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Sociedad

Paradigma de abrazo futbolero

Una gran parte de lxs niñxs que crecen en Argentina duermen con una pelota de fútbol dentro de su cama. Quizás sea por ese acompañamiento de cuero que muchos de ellxs sueñan con ser
protagonistas heroicos de goles decisivos o atajadas inolvidables.

En Napoli dicen que los jugadores argentinos tienen una habilidad anormal, que juegan diferente al resto de los mortales porque aprendieron el deporte en calles irregulares donde además de esquivar adversarios debían tener eludir las piedras, los pozos y los desniveles de los baldíos donde aprendieron el extraño arte de tirar un caño invisible.

Una gran porción de la trayectoria infantil argentina está atravesada por la pelota. En los recreos de escuela. En las noches de copa libertadores. En los estruendos de goles aullados a lo lejos con folklore de domingo en la memoria.

Es evidente que los ídolos nativos son más jugadores que arqueros. Es decir: usan más los pies que las manos. Más aún, los nombres del recuerdo tienen reminiscencia a delanteros, armadores del juego y eximios goleadores. Pocos guardametas trascienden la cueva de sus tres postes despoblados. Muy pocos, incluso, han logrado entrar en el Parnaso de la evocación viva. Apenas contados nombres han ingresado en el arquetipo soñado del pibe que se abraza a
su pelota antes de dormir.

En México, sin embargo, ataja en la actualidad uno que pinta para prototipo de deidad profana. Un golero –como le dicen los orientales—que hipnotiza a quienes se sueñan en un vestuario dispuestos a atravesar el túnel para penetrar en el humo y los cánticos de la gloria
futbolística. Se llama Nahuel Guzmán. Le dicen “Patón”. Pocos días atrás, el arquero nacido en la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, convirtió un gol agónico en el último minuto de descuento para su equipo, los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que permitió a su equipo pasar a la próxima rueda de la liga de Campeones CONCACAF (concachampions), un torneo internacional similar a la Copa Libertadores de América.

En enero de este año, Nahuel entró a la cancha con los colores de la bandera que identifica a la comunidad LGBTIQ+ luego de tuitear un mensaje donde se manifestaba contra la discriminación que sufren los integrantes de dichos colectivos. Pero el Patón no mostró el
arcoíris en su cabeza en un lugar neutro. Lo hizo en uno de los países donde ser mujer o tener una orientación sexual diferente a la heteropatriarcal supone un peligro de muerte.

Ese día, Guzmán acompañó el color de su pelo con el siguiente mensaje a través de su cuenta de Instagram: “Año 2020 en el Planeta Tierra. Los casos de discriminación homofóbica siguen presentes en nuestra sociedad y el fútbol no es la excepción. Entender nuestra enorme diversidad social y avanzar en los derechos x la inclusión es compromiso de todxs”.

El día de su gol mítico contra el equipo salvadoreño de Alianza posó ante los fotógrafos con un gesto que muchos machirulistas locales consideraron desafiante: brazos cruzados y puños cerrados, una gestualidad populariza en México que expresa el repudio a la violencia contra las mujeres. El gesto asumido por el Patón supone una verdadera provocación para el modelo patriarcal imperante, hegemonizado por una masculinidad que se arroga el derecho a la
apropiación del cuerpo femenino.

Sus ejemplos habituales de pedagogía sensibilizadora recuerdan su presencia junto a las Abuelas de Plaza de Mayo y Estela de Carlotto cuando en junio de 2019 se anunció la restitución de la identidad del nieto 130, Javier Matías Darroux Mijalchuk, hijo de Elena
Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, ambos desaparecidos en diciembre de 1977. Su presencia en la conferencia de prensa se convirtió en un ejemplo para muchos futbolistas jóvenes que lo
observan con admiración.

