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Contratapa Página/12

Rápido

“Haría lo mismo pero más rápido” fue la frase de Macri que quedó ahí flameando, como una amenaza. A la bandera nacional no la honra, pero tiene esta otra, sucia y deshilachada. La de la amenaza más vieja del mundo. Macri miente tanto que pocas veces como cuando dijo eso los argentinos entendimos que estaba diciendo la verdad. Pero el sentido de esa amenaza quedó atado al ajuste, como si lo que Macri tuviera en mente fuera sólo seguir ordeñando la ubre vacía que somos después de su gestión.

Esa frase está deshilachada por el tiempo porque no es ocurrente, ni moderno, ni novedoso lo que Macri tiene en mente hacer más rápido. Es lo más viejo del mundo. La dominación. Este modelo ya tensó todo lo posible el ánimo y las reservas de paciencia de millones. Entonces cuando la escuchamos, cuando sabemos que es eso lo que quiere, ir más rápido, sería más preciso que pensemos que esa rapidez indefectiblemente estaría empapada en sangre. Macri amenaza, en rigor, con ponerse mucho más violento.

Sangre como la que salió de la frente de Silvia Maldonado esta semana. Como la de esa adolescente que abrió la puerta de su casa de un barrio de Santiago del Estero y le pidió al policía, con su bebé en brazos, la orden de allanamiento antes de abrirle el paso, y lo que recibió fue un balazo en la frente. Vimos el video. Eran salvajes uniformados atacando un barrio pobre donde alguien se había robado una amoladora y un taladro. El balazo ante el pedido de la orden de allanamiento nos habla de una ruptura total del contrato social. Por eso es necesario uno nuevo.

El propósito de “ir más rápido” seguro que incluye seguir hambreando al pueblo argentino, pero ese saqueo ya pondrá en acción a ese tipo de fuerzas de seguridad que son de inseguridad, e implica no ya la “mano dura”, sino el mismísimo gatillo apuntado a la nalga o la frente de cualquiera. La idea de “ir más rápido” de Macri se entiende mejor ahora que se sabe quién lo acompañará. Miguel Pichetto, desde el anuncio, dio varias muestras gratis del carácter de esa rapidez. Habló de la expectativa de más “emprendedores” -una palabra cínica como pocas en un país destartalado, en el que ese gobierno integrado por el mejor equipo, durante siete horas mantuvo a todo el país y a parte de los países vecinos en la oscuridad total y cuyos funcionarios se presentaron luego a decir “no sabemos qué pasó”.

Y dijo Pichetto: “Más emprendedores y menos cartoneros”. Después hubo traductores en los medios que le suavizaron el deseo y la intención. Quiso decir, explicaron, que quiere que más gente trabaje y menos gente deba vivir de la basura. Pero el candidato vicioso de oficialismos no sólo lo dijo, lo pronunció. Y lo pronunció con asco, con molestia, como quien huele mierda, como quien dice “más gente de bien y menos delincuentes” o “más gente que trabaje y menos vagos” o “más gente como uno y menos negros” o cualquiera de las variantes del discurso aberrante y antihumanista del macrismo. ¿Qué otra cosa puede querer decir?

La fórmula macrista explicita lo que el actual presidente quiere hacer: sacar su lado alfa, promover los alfas en las fuerzas de seguridad y en toda la sociedad, salir del closet y por fin parecerse a ese Mito-Hulk con el que Bolsonaro se presentó en Brasil. El ajuste que le exige el Fondo no puede hacerse pacíficamente. Eso mismo le explicaba Margaret Thatcher en la década del 70 a Friedrich Hayek, el mentor del neoliberalismo, cuando le escribió desde el Chile pinochetista y le dijo que había que hacer exactamente lo que estaba viendo allí. “Usted sabrá que hay cosas que no se pueden hacer en una democracia”, le contestó la ajustadora británica. Ella hizo lo que pudo. No tanto como Pinochet, claro.

