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Chispazos pero adentro

Los chispazos por los presos políticos fueron inevitables, pero se equivoca la derecha si cree que las disidencias o los diversos estilos y procedencias que integran el Frente de Todos caerá en la trampa de la fricción destemplada (lo que no quita, claro, que alguna declaración lo sea). No los hemos padecido en vano a ellos. No los hemos sufrido sin aprender un tono que nos permita no ser hipócritas ni disciplinados, y al mismo tiempo hacer lo que el propio presidente pidió: que le digamos lo que pensamos.

Todavía no hemos recuperados índices de libertad de expresión asimilables a una democracia. Y no es porque el gobierno acalle a nadie esta vez: el problema de la libertad de expresión en nuestros países tiene que ver con el mercado de medios. Todo el aparato mediático está presto a tender zancadillas, cuando no operaciones cotidianas, como las dirigidas al gobernador Kicillof. No hay voces que equilibren, salvo tres o cuatro excepciones… contra miles.

La Nación tituló ayer que Cristina dijo en Cuba que está en contra del lenguaje inclusivo. No lo dijo. Dijo que no le gusta el lenguaje inclusivo, que no lo cree efectivo, pero también dijo, en una posición parecida a la de la legalización del aborto, que ése es su punto de vista pero que contempla los de los feminismos. Hacer esa salvedad de honestidad intelectual que la dispensan de cualquier cosa parecida a la demagogia, es imposible para ella sin que su voz sea alterada, puesta a punto para la reacción rápida y en contra. Si es a lo que juegan todos los días desde hace años. No al periodismo. A eso.

Entre nosotros habrá más diferencias como la de los presos políticos. Para una base importante del electorado del FdT son una bandera. Porque hemos visto lo que los diarios no publican. Desde hace años leemos lo que los diarios no publican. Porque no tenemos dudas. Vivimos en la realidad, no en la agenda de Clarín. Por eso pudimos organizarnos y ganar.

No vamos a desperdiciar torpemente esta oportunidad. Será así: diciéndonos con honestidad lo que pensamos y sentimos, y en qué el apoyo es incondicional pero en qué, también, se nos debe
responder como electorado. Todos nosotros, los dirigentes y los ciudadanos que votamos este gobierno estamos haciendo política. De modo que nada es personal. Discutimos posiciones y tiempos.

No seríamos quienes somos, ni hubiésemos afrontado la vida como lo hemos hecho quienes insistimos en que los presos son políticos. Y se lo decimos a un gobierno que consideramos nuestro. Tenemos paciencia y la seguiremos teniendo porque vemos el trabajo cotidiano, titánico para un mes y medio. Así que los grandes medios y el macrismo pueden dejar de ilusionarse con que caeremos una vez y otra vez y otra más en sus cantos envenenados. Esa fisura que buscan como sabuesos está blindada por la experiencia y la esperanza.

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El símbolo Bonadío

Hoy no subí la noticia de la muerte del juez Bonadío a mi Facebook aunque estuve a punto. Era una noticia de alto impacto. Pero tuve miedo de los comentarios. Tuve miedo de tener que eliminar, como hago siempre, los comentarios que incitan al odio o son violentos. No me refiero a trolls, que elimino casi siempre aunque son tan absurdos que ya no molestan tanto. Me refiero a aquellos y aquellas que a quienes Bonadío hizo sufrir, porque cuando la persecución es contra un representante popular, se ofende al perseguido o perseguida, y a sus representados.

Todas esas personas son precisamente las que no prefieren el odio y sin embargo lo han padecido en el lomo de una o de otra manera en los años en los que Bonadío se erigió en algo diferente a un juez. Muchos jueces lo han dicho. Muchas cosas siempre fueron evidentes. Bonadío discurrió en los márgenes del absurdo, el lawfare ocurrió frente a millones de personas. En estos años hemos sido obligados a que nuestro campo visual choque con una retroexcavadora en la Patagonia, o a que fotocopias de cuadernos que no existen revelen negociados escandalosos. Hemos sido tratados como un rebaño de idiotas no sólo por Bonadío sino también por muchos que todavía ocupan sus cargos y nos hablan desde la Macondo que inventaron reemplazando el lenguaje selvático por los laberintos de sus expedientes, habitados por notas de medios convencionales y arrepentidos que ahora regentean un hotel boutique.

Bonadío fue un símbolo de la degradación flagrante del Estado de Derecho en la Argentina. Y así será recordado.

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¿Quién es Daniela Castro?

