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Fanzines federales sobre el deseo

Cuando el 4 de marzo se inaguró la muestra en el CCK “Políticas del deseo: Para Todes, Tode”, curada por Kekena Corvalán, nadie podía imaginar lo que pasaría pocos días después cuando la pandemia dejó el mundo en suspenso.

“Para Todes, Tode” reunió a más de 250 artistas de todo el país que quedamos vibrando esa energía colectiva, plural, horizontal, poética y política que tan bien sabe generar Kekena. La muestra se cerró pero comenzamos a reunirnos todos los días vía zoom, en un formato de “cuarencharla” . Un espacio riquísimo, abierto, federal, donde compartimos saberes, prácticas artísticas, sensibilidades, deseos y experiencias. Llevamos juntes mas de 80 encuentros, construimos una comunidad afectiva, necesaria y urgente que devino en una gran red federal llamada Cama Redonda.

Desde allí surge Contagiamos imágenes, un modo de compartir nuestra práctica que invita a reflexionar sobre el sentido de las imágenes que producimos y que hacemos circular. Realizamos acciones artísticas que entran y salen de las redes, que ensayan articulaciones entre luchas de los cuerposterritorios y ponen en escena el rol político de las prácticas artísticas.

Las imágenes, que reflexionan sobre problemáticas sociales, dieron lugar al diseño decuatro fanzines colectivos:
1-Construir una justicia transfeminista,
2-Violencia machista/ Niñasno madres/ESI con perspectiva de género,
3-Pedagogías deseantes
4-Somos territorio, deseos e insumisiones.

Los fanzines comparten un modo particular de mirar el mundo y tejen relaciones imbricadas entre ellos.
Su construcción colectiva configuró un campo de experiencias en plena pandemia. Estos materiales impactan desde el formato digital y toman cuerpo material en sus versiones imprimibles.
La convocatoria fue abierta y consistió en trabajar una página por persona o grupo, siempre enlazadas al sentido del trabajo integrador: compartir conversaciones, información y reflexiones acerca del eje y luego realizar la edición para construir los fanzines colectivos.

Todo el material se organizó en un drive colaborativo y las decisiones de montaje y edición se tomaron en conjunto con todxs lxs participantes. Somos más de 60 artistas /artivistas que provenimos de lugares tan disímiles como Río Gallegos y El Chaltén de Santa Cruz; Lago Puelo de Chubut; Senillosa y ciudad de Neuquén; Bariloche y Cipolletti de Río Negro; Rosario de Santa Fe; Río Ceballos, Traslasierra y Ciudad de Córdoba; La Banda de Santiago del Estero; La Rioja; Yerba Buena y San Miguel de Tucumán de Tucumán; Villa Mercedes de San Luis; Bahía Blanca, Caseros, Villa Gesell, Olivos, Florida y Florencio Varela de Buenos Aires y CABA. También hay participaciones de Concepción, Chile; Bogotá, Colombia y de Málaga , España.

El lanzamiento será el Viernes 7 de agosto a las 18 hs en el marco de las Cuarencharlas.

Para acceder a la reunión de zoom:
Link fijo a las cuarencharlas

https://us04web.zoom.us/j/9525881303…

ID 952 588 1303
Password 30032020

@Culturaviralfederal
@contagiamosimagenes.

La salida es colectiva.
No estamos soles.
Construimos redes.

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Contratapa Página/12

¿Quién más no quiere a los viejos?

Hace unos pocos años, firme ya en el FMI, Christine Lagarde dijo que el principal problema económico que enfrentaba el mundo era la expectativa de vida. Aquel fue el primer síntoma de que el sistema financiero estaba trabajando en los cimientos culturales más profundos de nuestras sociedades, alterando nociones ancestrales y fundantes de cada una de ellas, y el general de Occidente. Fue el primer indicio de que la economía estaba chocando contra la ciencia, y que en muy poco tiempo eso que creíamos que iba junto, se bifurcaría, como muchas otras cosas.

