
referente de La Poderosa

http://www.lapoderosa.org.ar/

Durante toda esta larga noche de cuarentena, noche de sol, noche a cualquier hora, noche cayendo sobre los barrios, no hallamos horarios para sentarnos a escribir, ni para sentarnos a discutir, ni para sentarnos. Vomitando corolarios imposibles para conmover a funcionarios inconmovibles, tosiendo campañas de donaciones en las redes y caminando por las paredes, entre los yugos de verdugos que nos ponen de cuclillas y la curva del dengue disparada cada día más arriba, nuestras villas también están entrando a terapia intensiva, sin respiradores para los comedores que siguen salvando abuelas e hijos, sin guantes ni barbijos para sus laburantes. Sin agua, sin platos, sin bidet y sin datos para Internet, ni siquiera para el ANSES, tampoco hubo tiempo de contestarle a la televisión, donde los miedos continúan al acecho y la indignación fluye con total naturalidad, como si todos tuvieran un techo y derecho a la dignidad. A los noticieros, como a los medios compañeros que acercaron su solidaridad, hoy les agradecemos con todas las gargantas de nuestra comunidad y les traemos algunos esbozos de respuestas a esas preguntas pospuestas que no buscan volverse un reproche, pero sí buscan la cura para la hipocresía que contagia la sobreinformación, porque hoy la noche es más oscura. Y se viene el día en tu corazón.

……………………….

  • ¿CÓMO SE VIENE LLEVANDO LA CUARENTENA EN LAS CASAS DONDE LA CUARENTENA NO TIENE TAN LINDAS CASAS?
  • Como se puede, como se puede porque inevitablemente se complica, tal como lo indica la experiencia en la supervivencia de quienes han debido enfrentar a la malaria, en largas décadas de resistencia comunitaria. Ahí está nuestro capital. Porque sí, el coronavirus distingue clase social y no es lo mismo quedarse en la casa cuando la casa tiene todos los servicios vitales, que cuando la caza se vuelve un cóctel de trampas mortales. Y no tengan dudas: estamos haciendo todo lo humanamente posible para minimizar los riesgos en cada comunidad, pero hoy más que nunca necesitamos la empatía del resto de la sociedad, para esos hombres y mujeres con la suficiente ternura como para seguir lavando verdura, mientras tantos moralistas se resisten a cortar el alambre. Ni cocineros, ni cocineras, son los terapistas del hambre.
  • El coronavirus llegó para sumarse a las demás epidemias que venían azotando a las villas con impunidad: el riesgo eléctrico, la precariedad, esos cables asesinos que no por mala suerte fueron causal de muerte, los incendios, la desocupación en la batalla, la desnutrición que trae déficit de talla, la narcopolicía, los pobricidios, la trata del terror, los femicidios con silenciador… Una infinidad de epidemias que no supieron infectar a toda toda toda la sociedad: hay que frenar la pandemia de la desigualdad.
  • Según el último relevamiento que realizó nuestro propio Observatorio Villero, hoy están viviendo entre 4 y 10 personas en cada hogar, acomodadas así, «como se puede»; la casa de mi vecina es la casa de 19.
  • Sólo este año se registraron 1833 casos de dengue en la Ciudad de la posverdad. Sólo en las comunas del sur, 1091. Sólo en la última semana, sumamos 450. Sólo en la Villa 21, hubo 214. Pero fíjense qué curioso, qué impredecible, qué inimaginable: justito ahí, en la Villa 21, el 70% no tiene agua potable. Y entonces para lavarse las manos, debe juntarla dentro de cacharros que se hacen lugar en el hacinamiento, escondiditos en cualquier rincón: el dengue llega y entra, con tarjeta de invitación.
  • El 40% de la población del barrio Los Álamos, en La Matanza, padece enfermedades cardíacas o complicaciones respiratorias debido a las inundaciones, afecciones que dificultan todavía más el encierro en la imposible soledad, soledad en el tumulto, soledad en la humedad. Todas esas condiciones imponen las limitaciones del «QuedateEnCasa» si se pasa por alto la necesidad: cuando el cuerpo rechaza un remedio, quizá esté padeciendo alguna otra enfermedad. Seamos sinceros, hoy los curas villeros y también el propio gobierno están buscando recetas que se puedan ir ajustando, subrayando que por supuesto no significa esto ningún tipo de habilitación para que salgan a boludear los que se aburren en su sillón. Y sí, ahí está la razón del terror que nos enferma, el temor a la eventual circulación interna.
  • En innumerables casos y casas del hábitat informal, no existe ni siquiera la infraestructura sanitaria esencial, como bien se puede ver en Entre Ríos, al sur de Paraná, donde muchas familias pasan semanas sin una sola gota de agua, porque no pueden inventarla, ni salir a comprarla. ¿Cómo te relajás? Por más que se indignen, se salgan de sus cabales o se cansen de pontificar en sus editoriales, hay muchísima gente que no se lava las manos cada dos horas, no porque no quiere, ¡porque no puede!