La abuela de Daniela Castro había conocido a Eva Duarte, por eso le hablaba maravillas de ella. Vivía en el campo, en Carlos Tejedor, era una familia de trabajadores de la tierra. Eva y Perón lograron expropiar y fraccionar algunas parcelas para que fueran a mano de los y las trabajadores. Su abuela fue beneficiada, y además Eva le entregó una máquina de coser.

La abuela de Daniela murió a los 91 años. Era quien la apuntalaba y le insistía en no perderse en la mirada del otro. La llenaba de amor. Daniela es la segunda de cuatro hermanos. Tuvo una niñez y una infancia que recuerda como normal, en Mar del Plata. En un contexto familiar contenedor, humilde. Su papá era electricista y su mamá ama de casa.

Los padres quisieron entender por qué Daniela se corría del esquema de niño o niña dentro de los parámetros binarios. Empezaron a afinar la mirada y fueron a un psicólogo para entenderla y acompañarla.

-Creo que eso fue fundamental para el desarrollo de mi vida, y el acompañamiento que necesitamos las mujeres o los varones trans en estas instancias. Las familias son un ente fundamental para sostener el bienestar y el futuro de cualquier persona. Ellos entendieron en algún momento que iba a haber un proceso y que en algún momento yo iba a ser Daniela indiscutiblemente.

Su abuela Emma fue como su segunda mamá. Daniela lleva en su honor su segundo nombre. Y de ella sus bases ideológicas. “Era cien por ciento evitista, no había nada que superara a Eva Duarte de Perón”, cuenta. De todas formas, el desarrollo de su impronta militante llega desde un lugar – para ella- impensado. Tuvo que ver con su lucha por generar los recursos económicos que le permitieran vivir sin caer en la situación de prostitución.

-No teníamos recursos, éramos muchos en mi casa, mi papá no tenía un trabajo estable, cuando tenía trabajo estábamos un poco mejor y cuando no, la pasábamos peor. Entonces en algún momento termino parada en una esquina, en situación de prostitución. Yo entendía que no tenía que estar ahí, que tenía un montón de proyectos y metas en mi cabeza que no tenían que ver con eso. Me costaba entender por qué yo tenía que hacer algo a lo que me resistía totalmente para poder vivir.

Ese pensar fue el detonante para que esa esquina tuviera una fecha de vencimiento. Daniela era la que se resistía frente a la policía, y la que iba detenida. Tuvo un costo muy alto. “La pasé muy mal, estando presa más de tres meses en alguna comisaría común, de forma totalmente arbitraria”, cuenta. Por eso cree que las disidencias son sobrevivientes.

Empezar a reclamar por sus derechos en ese contexto era militar sin saber bien hacia dónde. La policía le dijo que “iba a terminar mal”. Creer que iba a desaparecer la llevó a buscar alternativas. Corría el año 2001, los primeros programas sociales empezaban a tapar los agujeros del neoliberalismo. Conoció a una referente barrial que la ayudó a conseguir un programa social, que tenía como contraprestación el trabajo en un ropero comunitario y en un comedor barrial.

Aprendió a coser a máquina, y así surgió la posibilidad de trabajar en un taller de costura, que sumado al salario del programa le alcanzaba para vivir. Después la Central de Trabajadores Argentinos la nombró administrativa, historia que la ubica en el presente.

-En aquel momento era muy difícil incluir a las disidencias dentro de algún parámetro sindical. La sociedad de trabajadores concentraba sindicatos sumamente machistas entonces fue muy difícil poder meterme en esos sectores. Tuve el abrazo de compañeros y compañeras que me apoyaban y pensaban, como yo, que había que darle batalla a aquellos que se oponían por una cuestión de género y no de capacidad política.

Es la primera mujer trans que obtuvo el cambio de documento. Había presentado un recurso de amparo luego de la aprobación de la Ley de Identidad de Género. No creía que iba a modificar su vida, pero el día que la jueza del tribunal la llamó para que estuviera presente en el momento del fallo, se sentó en un rincón a llorar desconsoladamente.

-Ahí entendí que mi vida entera cambiaba, que no era solamente un nombre en un documento, que ese fallo tenía que ver con la lucha, con los años de espera, con las detenciones, y a partir de ahí lo usé indiscutiblemente como bandera.

Daniela considera que hoy hay otra realidad, que “si bien sigue costando la participación de las mujeres y las disidencias, es un tema que está en agenda claramente, ese machismo se ha ido deconstruyendo, no por completo, pero sí bastante, y hemos ido ganando algunas batallas”.

