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Gratitud

En tiempos de asepsias consuetudinarias. De sabios especuladores del desencanto. De tensiones medidas en créditos y débitos. De externas deudas que pretenden pagaderas con hectolitros de sangre laboral.

En el medio de ese laberinto –con cielo abierto para volar por donde se debe—es buena la gratitud.

Las Gracias son, en la mitología griega, las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad.

Pero hay debates: en la tradición ateniense son las tres primeras, y en la espartana son las cinco.

Quien suscribe, como es de público conocimiento, se rige por la tradición sureña. Es decir, la que corresponde a la ascética amorosidad espartana.

Desde ahí, este mandato hermoso es que dice gracias. Y suena a algo más que un cumplido. Aferra realidades, biografías, un tiempo lastimado, un cariño de autenticidades, una convicción con aliento.

Dice gracias sin regalarla nada a la hipocresía derrotista. Agradece sin vergüenza ni disimulo. Repite con firmeza un rasgo de convicción en la memoria.

Lo hace desde ahí. Ubicado en el centro de una Patria reconvertida en Ave fénix permanente. En brazos que vuelven a plantar las semillas de una esperanza después que la guadaña plastificada del neoliberalismo produjo muerte, máscaras de risas cínicas, globos manchados de desocupación, desaliento y tristeza.

La cuarta de las Gracias es la creatividad. La que inventa en el medio de la nada. La que es capaz de ver esperanza en el exacto lugar donde muchos ven oscuridad. La que trae la linterna en le medio de la noche.

Hoy cumple años alguien que encendió una etapa. Que se empecina en renacer desde el lugar de su dolor y que elige con precisión a sus invitados de la vida. Ha sido tocada por la gracia de la elección sublime: cuando le señalaban desenlaces sacó un conejo de la galera.

Las Gracias, dice la mitología, acompañan a los decididos. Sólo a los que eligen un camino a pesar de los Magentos que atraen minerales rancios, los cantos de sirena o las amenazas carcelarias.

La gratitud también cura al oferente: lo libera del peso emocional del silencio, de la murmuración encerrada, de la prohibición del grito. Lo conecta con otros bendiciarios. Lo hace parte de algo más grande que él.

Ser capaz de agradecer es entrometerse con un universo de generosidad. Es desplegar el ansia hacia otrxs. Es salpicarnos de sonrisas.

Una de las Gracias, era conocida como Hegémone y remitía al júbilo de poder celebrar la comunión, el encuentro, detrás de un sentido compartido.

Demasiada coincidencia.
Gracias, Cristina.

Las Tres Gracias. En la mitología griega, son las compañeras de Afrodita, las llamadas Cárites, que son: Aglaya (la Belleza), Eufrósine (la alegría) y Talia (‘Floreciente’).

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Chispazos pero adentro

Los chispazos por los presos políticos fueron inevitables, pero se equivoca la derecha si cree que las disidencias o los diversos estilos y procedencias que integran el Frente de Todos caerá en la trampa de la fricción destemplada (lo que no quita, claro, que alguna declaración lo sea). No los hemos padecido en vano a ellos. No los hemos sufrido sin aprender un tono que nos permita no ser hipócritas ni disciplinados, y al mismo tiempo hacer lo que el propio presidente pidió: que le digamos lo que pensamos.

Todavía no hemos recuperados índices de libertad de expresión asimilables a una democracia. Y no es porque el gobierno acalle a nadie esta vez: el problema de la libertad de expresión en nuestros países tiene que ver con el mercado de medios. Todo el aparato mediático está presto a tender zancadillas, cuando no operaciones cotidianas, como las dirigidas al gobernador Kicillof. No hay voces que equilibren, salvo tres o cuatro excepciones… contra miles.

La Nación tituló ayer que Cristina dijo en Cuba que está en contra del lenguaje inclusivo. No lo dijo. Dijo que no le gusta el lenguaje inclusivo, que no lo cree efectivo, pero también dijo, en una posición parecida a la de la legalización del aborto, que ése es su punto de vista pero que contempla los de los feminismos. Hacer esa salvedad de honestidad intelectual que la dispensan de cualquier cosa parecida a la demagogia, es imposible para ella sin que su voz sea alterada, puesta a punto para la reacción rápida y en contra. Si es a lo que juegan todos los días desde hace años. No al periodismo. A eso.