……………………….

  • ¿CÓMO SIGUEN FUNCIONANDO LOS COMEDORES DE LOS BARRIOS CUANDO LOS FUNCIONARIOS QUE SIGUEN MORFANDO DEJAN DE FUNCIONAR?
  • Siguen funcionando por amor al amor, gracias al motor comunitario que fabricó la villa en 70 años de resistencia, esa conciencia colectiva que le permitió sobrevivir a la deriva, a las topadoras de la dictadura, al neoliberalismo de los 90, al ayuno del 2001 o al cinismo del chocobarismo, porque la villa entendió clarito que acá nadie se salva sólito. Y en esa trayectoria de nuestra cultura comunitaria que recién ahora el mundo pareciera comenzar a valorar, ¡ahí está el pulmotor que nos hace respirar!
  • Funcionan mal o funcionan bien, también gracias al entramado de organizaciones sociales, nos caigan bárbaro o no tan bárbaro, porque son esos vagoschoriplanerosceosdelapobrezaquevivendelestado quienes dejan a sus familias de lado para presionar las respuestas a las preguntas que se ahogan en la grieta de la impunidad, cuando la mezquindad puede más que cualquier pandemia, cuando niegan los recursos para los alimentos o cuando tenemos que profundizar determinados pronunciamientos, poniendo en riesgo su estética de tipos buenos, porque su imagen les preocupa más que los estómagos ajenos.
  • Funcionan porque la dignidad no tiene frenos, porque si no funcionaran, la curva del Coronavirus hoy estaría infectando al ARSAT. Y entonces ahí están, entregando viandas para que no se produzcan aglomeraciones, haciendo el delivery que no pagan las jubilaciones y abrazando con empatía a los inmunizados del pan de cada día: albañiles, recicladoras, ayudantes, vendedoras ambulantes, trabajadoras y trabajadores de la economía informal que, cuando dejan de laburar, ¡dejan de morfar!
  • Funcionan con la energía que provee la rebeldía, barriendo la mugre de la alta sociedad, porque brota la necesidad de darle una respuesta urgente a esos bidones de detergente que no están donde deben estar, porque nadie los puede pagar. No es fácil ni barato conseguir los productos de limpieza que permiten mantener impecables los merenderos de tantos, ni sus cocinas listas, ni sus pisos brillosos, ni sus pulcras piletas, como lo exigen tantos panelistas desde sus maravillosos planetas…
  • Funcionan porque la vida importa y porque, cuando se trata de comida, la explicación es corta: a espaldas de todos los reconocimientos, los comedores de Rosario triplicaron la demanda de alimentos. Y en el barrio platense Los Hornos, hoy se va en almuerzo lo que antes también cubría la cena: se duplicó la demanda con la cuarentena.
  • Funcionan como sea pero funcionan igual. Y menos mal que funcionan, incluso en la Capital Federal, donde gobierna la prepotencia de una casta aria, con sus «tres vías» para la «»»asistencia»»» alimentaria: 1) Mediante las escuelas, que siguieron repartiendo los mismos sanguchitos pelados, pero encima concentrados en pocas bocas, induciendo a esas largas colas que después denostan desde la TV, aprovechando que la pauta se pone y no se ve. Recién ahora, por la presión de los gremios y sus docentes fundamentales, anuncian que darán cajas semanales y por supuesto no les creemos. Veremos. 2) Mediante los Centros de Primera Infancia, donde cada uno recibe lo que recibe, como si la demanda fuera la misma que ayer, de acuerdo al poder o la afinidad con el Gobierno de la Ciudad. 3) Los comedores comunitarios, donde las raciones atrasan más que los salarios, porque todo este parate de changas multiplicó la concurrencia e incluso el número de miembros por familia que necesitan asistencia. Y lo peor de toda esta doble vara es que nunca, nunca, nunca ponen la cara, porque así como los directivos de las escuelas aparecen como responsables de las viandas impresentables, las vecinas y los vecinos deben poner el cuerpo que otros prefieren esconder, para decirle a otro ser humano: «Hoy no vas a comer».
  • Y la verdad, amigos periodistas, así como el pico del virus no llegó según los propios sanitaristas, el pico de la demanda alimentaria tampoco, porque poco a poco se van terminando los restitos de suelditos que todavía les permiten a muchos valerse de su propio alimento: donde se termina la comida, se termina el aislamiento.

