Los incels, la furia, lo amoral

El fin de la humanidad tal como la conocimos. La contratapa de P/12 de hoy.

Seguramente vieron ese video en el que un grupo de púberes libertarios, en un streaming, cuentan que se ofrecieron como voluntarios, fueron a un lugar donde se recibían donaciones para Bahía Blanca, y que de paso se robaron algunas cosas que estaban buenas.

Uno decía: “Pará, que eso no lo podés decir”. Y el otro contestaba, con naturalidad, con un cinismo helado en su carita apenas no infantil, que “ellos mismos lo dicen, ya les llegó demasiada ropa”. Y se reían.

Como mucha gente, vi la extraordinaria serie Adolescencia, y lo primero que me trajo el video de los ladrones libertarios fue uno de los planteos de la serie. La desconexión, el cortocircuito, el tajo que atraviesa el amor y lo perfora para herir lo más profundo, porque no se está aquí ni se está allá, sino en un limbo que hace de las personas avatares que se pueden borrar. No hay culpa.

Hay personas que no conectan con otras personas, y generaciones que se encierran en ellas mismas, se vuelven generaciones sectas. Se quemaron las naves subjetivas. No entendemos sus códigos ni sus valores, y mean sobre los nuestros. Nos cuesta aceptar que muchos jóvenes de esta época, a los que seguramente sus padres aman y son correspondidos, son amorales.

Milei es producto de esa nueva amoralidad que promueven los monstruos de ahora, estos tiranos de pelo zanahoria, estos machotes que exhiben sus mujeres florero, estos “demasiado ricos” que antes se conformaban con explotar gente. A estos la gente les sobra. La recortan.

Ahí lo tienen a Reibel diciendo que ellos se están encargando de deshabitar la Argentina de argentinos. Quizá la sustitución étnica en la que piensan nos haga un país tan hermoso que los kelpers desearán ser argentinos.

¿Es concebible que una atrocidad tal pase de largo, cuando vívidamente todos sabemos en nuestro fuero interno que estamos ante matones que, como si fuera poco, reclutan con sus propios soportes a los pibes imbéciles que están rotos? La generación secta tiene ojos de pantalla. No ve nada más que pantallas. Eso los atrajo de Milei, que es una pantalla en todos los sentido posibles. Su absoluta amoralidad y la impunidad y la desinhibición que da el desequilibrio. A Milei le quedan esos, a los que encima estafa.

Un flautista amoral y desequilibrado va tocando y a su paso las ratas se sienten libidinosamente atraídas. Algo de esa música del odio y la violencia las atrae, porque quieren descargarse de tanta mierda que tragaron. Pero el flautista al que idolatran y al que siguen kilómetros de pronto se da vuelta y ya no es el flautista.

Es la medusa.

La mirás y te petrifica. Se petrifica tu sangre. Se petrifica tu estómago. Se petrifica tu mente. Se petrifica la vida. Nada en Milei es vital: por eso dice Bifo Berardi que estos de ahora son fascistas impotentes. Porque tienen poder gracias a electorados impotentes, que los votan no por amor, que no sienten, sino para descargar su furia.

¿Y qué tipo de furia esperarán estás ultraderechas que no paran de pertrecharse hasta los dientes contra su enemigo interno, que somos todos menos ellos? Una furia nunca vista, porque se trata de una violencia criminal desconocida. A sus instigadores se les rompió el inconsciente.

Están degenerando las democracias como degeneraron las mentes de millones de adolescentes en esta parte del mundo. Degeneran lo material, lo simbólico, lo lúdico, lo erótico, lo lógico, lo bueno, lo malo. Degeneran las imágenes de que cada uno tiene de sí mismos, y borran y expropian herramientas mentales y emocionales para advertir la trampa.

Ni ellos imaginan el volumen de la ira que van a desatar. Piensan aplastarla con  represión, acá y en todas partes donde la ultraderecha tiene el poder. Gaza, que no es solo un lugar condenado al infierno en el mundo, sino un señalador, un ejemplo, un signo que significa algo atroz, es el fin de la humanidad tal como la conocimos.

Hasta los niños pueden ser blancos selectivos. Pero en otros lugares más cercanos, la pedofilia por un lado, y la apropiación por parte del Estado ausente de los recursos públicos para comida, educación y salud de las niñeces, también nos dice que las ultraderechas no tienen límites. Y que nuestro único objetivo político, el único útil, el único realista, el único concreto, en encontrar la forma de hacer que nuestra gente vuelva a la realidad. El hambre es analógica. Y cuando matan, el muerto no revive. No hay replay.

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