La ciencia, aunque ahora Estados Unidos en un flash de Guerra Fría haga méritos vinculados a Marte, ya no era asimilada a la carrera espacial sino sobre todo a hallazgos que prolongaran la vida. Y de pronto nos encontramos con un sistema que no se correspondía con el capitalismo tal como lo habíamos vivido, o estudiado en la escuela o la universidad. No explotaba. Escupía. Excluía. Descartaba. Nos decía claramente que había gente de más.

A ese desvío que adoptó el capitalismo le molestaba que las personas tuvieran buena calidad de vida, y que tuvieran vejeces más dignas y lúcidas que generaciones anteriores. La vejez, en rigor, era una edad escasa hasta hace poco, y lo sigue siendo en sectores desprotegidos. La expectativa de vida durante siglos no había superado los 40 años, y ahora se multiplicaban los adultos mayores que seguían no sólo teniendo ganas de vivir, sino deseos. En la segunda mitad del siglo pasado, apareció ese tipo de población de tercera edad que hacía miniturismo entre ellos, iban a bailar al club de barrio o a la tanguería, las abuelas que se disculpaban con sus hijas trabajadoras porque no podían –y muchas no querían – criarles los nietos, porque seguían trabajando o aspiraban a disfrutar de su etapa pasiva para ponerse activas en otras dimensiones de sí mismas.

Cuando en los ’90 llegaron las AFJP, las fotos de bancos de imágenes nos mostraban a ese tipo de viejos y viejas que dirían que viejos son los trapos, porque ellos y ellas destilaban hiparactividad, proyectos, aventura: se los veía pasear de la mano, saludar desde el barco, pintar al óleo, hacer yoga, jugar al golf. Cuando el negocio era privado, los viejos y las viejas eran mercancías cuyas pensiones fueron la base de enormes fortunas. Aquí duró catorce años y fue una estafa, como en todas partes. Había sido pensado como tal: hicieron mucho dinero con los aportes que nunca devolvieron a esa generación de argentinos. Se reestatizaron los fondos previsionales –que dejaron de capitalizar en cuentas privadas, y dieron origen a políticas sociales –. Otros países también volvieron a la opción del régimen solidario.

Eso es lo que la preocupaba a Lagarde. Que la gente viva tanto significa que hay que pagarles las jubilaciones durante más años más que antes, porque la ciencia mejoró la calidad de vida de muchos adultos mayores. Aquella declaración de Lagarde, tan violenta, causó revulsión ¿Qué estaba diciendo esa mujer? ¿Qué los viejos deberían morirse antes? Decía eso. Hubo mucho rechazo a aquella confesión.

Y sin embargo, pocos años más tarde, nos encontramos en pandemia. Las características de este virus hacen que las personas mayores de 65 años constituyan un grupo de riesgo. Los jóvenes pueden morir, cualquiera puede morir de Covid, pero en las estadísticas de todos los días muchos anticuarentena han empezado a escuchar como una letanía que corre el atroz riesgo de convertirse en consuelo, que “bueno, pero mueren los mayores de 70”.

Todas las culturas ancestrales, desde las nativas latinoamericanas como las del norte del continente, las asiáticas y las africanas, han cultivado el amor y la protección a sus ancianos en un biosistema lógico: eran los que tenían la experiencia y la sabiduría, los que podían curar, predecir, aconsejar. La comunidad reverenciaba a los ancianos porque eran los que sabían lo que los jóvenes debían aprender para que el ciclo de la vida se regenerara. Incluso en las culturas fundantes de Occidente, en Grecia y Roma, la experiencia y la sabiduría eran los pilares sobre los que se apoyaban valores.

En Grecia, estaba bien visto que un joven cortejara a un hombre mayor si era sabio. Ese cortejo era admitido socialmente. El amor por el saber encarnaba en ese tipo de vínculos. En Roma, que tuvo dictadores, emperadores, cónsules y otros formatos políticos, lo más permanente y duradero fue el Senado: con excepciones, era el lugar de los ancianos de la elite.

