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Hoy, los ojos en Ecuador

Flor Cervina Galarza Saltos tiene 106 años. Hoy a las diez la mañana Andrés Aráuz la acompañó a votar. Fue algo más que un nieto acompañando a una ciudadana que si vota, lo hace por conciencia ciudadana, como tantos ancianos que lo hacen en las elecciones de América Latina.

Las elecciones de Ecuador son cruciales para la región. También fue crucial la traición de Lenin Moreno, quien ya no puede dar un discurso sin que le lluevan los gritos de traidor y ladrón. Ecuador fue un experimento más en la larga tarea de Estados Unidos de extirpar de la región a los líderes y gobiernos que no tenían en sus planes ser apéndices de sus políticas, como lo han sido todos, sin excepción, los que sufrieron los golpes mediáticos y judiciales que padecimos también en la Argentina.

Todos sus pueblos fueron castigados no sólo con nuevas deudas impagables y hambre y destrato del Estado que dejó de ser garante de los débiles y se convirtió en una aseguradora de que los costos iban a ser pagados por la base de la pirámide, mientras en la cima se enriquecía el mismo puñado de siempre.

Los gobiernos que las derechas unificaron bajo el logo de “populismo”, palabra demonizada que hay que desdemonizar, eran todos muy distintos. Nunca el Brasil de Lula se pareció a la Venezuela de Maduro, ni la Argentina de Cristina se pareció a la Bolivia de Evo. Cada uno se parecía a sus propios pueblos, que son en sí mismos disímiles, multiculturales, cada uno en un estadío distinto de desarrollo y con diferentes intereses estratégicos para preservar de los buitres.

Cada uno tuvo sus Judas y cada uno tuvo sus mercenarios con micrófono y sus fiscales y jueces delincuentes que armaron causas para dejar fuera de juego a lo que en una democracia es adversario pero que en esta guerra de baja intensidad que nos implantó una vez más el imperio, es enemigo. En todos nuestros países renació la teoría del enemigo interno, y todos venimos agotados de tanta persecución, mentira, náusea y saqueo.

Hoy miramos las elecciones de Ecuador no como espectadores “objetivos” sino como ciudadanos involucrados en una verdad que aprendimos con dolor. No sólo en cada una de nuestras sociedades nadie se salva solo, sino que ninguno de nuestros países se levantará del barro solo. Ecuador es una esperanza enorme para la reconstrucción de nuevos organismos internacionales que nos libren de la escoria de la OEA.
Si Aráuz compite hoy por la presidencia no fue porque Moreno sea democrático, sino porque reacciones internas y externas a la política ecuatoriana hacen posible otra vez poner la voluntad en una nueva construcción colectiva, regional, soberana, implantada en un eje que no sea el que históricamente nos castigó, sino en una nueva geopolítica que no nos ahogue, sino que nos permita respirar. Que sea.

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Recortes de Radio

El programa del 6/2/2021

Editorial de Sandra Russo 👇
Columna de Sergio Wischñevsky 👇
Columna de Silvia Vilta 👇
Entrevista a Adriana Puiggros, política y pedagoga, por el retorno a clases presenciales. 👇
Entrevista a Rolando González José, investigador del CONICET, sobre el rechazo a la actividad minera. 👇

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Internacionales

Loa a la ELAM

Acabo de leer la historia de Tuyualiya Gea Zamora, una joven qom de Santa Victoria Este, Salta, que en 2003 terminó su educación secundaria. Parecía que hasta ahí llegaba, pero su madre le escribió una carta a Fidel Castro. 

Al poco tiempo Tuyualiya fue aceptada en la ELAM, la escuela de medicina cubana creada hace décadas para formar médicos multiculturales e internacionalistas. Son egresados de la ELAM los médicos que integran las brigadas que desde que empezó la pandemia van hacia las zonas más desprotegidas o colapsadas del mundo: Italia, en la primera ola, fue el primer país que los visibilizó, porque allí fueron, cuando el Estado italiano todavía no reaccionaba, y los intereses del polo industrial de Bérgamo eran más fuertes que la pulsión de vida en un país del presunto primer mundo. 