……………………….

  • ¿CÓMO GARANTIZAN LA SALUD, DONDE NO LLEGAN LOS INSUMOS, NI LAS AMBULANCIAS, NI UN ATAÚD?
  • Ante todo, hay una realidad que no se dice, ni se piensa, porque buena parte de la prensa se avergüenza: en las villas se hace muy difícil escalar hasta la tercera edad, porque hay un laberinto de dificultad para sobrevivir a la niñez, la juventud y la adultez, rampas y trampas que no siempre se pueden sortear. Hay que tener mucha, pero mucha suerte para ganar. Y si no, lean los números de la realidad: hay 20 años de diferencia entre la longevidad del barrio Zavaleta y la glamorosa Recoleta.
  • Hoy las distintas asambleas vienen desplegando sus propias postas de salud, a lo ladran y a lo sancho del territorio nacional, en especial, para el acompañamiento de nuestras viejitas y viejitos, como cajas multiplicadoras de gritos para contener, cuidar, atender e informar.
  • En la Villa 1-11-14, por ejemplo, el centro médico que atiende las zonas 19, 20 y 40 exhibe una predisposición fenomenal, pero vive desbordado por la falta de personal y la escasez de insumos para los enfermos de pobreza: faltan guantes, barbijos y productos de limpieza, también ahí, en la salita, sí.
  • El pasillo 2 del barrio San Petersburgo, en La Matanza, tiene vacía la panza y una sola sala médica que fue remodelada un año atrás: hoy cuenta nada más que con una médica generalista. Y para conseguir un turno hay que anotarse en una lista, haciendo fila desde la madrugada, pero sin que te vea la prensa, ¡porque está muy enojada!
  • Con el fin de replicar ese desmadre por allá, el hospital público en la bajada de Paraná sólo entrega turnos telefónicos, para revisar abuelos o embarazadas: eso sí, «todas las líneas están colapsadas».
  • Apenas casos aislados, que se replican en todos lados porque así trabajan los heroicos médicos de la Patria Baja, administrando gotitas de medicina en cada barriada de América Latina. Y en muchísimos pasillos libres de ambulancias, también en la Ciudad. Por cuestiones de accesibilidad. Y por la falta de voluntad.

……………………….

  • ¿CÓMO SE AMESETA LA CURVA DE LOS FEMIICIDIOS, CUANDO EL CORONAVIRUS GANA EL MONOPOLIO DE LOS HOMICIDIOS?
  • Todas las Casas de las Mujeres y las Disidencias que componen el Frente de Géneros, están desdoblando sus brazos cotidianamente en cada órbita local, mientras acompañan 327 casos a nivel nacional.
  • Todos nuestros barrios tienen ahora compañeras asignadas a monitorear las denuncias y las amenazas que sólo circulan en ámbitos de confianza, porque la única esperanza es la comunidad al servicio de la sororidad, con guardias en casos particulares y con muchísimas vecinas trabajando desde sus hogares, para salvaguardar la vida de otras compañeras, vidas villeras que ojalá valgan tanto como la de cualquier tipo, ahora que «todos jugamos en el mismo equipo».
  • Todas esas vecinas que ya venían luchando por su propia integridad, están siendo acompañadas en la cotidianeidad por otras mujeres que sostienen talleres, cooperativas o asambleas, porque además de gritos, tenemos ideas que tampoco se pueden silenciar; cuando todo parece jodido, ¡es cuando hay que gritar!

……………………….