Guzmán en la conferencia de las Abuelas

Cuando los ídolos deportivos o del mundo del espectáculo logren incorporar la compasión y la humildad como vectores centrales de su trayecto biográfico nuestxs pibxs tendrán mayores oportunidades de dormir con una pelota capaz de hacerlos soñar belleza auténtica. La que se evidencia en ese abrazo de gol con que el Patón se funde en el último minuto del partido.

El agónico gol del Patón y su emotivo abrazo con los seguidores de Tigres

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Política

Malversaciones semánticas y lucha política

El último lunes el Papa Francisco advirtió sobre la irrupción de “las nuevas formas de populismo”, que levantan banderas de xenofobia y racismo, demonizando en forma permanente a los migrantes que huyen de guerras o buscan un destino a mejor al hambre del que provienen. Se refería al populismo tal como es utilizado para referirse al fascismo y al nazismo, cuyo horizonte político-económico coincidía con las grandes burguesías europeas, horrorizadas por el crecimiento de los partidos de izquierda.

El término populista a recorrido un largo camino. Y sus usos son tan dispares, contradictorios y abarcartivos que su significación termina siendo confusa y vacía. Esa particularidad de concepto equívoco suele ser utilizado, paradójicamente, para instituir divisiones donde no las hay y abroquelar colectivos donde existe una frontera claramente demarcada.

El origen del término se remonta a Rusia a mediados del siglo XIX. Los narodniqui (populistas) consideraban que se “debía ir hacia el pueblo”, sobre todo hacia sus tradiciones agrarias y su cultura ancestral. El populismo ruso nace emparentado del romanticismo europeo, con una versión más caucásica, es decir más encarnada en la cultura contenida e introspectiva de característica de la ortodoxia eslava. Los narodniqui se oponían fuertemente a la dictadura de
los zares, recurrieron a tácticas de violencia, similares a los anarquistas de su época, y disputaron el liderazgo de los sectores populares rusos junto a los socialdemócratas y socialistas (mencheviques y bolcheviques).

En la actualidad, quienes lo utilizan han cargado su sentido, alternativamente, de negatividad, ambigüedad y potencialidad.

Los populistas rusos consideraban que el pueblo se encontraba situado en un lugar antagónico a las elites, a los sectores poderosos. Sin embargo, el liberalismo estigmatiza al populismo al considerarlo como un “viaje hacia el pueblo” con el único objeto de manipularlo.

Los populistas –en la versión Adam Smith, civilizatoria del humanismo decimonónico eran vistos como falsarios que no creían en absoluto en el pueblo, sino que lo usaban para sus intereses de elite. Eran demagogos al servicio de interés corporativos.

En la actualidad sucede algo similar. Se denomina populistas a quienes detenta proyectos claramente enfrentados: a los renovados partidos nazis y a sus enemigos, aquellos que los confrontan, como PODEMOS en España.

Las nuevas ultraderechas europeas, parientes del trumpismo estadounidense, tienen en común el odio al extranjero, el suprematismo blanco, la islamofobia y el racismo más o menos explícito. Por el contrario, los nuevos formatos verdaderamente progresistas y los nacionalismos populares revolucionarios de América Latina –como el chavismo, el kirchnerismo, el correísmo, el PT brasileño o el Movimiento Al Socialismo (MAS) boliviano—también suelen ser nominados con esa catalogación.

Existen dos tipos de explicación para poder desentrañar las motivaciones de dicha confusión.
Por un lado, el interés del neoliberalismo –forma hegemónica de la fase actual del capitalismo— por englobar a todo lo que no es funcional a su control en una única argamasa indiferenciada y demonizada. Por el otro, la clara intencionalidad de debilitar toda forma de antagonismo progresista –y democratizador—confundiéndolo y con versiones autoritarias y fascistas.

Francisco hace un uso del término vinculado a la versión fascista, que simpatiza con el odio al extranjero. De ahí su condena indirecta a al Liga Norte, versión italiana actual de los seguidores de Mussolini, para quienes la patria es un concepto xenófobo.