La joven médica qom es hoy cabeza del equipo que trabaja en Salta con la comunidad qom para palear la pandemia en una zona a la que sólo ellos (un equipo de médicos argentinos inspirados en la filosofía de la ELAM) decidieron ofrecerse a ir. 

En este tiempo trastocado y delirante, en el que la miseria corporativa de la industria farmacéutica muestra sus fauces, y en el que los Estados de esa zona 1 del mundo parecen incapaces de coordinar esfuerzos y pelean, se sabotean, se rapiñan y se engañan entre sí, Cuba brilla. 

Aquí tenemos que soportar que algunos cazazurdos que hasta meses parecían amigables esbocen conceptos fascistoides sobre Cuba, Rusia, China, convertidos en pro Braden tardíos y cocoliches. 

Todo lo demonizado, todo lo atacado por brutales bloqueos del imperio, lo injuriado hasta el delirio por los medios que cobran pauta de todas partes, si uno hace un poco de foco, se ve con otra luz. 

Esos médicos están postulados para el Nobel aunque ese premio no es signo nada más que de un termómetro del clima mundial. Se lo han dado a Obama antes de que invadiera Afganistán pero también ya se lo habían dado a Hayek y Fridman, los popes neoliberales cuyas ideas condujeron al mundo a este abismo. 

Como fuere, Cuba siempre fue esa reserva, esa perla cultivada, al ayudamemoria de que otro mundo es posible, como decía Fidel. Ahora ese mundo cooperativo será la única alternativa al festival de canibalismo al que nos invita el lucro de los lavadores de dinero y conciencias. Chomsky dijo en su discurso inaugural de la Internacional Progresista que el único camino para evitar el pandemonium es el internacionalismo. Rusia hace eso cuando sondea cómo proteger a las poblaciones latinoamericanas sin capacidad de lobby ante lobos como los de Pfizer. 

La ELAM ha hecho tanto por este mismo camino durante tanto tiempo, sus médicos, formados en medio del bloqueo, han grabado tan a fondo la misión, que es imposible no ver ellos un extraordinario homenaje al Che. Que los ridículos chillen mientras los heroicos hacen.

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Política

Militantes, pandemia y tics burgueses en los medios

La última: los atorrantes de JxC y su banda mediática hiperrecontrabienpaga salen con la denuncia de que como algunas orgas y movimientos sociales están ayudando en la inscripción de varias provincias para hacer un mejor diseño del megaplan de vacunación covid, «están haciendo uso político de la pandemia». 

Es la misma concepción de cuando en 2013 un periodista liberal que trabajaba en la televisión pública cuestionó la acción militante por las pecheras, porque eso era «utilización política» de la ayuda social. 

Los liberales y símiles tienen esa idea fija, vieja, atrofiada: la militancia política es mala aunque ayude, aunque organice, aunque se hunda en el barro que ellos ni saben dónde queda.

Parecen puristas republicanos pero son hipócritas que cubren a los chorros para los que trabajan. Y copan todo, medios privados y públicos, por una tara en la idea de la comunicación. Hoy también y más, mucho más: el Estado sigue queriendo demostrar que no es autoritario, cuando su tarea no es demostrar nada, porque si entra en esa lógica sucede lo que sucede. Tiene bajas defensas, oculta y ningunea a periodistas con otra perspectiva no sólo de la comunicación: de la política.  