Entre nosotros habrá más diferencias como la de los presos políticos. Para una base importante del electorado del FdT son una bandera. Porque hemos visto lo que los diarios no publican. Desde hace años leemos lo que los diarios no publican. Porque no tenemos dudas. Vivimos en la realidad, no en la agenda de Clarín. Por eso pudimos organizarnos y ganar.

No vamos a desperdiciar torpemente esta oportunidad. Será así: diciéndonos con honestidad lo que pensamos y sentimos, y en qué el apoyo es incondicional pero en qué, también, se nos debe
responder como electorado. Todos nosotros, los dirigentes y los ciudadanos que votamos este gobierno estamos haciendo política. De modo que nada es personal. Discutimos posiciones y tiempos.

No seríamos quienes somos, ni hubiésemos afrontado la vida como lo hemos hecho quienes insistimos en que los presos son políticos. Y se lo decimos a un gobierno que consideramos nuestro. Tenemos paciencia y la seguiremos teniendo porque vemos el trabajo cotidiano, titánico para un mes y medio. Así que los grandes medios y el macrismo pueden dejar de ilusionarse con que caeremos una vez y otra vez y otra más en sus cantos envenenados. Esa fisura que buscan como sabuesos está blindada por la experiencia y la esperanza.

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La inteligencia al poder

Ya desde media tarde, cuando los alrededores del Monumento a la Bandera estaban colmándose de gente, y algunos de los que estaban ahí daban sus testimonios, era obvio por qué Macri les pidió a sus votantes que no den argumentos. Los argumentos son todos del Frente de Todos. De arriba para abajo y de abajo para arriba y viceversa. Lo que se vio antes, durante y después del cierre de campaña fue un fenómeno de representación política: qué sed, qué hambre, qué necesidad de representación política tenemos. Había lágrimas. Muchas. Conexión. Comunicación entre los que estaban abajo del escenario y los que lo veíamos por la televisión, con Cristina y Alberto. Son ellos los que votaremos porque creemos en lo que dicen, y lo que dicen es lo que queremos decir y vivir nosotros.

Cristina habló en un tramo de su discurso sobre la importancia inexorable de la inteligencia, ya que todos los otros recursos alguna vez se extinguen. Y un paneo rápido por el escenario, más un flash de los últimos dos o tres meses, nos certifican que sí, que hemos hecho lo correcto, que la unidad de los sectores del campo nacional y popular es el primer y decisivo paso para salir de esta trampa mortífera en la que caímos precisamente por no tener presente que el enemigo, siempre, gana gracias a las divisiones.

Tanto la gente que fue, que articulaba con racionalidad y emocionalidad lo que ya no le es soportable de la vida que ofrece el modelo neoliberal, como los movimientos políticos recientes que, gracias al panóptico de Cristina, han permitido la consolidación de este Frente, son la esperanza. La inteligencia debe volver al poder.

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La propuesta de Cristina

La expresidenta propuso un contrato social de ciudadanía responsable. Para empezar a ponerle contenido, aprendamos a discutir las diferencias en un tono que nos permita seguir juntos.

El jueves en la Feria del Libro Cristina exhibió un tono nuevo, acorde con varias cosas. Con estar sentada en un panel y franqueada por la directora de la Fundación El Libro y por Juan Boido, Ceo de Random House. Por estar presentando un libro, y no lanzando su candidatura. Su candidatura viene siendo lanzada desde aquella plaza que la despidió en 2015, y fue el cataclismo del gobierno de Macri el que la puntaló. El tono del discurso de Cristina fue una de las piezas claves de lo que comunicó.

Está proponiendo y de hecho está armándose un frente más grande que todos los que conocimos. Adentro hay gente que amamos y gente que detestamos. Y hay matices. Pero lo que propone Cristina y lo que muchos sectores ya han advertido es que cualquier resentimiento o diferencia de ese gran frente es una cuestión menor al lado de la epopeya que nos espera. No sobra nadie. Y hay que encontrarle el tono a esta nueva etapa.

Tanto en las relaciones entre dirigentes como en los contactos entre militantes y a su vez entre militantes y ciudadanos a los que debemos persuadir debe ser uno que sería bueno que fuese común. Un tono respetuoso. Un tono que puede ser áspero o contener diferencias enormes, pero que debe detenerse ante lo injurioso, lo grosero o lo cruel. Hay un “nosotros” que todavía no existe pero ese tono debe favorecerlo. Estamos obligados encontrarlo para transitar este tiempo umbrío y recuperar la chance de la felicidad en este país. Todos tenemos que ser un poco mejores para que esto funcione.