La provincia de Buenos Aires es un territorio muy hostil para cualquiera que no encaje en el paradigma heterosexual. La creación del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, donde Daniela quedó a cargo del área de Diversidad Sexual, es un desafío.

-Está en plena etapa de desarrollo, aunque ya comenzaron las acciones. No nos han privado de poder proyectar, poder generar actividades, poder planificar a corto y mediano plazo, de qué forma tiene que funcionar el Ministerio y las distintas áreas. En el caso puntual del área de Diversidad, el trabajo en el territorio es fundamental y primordial. Ninguna de las que formamos parte de este ministerio podemos perder la mirada del territorio, entendiendo que ocupamos esos espacios llevando el nombre de todas esas compañeras que luchan y han luchado incansablemente, inclusive las que ya no están.

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Milagro no necesita un milagro, necesita justicia

Hablo de Milagro porque fue la primera, porque ya pasaron más de cuatro años de la privación antojadiza de su libertad, pero mientras hablo de ella pienso en sus compañerxs detenidxs, y en Amado Boudou, y en los demás presos políticos, porque eso es lo que son. No hay condenas y están “preventivamente” presos por un sistema de justicia deforme que selectiva y políticamente elige a quienes pueden esperar sentencia en libertad y a quienes aunque siempre estuvieron a derecho deben esperar encerrados a que sus causas caigan. Porque todos sabemos que caerán. Porque sabemos cómo se compuso, en el caso de Milagro, el STJ que la encarceló, con trampa y engaño, y quienes vimos el antes y el después de lo que era su obra, también sabemos del odio a la felicidad del pobre.

Tenemos paciencia. Vamos despacio. La maraña que dejó el macrismo en todos los ámbitos de nuestra vida en común es monstruosa. Ningún gobierno desde el 83 había cometido tantos delitos a la luz del día sin que ninguno de ellos fuera tapa de diario. En la tapa de los diarios están los seleccionados para la demonización. El aparato de injurias y estigmatización no cambiará un ápice su naturaleza: siempre fue la misma, y no se puede deconstruir porque no se trata de periodismo sino de capitalismo corporativo, y los grandes medios son corporaciones como las petroleras o los laboratorios.

Hablo de Milagro porque nunca en mi vida me voy a olvidar de la primera visita al Alto Comedero en su esplendor, porque nunca se me había ocurrido que en este país existía un rincón como aquel, pluricultural, orgulloso, frenéticamente laborioso. Hablo de Milagro porque nunca voy a olvidar tampoco aquellos días de Reyes con los niños de las copas de leche armando sus mesitas coloridas y desbordantes de tortillas, y tortas acarameladas y bizcochuelos caseros. Nunca había visto ni volví a ver la felicidad popular tan concentrada, que olía a vainilla y a sudor. Y sigo hablando de ella porque nos han prohibido en estos años muchas cosas, pero hemos encontrado la manera de decirlas igual.

Milagro creó la Tupac diez años antes de que existiera tal cosa como el kirchnerismo. La creó cuando Cavallo decía que Jujuy era una de las provincias inviables. Es decir: que no se podía hacer nada por los jujeños. Que pasáramos a otra cosa, aunque la pobreza superaba al 50 % de la población y el hambre roía los estomaguitos de bebés y niñxs que habían nacido pobres. Ese es el determinismo de la derecha, que se fue volviendo ultra derecha aunque no querramos verlo. Serás lo que a tu lugar de nacimiento, a tu color de tu piel y a la clase que te toque le corresponda.

Milagro eligió para empezar su trabajo de organización popular empezar por ahí. En l992. A dar de comer. Y les propuso que armaran las primeras copas de leche a los estigmatizados de cada barriada. A los que tenían antecedentes penales. Esos que después nunca vuelven a conseguir trabajo, y menos todavía en un país en el que el trabajo estaba siendo dado por muerto.

A ella le han arrebatado más de cuatro años de su vida porque a la ultra derecha le molestaba el empoderamiento de los que deben mirar para abajo y nunca deben hacer ningún reclamo. Los que para los racistas que incluso no admiten que lo son, deben asumir que han nacido indios o negros, y deben clausurar en la infancia de idea del buen vivir.

Jallalla Milagro. Cada día, cada hora, hoy cuesta más, porque no sabemos cuánto más te ultrajarán y te difamarán. Es lo que hace esta gente, la de la ultra derecha de la política, el poder judicial y los grandes medios. Intentar destruir un buen nombre. Para destruir el tuyo mintieron a destajo y además rompieron a patadas las casas y se robaron hasta los motores de las piletas. Jallalla Milagro. Ojalá saques de tu memoria ancestral la reserva de fuerza y resistencia para esperar como hasta ahora, entera, el día de tu libertad. Lo escribo para que sepas que estás en nuestros corazones, como los demás compañerxs detenidxs.