Si hubiera sensatez y no trampas cazabobos cada dos pasos, todos los partidos políticos deberían colaborar en un gran plan de vacunación. Punto. Ponerse a explicar qué es y para qué sirve la política es hartante. Este gobierno parece más preocupado por que lo digieran los que sólo lo digerirían si traiciona sus promesas, que en moverse con tranquilidad en el agua clara que siempre trae la militancia: ahí no van a encontrar a los que dicen sí pero actúan no. Van a encontrar la voluntad popular de respetar la vida y ceder las horas libres para apaciguar dolor ajeno. Esto lo saben todos los que gobiernan. Y también los periodistas multiuso con los que algunos funcionarios mantienen vínculos viscosos que se parecen al síndrome de Estocolmo. 

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Recortes de Radio

El programa del 30/1/2021

Editorial de Sandra Russo 👇
Columna de Sergio Wischñevsky 👇
Columna de Silvia Vilta 👇
Entrevista a Alberto Villarreal. 👇
Entrevista a Gabriela Piovano, médica infectóloga del Hospital Muñiz. 👇

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Contratapa Página/12

El abrazo en el barbijo

Las disputas internacionales por la provisión de todas las vacunas está demostrando lo infinitesimal de lo que representan los antivacunas, que en realidad son antiestado. El fenómeno es un síntoma que tal vez uno no debería llamar “global”, sino más bien “occidental”, porque se basa en una interpretación desviada del concepto de “libertad”.

En este país, a los que les falta la libertad es a los que fueron perseguidos políticos y cuyas causas son castillos de naipes marcados, no a los que las restricciones de cada etapa les impidieron tomar cervezas con amigos o ir a fiestas electrónicas. En los dos casos se habla de “libertad”, pero esos dos contenidos tan opuestos nos vuelven a invitar a revisar palabra por palabra.

En todos los países hay presidentes, gobernadores o intendentes que se fotografían vacunándose, para promover la vacunación en un clima adverso y alienado que, aquí, Juntos por el Cambio fogonea, a tal punto que no hemos visto a ningún funcionario Pro vacunarse. No pueden mostrarse protegiéndose con vacunas porque ello implicaría admitir la doble vara.

El fin de semana pasado se vacunó Cristina. Hasta el barbijo que usó para ir a un Hospital de Avellaneda fue tema de debate. “Quiere promocionar la vacunación”, dijeron, convirtiendo en “denuncia” lo evidente. Ella los altera. Los instala en su propia vibración inestable. Cristina sigue siendo lo indigerible por excelencia para los sectores antipueblo. No es la única atacada ni dejan de petardear a los funcionarios que en gestión están, de hecho, promoviendo políticas o proyectos populares. Pero fue y es ella el objeto de odio trabajado y pulido por los que en lugar de dar noticias tallan estigmas.

Como fuere, quiero dedicarle un par de párrafos al barbijo. Probablemente nada de lo que voy a decir lo haya tenido en cuenta ella, o quizá todo, porque es incluso a su pesar una usina de símbolos, referencias y señales para los que tienen muy en cuenta su palabra y sus gestos.

El barbijo replicaba el abrazo que se dieron ella y Néstor en un acto caliente, en 2008, cuando pese a la firmeza decidida por ambos, el país se movía como un barco en tormenta por la protesta de los agroexportadores, que los diarios que eran sus socios llamaron “el campo”.

Ese abrazo, capturado para la historia por Víctor Bugge, el fotógrafo presidencial, es el de un marido y una mujer que sobre esos roles privados tenían otros roles públicos, y que eran los que los llevaban al abrazo: eran una presidenta y un expresidente sellando su compromiso con el proyecto de país prometido en campaña, y que sencillamente retomaba lo expuesto antes por héroes nacionales de diferentes épocas: había que exportar el zapato y no la vaca. Sobre eso, sencillo de entender, se basaba una lógica económica muy clara, la única capaz de permitir un desarrollo equitativo. Exportaciones surgidas de este suelo, pero ya trabajadas por argentinos.