Algo contra natura ha pasado en este último tiempo. Se diga lo que se diga, se ve lo que se ve. La ciudad está llena de gente, especialmente joven, que no usa nasubuco, o lo usa mal, que camina hombro con hombro, que se detiene a charlar con otros en las plazas, que no cumple con las recomendaciones sanitarias porque sus percepciones de la realidad están moldeadas por la economía, por el poder de la economía, por sus propias necesidades, y no estamos hablando de los que necesitan volver a trabajar. Estamos hablando de los que desoyen que las juntadas son peligrosas, los que insisten en organizar reuniones y provocan los rebrotes, y sobre todo de los que con su conducta ponen en riesgo a las personas mayores que quizá vivan con ellos y quizá no. Contribuir activamente en la propagación del virus expresa un desprecio por la vida como no se ha visto antes.

El ministro de Salud de la CABA repite como un mantra que “el espacio público, usando tapaboca y con dos metros de distanciamiento” no es peligroso. Pero nadie camina a dos metros de distancia de nadie. Mucha gente sale a dar su caminata diaria hombro con hombro. Las veredas y los parques se pueblan y son espacios de congestión. De eso no habla el ministro. Están evitando los brotes, no los contagios.

Pero probablemente lo más escalofriante de ese mosaico de personas que en todo el mundo rompen las reglas y expanden una y otra vez los contagios, incluso en ciudades que ya estaban libres del virus, es que anteponen lo que ellos consideran su derecho (jugar al fútbol, hacer una despedida de soltero, festejar un cumpleaños, organizar un babyshower, etc. ), sobre el derecho a la vida no ya en abstracto, no ya en fórmula ideológica, no ya en posición política, sino representado, ese derecho, en sus propios seres queridos. No les importan.

No sólo atravesamos una pandemia. Atravesamos también un giro subjetivo que arrasa con todo lo que identificamos como civilizado pero incluso también como instintivo. Ningún animal tendría un comportamiento semejante. Hay nichos de la población mundial que experimentan, dentro de sí, una sorda disolución de lo humano. 

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Política internacional Recortes de Radio

La muralla de madres resiste y se extiende

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Columna de Sandra Russo en Juego de Damas, en Radio Nacional AM 870. Conduce Luisa Valmagia, de Lunes a Viernes de 18 a 20 hs.

Escuchá todos los recortes en radiocut.fm

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Política internacional

Chávez vive

No nos enseñaron quién fue Guaicaipuro pero Rauch tiene el nombre de una calle y de una ciudad.

No te mostraron el rastro de Andresito Artigas. No te relataron con emoción la pureza de Arbolito.

Tampoco te contaron que Simón Radowitzky pidió trabajar los últimos años de su vida en una fábrica de juguetes mientras soñaba con las caritas limpias de lxs niñxs del mundo.

En mi Patria se sabe poco de la gesta descomunal de Bolívar.

No nos detallaron dónde están esparcidos los pedazos descuartizados y brillantes de Tupac Amaru.

Quizás por eso Tiradentes no ha logrado germinar como corresponde en el patio de nuestra vida.

Desconocen que la cabeza de Bartolina Sisa –colgada de una pica para sembrar temor de los patriotas anticoloniales— no logró su cometido: sus ojos siguen curando el dolor de lxs nuestrxs.

A pesar de los olvidos manifiestos. De esa rutina de ocultamiento premeditado, todavía es tiempo de testimonios sublevados: explicar –por ejemplo– al oído, que José Martí fue poeta y revolucionario. Y que marcó la ruta por donde después pasaron Sandino y Farabundo.

Dado que no nos mostraron las fotos en blanco y negro de Mónica Erlt, es hora de que contemos su historia. Que nuestrxs pibxs sepan quién fue Camilo Torres. Quién sangró como Arnulfo Romero o quién amó tanto como Doroteo Arango.