Ahora estamos en una nueva fase de esa corriente económica y política. El capitalismo choca contra sus propios límites y la riqueza está concentrada como nunca. Los grandes medios ya no hacen periodismo sino acción psicológica. Las audiencias globales están desorientadas, indignándose por lo que no pasó. Nadie sabe exactamente quiénes manejan el poder en países opacos como los nuestros, con gobiernos que tienen mandantes en el extranjero. Esta neocolonización fraguada en el norte pero acompasada con fenómenos de época (como los neonazismos explícitos, como las violaciones en manada, como los linchamientos, como los asesinatos diarios de líderes sociales o ambientales, como la venta de esclavos en Libia, como los africanos abandonados a su propio ahogo en el Mediterráneo, y la lista es muy larga). ¿Nos damos cuenta de que el mundo retrocedió a una especie de falsa edad media en la que los nobles y sus cortes beben sus elixires y mordisquean frutas exóticas mientras el noventa por ciento de la población ha sido o será condenada a la absoluta falta de derechos y bienes y recursos? Y para eso, la dominación siempre ha requerido de la cultura de la dominación.

Antes de las elecciones de 2015 muchos decíamos que lo que teníamos enfrente era una opción entre un modelo de trabajo y un modelo de desempleo. Suena frío, escuchado a la distancia. El modelo de Macri incluye inocular en nuestro fuero íntimo el síndrome del vencido y hacernos sentir  inútiles y porquerías. Incluye inmiscuirse en nuestra idea de nosotros mismos y lograr convencernos de que es esto lo que nos ha tocado ser. Por eso detestan a los gremios docentes.

La bandera de Macri es vieja y está deshilachada. A lo largo de la historia humana, los tiranos, los emperadores, los señores feudales, los colonizadores y todos los que dominaron a otros no siempre lo hicieron sólo por la fuerza. Es la cultura la que se ocupa de domesticar al hambriento o de quebrar al perseguido. Pero si no lo hace, la dominación es implacable y mata. Sin culpa, sin explicaciones, sin disimulo. Por eso es imperioso mandar lo accesorio a su lugar, y tener colectivamente el eje fijo en lo imprescindible: ganar.

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Opinión

América Latina y los formatos de globalización

La hegemonía de Estados Unidos inaugurada luego de la primera guerra mundial estuvo en disputa en varios momentos del siglo XX. El primero de esos momentos se vinculó al denominado Crack de 1929 cuando las teorías neoclásicas (hoy denominadas neoliberales) hicieron estallar la economía norteamericana y expandieron sus efectos nocivos sobre el resto de occidente. Durante ese lapso, las huelgas y el fantasma de la Unión Soviética dieron lugar al
keynesianismo, o Estado de Bienestar, para evitar que las doctrinas socialistas continuaran
extendiéndose por occidente.

Un segundo momento de debilidad hegemónica se produjo en torno a la guerra de Vietnam y la irrupción de una generación contracultural que empezó a cuestionar, tanto al interior de la sociedad estadounidense como desde el exterior, la superioridad moral de un sistema político amañado que solo ofrecía las ofertas que las corporaciones trasnacionales permitían. Ese segundo momento coincidió con la lianza entre el conglomerado industrial-militar y las empresas trasnacionales, cuyas cadenas de valor empezaron a imponerse como monopólicas.

La imperiosa e impostergable necesidad de contar con el acceso a recursos naturales para darle continuidad a sus operaciones globales, sumando a la irrupción de nuevos movimientos contestatarios y contraculturales, exigieron una transición cuya deriva terminó siendo superada por la tercera revolución industrial, conocida como la digital.

El primer desafío a la hegemonía fue política e ideológica. La segunda fue geopolítica y cultural. La tercera, que estamos viviendo en la actualidad, es de clara raigambre económico y comercial. El neoliberalismo –y su doctrina legitimadora, el Consenso de Washington—buscó expandir las capacidades de las empresas transnacionales con el objetivo de controlar los circuitos de provisión de materias primas y de sobreexplotación del trabajo: se desterritorializó para controlar el valor internacional de la mano de obra y al mismo tiempo motorizó las migraciones (por ejemplo de mexicanos y centroamericanos al norte del Río Bravo).

