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«Las villas, el otro grupo de riesgo»

Por Nacho Levy,
referente de La Poderosa

http://www.lapoderosa.org.ar/

Durante toda esta larga noche de cuarentena, noche de sol, noche a cualquier hora, noche cayendo sobre los barrios, no hallamos horarios para sentarnos a escribir, ni para sentarnos a discutir, ni para sentarnos. Vomitando corolarios imposibles para conmover a funcionarios inconmovibles, tosiendo campañas de donaciones en las redes y caminando por las paredes, entre los yugos de verdugos que nos ponen de cuclillas y la curva del dengue disparada cada día más arriba, nuestras villas también están entrando a terapia intensiva, sin respiradores para los comedores que siguen salvando abuelas e hijos, sin guantes ni barbijos para sus laburantes

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Paradigma de abrazo futbolero

Una gran parte de lxs niñxs que crecen en Argentina duermen con una pelota de fútbol dentro de su cama. Quizás sea por ese acompañamiento de cuero que muchos de ellxs sueñan con ser
protagonistas heroicos de goles decisivos o atajadas inolvidables.

En Napoli dicen que los jugadores argentinos tienen una habilidad anormal, que juegan diferente al resto de los mortales porque aprendieron el deporte en calles irregulares donde además de esquivar adversarios debían tener eludir las piedras, los pozos y los desniveles de los baldíos donde aprendieron el extraño arte de tirar un caño invisible.

Una gran porción de la trayectoria infantil argentina está atravesada por la pelota

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Los invasores

Los Invasores Episodio I

Como todo niño nacido y crecido en los 60s fui un devorador de series de televisión. Hijo de la época tenía, además, una particular debilidad por la literatura o películas y series sobre temas del espacio exterior y de ciencia ficción: viajes interestelares, distopías
futuristas, guerras espaciales, invasiones extraterrestres. Las opciones para pasarla bomba eran muy variadas.

Los libros de la inolvidable colección Minotauro, con Bradbury a la cabeza, la historieta gracias a la cual todos peleamos en la calles de Buenos Aires y en el estadio Monumental contra los “Ellos”, liderados por Juan Salvo, “El Eternauta” y la televisión que, en horarios establecidos para niños, le ponía imágenes, voz y movimiento a todas nuestras fantasías

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Odio racial

Como otras pocas veces, como hace más de treinta años en Catamarca, con el caso de María Soledad Morales, un asesinato mueve y combina hilos que “normalmente” el establishment
exhibe, sí, pero deja pasar de largo. Esta vez el crimen de Fernando tuvo un gran despliegue mediático. Los grandes detalles de ese crimen eran inocultables y de una sordidez extrema. Mostró ese crimen el lado sádico de la cultura de elite. Gritarle negro de mierda antes de matarlo fue incluso menos impactante que la expresión “caducó” que usó uno de los rugbiers para referirse a la muerte de ese pibe al que habían elegido casi al azar para descargar su furia.

¿Qué enfurece a ese tipo de asesinos, tanto como para cometer un acto colectivo aberrante como ése? ¿Qué late debajo de la merca, de la cultura machista del lomo anabolizado como signo de hombría, del sistema meritócrata y cruel que barre con lo vivo porque prefiere acumular dinero? Se ha opinado mucho sobre esto

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Sacarse la correa

Fue una de esas tardes de calor arrasante esta semana. Al atardecer, decidí sacar a dar una vuelta a Hugo y a Raquel, mis perros salchichas jujeños (¡Jallalla Milagro!). Ellos tienen sus años, como la dueña, pero según un día definió muy bien mi hija, los salchichas tienen toda la vida personalidad de pendejos.

Hugo, por ejemplo, no puede parar de levantar la pata en cada cosa que ve, aunque la haya visto mil veces antes. Me enfurece pero también me da ternura que él crea que porque levanta la pata es el dueño del espacio que ocupa eso que mea. Y otro berrinche que tiene es que muerde las correas desde que es cachorro y ahora también. Ha roto hasta de cuero. Las que tenían en uso esta semana eran de plástico, las más baratas, porque ya que las destroza…

Así que salimos de apuro con las correas agujereadas por los colmillos de Hugo y recalamos en un lugar a dos cuadras que vendía alimentos y correas para perros

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