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Amor perdurable

La describí varias veces y asociada a varias cosas pero no puedo dejar de pensar en esa escena de la novela de Ian McEwan Amor perdurable. El principio. El hombre va a buscar a su mujer al aeropuerto y de ahí van a un parque. El había llevado una canasta de picnic.

Cuando estaban tomando una copa de vino alguien gritó. Se había soltado la cuerda de un globo aerostático que llevaba a un abuelo con su nieto. Eran cuatro cuerdas ya sueltas en el pasto. El hombre y tres más llegaron corriendo a agarrarlas para salvar el abuelo y al nieto.

Pero el viento es fuerte. Les cuesta y están por soltarlas. Si las sueltan el abuelo y el nieto se irán por el aire. Hay un instante en el que los hombres cruzan las miradas. Es el momento exacto en el que advierten que tirando los cuatro hay una posibilidad, pero si uno solo se ellos suelta la cuerda, los demás deberán hacer lo mismo. Es todos o ninguno. No sigo con la historia porque lo que me parece crucial es la escena.

Me ha vuelto a la mente porque nos pasa eso. Pero a todos en el mundo. Los países cierran sus fronteras. La globalización queda en suspenso. La pandemia hizo que todos volvamos a sentirnos ciudadanos de nuestros países. No hay ciudadanos del mundo ahora.

Y en el caso argentino, tenemos la suerte de que en la nave de tormenta timonea el capitán Beto, que tiene templanza.

Pero antes de que las cosas empeoren como dicta la curva del virus, seamos esos hombres que se miran ya agotados de hacer fuerza, y sepamos que este esfuerzo es compartido o no sirve para nada. Hay cosas que solo se logran tirando juntos.

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Axel emocionado

Es cierto que hace años que las clases, en la provincia de Buenos Aires y en muchas otras, no empezaban cuando correspondía, a principios de marzo. Pero no solamente a eso debe haberse debido la emoción del gobernador Axel Kiciloff, cuando su voz se quebró y debió parar unos instantes el discurso para reponerse y recuperar el tono “oficial”.

A muches nos gusta mucho este tono no “oficial”. A muches nos encanta que un gobernador, un presidente, un ministro, alguien con mucho peso sobre sus espaldas, tenga la emocionalidad tan segura y tan firme que pueda permanecer a flor de piel en un ámbito en el que hemos visto desfilar a cínicos, a mentirosos, a superestrellas autopromovidas, a luchadores por sus propios espacios de poder.

A muches nos gusta mucho que Axel, que según ha dicho está en proceso de la deconstrucción de su masculinidad y también de un Estado elitista, sea el hombre al que se le quiebra la voz y los ojos se le humedecen cuando anuncia que los niños y niñas de su enorme distrito tendrán clases desde el día uno del ciclo lectivo de su mandato. Nos gusta que un gobernador piense en los niños y niñas de su distrito como personas con las que está comprometido íntima y
personalmente.

Axel, atacado, criticado, analizado con ojos odiosos por los grandes medios, sigue su ruta política dotado de sus valiosas herramientas: un saber específico y reconocido en el mundo sobre su especialidad, la economía, y una sensibilidad que lo desborda en el contacto con la
gente. Pueden seguir, esbirros, que ya sabemos que son aquellos que atacan los que tienen la llave del mañana.

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Malversaciones semánticas y lucha política

El último lunes el Papa Francisco advirtió sobre la irrupción de “las nuevas formas de populismo”, que levantan banderas de xenofobia y racismo, demonizando en forma permanente a los migrantes que huyen de guerras o buscan un destino a mejor al hambre del que provienen. Se refería al populismo tal como es utilizado para referirse al fascismo y al nazismo, cuyo horizonte político-económico coincidía con las grandes burguesías europeas, horrorizadas por el crecimiento de los partidos de izquierda.

El término populista a recorrido un largo camino. Y sus usos son tan dispares, contradictorios y abarcartivos que su significación termina siendo confusa y vacía. Esa particularidad de concepto equívoco suele ser utilizado, paradójicamente, para instituir divisiones donde no las hay y abroquelar colectivos donde existe una frontera claramente demarcada.