  • ¿CÓMO SE CUIDA LA GENTE DE LA VILLA DE LOS QUE VAN A CUIDAR A LA GENTE DE LA VILLA?
  • Sobre calles casi vacías, ahora llenas de policías, los apremios están al desorden del día, porque aun cuando primara nuestra propia voluntad de refundar a las Fuerzas de Seguridad, «arrancando sus malas yerbas», hoy son viveros de malas yerbas, que no se pueden arrancar, ni enderezar en lo que dura una cuarentena. Y hete aquí el problema: en el Bajo Flores, dos pibes verdugueados, videos de abusos por todos lados, una cacería por acá, unos escarmientos por buscar comida allá, una violación de domicilio en Tucumán y van… ¿Cuántas van? Los violentos que no quedan registrados, ni son viralizados por el conjunto de la sociedad, nunca terminan pasados a disponibilidad y entonces nos queda nuestra propia capacidad de organizarnos, para cuidarnos de los que vienen a «salvarnos».
  • Cada dispositivo de control popular al accionar policial funciona en base a un mapa de seguimiento barrial, en el cual se identifican los puestos de las fuerzas inmersas en cada territorio y los puntos rojos de inseguridad que genera la Seguridad, como así también las instituciones de apoyo permanecen abiertas y una lista de vecinos alertas en cada sector del barrio, que mantienen entre sí las comunicaciones permanentes para monitorear el trabajo de los agentes.
  • Desde ahí, se asiste a vecinas y vecinos detenidos arbitrariamente por el artículo 205, para que la versión vecinal llegue con ahínco hasta el Poder Judicial.
  • Al detectar situaciones de violencia policial, un responsable designado se pone a disposición de la víctima inmediatamente, por si requiere algún tipo de atención urgente y dispara nuestro protocolo de acompañamiento, en ese mismo momento.
  • Ahí nomás, integrantes del equipo en aislamiento toman los casos para impulsar los pasos que sea necesario dar: oficializar la denuncia, completar el registro, recopilar imágenes, conectar testigos y contactar a las entidades médicas que custodian el bienestar de cada víctima en cuestión, así como también la articulación con todas esas instituciones que componen la cadena de cuidados: defensorías, secretarías, juzgados.
  • En el barrio Bosco II de Santiago del Estero, detuvieron a un compañero cuando asistía a una señora mayor que vive justo al lado de su casa, pero si no pasa en la tele, no pasa. Y entonces terminó cagado a palos, justo por «los pocos policías malos» en la comisaría 5°, hasta que fue liberado, golpeado, ahorcado y amenazado.
  • El 23 de marzo, la Policía de Tucumán ingresó a la casa de José Luis Ríos, para detener a Juan José Ríos, otra persona que vive en otra casa y, en medio del allanamiento, entre insultos, patadas y caños, le apuntaron a su hija, que tiene 6 años.
  • El 24 de marzo, sí, el 24 de marzo, Raquel Rodríguez fue detenida por la Policía de la Ciudad en su barrio, la Villa 31, por un delito aterrador: salió a buscar comida a un comedor.
  • El 25 de marzo, Nahuel Orrego fue detenido y apaleado en la Villa 21, por la Prefectura Naval, por haber ido al kiosco en una actitud criminal.
  • El 26 de marzo, Mirta Echavarría y su hija, una compañera trans, fueron retenidas en el mismo barrio, por la misma Prefectura, en otro indebido proceso: «Callate, maricón, te vamos a meter preso».
  • El 27 de marzo, en el mismo barrio, frente a la misma Prefectura, Jesús Reales vio interrumpido su recorrido hacia el bono del salario social complementario: le labraron un acta, por no ser millonario.
  • El 28 de marzo, la Policía de Santa Fe detuvo a Alejandro Gómez, pero además consideró prudente desnudarlo y golpearlo en las costillas, para masturbarse con su propio poder. Y para que las marcas no se pudieran ver.
  • Y sí, es toda una novedad que los pasen a disponibilidad con semejante celeridad, pero no basta que algunos aprendan la lección. Necesitamos garantizar la prevención frente a todos estos atropellos: si no los controlamos nosotros, nos controlan ellos.

……………………….

  • ¿CÓMO SE HAN AMPLIADO, ADAPTADO O TENIDO QUE REINVENTAR NUESTRAS REDES DE ORGANIZACIÓN POPULAR?
  • Cada una de las asambleas poderosas en Argentina, en articulación con otras de América Latina, tienen coordinadores de todas las áreas que atraviesan nuestra agenda barrial, por encima de cualquier diversidad cultural: referentes de tierra, de salud, de educación, de géneros, de deportes, de economía, de comunicación, de control a la represión, de cultura y de varias ramas más, pero el coronavirus nos obligó a establecer además 4 nuevas referencias para contener las emergencias: alimentarias, sanitarias, de violencia institucional y de violencia intrafamiliar; para que se puedan centralizar las notificaciones y para que no debamos convocar a grandes reuniones.
  • Desde que comenzó el aislamiento, todo ese acompañamiento se come nuestro tiempo y también nuestro financiamiento comunitario, que va desde las recaudaciones de cada barrio y cada cooperativa, hasta la última estrategia efectiva de autogestión, tragándose incluso el pequeño colchón de reservas que las asambleas suelen guardar para que los peques puedan conocer el mar, cuando llegan las vacaciones, incluyendo las más desesperadas campañas de donaciones…
  • Seguramente, no terminaría nunca este informe necesario, si detalláramos cada gesto solidario o cada iniciativa con impronta cooperativa, pero valgan tres como síntesis ilustrativa: 1) En Rodrigo Bueno, la fotocopiadora Paulo Freire decidió seguir trabajando a puertas cerradas, no para ventas tercerizadas, sino para garantizar las tareas de educación popular y para que todos los niños que deban estar en su hogar cuenten con dibujos para colorear. 2) La cooperativa textil Juana Azurduy empezó a producir barbijos para generar algún ingreso y también para invertir todo eso en los productos que nos hacen falta para limpiar mejor cada comedor. 3) La cope Sub-Limada de Santa Fe, en el medio de toda esta oscurísima noche, no sólo está encendiendo una nueva luna, ¡está laburando gratis para la Casa Cuna!