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Política

Laura Alonso no para de acusar

«Vuelve el narco, vuelve el lavadero, vuelve la corrupción. Feliz Navidad», twitteo Laura Alonso porque se anularon los protocolos policiales de Bullrich. Es asombroso cómo esta gente está atrapada en un manual del Departamento de Estado. La lucha contra el narco macrista terminó con ratas comiéndose droga decomisada y con el narco más incrustado en la sociedad. Como en todos los países satélites de eeuu. Es la pantalla de sus negocios y la excusa para instalar sus bases militares. Alonso no puede parar de repetir el folleto del «lavadero»: está procesada por encubrir a uno de los gobiernos más lavadores del mundo.
Todo lo que sale por sus bocas son acusaciones porque en cuanto dejen de acusar deberán defenderse. Falta poco. Tendrán el derecho a defensa que ellos les negaron a peronistas que hoy siguen encarcelados.

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Contratapa Página/12 Política

Negacionismo

La derecha no acepta que estamos en emergencia, en una emergencia tal que si no se toma el toro por las astas de una vez seremos atracción para buitres. Que no acepten la emergencia no guarda relación con ningún dato objetivo, como casi nada de lo que dicen, o piensan, o dicen que piensan. El proceso general en el que se inscribió el debate por la primera y fundamental ley que presentó el nuevo gobierno argentino es el de los negacionismos. Y es global. Niegan lo que hicieron, lo que hacen y lo que harán. Niegan sus propósitos y sus consecuencias (“dos pizzas”). Niegan porque lo que deberían aceptar los pasaría a una posición defensiva, y porque ni siquiera sus periodistas comprados les aceptarían que hay sectores sociales enteros y a su vez generaciones que deben ser sacrificadas. Y hay algo que va quedando claro: no lo harán. Serán ofensivos como lo fueron siempre. Niegan el diálogo, la negociación, la lógica, y los problemas sociales, el sufrimiento de millones les importa nada, sólo les importan ellos mismos. Los ademanes civilizados con Alberto Fernández se fueron por la canaleta del cinismo.

Aunque un par de millones de argentinos más se murieran de hambre, la deuda es impagable si no se pone en marcha un plan que si tiene errores podrá rectificarlos, como tantas veces hemos visto. Fue precisamente el hambre, lo visible del hambre, el regreso y la multiplicación de los comedores comunitarios, lo que comenzó a fisurar del todo la imagen de Macri. Ellos niegan, dicen que el peronismo vive de los pobres, entonces los inventa. ¿Cómo se remonta el mismo debate que va durando ochenta años? Los chicos que en el 2015 comían en sus casas, hoy comen en comedores desabastecidos donde en muchos casos tienen que elegir a quiénes darles de comer y a quiénes no, porque lo que hay en las ollas no alcanza para todos los que están en la fila. Y eso fisuró a Macri porque unió al peronismo. Y la tarjeta alimentaria rige ya. El hambre está siendo atendido ya.

Macri niega la emergencia pero ha vivido en una reposera desde que nació. Y no podemos contar ni con él ni con los que todavía creen que los que cortan calles son “la vagancia”. Me lo dijo el otro día un taxista boliviano. “Son desocupados”, le dije. “No, quieren vivir del Estado”. Dijo que en Bolivia no hubo golpe. Desciende de guaraníes y odia a los coyas. Y así está Bolivia, con Evo en la Argentina y con una dictadura que baila el vals con Estados Unidos y con Israel.

“¿Soy acaso el guardián de mi hermano?”, cita el primatólogo Frans De Waal remitiéndose al Génesis, a la pregunta que Dios le hizo a Caín. “Sí soy el guardián de mi hermano” y “No tengo por qué hacerme cargo de mi hermano”, sigue el científico, son dos respuestas opuestas que sin embargo ocultan su origen, aunque cada una retoma tradiciones filosóficas más antiguas. Y el origen de ambas es el capitalismo. “Siempre es bueno que haya competencia” o “Mejor que no la haya”. Surgieron masivamente, esas dos respuestas, durante la primera etapa de la Revolución Industrial británica.