El origen del término se remonta a Rusia a mediados del siglo XIX. Los narodniqui (populistas) consideraban que se “debía ir hacia el pueblo”, sobre todo hacia sus tradiciones agrarias y su cultura ancestral. El populismo ruso nace emparentado del romanticismo europeo, con una versión más caucásica, es decir más encarnada en la cultura contenida e introspectiva de característica de la ortodoxia eslava. Los narodniqui se oponían fuertemente a la dictadura de
los zares, recurrieron a tácticas de violencia, similares a los anarquistas de su época, y disputaron el liderazgo de los sectores populares rusos junto a los socialdemócratas y socialistas (mencheviques y bolcheviques).

En la actualidad, quienes lo utilizan han cargado su sentido, alternativamente, de negatividad, ambigüedad y potencialidad.

Los populistas rusos consideraban que el pueblo se encontraba situado en un lugar antagónico a las elites, a los sectores poderosos. Sin embargo, el liberalismo estigmatiza al populismo al considerarlo como un “viaje hacia el pueblo” con el único objeto de manipularlo.

Los populistas –en la versión Adam Smith, civilizatoria del humanismo decimonónico eran vistos como falsarios que no creían en absoluto en el pueblo, sino que lo usaban para sus intereses de elite. Eran demagogos al servicio de interés corporativos.

En la actualidad sucede algo similar. Se denomina populistas a quienes detenta proyectos claramente enfrentados: a los renovados partidos nazis y a sus enemigos, aquellos que los confrontan, como PODEMOS en España.

Las nuevas ultraderechas europeas, parientes del trumpismo estadounidense, tienen en común el odio al extranjero, el suprematismo blanco, la islamofobia y el racismo más o menos explícito. Por el contrario, los nuevos formatos verdaderamente progresistas y los nacionalismos populares revolucionarios de América Latina –como el chavismo, el kirchnerismo, el correísmo, el PT brasileño o el Movimiento Al Socialismo (MAS) boliviano—también suelen ser nominados con esa catalogación.

Existen dos tipos de explicación para poder desentrañar las motivaciones de dicha confusión.
Por un lado, el interés del neoliberalismo –forma hegemónica de la fase actual del capitalismo— por englobar a todo lo que no es funcional a su control en una única argamasa indiferenciada y demonizada. Por el otro, la clara intencionalidad de debilitar toda forma de antagonismo progresista –y democratizador—confundiéndolo y con versiones autoritarias y fascistas.

Francisco hace un uso del término vinculado a la versión fascista, que simpatiza con el odio al extranjero. De ahí su condena indirecta a al Liga Norte, versión italiana actual de los seguidores de Mussolini, para quienes la patria es un concepto xenófobo.

En América Latina, el populismo es un término en disputa desde hace siete décadas. La tradición lacaniana de Ernesto Laclau refundó su acepción otorgándole pasaje ruso: se trata de volver al pueblo, de ir hacia él como garantía de democratización. Frente el peligro potencial de ese significado, los patriarcas del privilegio desvalorizan su potencialidad asociándolo a la demagogia. Lo que en el fondo está en juego es la palabra Pueblo, que remite a la voluntad colectiva, sobre la que se funda la democracia.

A diferencia de Europa, en la Patria Grande, los populismos nunca se asociaron directamente a la xenofobia ni al racismo. No dejemos que el concepto de pueblo sea ensuciado por quienes solo buscan desvincular a las grandes mayorías de un proyecto de inclusión social.

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Néstor gobernó sin kirchnerismo

Es imposible separar la figura política de Néstor del 22 por ciento de los votos con los que llegó a la presidencia. Si hubo un gobierno con condiciones objetivas de debilidad y presa fácil de quienes le habían preparado ese escenario, fue el suyo. Lo primero que hizo Néstor fue recuperar la confianza en que sí se podía vivir en un país soberano, que privilegiara a los ciudadanos por sobre la inercia de gobernar para la patria financiera, que sí se podía revivir al peronismo. Alguna vez, en aquellas entrevistas que hicimos para un libro, Máximo dijo una frase sencilla y potente, aplicable al 2003 y a hoy: “Si creés que se puede quizá se pueda. Si creés que no se puede, no se puede”. Era la práctica de su padre.

Lo más valioso, lo más entrañable que restauró Néstor en la sociedad argentina es que “no son todos iguales”, latiguillo que se vuelve a escuchar hoy en el sonido ambiente porque es el eje de deslegitimación de un gobierno para dejar fuera de juego a quien puede llegar a oponérseles. Es el germen de la antipolítica. “Los políticos son todos iguales”: lo dicen centenares de veces por día desde otros tantos micrófonos.