……………………….

  • ¿Y ENTONCES CÓMO CARAJO SALIMOS ADELANTE?
  • No sabemos, pero vamos a invertir mucho corazón y cabeza, ¡para vencer! Y para distribuir la riqueza, porque no existe otra forma de combatir la pobreza y porque nadie se puede aislar en ayuno: hay que repartir la guita, ¡empezando por la de uno! Quienes puedan donar frescos, ¡pueden donar frescos! Quienes puedan comprar los packs que vamos a lanzar para colaborar, ¡pueden comprar esos packs! Y quienes puedan donar millones de pesos, ¡deben donar millones de pesos! Todas y todos juntos debemos acompañar y traccionar al Estado, para que nadie nunca más deje de mirar a su lado. Porque si algo realmente vino a contagiarnos para transformarnos como personas, como colectivos, como humanidad, esta realidad tiene que cambiar hoy mismo, ¡la guerra no es contra un virus, es contra el egoísmo! Y sí, justificar abusos, humillaciones o violaciones a derechos esenciales, sólo pensando en tus garantías individuales, ¡es otra versión del «sálvese quien pueda»! Otra miseria vestida de seda como ésta que dejó al mundo tan en off side, sin gol y sin abrazo, cuando la mierda tiró este pelotazo. Quienes defienden todavía su propio poder o su propia jerarquía, aún no han podido entender que, si no valoramos a todos, nunca tendrá valor nadie. ¡Pero nadie! Ya no se puede pedir mano dura en cualquiera de sus formas, para todos menos para quienes la ejecutan violando todas las normas. Y realmente sí, será muy difícil hacerles entender a los pibes de cualquier esquina el valor que tiene tu vida, tan indiscutiblemente sagrada, mientras les hagamos creer que la suya no vale nada. Vamos, ¡tenemos mucho trabajo! Y esta vez también, es por abajo.
Categorías
Sociedad

Paradigma de abrazo futbolero

Una gran parte de lxs niñxs que crecen en Argentina duermen con una pelota de fútbol dentro de su cama. Quizás sea por ese acompañamiento de cuero que muchos de ellxs sueñan con ser
protagonistas heroicos de goles decisivos o atajadas inolvidables.

En Napoli dicen que los jugadores argentinos tienen una habilidad anormal, que juegan diferente al resto de los mortales porque aprendieron el deporte en calles irregulares donde además de esquivar adversarios debían tener eludir las piedras, los pozos y los desniveles de los baldíos donde aprendieron el extraño arte de tirar un caño invisible.

Una gran porción de la trayectoria infantil argentina está atravesada por la pelota. En los recreos de escuela. En las noches de copa libertadores. En los estruendos de goles aullados a lo lejos con folklore de domingo en la memoria.

Es evidente que los ídolos nativos son más jugadores que arqueros. Es decir: usan más los pies que las manos. Más aún, los nombres del recuerdo tienen reminiscencia a delanteros, armadores del juego y eximios goleadores. Pocos guardametas trascienden la cueva de sus tres postes despoblados. Muy pocos, incluso, han logrado entrar en el Parnaso de la evocación viva. Apenas contados nombres han ingresado en el arquetipo soñado del pibe que se abraza a
su pelota antes de dormir.

En México, sin embargo, ataja en la actualidad uno que pinta para prototipo de deidad profana. Un golero –como le dicen los orientales—que hipnotiza a quienes se sueñan en un vestuario dispuestos a atravesar el túnel para penetrar en el humo y los cánticos de la gloria
futbolística. Se llama Nahuel Guzmán. Le dicen “Patón”. Pocos días atrás, el arquero nacido en la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, convirtió un gol agónico en el último minuto de descuento para su equipo, los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que permitió a su equipo pasar a la próxima rueda de la liga de Campeones CONCACAF (concachampions), un torneo internacional similar a la Copa Libertadores de América.