Ese abrazo entre Néstor y Cristina pasará a la historia, y ella puede haberlo elegido solamente por eso. Pero en 2008 nació en kirchnerismo, cuando muchos que parecían amables o educados se volvieron de pronto violentos escrachadores y golpeadores de oficialistas. Hasta entonces se apoyaba al gobierno, pero esa identidad política no sobrepasaba la de un grupo. Recién cuando tembló la tierra, que fue justo cuando en ese acto Cristina volvió a negarse a entregarles a los agroexportadores lo que pedían, recién cuando todo se puso dramático –y ese abrazo transmite también esa coordenada, y la decisión de resistencia–, hubo muchos que dieron un paso adelante y dijeron: “Estamos”.

Por ahí iban los sueños de los desaparecidos, por ahí iban la soberanía política, la independencia económica, la justicia social. Ese día, el del abrazo, Cristina quedó grabada como la conductora de aquel proyecto para sus seguidores, y como el blanco a atacar y a destruir por parte de los operadores del otro país, el que evade dinero, esconde granos, inventa causas, publica noticias falsas.

Y ella eligió ese barbijo para ir a vacunarse y promover que se vacunen otrxs, en medio de la lucha contra una pandemia que entre otras cosas nos ha privado de los abrazos. Tenemos más de 45.000 muertos. Se fueron sin un abrazo. Sus seres queridos no pudieron abrazarse entre sí. Nadie que se quiebre o que vacile, en esta larga temporada de miedo, puede ser consolado con un abrazo. Eso es lo que soportamos los que cumplimos las reglas porque queremos vivir y queremos que no se muera nadie.

La única esperanza, y de ribetes realistas, es la vacuna, cualquiera de ellas. El barbijo de Cristina nos habló de muchas cosas, pero también de ese horizonte con el que tantos soñamos, que es dejar de sentirnos peligrosos para los que queremos, y dejar de tener miedo del cuerpo de los otros.

Esa mujer y ese hombre, fundidos en el abrazo de sus vidas, en blanco y negro, en el barbijo, también activó esa zona de deseo postergado. Que lleguen las vacunas, que se gestione la vacunación como es debido, y que superemos este tiempo triste en el que hemos estado tan solos. Vaya a saber uno cómo algunos liderazgos funcionan así, como generadores de mensajes de muchas capas, algunas inconscientes. Un brazo dispuesto a la vacuna, la mirada confiada y el barbijo trayéndonos el pasado de lucha y el futuro de abrazos. 