Ya sabemos, hoy, quiénes son los que se dedican a esparcir esa falacia. Sus beneficiarios, que acaban de destruir con la boca seca de ambición la construcción de derechos y el patrimonio del Estado. Néstor irrumpió con su 22 por ciento, sus mocasines, su traje cruzado abierto, su emocionalidad visible, y sus ideas. Y a él le debemos los juicios por Memoria, Verdad y Justicia, que hicieron cosa juzgada del genocidio y entonces sí, con la verdad y los procesos ajustados a las garantías de los acusados, se pudo hablar en serio de Nunca Más.

“No les tengo miedo”, había dicho en un Campo de Mayo que hasta entonces, ya dos décadas después de haberse retirado la última dictadura, seguía siendo un escenario amenazante. Y después hizo bajar los cuadros, y recuperó la ex Esma, y aún así, aún con la quita del 75 por ciento de la deuda, aún habiéndonos sacado de encima al FMI, Néstor gobernó sin kirchnerismo.

Tenía seguidores. Lo querían millones. La imagen, en el mundo cuadriculado de las encuestas, era altísima cuando se fue del gobierno y le cedió el bastón de mando a su esposa. Pero el recelo de la antipolítica respaldado por los arrugues y las entregas de los ´90, nublaba la confianza de muchos militantes peronistas que no terminaban de colocarse bajo la conducción del Presidente.

Lo que se llama kirchnerismo nació un año después, en 2008, con la que los grandes medios bautizaron “la crisis del campo”, regalándoles a los agroexportadores nada menos que esa palabra, que es una de las esencias argentinas. Lo que se llama kirchnerismo y aún late bajo el sol e integra el frente gobernante nació cuando vimos que todo peligraba, y que después de todo habíamos tomado los actos de extremo coraje y de una pericia en la praxis política de Néstor con bastante mezquindad. Fue entonces que decenas de agrupaciones que habían apoyado la gestión de Néstor desde lejos, se pusieron al hombro una identidad política que desde ese preciso instante fue combatida, injuriada, perseguida y desfigurada desde afuera y desde adentro.

El ataque persiste. Ese sector político lleva su nombre, que también es el de Cristina. Hoy que Néstor cumpliría 70 años, es bueno, sobre todo para lo que viene, recordar que cuando hay un gobierno que cambia la dirección del viento y vira hacia los sectores populares, no hay que ser tímido ni reticente. Que cuando el pueblo encuentra representantes, debe asumirse orgullosamente oficialista. Con la frente alta, destruyendo ese otro mito del establishment que pesa sobre esa palabra, que suena turbia cuando no lo es. Los dirigentes que como Néstor y Cristina se apartan del cinismo y empatizan con sus representados no son todos ni son muchos. Ese fue el bien más valioso que nos dejó él, que lo había pensado todo pero no llegó a verlo: es mentira que son todos iguales. A los que no dejan sus convicciones en la puerta de un despacho, a ésos hay que ponerles el hombro porque los hombros del pueblo son su único y su verdadero apoyo. Y su razón de ser.     

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Gratitud

En tiempos de asepsias consuetudinarias. De sabios especuladores del desencanto. De tensiones medidas en créditos y débitos. De externas deudas que pretenden pagaderas con hectolitros de sangre laboral.

En el medio de ese laberinto –con cielo abierto para volar por donde se debe—es buena la gratitud.

Las Gracias son, en la mitología griega, las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad.

Pero hay debates: en la tradición ateniense son las tres primeras, y en la espartana son las cinco.

Quien suscribe, como es de público conocimiento, se rige por la tradición sureña. Es decir, la que corresponde a la ascética amorosidad espartana.

Desde ahí, este mandato hermoso es que dice gracias. Y suena a algo más que un cumplido. Aferra realidades, biografías, un tiempo lastimado, un cariño de autenticidades, una convicción con aliento.

Dice gracias sin regalarla nada a la hipocresía derrotista. Agradece sin vergüenza ni disimulo. Repite con firmeza un rasgo de convicción en la memoria.