En enero de este año, Nahuel entró a la cancha con los colores de la bandera que identifica a la comunidad LGBTIQ+ luego de tuitear un mensaje donde se manifestaba contra la discriminación que sufren los integrantes de dichos colectivos. Pero el Patón no mostró el
arcoíris en su cabeza en un lugar neutro. Lo hizo en uno de los países donde ser mujer o tener una orientación sexual diferente a la heteropatriarcal supone un peligro de muerte.

Ese día, Guzmán acompañó el color de su pelo con el siguiente mensaje a través de su cuenta de Instagram: “Año 2020 en el Planeta Tierra. Los casos de discriminación homofóbica siguen presentes en nuestra sociedad y el fútbol no es la excepción. Entender nuestra enorme diversidad social y avanzar en los derechos x la inclusión es compromiso de todxs”.

El día de su gol mítico contra el equipo salvadoreño de Alianza posó ante los fotógrafos con un gesto que muchos machirulistas locales consideraron desafiante: brazos cruzados y puños cerrados, una gestualidad populariza en México que expresa el repudio a la violencia contra las mujeres. El gesto asumido por el Patón supone una verdadera provocación para el modelo patriarcal imperante, hegemonizado por una masculinidad que se arroga el derecho a la
apropiación del cuerpo femenino.

Sus ejemplos habituales de pedagogía sensibilizadora recuerdan su presencia junto a las Abuelas de Plaza de Mayo y Estela de Carlotto cuando en junio de 2019 se anunció la restitución de la identidad del nieto 130, Javier Matías Darroux Mijalchuk, hijo de Elena
Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, ambos desaparecidos en diciembre de 1977. Su presencia en la conferencia de prensa se convirtió en un ejemplo para muchos futbolistas jóvenes que lo
observan con admiración.

Guzmán en la conferencia de las Abuelas

Cuando los ídolos deportivos o del mundo del espectáculo logren incorporar la compasión y la humildad como vectores centrales de su trayecto biográfico nuestxs pibxs tendrán mayores oportunidades de dormir con una pelota capaz de hacerlos soñar belleza auténtica. La que se evidencia en ese abrazo de gol con que el Patón se funde en el último minuto del partido.

El agónico gol del Patón y su emotivo abrazo con los seguidores de Tigres

Categorías
Sociedad

Los invasores

Los Invasores Episodio I

Como todo niño nacido y crecido en los 60s fui un devorador de series de televisión. Hijo de la época tenía, además, una particular debilidad por la literatura o películas y series sobre temas del espacio exterior y de ciencia ficción: viajes interestelares, distopías
futuristas, guerras espaciales, invasiones extraterrestres. Las opciones para pasarla bomba eran muy variadas.

Los libros de la inolvidable colección Minotauro, con Bradbury a la cabeza, la historieta gracias a la cual todos peleamos en la calles de Buenos Aires y en el estadio Monumental contra los “Ellos”, liderados por Juan Salvo, “El Eternauta” y la televisión que, en horarios establecidos para niños, le ponía imágenes, voz y movimiento a todas nuestras fantasías.

Una de mis series favoritas de TV era “Los Invasores”, que duró dos temporadas, de 1967 a 1968 y que en Argentina, como era común en esa época, nunca vimos completa ni supimos el final pero que quedó grabada en la memoria.

El tema central de la serie era un clásico de la Guerra Fría: una raza de extraterrestres venía a invadir y conquistar nuestro planeta, para satisfacer alguna necesidad de supervivencia o simplemente para ampliar su dominio imperial en la galaxia:

“Los invasores, seres extraños de un planeta que se extingue. Destino: la Tierra. Propósito: adueñarse de ella. El arquitecto David Vincent los ha visto. Para él, todo empezó una noche en un camino solitario, cuando buscaba un atajo que nunca encontró… Comenzó con un merendero cerrado y abandonado, con un hombre tan fatigado que no podía seguir en viaje. Prosiguió con la llegada de una nave de otra galaxia. Ahora, David Vincent sabe que los invasores han llegado, que se han adaptado al aspecto humano. En
alguna forma, debe convencer a un mundo incrédulo de que la pesadilla ha comenzado”

Eso.