La paradoja de del neoliberalismo es que fue aprovechado por la lógica financiera y también por países ubicados al oeste del Pacífico, sobre todo China. En sólo 4 décadas el centro del comercio mundial se transformó y las ventajas tecnológicas otrora lideradas por Washington empezaron a difuminarse, obligando a muchos países a diversificar sus acuerdos comerciales, aceptando fuentes de inversión antes impensadas.

De los tres momentos de crisis hegemónica, nunca antes Estados Unidos s mostró tan aislado y ajeno a sus socios atlánticos. El supremacismo anglosajón siempre fue la argamasa de sustentación que hoy aparece como inconexa y frágil. La OTAN muestra su debilidad estratégica mientras que los abroquelamiento proteccionistas ponen en evidencia un nuevo formato de globalización más larvado, caracterizado por interconexiones múltiples y pragmáticas, menos ideológicas y estructúrales.

En ese marco, América Latina se ve presionado en forma simultánea por dos tensiones de
distinto signo: las postuladas por el Departamento de Estado, cuyos funcionarios se niegan a
aceptar la multilateralidad creciente, y las que provienen de un nuevo formato de globalización caracterizado por integraciones regionales polifuncionales capaces de no imponer sistemas políticos tal cual pretende Washington.

Paradójicamente, la Patria Grande cuenta hoy con espacios de autonomía potencial con las que no contaba medio siglo atrás. La integración regional y la articulación no jerarquizada con diferentes bloques (no excluyentes) se advierte como una ventana de oportunidad capaz de superar el pretendido tutelaje que la doctrina Monroe predispone para nuestro continente.

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Contratapa Página/12

La Tierra

El miércoles de esta semana fue el Día del Medio Ambiente, y pasó sin pena ni gloria, como pasan delante de nuestros ojos tantos de los hechos de los que dependen nuestras vidas. Mientras el calentamiento global sigue su curso entre otras cosas porque han logrado convertir incluso la expresión “medio ambiente” en algo neutro, en algo de lo que se ocupan los onegeístas, en algo casi abstracto o lejano. En este tema, como en otros, hay que rasgar con urgencia las vestiduras; no las propias, sino las de esa máscara que el poder global ha colocado sobre algunas palabras para que pierdan su real significado.

No ha sido una operación ni espontánea ni inocente. Como en todo, pero especialmente en relación el medio ambiente, lo han hecho porque era imprescindible volver inocuo lo atroz, para dejar libres las manos que diariamente firman boletos de compra y venta de enormes territorios, para ser explotados como fueron explotados tantos seres humanos que hasta que el trabajo hizo su retirada, y ahora son directamente eliminados o abandonados a su suerte.

“Si el medio ambiente fuera un banco ya lo habrían salvado”, dijo hace poco Pierre Larrouturou, economista, ingeniero agrónomo, eurodiputado por la coalición de Partidos Verdes de distintos países que tienen como principal punto de lucha el calentamiento global. Larrouturou propuso una medida concreta: la creación de un Banco Climático Europeo destinado a la protección de la biodiversidad. Propuso que cada país disponga de un 2 por ciento de su PBI para avanzar hacia una economía sin emisiones de carbono, es decir, un cambio radical en el modo de producción que privilegie las energías renovables, proteja los suelos y tome las medidas necesarias para impedir las extinciones de especies en cadena que sobrevendrán muy pronto. Es curioso como el ciudadano promedio urbano de esta parte del mundo mira la televisión mientras se viste para ir al trabajo para saber si hará frío o calor. Es curioso que sólo la meteorología haya quedado en la agenda acrítica de los grandes medios, mientras sus causas –las de las largas sequías, las del crecimiento de los cinco océanos, las de los huracanes devastadores y las inundaciones o los maremotos– permanezcan en un misterio insondable que nunca es especificado.