Lo hace desde ahí. Ubicado en el centro de una Patria reconvertida en Ave fénix permanente. En brazos que vuelven a plantar las semillas de una esperanza después que la guadaña plastificada del neoliberalismo produjo muerte, máscaras de risas cínicas, globos manchados de desocupación, desaliento y tristeza.

La cuarta de las Gracias es la creatividad. La que inventa en el medio de la nada. La que es capaz de ver esperanza en el exacto lugar donde muchos ven oscuridad. La que trae la linterna en le medio de la noche.

Hoy cumple años alguien que encendió una etapa. Que se empecina en renacer desde el lugar de su dolor y que elige con precisión a sus invitados de la vida. Ha sido tocada por la gracia de la elección sublime: cuando le señalaban desenlaces sacó un conejo de la galera.

Las Gracias, dice la mitología, acompañan a los decididos. Sólo a los que eligen un camino a pesar de los Magentos que atraen minerales rancios, los cantos de sirena o las amenazas carcelarias.

La gratitud también cura al oferente: lo libera del peso emocional del silencio, de la murmuración encerrada, de la prohibición del grito. Lo conecta con otros bendiciarios. Lo hace parte de algo más grande que él.

Ser capaz de agradecer es entrometerse con un universo de generosidad. Es desplegar el ansia hacia otrxs. Es salpicarnos de sonrisas.

Una de las Gracias, era conocida como Hegémone y remitía al júbilo de poder celebrar la comunión, el encuentro, detrás de un sentido compartido.

Demasiada coincidencia.
Gracias, Cristina.

Las Tres Gracias. En la mitología griega, son las compañeras de Afrodita, las llamadas Cárites, que son: Aglaya (la Belleza), Eufrósine (la alegría) y Talia (‘Floreciente’).

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Patear, abofetear y escupir

Repaso de acciones dignas en tiempos de buenas costumbres

Jorge Elbaum

Francisco Cuadrado Prats. La saliva de la historia.

El último 25 de enero un grupo de hinchas del club Manchester United se congregó en el estadio londinenes de Selhurst Park, la casa del club de fútbol Crystal Palace para recordar la histórica patada voladora del futbolista Eric Cantoná del 25 de enero de 1995. En aquella ocasión, el jugador francés fue expulsado y antes de abandonar el campo de juego se dirigió a las gradas donde un espectador del Crystal Palace se esmeraba en insultarlo utilizando lenguaje racista. La patada le costó a Cantoná nueve meses de suspensión, 120 horas de trabajo comunitario y 30 mil dólares de multa. Tiempo después, cuando lo consultaron sobre el incidente, Cantoná reaccionó con una frase que terminó siendo el titular de varios de los periódicos publicados en la ciudad que lo vio nacer, Marcella: «Patear a un fascista no se disfruta todos los días. Sólo me arrepiento de no haberle pegado más fuerte”.

Cantoná creció en una familia atravesada por la tragedia de la Guerra Civil Española. Su abuelo fue un refugiado republicano y su familia se encargó de dotarlo sensibilidad respecto al racismo y la xenofobia. Luego de su paso como futbolista participó en iniciativas de defensa a los sintecho de su país y hospedó voluntariamente a refugiados sirios en su casa de Marsella durante dos años. Por el contrario, quien recibió la patada voladora de Cantoná, Matthew Simmons, tuvo varios antecedentes delictivos ligados a su enfervorizado odio a los inmigrantes: poco tiempo antes de recibir la gloriosa patada había sido condenatorio por agredir a un inmigrante de Sri Lanka a quien le había reclamado que vuelva a su país de origen.

El vuelo de Cantoná

Dedos marcados

Existe una historia gloriosa de las bofetadas. Pero no todas provienen de las telenovelas. La más famosa de ellas recuerda la ejecutada por Beate Klarsfeld al canciller de la República Federal Alemana Kurt Georg Kiesinger, el 7 de noviembre de 1968, durante un congreso de la Democracia Cristiana alemana (CDU) en Berlín. En esa ocasión la cazadora de nazis Beate se hizo pasar por periodista y se acercó al político –que disimulaba su pasado de militancia nazi— cumpliendo su cometido de darle vuelta la cara. Kurt Georg Kiesinger renunció poco tiempo después a la conducción del gobierno de Alemania Federal como resultado del desenmascaramiento su citado por el soplamocos de Beate.