El encantamiento de “Los Invasores” era la utilización de un recurso normalmente infalible para atrapar corazones humanos: el héroe solitario -ese inolvidable arquitecto David Vincent y su eterna cara de piedra- que lucha contra la incredulidad de la sociedad y de las
instituciones en particular y que en su periplo,va juntando voluntades y seguidores -incluso alienígenas “arrepentidos”- de abajo hacia arriba, en su guerra sin tregua para derrotar a los Invasores.

Para muchos de nuestra generación, hace tiempo que el planeta Tierra y en particular nuestra amada Argentina, es un capítulo de Los Invasores con toda la carga de angustia, bronca, impotencia e incertidumbre que nos generaban las peripecias y la lucha de aquel
solitario arquitecto que entregaba su existencia a intentar abrir los ojos de una sociedad que no veía el horror instalado en su vida cotidiana.

A finales de los años 80, con la caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría y el triunfo del capitalismo global, el mundo asistió a un proceso progresivo de cuestionamiento y desmantelamiento de la cosmovisión y el sentido común que habían regido gran parte del
pensamiento de las sociedades modernas desde principios del Siglo XX. Una verdadera “invasión” de nuevas ideas y sentidos que se fue desparramando y colonizando todos los aspectos de la vida cotidiana de la mano de un grupo de seres -Corporaciones- que adoptaron rápidamente formas de lo humano: eruditos, académicos,
periodistas, funcionarios y sus organizaciones, medios de comunicación, redes sociales, instituciones políticas, fundaciones, etc. y que en una década lograron unificar las voces de millones en torno a conceptos sólidamente naturalizados que fueron minando todo aquello que creíamos sólidamente instalado en nuestras escala de valores.

Así vamos por la vida cientos de nosotros,en las calles, en las casas, en las cenas, los almuerzos y picadas, en las fiestas, en las oficinas, como solitarios David Vincents y sus muecas calladas de asombro, decepción y tenacidad, tratando de hacer ver a los que nos rodean la verdadera cara de los Invasores. Vemos amigos, conocidos, familiares, seres queridos, gente que se percibe y consideramos inteligente y educada, con la misma experiencia histórica que nosotros, justificando cosas inimaginables años atrás, guardando
silencio ante la manipulación evidente o la deshumanización de las ideas. Les mostramos evidencias de las aberraciones que oculta el discurso hegemónico, pruebas concluyentes, falacias visibles. Y nos estrellamos contra una ceguera impenetrable, un negacionismo que
incluso horada los amplios consensos de 83, valores fundacionales de la democracia recuperada después del genocidio, de la invasión.

Somos personas, seres buscando ese “merendero” para descansar y encontrándonos todos los días con los Invasores. Sabemos que han llegado. Seguimos sostenemos la necesidad de recuperar a la humanidad. Sabemos que debemos “convencer a un mundo incrédulo de que la pesadilla ha comenzado” Que Ellos están entre nosotros.

Epílogo
La desigualdad, la pobreza y la explotación pasaron a ser inevitables, naturales y hasta justificables. El éxito individual por sobre el interés colectivo, la beneficencia por sobre la solidaridad, la felicidad instantánea y efímera por sobre construcción de un futuro duradero para todos, la estigmatización de la política como herramienta de cambio, de las organizaciones sociales y sindicales y de ideas como justicia social, igualdad, prosperidad son los nuevos paradigmas y lenguajes. Un mundo donde los ricos y poderosos son los modelos a seguir y toda voz igualitaria o en favor de los de abajo es descalificada, donde la voz de los poderosos y los que ocupan las escalas superiores son la palabra autorizada, creíble y verdadera.

Categorías
Sociedad

Odio racial

Como otras pocas veces, como hace más de treinta años en Catamarca, con el caso de María Soledad Morales, un asesinato mueve y combina hilos que “normalmente” el establishment
exhibe, sí, pero deja pasar de largo. Esta vez el crimen de Fernando tuvo un gran despliegue mediático. Los grandes detalles de ese crimen eran inocultables y de una sordidez extrema. Mostró ese crimen el lado sádico de la cultura de elite. Gritarle negro de mierda antes de matarlo fue incluso menos impactante que la expresión “caducó” que usó uno de los rugbiers para referirse a la muerte de ese pibe al que habían elegido casi al azar para descargar su furia.

¿Qué enfurece a ese tipo de asesinos, tanto como para cometer un acto colectivo aberrante como ése? ¿Qué late debajo de la merca, de la cultura machista del lomo anabolizado como signo de hombría, del sistema meritócrata y cruel que barre con lo vivo porque prefiere acumular dinero? Se ha opinado mucho sobre esto. Pero más que opinar, esta muerte terrible merece que nos pongamos a pensar, a escuchar, a intentar entender un poco mejor por qué Fernando está muerto y por qué de esta manera tan ruin y tan idiota esos jóvenes van a pasar muchos años en la cárcel. ¿Qué clase de veneno liberaron esa noche?