Muy lejos de la voluntad mercantilizadora que poco a poco fue torciendo el rumbo de nuestro mundo, siempre y en todas partes hubo grandes nichos de resistencia de otro modo de entender la vida. Porque esto es liminar. Es al corte. Llega al hueso. Está en los humores profundos de todo lo que exhala. Son modelos de país, pero son éticas y son valores que la derecha nos niega que tengamos, y ellos no tienen seguro. No tenemos un aparato de medios equilibrado sino todo lo contrario. Estamos a merced de cómo se designen las cosas para que así sean nombradas.

Pero ni en la Argentina, que está ante uno de los desafíos más grandes de su historia, ni en ninguno de los países sufrientes que nos rodean, existen mayorías sádicas ni vengativas. Es tan evidente el anhelo de armonía y justicia social que lo que está pasando, sencillamente, es que a unos pocos les repugna porque significaría tener un poco menos de lo que tienen, y muchos otros se identifican con ellos aunque los hayan perjudicado. Les hicieron creer que les faltaba tiempo, y a uno se le estruja el corazón de sólo pensar que Macri podría haber tenido más tiempo.

Pero no lo tuvo. Perdió las elecciones como las perdimos nosotros en el 2015. Salimos a la calle y nos gasearon muchas veces. Revisaron nuestros perfiles de redes y nos echaron por filiación ideológica. Nos denigraron públicamente. Armaron causas y encarcelaron ex funcionarios sin pruebas. Persiguieron vergonzosamente a la actual vicepresidenta.

Nunca aceptarán sus verdaderas intenciones. Siempre seremos los ladrones, los aprovechadores, los corruptos. Que digan lo que quieran. El pueblo argentino tiene derecho a que el gobierno elegido ahora tome el rumbo que crea más correcto para alcanzar sus promesas de campaña. Venimos de otro gobierno que no cumplió ni una sola.

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Moratoria para pymes

En Argentina hay más de seiscientas mil pequeñas y medianas empresas. Pymes. De ese número casi el 90% emplea entre 1 y 100 trabajadores y de ese 90% casi el 80% tiene entre 1 y 10 empleados. Esos cuasi kioscos explican el 80% del trabajo registrado del país y el 70% del consumo interno de los argentinos. Las pymes son productoras de trabajo y consumo.

Para hacerla fácil: en el barrio, cerca del laburo, a la vuelta del club, al lado del chino, donde vive la vieja, en todos los lugares que conforman la vida cotidiana hay una pyme, hay trabajadores de pymes y ¡sorpresa!, hay un empresario pyme. Un empresario que produce las tapitas de luz de casa o los tornillos para armar la mesa o el polímero, la membrana que nos protege de las goteras, la máquina vial que arregla nuestra calle, los carteles luminosos donde vemos la publicidad favorita, las jeringas del remedio de la abuela, el CD que ponemos en la compu, los cables que no vemos detrás de las paredes…” kioscos” que producen con trabajo argentino el entorno, la realidad palpable en la que transcurre la mayor parte de nuestra existencia. Bueno, el cuento es muy sencillo, un sentido común que duele de tan básico y fácil. Si la gente tiene plata en el bolsillo, las pymes producen, emplean gente, invierten en más máquinas y, si crecen mucho según las políticas de estado, llegan a exportar. Los productores de insumos o de bienes de capital también crecen. A su vez, los trabajadores tienen plata, gastan en alimentos, remedios, ropa, vivienda y si todo va creciendo ahorran y compran un auto, una moto, o viajan,
salen a comer y/o ver espectáculos, la vida se va llenando de posibilidades de futuro y de bienestar. Es un círculo virtuoso que funciona en la mayoría de los países llamados desarrollados o de primer mundo. Y funcionó así en diversas ocasiones en Argentina.

La corriente de pensamiento económico y de organización de la sociedad llamada Neoliberalismo propone e impone el modelo exactamente al revés. Un círculo vicioso en el que los más ricos y poderosos, las minorías, cada vez tienen más bienes y posibilidades, apuestan a ganar sin producir en el mercado financiero y en el que la mayoría de la población cada vez tiene menos acceso a bienes y servicios, o bien son expulsados del sistema, condenados a la exclusión y la marginalidad esperando el “derrame” de la felicidad acumulada por los de arriba que nunca llega. En Argentina ese modelo es y fue el Macrismo. Y las víctimas de ese modelo fueron los más vulnerables y los últimos de cada nivel social. En el mundo de la empresa y la producción el blanco de la bomba neoliberal fueron los empresarios pyme.