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Política

Frente, política y gobierno

La peste trastocó todo. No podemos saber a ciencia cierta qué hubiese pasado de no haberse presentado. Pero aquí estamos. Y en los últimos tres meses se escuchan voces, empiezan a repetirse voces críticas en el patio interno del Frente. Algunas de esas voces pretenden sumar. Otras solo buscan construir su paraguas de protagonismo para la confesión de las próximas disputas electorales. En el mientras tanto, hay compañerxs funcionarios que mastican su frustración en el mismo lapso que se juegan la vida en la ruleta del contagio, atravesados por fantasmas de respirador. Otros se empecinan en olvidar que el Frente no es un Frente creyendo que ganaron las elecciones con absoluta prescindencia de alianzas. Se suponen en soledad –a libre disponibilidad de su voluntad– sin advertir que el enemigo también juega sus piezas. Y que son muy poderosas. Estos últimos se cierran en una ceguera que los lleva a creerse el centro blindado de un proyecto del cual se asignan su representación.
Pues bien: esto es un Frente. Es decir, un conglomerado de visiones diferentes que se unieron para ganar las elecciones y modificar algunas (muchas o pocas, se verá) de las trayectorias impulsadas por el macrismo neoliberal.
Este Frente se expresa en un gobierno con funcionarios que efectivamente sí funcionan, otros que claramente no funcionan y otros que intentan pasar desapercibidos para que nadie sepa si funcionan o no.
Luego de un año de peste, de profusión de malas noticias impulsadas y machacadas por la trifecta mediática (Clarín, La Nación e Infobae) muchos compañerxs se sienten agotados y frustrados. Muchos de ellos pierden de vista el escenario –las evidentes contradicciones de fondo– y empiezan a tirar piedras desde afuera, sobre el vidrio de la realidad política, como si fuesen consumidores engañados. Se olvidan de que en tiempos laberínticos se impone el debate interno y golpear la mesa sin abandonar el redil y apostrofar desde el exterior. Quienes hacen política convencidos –y con lucidez básica– saben que no funciona el hecho de levantar el dedito quejoso de la frustración. Que estos son los momentos para contar como ayuda-memoria la recordada frase del Negro Carlos Carella: “Cuando uno pierde de vista al enemigo empieza a pelearse con el compañero”.
La lucha política no es una tarea para almas despechadas. Es una construcción consciente, militante y decidida. Quienes se sienten frustrados tiene que asumirse como parte del debate y no dedicarse a tirar piedras desde el exterior del vidrio cual si pertenecieran a selectos clubes de ofendidos.
La comprensión de las correlaciones de fuerza supone un punto de partida para emprender nuevos escalones de acumulación de poder. Nunca para cosificar y postular como inmodificable ese punto de partida.
Existen dos paraguas conceptuales que atraviesan la sociedad argentina. Uno, claramente, tiene prosapia neoliberal y se hace explícito en la conformación de los cambiemitas. Y es verdad que algunos de sus ademanes, menos explícitos y conscientes sobreviven en el entramado de muchos de los votantes del Frente de Todxs. Este neoliberalismo tiene un carácter cultural y, como tal, se encuentra naturalizado. Ha sido introyectado desde la década del 70 del siglo pasado, ha sido difundido por el menemismo y ha ocupado el centro de la vida política hasta la llegada al gobierno de Néstor Kirchner.
Este neoliberalismo recóndito e implícito, sin embargo, continua latiendo en las practicas sociales y políticas con mayor o menor fuerza, en forma transversal. Se expresa en un estilo de dirección y también en una lógica de funcionamiento: su evidencia más expresiva es que elude preguntarse sobre el poder: ¿Quiénes detentan los poderes fácticos? ¿Por qué? ¿Qué atributos requiere ese poder? ¿Quiénes son los desempoderados?
Si hay algo que caracteriza al neoliberalismo es su tradicional (e imperiosa) necesidad de sepultar y silenciar estas preguntas.
El neoliberalismo pretende disolver la problemática del poder como disputa. No soporta que se ponga en evidencia que el enriquecimiento de algunos se hace a costa del empobrecimiento de otros. Esa imagen, claramente comunicable, es la que despierta el mayor resquemor de los sectores hegemónicos. La política, aunque suene axiomático subrayarlo, es lucha por el poder. Y el neoliberalismo se ha especializado en invisibilizar esta realidad.
No se puede superar el neoliberalismo enquistado sino se plantean nuevamente estos interrogantes. Es lo que la tradición Nacional, Popular y Revolucionaria (NPyR) hizo a lo largo de la historia de nuestro país: señalar el poder. Marcarlo. Ubicarlo en el espacio geográfico en el simbólico. Advertir su actuación describiendo a sus responsables prebendarios y criminales. Consignando su continuidad como colectivo beneficiario del desfalco sistémico del que una porción minúscula es privilegiada.