No voy a extenderme mucho porque precisamente hay que seguir pensando. Pero quiero apuntar aquí algo que sabemos pero no del todo porque no se dice, porque queda mal, porque no se admite, porque no tiene eco ni difusión. Vivimos en un país que, como muchísimos otros, fue construido sobre el odio racial. La supremacía de las elites blancas son profundamente racistas. Vivimos en un país en el que hasta el año pasado una mujer ex actriz y estandarte de esa
supremacía, en sus almuerzos, dijo que ella era “rubia por fuera y por dentro”.

Y pasaba de largo. Todos los días de todos los años de más de cinco siglos, hemos mamado el odio racial como algo opaco, disimulado. Cuando uno mira el color de la piel que los trabajadores de la
construcción, y el de la de cualquier bancario, también puede apuntar que hay sectores que tienen el destino predeterminado, y aunque estamos ahora frente a un caso absolutamente extremo, su
aura, su olor, es el que respiramos cada vez que alguien dijo negro de mierda. Hay una división racial del trabajo, y todavía no la abordamos.

Quizá esta vez esta muerte sirva para que reaccionemos colectivamente a la conciencia de que en este sentido también hay que llegar a un nunca más. Todos los ofendidos, las despreciadas, los
perseguidos, las violadas, los humillados y las condenadas a bajar la cabeza ante el agravio son los y las que saben mejor que nadie cómo cambiar el mundo.

Categorías
Política Sociedad

Sacarse la correa

Fue una de esas tardes de calor arrasante esta semana. Al atardecer, decidí sacar a dar una vuelta a Hugo y a Raquel, mis perros salchichas jujeños (¡Jallalla Milagro!). Ellos tienen sus años, como la dueña, pero según un día definió muy bien mi hija, los salchichas tienen toda la vida personalidad de pendejos.

Hugo, por ejemplo, no puede parar de levantar la pata en cada cosa que ve, aunque la haya visto mil veces antes. Me enfurece pero también me da ternura que él crea que porque levanta la pata es el dueño del espacio que ocupa eso que mea. Y otro berrinche que tiene es que muerde las correas desde que es cachorro y ahora también. Ha roto hasta de cuero. Las que tenían en uso esta semana eran de plástico, las más baratas, porque ya que las destroza…

Así que salimos de apuro con las correas agujereadas por los colmillos de Hugo y recalamos en un lugar a dos cuadras que vendía alimentos y correas para perros. Estaba muy lejos de ser uno de esos lugares en los que los que tenemos perros nos paramos en la vidriera a ver esas camitas deliciosas que cuestan como un monoambiente en un barrio desfavorecido. Pero yo tenía miedo de que las correas se rompieran y entramos.

Me atendió un pibe. Le dije lo que buscaba mientras miraba alrededor y veía cajas sin abrir, mucho papel de diario y algunos estantes de alimento balanceado fraccionado en bolsitas de medio kilo y un kilo. Ahí me di cuenta de que estaban recién aterrizando en el lugar, que por eso nunca había visto ese lugar, que estaban “abriendo”.

Y estaba mirando las cajas abiertas donde se veían correas medio manchadas o con aspecto antiguo, cuando escuché que el pibe me preguntaba:

-¿Vos sos Sandra?

Y sí, le dije, tironeando de Hugo y de Raquel que olían a los saltos el alimento balanceado. El pibe abrió los brazos y alcancé a ver que se le llenaban los ojos de lágrimas. Me dio un abrazo fuerte, no de esos abrazos corteses que estoy acostumbrada y agradecida de recibir en los lugares más variados, sino un abrazo como una descarga, como el que se le da a alguien querido después de no verlo y extrañarlo. En mi hombro el pibe lloró, sin ningún pudor. Y yo lo dejé que llorara, porque el día anterior habían asumido Alberto y Cristina, y además con ese calor, llorar era una bendición. Después me fui con Hugo y Raquel luciendo sus nuevas correas de colores pasados de moda, pensando que todo lo que soñamos estaba ahí, en esa tienda abriendo, en ese pibe sin capital que había comprado sobrantes en algún depósito, en esa expectativa de sacar la cabeza. Y que en todo ese tiempo que no nos habíamos visto, tanto a él como a mí nos habían dolido hasta lo indecible muchas cosas. Y llegué a casa y el mundo ya era un poco mejor.