Beate en el momento posterior al sopapo

Casi dos décadas después, en 1987, Beate y su compañero Serge contribuyeron de forma significativa a la detención y posterior enjuiciamiento de Klaus Barbie, el jefe de la Gestapo, protegido por los sectores militares bolivianos. Barbie fue extraditado a Francia, condenado por a cadena perpetua por 171 cargos, entre ellos por el traslado y posterior asesinato de 44 niños judíos que habían sido refugiados en una escuela católica en la localidad de Izieu. A Barbie se lo encontró culpable de ser uno de los máximos responsables del asesinato de Jean Moulin, el jefe de la Resistencia Francesa contra las fuerzas nazis. Cuando Beate logró la extradición desde La Paz exigió participar de su juzgamiento. En una de las testimoniales Beate miró fijamente al denominado Carnicero de Lyon pero Barbie no logró sostenerle la mirada.
Muchos analistas vieron en esa mirada de la máxima responsable de su extradición una bofetada similar a la ejecutada contra Kiesinger.

Saliva

Francisco Cuadrado Prats decidió hacer la fila de aquellos que se disponían a homenajear a Augusto Pinochet. Era diciembre de 2006. Francisco era nieto del General Carlos Prats, antecesor de Pinochet en la comandancia del ejército. Su abuelo y su abuela Sofía Ester
Cuthbert habían sido asesinados el 30 de septiembre de 1974 por un comando de la DINA –servicios de inteligencia de la dictadura chilena, con apoyo de CIA y la Triple A, entonces comandada por el ministro de Bienestar Social argentino, José López Rega. Una vez frente al féretro del genocida chileno, Francisco escupió sobre el cadáver del general. Inmediatamente fue empujado fuera de la cripta de homenaje y varios periodistas impidieron que fuese golpeado por los odiadores fascistas. Nadie puedo certificar si Francisco había leído con antelación el famoso policial de Boris Vian titulado “Escupiré sobre tu tumba”. Lo que si se pudo saber es que el nieto de Prats había cumplido con un compromiso asumido varios años
antes.


La paradoja de los tres casos es que se constituyen en ejemplos paradigmáticos dignos de enseñarse en las escuelas. La dignidad humana tiene acciones que la urbanidad no comprende. Esa debe ser la causa por la que los pérfidos del mundo transitan sus días junto a los fantasmas del espanto. Saben que cerca rondan los Eric, las Beate y los Francisco.

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El análisis descarnado y autocritico de Frei Betto

La Habana, 31 ene.- El teólogo brasileño Frei Betto llamó a la izquierda de América Latina hacer un análisis crítico sobre su proceder en los últimos tiempos y comenzar un trabajo dirigido a organizar a las masas populares.

“La izquierda tiene que ser autocrítica, sentarse a pensar que equivocaciones cometieron para permitir que la derecha vuelva con tanta fuerza en nuestros países”, declaró Betto a Prensa Latina en el contexto de la IV Conferencia Internacional Por el equilibrio del mundo, que concluye hoy en el Palacio de las Convenciones.

No basta decir que son cosas del Imperialismo, todo eso lo sabemos y jamás va a descansar, mucho menos a facilitarnos nuestras tareas, subrayó Betto en la cita que agrupa intelectuales y politólogos de 65 naciones.

“Hemos cometido algunos errores, como por ejemplo la corrupción, no hacer trabajo de alfabetización política con el pueblo y no organizar las bases populares”, lamentó el escritor brasileño.

“Muchos de nosotros se equivocaron pensando que estar en el Gobierno era estar en el poder, y estar en el poder es una cosa y quien tiene el poder es otra”, expresó.

“No hemos sabido fortalecer el poder popular y es lo único que nos permite que un Gobierno progresista tenga el verdadero poder”, recalcó Betto.

Es vital, expresó, hacer un trabajo para concientizar y organizar a las masas, como se hizo en Cuba con los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, y el movimiento sindical.

Todos estos factores se movilizaron desde el inicio de la Revolución cuando la nación caribeña fue fuertemente agredida, recordó Betto.

Esa es la única manera y ustedes tienen lecciones para darnos, enfatizó el intelectual brasileño.