Tareas

El último cuatrienio macrista influyó fuertemente en el olvido de la pregunta básica. Muchos compañerxs confundieron la herramienta electoral como un punto de llegada, cuando indudablemente es un punto de partida: el de la recomposición del poder propio y el del debilitamiento del poder del enemigo.
La política es una mezcla de coerción y consensos. De acuerdos y disputas. De luchas y empates. Nunca es –ni puede ser– el sinónimo de una continuidad equivalente.
Los proyectos políticos enfrentados tienen, a grandes rasgos, concepciones dispares. Y no es posible enfrentar al neoliberalismo con sus armas.
La inercia conceptual favorece a quienes detentan los poderes fácticos, es decir el control de los mercados (financieros, productivos, laborales de comercialización y simbólicos, entre otros). Ese poder garantizar, entre otras prerrogativas, la comprar voluntades y la extorsión basada en la descapitalización, el desabastecimiento, la inflación, la fuga de capitales y la evasión.
Frente a esta realidad, existen –seguramente entre muchos otros– algunos ejes que deberán ocupar un lugar central en el agenda del trienio que resta Estas dimensiones tienen la doble búsqueda de contribuir al empoderamiento popular y al mismo tiempo promover su reverso: la pérdida de capacidades operante de los grupos concentrados.

  1. El hambre, la indigencia, la pobreza: un gobierno en el que participa el PNyR debe encarar de forma prioritaria este flagelo generado por la precarización y la desocupación, consecuencias directas del neoliberalismo. La financiarización es la derivación de capitales hacia el mundo improductivo y especulativo en el que no se ofrece trabajo. De ahí que el Estado tiene la obligación de llevar a cabo dos faenas simultaneas: por un lado impedir, limitar y regular la financiarización y por el otro crear mercados accesibles de alimentos y de bienes básicos para su población más vulnerable. Como bien señaló recientemente la diputada Fernanda Vallejos, es imprescindible desacoplar los precios de los alimento de sus valores de exportación. Y eso puede hacerse en asociación con las cooperativas, los movimientos sociales, el apoyo a la economía social sin dejar de operar sobre las regulaciones a los intermediarios mercantiles y a los formadores de precios monopólicos.

Hay que poner la comida que producen los pequeños productores en los barrios populares, sin mediaciones y con el apoyo decidido de los gobiernos locales, provinciales y la orientación de la política federal. Solo se debe exportar aquello que es un excedente. La tarjeta alimentar tiene que utilizarse para que adquirir productos comercializados por los propios productores, con apoyo logístico del Estado, evitando que dichos recursos terminen en manos del oligopolio supermercadista. Si es necesario hay que movilizar la logística del ejército para trasladar dichos alimentos desde los productores hacia los barrios populares.

  1. El Trabajo y el salario. El gobierno de lxs Fernández debe promover las lógicas laborales que el mercado financiarizado excluye. No hay posibilidades (en la medida que los poderes fácticos locales sigan empecinados en la fuga y la adecuación a los intereses de Estados Unidos) de incrementar de forma permanente la empleabilidad. Las inversiones nunca serán suficientes porque el mercado asiático ofrece condiciones laborales que Argentina no puede ni debe imitar.

El neoliberalismo presente en la idiosincrasia empresaria local, solo demanda desregulación, flexibilidad laboral y des-sindicalización, al tiempo que impone reiteradas caídas del poder adquisitivo del salario en nombre de la competitividad. El Estado debe avalar negociaciones paritarias en las que el salario le gane a la inflación sin que dicho incremento se traslade a los precios.

Eso exige un análisis pormenorizado de la cadena de valor de los productos y una vigilancia sistemática e inteligente de los procesos de logística y comercialización. Esto último incluye regular y desarmar el esquema monopólico de los grandes jugadores del sistema. Es posible que esta tarea no pueda ser efectivizada de un día para el otro. Pero es necesario asumir que el objetivo reclama la limitación progresiva del poder de fuego de quienes extorsionan al resto de la sociedad.