En América Latina, el populismo es un término en disputa desde hace siete décadas. La tradición lacaniana de Ernesto Laclau refundó su acepción otorgándole pasaje ruso: se trata de volver al pueblo, de ir hacia él como garantía de democratización. Frente el peligro potencial de ese significado, los patriarcas del privilegio desvalorizan su potencialidad asociándolo a la demagogia. Lo que en el fondo está en juego es la palabra Pueblo, que remite a la voluntad colectiva, sobre la que se funda la democracia.

A diferencia de Europa, en la Patria Grande, los populismos nunca se asociaron directamente a la xenofobia ni al racismo. No dejemos que el concepto de pueblo sea ensuciado por quienes solo buscan desvincular a las grandes mayorías de un proyecto de inclusión social.

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Política

Gratitud

En tiempos de asepsias consuetudinarias. De sabios especuladores del desencanto. De tensiones medidas en créditos y débitos. De externas deudas que pretenden pagaderas con hectolitros de sangre laboral.

En el medio de ese laberinto –con cielo abierto para volar por donde se debe—es buena la gratitud.

Las Gracias son, en la mitología griega, las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad.

Pero hay debates: en la tradición ateniense son las tres primeras, y en la espartana son las cinco.

Quien suscribe, como es de público conocimiento, se rige por la tradición sureña. Es decir, la que corresponde a la ascética amorosidad espartana.

Desde ahí, este mandato hermoso es que dice gracias. Y suena a algo más que un cumplido. Aferra realidades, biografías, un tiempo lastimado, un cariño de autenticidades, una convicción con aliento.

Dice gracias sin regalarla nada a la hipocresía derrotista. Agradece sin vergüenza ni disimulo. Repite con firmeza un rasgo de convicción en la memoria.

Lo hace desde ahí. Ubicado en el centro de una Patria reconvertida en Ave fénix permanente. En brazos que vuelven a plantar las semillas de una esperanza después que la guadaña plastificada del neoliberalismo produjo muerte, máscaras de risas cínicas, globos manchados de desocupación, desaliento y tristeza.

La cuarta de las Gracias es la creatividad. La que inventa en el medio de la nada. La que es capaz de ver esperanza en el exacto lugar donde muchos ven oscuridad. La que trae la linterna en le medio de la noche.

Hoy cumple años alguien que encendió una etapa. Que se empecina en renacer desde el lugar de su dolor y que elige con precisión a sus invitados de la vida. Ha sido tocada por la gracia de la elección sublime: cuando le señalaban desenlaces sacó un conejo de la galera.

Las Gracias, dice la mitología, acompañan a los decididos. Sólo a los que eligen un camino a pesar de los Magentos que atraen minerales rancios, los cantos de sirena o las amenazas carcelarias.

La gratitud también cura al oferente: lo libera del peso emocional del silencio, de la murmuración encerrada, de la prohibición del grito. Lo conecta con otros bendiciarios. Lo hace parte de algo más grande que él.

Ser capaz de agradecer es entrometerse con un universo de generosidad. Es desplegar el ansia hacia otrxs. Es salpicarnos de sonrisas.

Una de las Gracias, era conocida como Hegémone y remitía al júbilo de poder celebrar la comunión, el encuentro, detrás de un sentido compartido.

Demasiada coincidencia.
Gracias, Cristina.

Las Tres Gracias. En la mitología griega, son las compañeras de Afrodita, las llamadas Cárites, que son: Aglaya (la Belleza), Eufrósine (la alegría) y Talia (‘Floreciente’).

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Política

Patear, abofetear y escupir

Repaso de acciones dignas en tiempos de buenas costumbres

Jorge Elbaum

Francisco Cuadrado Prats. La saliva de la historia.