Víctimas silenciosas e invisibilizadas de la noche neoliberal, las pymes resistieron de mil modos posibles la destrucción del salario de los trabajadores, su principal cliente, de la caída del consumo, el encogimiento de la vida económica y social de la comunidad a la que pertenecen.
Algunas, miles, hasta desaparecer. Otras, sosteniendo el mínimo de trabajo posible para evitar despidos, conteniendo y conviviendo con sus trabajadores en el medio de la tormenta, reduciendo la producción, apagando la mitad de su máquinas, flamantes, jóvenes. El apagón del cada barrio, visible al que quiera abrir los ojos, es hijo del cierre de comercios y pymes que le daban vida y ritmo.

Atrapado en el laberinto del ajuste, el golpe final, la pistola taser del Macrismo que llevó a los empresarios pyme a la parálisis fue la tasa de interés. Acorralados hasta la falta de aire, el ahogo de la deuda impagable, el embargo, la quiebra. Como el país para el que producen.
Por ello, la primera medida del gobierno popular, que empieza en todos los campos reparando de abajo hacia arriba, es la moratoria. Parece poco, apenas un gesto burocrático perdido en un mar de decisiones más épicas. Sin embargo es parte de la misma lógica con que se nos ha propuesto transitar el camino hacia el rescate de una Patria para todos: el Estado extiende una mano para que el vulnerado se incorpore y camine.

De eso se trata. Un mensaje de esperanza que le permite al pyme soñar con no tener que despedir al puñado de personas con las que convive y forja proyectos y productos, con poder dormir por las noches sabiendo que hay un mañana que lo incluye como actor relevante de una Argentina justa y feliz.

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El otro campo, Nacional, popular y agroecológico

Zulma Molloja nació Bolivia, pero se crió en Alto Comedero, cerca de San Salvador de Jujuy. Su mamá y sus abuelos producían en el campo, plantaban frutos y hortalizas. Ahora vive -desde algún tiempo- en La Plata, en la zona de quintas donde trabaja la tierra, y desde hace cinco años milita en la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT). Tiene sembrados zapallitos, lechugas, zanahorias, y algunas cosas más. Se unió a Trabajadores de la Tierra por una cuestión personal, y por las tormentas. Se sentía sola y un poco desamparada. Un temporal fuerte hizo que toda su producción y su casilla se viniera abajo. Se quedó llorando sin saber qué hacer y sin ayuda de nadie. “Cuando pasan estas cosas los pequeños productores se organizan, se ayudan entre ellos, por eso me uní”.

Pensó en dejar de invertir en agroquímicos, y pensar en otras alternativas. En ese sentido, “avanzamos mucho en cuestiones agroecológicas, antes comprabas un veneno con 6 mil pesos, y hoy trabajamos con fertilizantes y ahuyenta plagas casero y orgánico”. La agroecología es un cambio de paradigma, y hoy son muchísimos más los que están trabajando sin tóxicos e intentando modificar el modelo productivo, “también planificamos la comercialización, la venta directa entre el productor y el consumidor”. Venden en algunas plazas de forma directa para poder recuperar las inversiones que realizan, ya que muchas veces los intermediarios se quedan con gran parte de las ganancias. Los pequeños productores en La Plata organizados son cerca de seis mil, y casi dieciséis mil en todo el país.

La gran contradicción en un país con vasto territorio como Argentina es la falta de oportunidades para adquirir tierras. Los pequeños productores normalmente se ven obligados a arrendar, “la realidad es que del uno al diez tenemos que pagar alquileres carísimos, hasta veinte mil pesos la hectárea, es una locura. El pequeño productor está a la deriva, sin tierra, sin vivienda”, explica Zulma. Las viviendas que ellos mismos logran construirse con maderas son muy precarias, y corren el riesgo de incendio, que arrasa con todo. Hace pocos días hubo dos casos por cortocircuito, que dejó a dos productores con lo puesto. Son el otro campo, el que no se ve afectado por las retenciones porque produce para el consumo interno. “Lamentablemente no podemos exportar grandes cantidades, pero producimos alimentos sanos para los argentinos, alimentos que llegan a la mesa de las familias”.