  1. El fortalecimiento del Estado en las áreas monopolizadas de la energía y las exportaciones, ya sea para regularlas o para estatizarlas. El neoliberalismo piensa el mundo como un lugar de apropiación único. Sin fronteras y con una divisa dineraria excluyente. En nuestro país esto se combina con la existencia de una economía bimonetaria que esos mismo grupos avalaron e impulsaron. Pero también se funda en un colonialismo mental. Como bien señaló el prominente intelectual argentino Diego Capusotto, los grupos dominantes “Se creen los dueños de un país que detestan”. Y piensas según las coordenadas de Miami: la fuga de capitales de esos sectores se produjo incluso cuando no existían procesos inflacionarios ni dolarización de la economía. Buscan obtener dólares porque sueñan vivir en un país que no es este.
    Los sectores concentrados locales han incorporado los precios internacionales como “sus precios”. Aunque paguen insumos en pesos no dejan de pensar en dólares. La fuga de capitales no puede hacerse en pesos.
  2. Organización popular. Abundan lxs compañerxs que confunden el gobierno con el poder. La gestión estatal maneja resortes importantes pero no controla las profunda estructuras materiales ni las simbólicas. Los grandes jugadores de las transnacionales, se encuentran articulados geopolíticamente con el mercado financiero y sus canales de pedagogización, las corporaciones mediáticas. La única forma de modificar la distribución del poder, a mediano y largo plazo, reside en la organización popular. Cuando los grupos concentrados olfatean un divorcio entre un gobierno popular y su fuente de autoridad (sobre todo sindicatos, los movimientos sociales y los partidos integrantes le Frente), se apresura a tironear de la cuerda para destrozar la experiencia.

El Frente de Todos tiene que contar con un espacio de articulación que permita defender en forma estratégica (sin restringir los debates internos) el horizonte de su programa soberanista. Sin esa estructura de defensa estratégica se corre el riesgo de dejar en soledad a un gobierno.

  1. La justicia. Existen dos instituciones estatales que atrasan. Que no se han renovado ni actualizado luego de la recuperación democrática: el poder judicial y los organismos de seguridad internos. Ambas mantienen una impronta ligada a la cultura oligárquica conservadora, legitimadora de un orden social autoritario. En el caso de los organismos de seguridad ese carácter se expresa en su desprecio racista hacia los sectores populares: les advierten, apenas ingresas a las fuerzas, la peligrosidad de los pobres y de los manifestantes populares. Su resultado es la cosificación de los sectores humildes y el etiquetamiento delincuencial, avalados por el paraguas de la tradición judicial que brinda cobertura a gran parte de sus acciones represivas.

La justicia debe reformarse porque una parte de ella continúa exponiendo el ADN dictatorial, que percibe toda transformación social como sinónimo de subversión de sus valores. La pretensión contramayoritario del poder judicial se ampara en un falso principio de equilibrio. Se presenta a sí misma como un poder que impide el absolutismo de las mayorías por sobre las minorías. Sin embargo, la única minoría protegida, curiosamente, es la casta de los privilegiados. El resto de las minorías (segmentada de cualquier forma que se imagine) carece de los amparos que la famiglia judicial le concede al 5 % de la sociedad.

El poder judicial tiene entre sus fundamentos prioritarios la tarea de constituirse en un muro limitante de la voluntad popular. Trabaja específicamente para frenar la democratización y para perseguir a sus referentes políticos. La reforma tiene que incluir el cuestionamiento de sus prerrogativas corporativas y la validación permanente de sus decisiones a través de mecanismos transparentes y periódicos. Los integrantes del poder judicial –sobre todos aquellos que son edulcorados y visitados por los CEOs del mundo empresario– deben saber que son empleados de la sociedad: no son una casa nobiliaria ajena a la conformación institucional que supone un Estado.

  1. Presos políticos. Su situación es una de las heridas más evidentes del último cuatrienio neoliberal cambiemita. Quienes exigimos el fin de los prisiones políticas defendemos a ciudadanos que han sido privados de sus derechos básicos. Han sido condenados por medios de comunicación y sus dictámenes han sido firmados por jueces e instrucción y tribunales manipulados por el macrismo o aterrorizados por los escarches de la Trifecta mediática, que conformaron un imaginario delictivo para condenar sin los más mínimos derechos a una defensa.