El último 25 de enero un grupo de hinchas del club Manchester United se congregó en el estadio londinenes de Selhurst Park, la casa del club de fútbol Crystal Palace para recordar la histórica patada voladora del futbolista Eric Cantoná del 25 de enero de 1995. En aquella ocasión, el jugador francés fue expulsado y antes de abandonar el campo de juego se dirigió a las gradas donde un espectador del Crystal Palace se esmeraba en insultarlo utilizando lenguaje racista. La patada le costó a Cantoná nueve meses de suspensión, 120 horas de trabajo comunitario y 30 mil dólares de multa. Tiempo después, cuando lo consultaron sobre el incidente, Cantoná reaccionó con una frase que terminó siendo el titular de varios de los periódicos publicados en la ciudad que lo vio nacer, Marcella: «Patear a un fascista no se disfruta todos los días. Sólo me arrepiento de no haberle pegado más fuerte”.

Cantoná creció en una familia atravesada por la tragedia de la Guerra Civil Española. Su abuelo fue un refugiado republicano y su familia se encargó de dotarlo sensibilidad respecto al racismo y la xenofobia. Luego de su paso como futbolista participó en iniciativas de defensa a los sintecho de su país y hospedó voluntariamente a refugiados sirios en su casa de Marsella durante dos años. Por el contrario, quien recibió la patada voladora de Cantoná, Matthew Simmons, tuvo varios antecedentes delictivos ligados a su enfervorizado odio a los inmigrantes: poco tiempo antes de recibir la gloriosa patada había sido condenatorio por agredir a un inmigrante de Sri Lanka a quien le había reclamado que vuelva a su país de origen.

El vuelo de Cantoná

Dedos marcados

Existe una historia gloriosa de las bofetadas. Pero no todas provienen de las telenovelas. La más famosa de ellas recuerda la ejecutada por Beate Klarsfeld al canciller de la República Federal Alemana Kurt Georg Kiesinger, el 7 de noviembre de 1968, durante un congreso de la Democracia Cristiana alemana (CDU) en Berlín. En esa ocasión la cazadora de nazis Beate se hizo pasar por periodista y se acercó al político –que disimulaba su pasado de militancia nazi— cumpliendo su cometido de darle vuelta la cara. Kurt Georg Kiesinger renunció poco tiempo después a la conducción del gobierno de Alemania Federal como resultado del desenmascaramiento su citado por el soplamocos de Beate.

Beate en el momento posterior al sopapo

Casi dos décadas después, en 1987, Beate y su compañero Serge contribuyeron de forma significativa a la detención y posterior enjuiciamiento de Klaus Barbie, el jefe de la Gestapo, protegido por los sectores militares bolivianos. Barbie fue extraditado a Francia, condenado por a cadena perpetua por 171 cargos, entre ellos por el traslado y posterior asesinato de 44 niños judíos que habían sido refugiados en una escuela católica en la localidad de Izieu. A Barbie se lo encontró culpable de ser uno de los máximos responsables del asesinato de Jean Moulin, el jefe de la Resistencia Francesa contra las fuerzas nazis. Cuando Beate logró la extradición desde La Paz exigió participar de su juzgamiento. En una de las testimoniales Beate miró fijamente al denominado Carnicero de Lyon pero Barbie no logró sostenerle la mirada.
Muchos analistas vieron en esa mirada de la máxima responsable de su extradición una bofetada similar a la ejecutada contra Kiesinger.

Saliva

Francisco Cuadrado Prats decidió hacer la fila de aquellos que se disponían a homenajear a Augusto Pinochet. Era diciembre de 2006. Francisco era nieto del General Carlos Prats, antecesor de Pinochet en la comandancia del ejército. Su abuelo y su abuela Sofía Ester
Cuthbert habían sido asesinados el 30 de septiembre de 1974 por un comando de la DINA –servicios de inteligencia de la dictadura chilena, con apoyo de CIA y la Triple A, entonces comandada por el ministro de Bienestar Social argentino, José López Rega. Una vez frente al féretro del genocida chileno, Francisco escupió sobre el cadáver del general. Inmediatamente fue empujado fuera de la cripta de homenaje y varios periodistas impidieron que fuese golpeado por los odiadores fascistas. Nadie puedo certificar si Francisco había leído con antelación el famoso policial de Boris Vian titulado “Escupiré sobre tu tumba”. Lo que si se pudo saber es que el nieto de Prats había cumplido con un compromiso asumido varios años
antes.