Sólo a una porción de mis hermanxs le relataron con claridad el motivo del llanto de Evita frente a un niño descalzo. Pero a muchxs les escondieron que fue la Cuba de Fidel y del Che la primera que combatió contra el apartheid sudafricano.

En las escuelas no nos enseñaron que los Mapuches nunca se rindieron, ni que Tosco sigue dirigiendo muchas asambleas en el inconsciente digno de muchxs referentes obreros.

Nadie les contó que Don Gervasio, general de los pueblos libres, estuvo exiliado en la nación más desarrollada de este subcontinente en el siglo XIX, la misma que la Triple Alianza aniquiló para victoria del colonialismo europeo, con la abyecta colaboración de los mitristas (hoy macristas. neoliberales, “defensores de la república” ).

Pero Hugo sí conocía estas historias incendiarias. Las fue leyendo con dolor en cada uno de sus nombres propios. Decidió abrirse a la biografía de estas heridas. A su sangre, a su verdad. A su entramado de porvenir. Las estudió en forma pormenorizada, anotando en el margen cada una de sus pequeñas derrotas victoriosas.

Hoy es el cumpleaños del Hugo de América. Debe ser por eso que volvemos a sentir en las profundidades de esta tierra — como en un temblor de cordilleras– que la Patria Grande necesita hacer públicas una y otra vez estos destinos.

Ya van 200 años. Pero la segunda y definitiva independencia no podrá consolidarse si no se sustenta en cada uno de ellxs y de sus continuadores. Chávez las interpeló y se puso a su altura.

Chávez Vive.

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Política

Recordando a Sandra y a Rubén

8:06, 2 de agosto de 2018.

No importa el horario, pero fue ése. El peor momento de mi vida. Ese llamado del que jamás podré olvidarme. “Tenés que venir” decía una voz conocida. Decía también:
“La señora está fallecida”.

Fue un día verdaderamente trágico. Un día que no debió haber existido nunca y para nadie, sobre todo para Sandra y para Rubén. Nadie merece morir en su lugar de trabajo y menos aún, si ese lugar es una escuela, donde hay niños y niñas educándose, creciendo, viviendo su infancia.

Sandra era una mujer con toda la vitalidad a cuestas. Siempre de buen humor, siempre entraba con un chiste a su lugar de trabajo. Cuando la increpaban o le hacían algún comentario elevado de tono, decía firme: “Pará la moto y bajale los vidrios”. Esos comentarios graciosos, esas ocurrencias, esos detalles son los que se extrañan.

Sandra llegaba temprano y se iba tarde. Siempre fue así. Su vida era la Escuela. Aunque, como bien dice el tema que les dedicó Ariel Prat, no eran héroes, no tenían por qué serlo.

Eran personas con ideales. A Sandra le gustaba ser docente, maestra, compañera, amiga.

Los sábados trabajaba en el Programa de Patios Abiertos de su escuela, la 49.

Los programas se iban achicando, los estaban desmantelando. Ella hizo mucha fuerza para evitar el cierre del Programa de Coros y Orquestas, de ahí su conocido video en el Palacio Sarmiento, mal llamado Pizzurno por la calle dónde se encuentra. Tambien comenzó un Taller de reparación de Instrumentos, porque sospechaba que cualquier instrumento que se rompiera, no iba a ser reemplazado.

Ella se brindaba sin medir consecuencias. Ponía el cuerpo. Así es que le pasaba factura también. Vivía contracturada, con dolores de espalda.

Y era feliz. Era una mina feliz.

Sandra está acá, en casa, a nuestro lado. Siempre la recordamos y duele pero también nos reímos mucho de algunos de esos recuerdos. Quizás haya sido nuestra forma de intentar sanar. Aunque sabemos que la herida no cerrará jamás, y que la extrañaremos siempre, siempre.

Seguimos exigiendo justicia.

#JusticiaXSandraYRuben

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