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Sacarse la correa

Fue una de esas tardes de calor arrasante esta semana. Al atardecer, decidí sacar a dar una vuelta a Hugo y a Raquel, mis perros salchichas jujeños (¡Jallalla Milagro!). Ellos tienen sus años, como la dueña, pero según un día definió muy bien mi hija, los salchichas tienen toda la vida personalidad de pendejos.

Hugo, por ejemplo, no puede parar de levantar la pata en cada cosa que ve, aunque la haya visto mil veces antes. Me enfurece pero también me da ternura que él crea que porque levanta la pata es el dueño del espacio que ocupa eso que mea. Y otro berrinche que tiene es que muerde las correas desde que es cachorro y ahora también. Ha roto hasta de cuero. Las que tenían en uso esta semana eran de plástico, las más baratas, porque ya que las destroza…

Así que salimos de apuro con las correas agujereadas por los colmillos de Hugo y recalamos en un lugar a dos cuadras que vendía alimentos y correas para perros

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