La paradoja de los tres casos es que se constituyen en ejemplos paradigmáticos dignos de enseñarse en las escuelas. La dignidad humana tiene acciones que la urbanidad no comprende. Esa debe ser la causa por la que los pérfidos del mundo transitan sus días junto a los fantasmas del espanto. Saben que cerca rondan los Eric, las Beate y los Francisco.

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Política

Llegamos

Muchas veces, cuando se piensa en el trayecto se olvidan las paradas, las curvas, las caídas delsol en el retrovisor. Fueron 4 años esperando que pase este suplicio. Recuerdo las primeras plazas como un prólogo de enterezas. Los encuentros convocados por lxs compañerxs de 678, la lluvia en Comodoro Py advirtiéndole al poder que el hostigamiento a Cristina tendría consecuencias. Vuelvo a visitar los debates sobre las mejores formas de enfrentar a quienes venían –otra vez—a reclamar sus privilegios.

Pienso en esos miles de eventos dispuestos como luces para oponerse al ácido perverso de las tapas de los diarios hegemónicos. Vuelvo a sacar fotos memoriosas de esas escenas televisivas donde decenas de periodistas se agolpaban para humillar a los dirigentes populares y sembrar la sospecha sobre todo lo hecho durante los años anteriores. Punteo uno a uno la insistencia de los periodistas adscriptos al poder en inventar sucesos, idear tesoros ocultos e intentar destruir familias.

Recorro los lugares donde el efecto del poder generó formas de clandestinidad: grupos de laburantes silenciados por la amenaza de despido, dedos acusadores de biempensantes practicando discriminaciones disimuladas. Fuimos kukas, grasa militante, choriplaneros, negros y borrachos. Nos acusaron de matar a Nisman, de proteger a los comandos persa-chavistas y de ser parte de una organización terrorista interplanetaria titulada RAM. Mientras hablaban de República desaparecieron a Santiago encontrándolo 70 días después ahogado sin que nadie se haga cargo de su persecución. Asesinaron por la espalda a Nahuel y culparon a su comunidad por defender su tierra frente a ocupantes extranjeros millonarios amigos del presidente.

Con angustias, desazón y reflejos reconvertimos las pequeñas plazas de mateadas en marchas. Y desde ahí doblamos por la esquina de una avenida para prologar su final con melodía de puteada. Soportamos juntxs los discursos que pretendían hacernos acostumbrar a la miseria, el dolor gris de la pobreza arribando como una ola inmensa, la andanada de las falacias comunicacionales cubriendo de mugre el lenguaje cotidiano.

En forma paralela la entereza fue recrudeciendo en los cánticos callejeros, en los colectivos, en los subtes. Parttió del reservorio de sabiduría popular difícilmente ocultable. Se hizo fuerte en los sindicatos que no arrugaron. En la dignidad imperecedera de los organismos de derechos humanos. En los taciturnos militantes de los barrios, las villas y la vida.

No fue fácil. Algunxs pagaron en su cuerpo la perversión cotidiana de la oligarquía vestida con impolutos ropajes neoliberales. Otrxs fueron acosadxs a través de las propaladoras mediáticas sin tener derecho a defensa. Quiénes habían intentado mejorar la vida de la Patria eran diariamente etiquetados como criminales.

Pienso en ese compañero que conocí en 2016 en las redes sociales que me adelantó que no iba a llegar a ver este día porque venía picado de una enfermedad final. Conjeturaba el regreso y me adelantaba que estaría festejando hoy en las canciones saltarinas de lxs pibxs. En el pogo inmenso de una alegría merecida. En sus nietxs con píercing, tatuajes y pañuelos verdes.