Paralelamente, intentan concientizar a las nuevas generaciones de niños, niñas y adolescentes respecto a la calidad de los alimentos que consumen. Se les enseña desde la huerta cómo cultivar sin agrotóxicos. Así, no solo se cuida la salud, sino la misma tierra, como un elemento lleno de vida, y el medioambiente. Además, desde la organización abordan la problemática de género, e intentar brindarle herramientas a las víctimas violencia, para poder llevar adelante sus familias. Han levantado un jardín comunitario donde más de 40 niños y niñas hijos de quinteros asisten, escapan a la desnutrición, aprenden huerta y consumen orgánico. Lo cierto que en este debate sobre las retenciones, el foco está puesto muy lejos de la salud pública, y muy cerca de la lógica capitalista de producción.
Zulma Molloja tiene cierta esperanza, sobre todo en ellos mismos: “Siempre nos engañaron y mintieron, pero hoy en día tenemos esperanza de que puede cambiar algo, pero somos nosotros mismos los que hemos cambiado el esquema al hacer agroecología, hemos avanzado en la organización”.

El reclamo que siempre han hecho y según Zulma seguirán haciendo es el del acceso a la tierra. “Queremos créditos blandos, no queremos que nadie nos regalen nada, queremos tener una vivienda digna, de material, y una tierra propia”, dice y explica que generalmente, los dueños de las quintas no les permiten construir casas de material y por eso el esquema es levantar casillas de madera, precarias y poco seguras.
La diferencia con los dueños de la tierra es ideológica, y también histórica. Zulma sabe que hay una batalla cultural de por medio, aunque asegura: “No nos interesa tanto discutir ciertas cosas, queremos que avance la agroecología y que se revalorice nuestro trabajo, siempre se apoyó a los grandes sojeros y a los grandes empresarios y se han olvidado del pequeño productor, esa es la realidad”.

Crédito Foto: diarioQué

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Sacarse la correa

Fue una de esas tardes de calor arrasante esta semana. Al atardecer, decidí sacar a dar una vuelta a Hugo y a Raquel, mis perros salchichas jujeños (¡Jallalla Milagro!). Ellos tienen sus años, como la dueña, pero según un día definió muy bien mi hija, los salchichas tienen toda la vida personalidad de pendejos.

Hugo, por ejemplo, no puede parar de levantar la pata en cada cosa que ve, aunque la haya visto mil veces antes. Me enfurece pero también me da ternura que él crea que porque levanta la pata es el dueño del espacio que ocupa eso que mea. Y otro berrinche que tiene es que muerde las correas desde que es cachorro y ahora también. Ha roto hasta de cuero. Las que tenían en uso esta semana eran de plástico, las más baratas, porque ya que las destroza…

Así que salimos de apuro con las correas agujereadas por los colmillos de Hugo y recalamos en un lugar a dos cuadras que vendía alimentos y correas para perros. Estaba muy lejos de ser uno de esos lugares en los que los que tenemos perros nos paramos en la vidriera a ver esas camitas deliciosas que cuestan como un monoambiente en un barrio desfavorecido. Pero yo tenía miedo de que las correas se rompieran y entramos.

Me atendió un pibe. Le dije lo que buscaba mientras miraba alrededor y veía cajas sin abrir, mucho papel de diario y algunos estantes de alimento balanceado fraccionado en bolsitas de medio kilo y un kilo. Ahí me di cuenta de que estaban recién aterrizando en el lugar, que por eso nunca había visto ese lugar, que estaban “abriendo”.

Y estaba mirando las cajas abiertas donde se veían correas medio manchadas o con aspecto antiguo, cuando escuché que el pibe me preguntaba:

-¿Vos sos Sandra?

Y sí, le dije, tironeando de Hugo y de Raquel que olían a los saltos el alimento balanceado. El pibe abrió los brazos y alcancé a ver que se le llenaban los ojos de lágrimas. Me dio un abrazo fuerte, no de esos abrazos corteses que estoy acostumbrada y agradecida de recibir en los lugares más variados, sino un abrazo como una descarga, como el que se le da a alguien querido después de no verlo y extrañarlo. En mi hombro el pibe lloró, sin ningún pudor. Y yo lo dejé que llorara, porque el día anterior habían asumido Alberto y Cristina, y además con ese calor, llorar era una bendición. Después me fui con Hugo y Raquel luciendo sus nuevas correas de colores pasados de moda, pensando que todo lo que soñamos estaba ahí, en esa tienda abriendo, en ese pibe sin capital que había comprado sobrantes en algún depósito, en esa expectativa de sacar la cabeza. Y que en todo ese tiempo que no nos habíamos visto, tanto a él como a mí nos habían dolido hasta lo indecible muchas cosas. Y llegué a casa y el mundo ya era un poco mejor.