Hace ya tres años, la periodista norteamericana especializada en ciencia Elizabeth Kolbert recibió el Pulitzer por su trabajo, luego best seller, La sexta extinción. Era un análisis de documentos científicos en los que biólogos, paleontólogos y cientistas de otras disciplinas detallaban que el planeta ha atravesado ya cinco extinciones masivas que, cada una en su momento, borró más de la mitad de la vida sobre la tierra. Especies que ya tenían una historia de doscientos mil años sencillamente desaparecieron. Se cree que alguna fue por la caída de un enorme meteorito, otra por el despertar inesperado de distintos volcanes. Pero esta vez, cuando ahora –en el último abril– la propia ONU habla del peligro de la sexta extinción y llama –con esa débil voz que tiene la ONU para hablarles a los dueños del mundo–, el desastre sería el primero provocado no por un cataclismo sino por un modo de producción. Es decir, por un modelo de vida. O mejor: por los réditos que muy pocos sacan de eso.

El problema no pasa lejos, pasa lejos y cerca, pasa en todas partes, y lacera. En Pergamino no hay agua potable porque los agrotóxicos la envenenaron. Las muertes por residuos letales del glifosato tiene nombres y apellidos y hasta tumbas que no han sido fotografiadas en el Litoral. En Rosario el miércoles hubo una marcha de los barbijos, y entre las otras pocas manifestaciones colectivas es destacable la de la Garganta Poderosa, que publicó un posteo titulado “Hacen agua por todas partes”. En él, dice la organización villera que “aprovechando el Día del Medio ambiente”, querían recordarle a Rodríguez Larreta que el 70 por ciento de la villa 21–24 sufre emergencia hídrica por falta de presión, que las viviendas desbordan de líquido cloacal y tienen altos niveles de contaminación en el agua.

Un poco más arriba en el mapa pero muy cerca de nuestra necesidad de supervivencia, la Amazonía se enfrenta a una deforestación nunca vista. La extracción sin control del litio en nuestro norte podría anteceder a una sequía sin fin. En la vida real, en los países vecinos, los líderes sociales son asesinados de igual manera que los defensores de los recursos naturales. Los pobres organizados y las comunidades rurales están contemplados como sobrantes de un sistema que sigue avanzando.

En su libro, Elizabet Korbert escribió bajo dos acápites muy bellos, pero hay que hundirse en ellos para entender la dimensión de la que hablan. El primero era de E. O. Wilson: “Si la trayectoria humana encierra algún peligro, no es tanto en la supervivencia de nuestra propia especie como en dar cumplimiento a la ironía última de la evolución orgánica: que en el momento de alcanzar la comprensión de sí misma a través de la mente humana, la vida haya condenado a sus más bellas creaciones”.

Y la siguiente, de Borges: “Siglos y siglos y sólo en el presente ocurren los hechos”.

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Medios

Bienvenidos a casa

Con muchísimos de ustedes ya tenemos una relación. La comunicación es eso: establecer una relación (de sentido). Dicho menos armado: la comunicación es hacer compañía, al cuerpo y a la mente, que somos ambas cosas, para experimentar algo diferente a la soledad.

En estos años tan duros muchos, millones, nos hemos vuelto medios de comunicación. Cada cuerpo y cada mente son capaces de generar esa vibración que se transmite con palabras o imágenes, y ante la emergencia del neofascismo hemos respondido como pudimos y con lo que había a mano. Redes. Calle. Encuentros mínimos. Encuentros multitudinarios.

Hemos necesitado hacerlo porque aquello que crecimos creyendo que era una caja boba se volvió un arma maligna. Porque el periodismo se hizo extremadamente escaso y muchos fuimos excluidos también de los pocos medios que quedaron. En mi caso seguí y sigo publicando una contratapa cada quince días en Página/12, donde trabajo desde l987. Pero no se abrió ninguna otra endija del periodismo profesional.

Fueron años de aprendizaje difícil. Porque a la exclusión de afuera se sumó la exclusión de adentro, y es ése el estigma: que hasta los que piensan como vos y dicen defender las mismas cosas entren en la estrategia (que tiene otros trasfondos, claro, localizados en la parte irresuelta de la condición humana) de segregarte porque estás “quemado”, cuando el que te quemó fue el enemigo.

Pero fue más la potencia que el dolor. Una de las respuestas a estos años dolorosos es este portal todavía en construcción pero ya listo para ser presentado. Sin estructura. Sin espalda económica.

