Leí a mis 13 añitos La razón de mi vida. Así la conocí. Y hace 13 años que la pinto. Como verán, ella está viva, sana, en paz y con una sonrisa pícara llena de humor y complicidad. Hay algo mágico en estos cuadros llenos de vida. Pintar me obliga a meterme en las profundidades y bucear en un espacio sin tiempo. Cada cuadro es una microdosis de su esencia.