La IV Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo es un foro multidisciplinario y plural para promover el intercambio de ideas entre intelectuales de las más variadas corrientes del pensamiento. (Texto y fotos: PL)

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Chispazos pero adentro

Los chispazos por los presos políticos fueron inevitables, pero se equivoca la derecha si cree que las disidencias o los diversos estilos y procedencias que integran el Frente de Todos caerá en la trampa de la fricción destemplada (lo que no quita, claro, que alguna declaración lo sea). No los hemos padecido en vano a ellos. No los hemos sufrido sin aprender un tono que nos permita no ser hipócritas ni disciplinados, y al mismo tiempo hacer lo que el propio presidente pidió: que le digamos lo que pensamos.

Todavía no hemos recuperados índices de libertad de expresión asimilables a una democracia. Y no es porque el gobierno acalle a nadie esta vez: el problema de la libertad de expresión en nuestros países tiene que ver con el mercado de medios. Todo el aparato mediático está presto a tender zancadillas, cuando no operaciones cotidianas, como las dirigidas al gobernador Kicillof. No hay voces que equilibren, salvo tres o cuatro excepciones… contra miles.

La Nación tituló ayer que Cristina dijo en Cuba que está en contra del lenguaje inclusivo. No lo dijo. Dijo que no le gusta el lenguaje inclusivo, que no lo cree efectivo, pero también dijo, en una posición parecida a la de la legalización del aborto, que ése es su punto de vista pero que contempla los de los feminismos. Hacer esa salvedad de honestidad intelectual que la dispensan de cualquier cosa parecida a la demagogia, es imposible para ella sin que su voz sea alterada, puesta a punto para la reacción rápida y en contra. Si es a lo que juegan todos los días desde hace años. No al periodismo. A eso.

Entre nosotros habrá más diferencias como la de los presos políticos. Para una base importante del electorado del FdT son una bandera. Porque hemos visto lo que los diarios no publican. Desde hace años leemos lo que los diarios no publican. Porque no tenemos dudas. Vivimos en la realidad, no en la agenda de Clarín. Por eso pudimos organizarnos y ganar.

No vamos a desperdiciar torpemente esta oportunidad. Será así: diciéndonos con honestidad lo que pensamos y sentimos, y en qué el apoyo es incondicional pero en qué, también, se nos debe
responder como electorado. Todos nosotros, los dirigentes y los ciudadanos que votamos este gobierno estamos haciendo política. De modo que nada es personal. Discutimos posiciones y tiempos.

No seríamos quienes somos, ni hubiésemos afrontado la vida como lo hemos hecho quienes insistimos en que los presos son políticos. Y se lo decimos a un gobierno que consideramos nuestro. Tenemos paciencia y la seguiremos teniendo porque vemos el trabajo cotidiano, titánico para un mes y medio. Así que los grandes medios y el macrismo pueden dejar de ilusionarse con que caeremos una vez y otra vez y otra más en sus cantos envenenados. Esa fisura que buscan como sabuesos está blindada por la experiencia y la esperanza.

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El símbolo Bonadío

Hoy no subí la noticia de la muerte del juez Bonadío a mi Facebook aunque estuve a punto. Era una noticia de alto impacto. Pero tuve miedo de los comentarios. Tuve miedo de tener que eliminar, como hago siempre, los comentarios que incitan al odio o son violentos. No me refiero a trolls, que elimino casi siempre aunque son tan absurdos que ya no molestan tanto. Me refiero a aquellos y aquellas que a quienes Bonadío hizo sufrir, porque cuando la persecución es contra un representante popular, se ofende al perseguido o perseguida, y a sus representados.

Todas esas personas son precisamente las que no prefieren el odio y sin embargo lo han padecido en el lomo de una o de otra manera en los años en los que Bonadío se erigió en algo diferente a un juez. Muchos jueces lo han dicho. Muchas cosas siempre fueron evidentes. Bonadío discurrió en los márgenes del absurdo, el lawfare ocurrió frente a millones de personas. En estos años hemos sido obligados a que nuestro campo visual choque con una retroexcavadora en la Patagonia, o a que fotocopias de cuadernos que no existen revelen negociados escandalosos. Hemos sido tratados como un rebaño de idiotas no sólo por Bonadío sino también por muchos que todavía ocupan sus cargos y nos hablan desde la Macondo que inventaron reemplazando el lenguaje selvático por los laberintos de sus expedientes, habitados por notas de medios convencionales y arrepentidos que ahora regentean un hotel boutique.

Bonadío fue un símbolo de la degradación flagrante del Estado de Derecho en la Argentina. Y así será recordado.