Sin auspicios. Sin rosca política atrás. Trabajo de esto desde los 18 años. Toda mi vida me la he ganado trabajando en medios de comunicación, pero no como alguien que puede habérsela ganado a regañadientes o sintiendo que resignaba la pasión. No. Lo mío fue una suerte extraordinaria. Para mí la comunicación es la pecera en la que si soy pez puedo controlar mis movimientos o relajarlos, dejar abierto el plexo y confiar en las ideas que vendrán desde allí. Y eso lo supe muy joven y accioné para que me sucediera lo que me sucedió, que fue trabajar desde entonces, en cada etapa, en el medio que me parecía el que más se parecía a lo que yo quería decir.

Ahora me falta boca de expendio. Porque tengo una agenda, mía, personal, no propuesta por nada que no sea mi leal visión y perspectiva del mundo, nuestra región, nuestro país, nuestros hogares, nuestros afectos, nuestras maneras de ponernos en contacto. Y con esos cuarenta años atrás de experiencia, aún en la época en la que también yo veo que adolescentes de todos el mundo son los portadores de las voces más certeras, me cansé de escribir en Facebook tirada en el sillón y tratando inútilmente de poner los acentos a las o porque dejó de funcionar en el mini teclado.

Dejó de interesarme opinar sobre todo. Mi muro tan concurrido y mi fan page, tan nutrida, quedarán para reposteos de noticias que creo que deben circular, y alguna acotación orientativa.

Porque cuando armé ese muro, en diciembre de 2015, fue intencionalmente federal y regional. Jamás he compartido una foto de mi vida personal. Es un muro público y político que sirve para amplificar noticias que están en otra parte.

Pero acá quiero trabajar. Quiero expandir esa agenda, que hoy pasa por la política, la historia, la literatura, el medio ambiente y la educación. Cinco pilares que desde mi perspectiva conforman un universo que corre mucho peligro, y del cual depende todo lo demás.

Vamos a ver qué pasa. Ya les iré contando por qué esos son los pilares, quiénes serán los tres o cuatro compañeros de presencia constante, y de los invitados según las temáticas. Ya les iré diciendo mucho más de lo que no pude decir en ningún soporte desde hace mucho tiempo, porque hay ciertas agendas y registros de comunicación que necesitan generar su propio hábitat.

Esta es la casa de mis ideas y mis asociaciones. Así como aparecieron tantas casas en mi libro 22 cuentos cortos y ligeros, nace esta otra, con la aspiración de que sea un lugar de expansión y libertad, a salvo de condicionamientos y líneas editoriales que siempre escapan al control de quien no es más que un trabajador.

Estamos cosechando, entonces, lo que sembró la censura. Dándole lenta y dulce vida a un portal que será feroz o cómico, caliente o frío, móvil, amable, en el que quepan mi voz y las de otros y otras que andan diseminadxs por ahí. Todo el contenido será abierto, como intentamos ser y a veces no nos sale. Pero cuando no sale lo volvemos a intentar.

Absolutamente todos los libros que dediqué en los últimos años (Los de Fuerza Propia, de los Lo Femenino, los de Jallala, los de los 22 cuentos, los de las Nuevas crónicas del Naufragio) fueron firmados de la misma manera: “Con terquedad”. Porque hay cosas a los que uno no puede renunciar si está dispuesto a seguir siendo quien es.

Los viajes constantes, las clínicas, las presentaciones en distintos lugares del país me han servido, también, para comprobar hasta qué punto increíble las botellas que uno tira al mar son recogidas y a veces atesoradas. En eso encuentro también un tesoro del que nadie puede excluirme: del lazo creado a lo largo del tiempo con hombres y mujeres de distintas edades. Si algo me sostuvo de verdad en esta noche llamada Macri fue esa demostración asombrosa del amor que genera la comunicación cuando es genuina y leal con lo que se quiere decir. Cuando no hay eufemismos. Cuando cada palabra es rescatada de una pila para que sea la que corresponde. Así que bienvenidos, mis querides, a mi nueva casa.

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