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En busca de la burguesía nacional

Están saliendo los economistas responsables de todos los fracasos a decir que CFK nos invita a repetir los fracasos del Plan Gelbard, esa es una gran mentira. Para 1974 la inflación había caído a 30.2%, casi la mitad del 79.6% que había en 1972, en tanto el desempleo pasó del 6.1 al 2.5%,​ dificultada también por la crisis del petróleo.. ​
El crecimiento del PBI pasó del 3.5% en 1969/72 al 6.1% en 1973, y al 6.4% en 1974. La inflación se frenó, al tiempo que la balanza de pagos se vio favorecida por la positiva coyuntura exportadora. Las mejoras salariales y el incremento de gastos del Estado estimulaban el aumento de la actividad interna. Lo que frenó todo este proceso fue la muerte de Perón. Gelbard no se pudo sostener en el Ministerio de Economía con el gobierno de Isabel Perón y López Rega. Todo plan económico necesita la voluntad política para sostenerlo, y ya sin el gran conductor, los grandes empresarios dinamitaron los acuerdos impulsando la inflación.
Quieren tergiversar una experiencia histórica que fue muy positiva.

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Ella, la misma y otra

La vi a Cristina ayer en la Rural, desde un costado de la Sala Borges, presentando su libro,
Sinceramente. Aunque no lo dijo es lo primero que se me ocurre transmitir de su discurso: la
reverencia, el respeto que Cristina siente por los libros es un amor particular, propio de las clases
medias que lograron despegar de la pobreza y que lograron que sus hijos accedieran a mucho más conocimiento que sus padres. Hijos que leían libros y obtenían títulos. También ahí me resonó la importancia de los libros, también inserta y no enunciada en el discurso de anoche, que caracterizó a la juventud de su generación. Los narradores, los ensayistas y los poetas eran para esa generación gente mucho más interesante que los cantantes o las bailarinas de la televisión, que no habían sido inventados.

Cristina estaba presentando su propio primer libro, y algo de lo que se dice en el párrafo anterior planeaba en sus palabras. Pero sus palabras y su tono y sus ejes lo que mostraron es a una dirigente política que ha comprendido el cambio dramático de situación y que se ha destilado para abarcar con su voz a un colectivo mucho más grande que el que la apoyó en sus mandatos. Para una ex presidenta perseguida con una obscenidad tan obvia y con su propia hija pagando ya con su cuerpo y su psiquis por cosas que nunca ha hecho, el tono eléctrico hubiera sido previsible. La ansiedad, el hartazgo y el dolor de quienes la escuchaban, no en la Sala Borges sino afuera y en sus casas, desde lejos, también esperaba esos latigazos verbales que funcionan como descarga.

Pero ella, que siempre salta por arriba, presentó su libro con otra lógica. La del futuro. No hubo rastro alguno de enojo ni de resentimiento ni de trueno en su voz. Hubo una guía completa para saber cómo acompañar lo que tiene en mente. Algo grande. Más grande que todo lo conocido hasta ahora. Algo que para ser tan grande esté basado en consensos muy amplios. Habló de un contrato social de responsabilidad ciudadana, y en esa parte de la guía hay indicios de cómo ella cree que deberán comportarse los dirigentes –ella lo estaba haciendo ayer mismo – , pero también los ciudadanos. Metas de recuperación a través de la reindustrialización del país, que sólo podrá ser real si se deponen grandes matices y millones de personas se ponen una sola idea fija en la cabeza: dejar atrás esta pesadilla y recuperar un país que nos dé ganas de vivir.

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LA QUE «SABE DAR PELEAS,… Y NO SE RINDE»…

«Hoy Cristina no es su maquillaje, no es su edad, no son sus carteras, no es su soberbia, no es su tono de voz ni todas esas pavadas.

Hoy ni siquiera es una mujer: esos varones de pantalones bien puestos, si los tienen tan bien puestos, deberían comprender que los que quieren a Cristina no la quieren porque es mujer, sino porque sabe dar peleas, y porque no se rinde”.

Sandra Russo, Nuevas crónicas del naufragio.