Todos los procesos han sido viciados por operadores judiciales con el único objetivo de romper el vínculo entre dirigentes y las mayorías populares, apuntando en forma directa o por elevación hacia Cristina Fernández de Kirchner.

  1. La comunicación y los medios es otra de las labores que debe plantearse con urgencia. Hay que salir de la creencia de que lo único que puede hacerse con el universo comunicacional es gestionarlo. Esa admisión solo contribuye a fortalecer el desequilibrio en manos de los grupos monopólicos y darle continuidad a su entramado. Se hace imprescindible la planificación estructural (de corto y largo alcance) tendiente a reconfigurar la matriz comunicacional. Esto exige desplegar metas, acciones y dispositivos a ser utilizados, en las diferentes áreas de impacto correspondientes al universo mediático, informativo y de tránsito de contenidos.

Se debe abandonar la permanente situación defensiva (y subsidiaria) de las operaciones llevadas a cabo por lógica neoliberal. Hay que construir una agenda propia con los problemas reales, cotidianos y domésticos de las mayorías populares, mientras en forma paralela se utilizan los cuadros políticos apropiados para dar el debate frente la Trifecta. Con este fin se debe contar con relevamientos comunicacionales correspondientes a los diferentes segmentos sociales (en la actualidad se ha normalizado la falacia ecológica que consiste en creer que las tematizaciones de la oposición son las únicas posibles).

Se deben priorizan las innovaciones tecnológicas (ejemplo, 5G) como oportunidad de desmonopolización comunicacional, orientada a la modificación estratégica de la matriz comunicacional de la sociedad, con claro sentido democratizador. Desgastar la articulación trasnacional de refuerzo neoliberal (tanto en sus aspectos financieros como tecnológicos) exige articular a los medios universitarios, sociales, comunitarios, alternativos y a las pequeñas y medianas de comunicación en un entramado que demande “paritarias comunicacionales”, federales, provinciales y locales. El Estado no puede seguir financiando monopolios. Tiene que distribuir su pauta en base a la ampliación y no concentración: a mayor publicidad privada (recaudada por las empresas) menor pauta pública.

  1. Reforma tributaria. En Argentina los pobres pagan más impuestos que los ricos. Y los más pudientes evaden y fugan sin que los humildes hagan lo propio. Ergo: EL Estados tiene que recaudar en forma progresiva. El Estado cuenta con los mecanismos tecnológicos para cambiar el actual orden de cosas. Se requiere un nuevo pacto fiscal que ponga en el centro a los sectores más pudientes, a la fuga –que repite desde hace décadas– y a su concomitante elusión fiscal.
  2. Integración regional y la cooperación prioritaria con los gobiernos que tienen vocación soberana. Estados Unidos ha sido en el último siglo el gran enemigo de nuestro desarrollo productivo y quien más ha colaborado con las fuerzas retardatarias locales. Washington se opone a la Patria Grande porque su constitución implica un potencial enorme, capaz resistir los planteos del Departamento de Estado. El correlato de esta afirmación supone entablar lógicas multilaterales autónomas, sin esperar aquiescencias imperiales.
  3. Hay que perder el miedo. Pero perderlo no significa ser ingenuo ni voluntarista. Significa tener las ideas claras y acompañarlas con planificaciones estratégicas y tácticas meticulosas y coherentes. Sin orientación solo se administra lo creado por el neoliberalismo. Sin planificación se pelea contra fantasmas. Cuando se tiene claro el horizonte (y los posibles caminos alternativos) no existe tapa de ningún diario que pueda atemorizar a quien es consecuente con una lucha que ya acumula el tesón de varias generaciones.

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Recortes de Radio

El programa del 23/1/2021

Editorial de Sandra Russo 👇
Columna de Sergio Wischñevsky 👇
Columna de Silvia Vilta 👇
Comunicación con Diego Manuel Vidal, periodista y analista internacional. 👇
Entrevista a Patricia Pines, mamá, docente e integrante del colectivo Vacantes para todxs. 👇

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