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Política

Intendenta de Humahuaca, coya y coplera

Karina Paniagua tiene 44 años y viene de una familia tradicional de Humahuaca, que siempre ha trabajado por la preservación de la cultura: pertenece a la Cuadrilla de Cajas y Copleros del 1800 – por costumbre de sus abuelos y sus padres- una asociación cultural que conserva el canto propio y tradicional de su tierra, la copla.
En su adolescencia empezó a insertarse en distintos ámbitos de la sociedad humahuaqueña, comenzando por los centros de estudiante. Terminó la escuela primaria y secundaria en su pueblo y a los dieciocho años se afilió al Partido Justicialista. Desde ahí milita y trabaja para buscar espacios de poder para la gente del interior. No teniendo más alternativas académicas, se recibió de docente en su pueblo.
Sus abuelos siempre hablaban de la vida de Perón, y su mamá formó parte del Concejo Deliberante de Humahuaca, como secretaria administrativa. Karina es la primera dentro de su familia en lograr ocupar espacios dentro de la política.
En el 2003 la convocaron para formar parte del Ejecutivo Municipal como Coordinadora de Cultura. Desde ese momento fue funcionaria en distintos estamentos y durante los últimos cuatro años trabajó como concejal.
También es vicepresidenta de la Mesa Ejecutiva del Justicialismo de la provincia de Jujuy. Asegura que es la primera vez que ingresan representantes que no portan apellidos tradicionales de la política, y dice “No fue fácil, hubo que ir haciendo los espacios y rompiendo esos viejos esquemas”.
En Jujuy se desdoblaron las elecciones y le tocó competir el 9 de junio con siete candidatos a Intendente, todos varones. El número de candidatos fue histórico. Karina cree que su pueblo la apoyó porque la conoce y siempre la vio trabajando. Hace una semana uno de los funcionarios que la acompaña, y su familia, fueron amenazados de muerte. Karina no lo desestima, pero está convencida de que es una amenaza de tinte político, por eso se concentra en lo importante: en pocos días se convertirá en la primera intendenta mujer, peronista, y con raíces indígenas de la provincia.

-¿Cómo se entrelazan la cosmovisión indígena con la militancia dentro del justicialismo?
-Se complementan, esa es la verdad. Humahuaca es un pueblo con arraigos culturales muy fuertes, y la cuestión política no es ajena todo lo que va aconteciendo en la vida ciudadana. Yo personalmente siento que en mí se complementan estos dos pensamientos, y con ellos vengo trabajando en la comunidad.

-¿Cuáles son los reclamos de las comunidades originarias para con el Estado?
-Durante estos años recorrí mucho los distintos pueblos del interior para poder formalizar proyectos necesarios para la comunidad. Estamos permanentemente reunidos, venimos solicitando que las políticas del Estado lleguen a los pueblos, porque han estado totalmente ausentes. Las comunidades no piden mucho, quieren respeto a su cultura y su territorio. Hay muchas peticiones por los títulos de la tierra, de propiedades comunitarias. Y también las estructuras y necesidades básicas. Hay pequeños productores que necesitan arreglar las tomas de agua para poder comercializar sus productos, y también necesitan el acceso a la salud y a la justicia. Las distancias son largas, por eso necesitamos contar con esos servicios en los distintos pueblos. Lo que queremos nosotros fundamentalmente es evitar el desarraigo de las comunidades, nuestra gente se está yendo a las ciudades grandes en
busca de una mejor calidad de vida, de un progreso. Hay que generar una contención para evitar que se vayan lejos y abandonen sus tierras, sus familias.

-¿Cuáles son los conflictos por la tierra?
-Muchas comunidades ya han hecho reclamos formalmente. Hay que seguir visibilizando esta problemática en las esferas nacionales, porque hay mucho por hacer en nuestras comunidades a lo largo y ancho de todo el país.

-¿Cómo fueron estos cuatro años de macrismo?
-No fueron fáciles. Humahuaca ha sido el epicentro del gobierno provincial y nacional. Macri ha llegado cuatro veces a la ciudad. Y esto gobierno ha venido a sacarse una foto y no nos ha dejado nada, ningún beneficio para los humahuaqueños. Seguimos postergados en el tiempo. Ha sido duro, las diferencias políticas han hecho que no se gobierne para todos.

-¿Cómo viven desde ahí el golpe de Estado en Bolivia?
-No somos ajenos a esas noticias. Estamos cercanos a la Quiaca y tomamos muy de cerca el golpe, tenemos muchos hermanos bolivianos trabajando en Humahuaca en los distintos sectores de producción agrícola. Estamos atentos a lo que pasa por esta cuestión de hermandad que tenemos, por la cercanía.