Es por esto que para muchxs de nosotrxs se nos hace bastante lógico andar de melancolías en los ojos. Es que todavía llevamos encima el empeño de tantxs: sus rostros, sus rabias escondidas frente al espejo del baño. Sus brazos tatuados con consignas. Sus reconocimiento sensibles a tantos compañeros rotos. Su puñado de bronca en formato de bombo. Su deseo indisimulado de festejar el final de una pesadilla que hoy termina.

Hoy, en las Plazas de esta sufrida tierra, se convocan las lágrimas y las risas. Los agradecimientos, los festejos y el orgullo por lo entregado.

Algunos se mirarán a los ojos a sabiendas del esfuerzo puesto para poder llegar más o menos enteros hasta este día. Y otrxs, con algunos años más –y con varias heridas sin cicatrizar– se podrán a rememorar los peldaños doloridos que tuvieron que escalar para no caerse. Todos ellxs gozarán con la convicción de haber sido parte de quienes aportaron para que esta porción de tierra no siga sufriendo los embates del egoísmo trasmutado en legítima proclama y emblema. Todxs ellxs sabrán de la gratificación que implica saberse parte de quienes no arrugaron ante el desprecio organizado. Ninguno de ellxs guardaron sus banderas en el ropero cuando la brutal (o sutil) prepotencia del dinero arreciaba.

Es verdad que fue doloroso y lento el paso de los días en esta saga despiadada. Pero es importante reconocer su contraparte: fue maravilloso ser parte de quienes fuimos capaces de escupirle el asado. De quienes les aguantamos la mirada. De quienes no se postraron antes sus amenazas, sus prepotencias y sus extorciones.

Fue un verdadero himno de abrazos el haber llegado hasta acá. Con todas las enterezas de otras historias en los huesos. Habiendo homenajeado a quienes hicieron lo propio durante siglos: enfrentar al privilegio instituido, a su perversión más o menos solapada. A su orden de sometimiento postrado. A su maldad maquillada con brillos falsos.

Es verdad que viejos y queridos aprendizajes militantes nos ayudaron a no apresurarnos ni cometer (tantos) errores. Fueron años emparentados con peleas ancestrales. Y la luminosidad de 30.000 voces contribuyeron a dotarnos de una pedagogía inmanente. Sus vidas funcionaron como linternas en los recovecos de esta Larraga noche.

Sabemos que cada uno festeja como sabe y puede. Yo, por mi parte, miraré a los ojos de quienes llegaron una tarde a su casa para decirle a su familia que ya no tenían trabajo. Y me abrazaré a las rejas de quienes padecieron la persecución y el encierro. En ese revoltijo de pupilas entremezcladas voy a encontrar mi certeza íntima y colectiva. Diré “llegamos”. Y brindaré con ellxs.

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Política internacional

Ladridos, luna y esperanza

Jorge Elbaum

…y dios que miraba al mundo por los ojos de los perros
(Milonga de Los Perros, La Chicana)


Ilhapa

El último 16 de noviembre, una unidad militar pisó con una tanqueta a Ihapa, el cachorro de Evo Morales. Ilhapa quiere decir “amanecer” en lengua aymará y la cultura andina asocia ese apelativo a la noción de esperanza. Según testigos la tanqueta se hallaba realizando tareas represivas y de su interior salieron las unidades militares que se encargaron de llevar a cabo el allanamiento a una de las viviendas presidenciales. Ilhapa se interpuso frente al blindado, ladrando intensamente, y fue arrollado por vehículo. Ilhapa había sido salvado, tiempo atrás, de unos derrumbes sucedidos en las zonas San Jorge Kantutani y obsequiado a Evo. El cachorro se convirtió en la mascota de Morales y participó de visitas a escuelas primarias inauguradas durante su gestión.

Un 16 de noviembre de 1989 el rector de la Universidad Católica de El Salvador, el jesuita Ignacio Ellacuría fue asesinado junto a otras 7 personas por un comando ultra derechista autodenominada «Cruzada pro Paz y Trabajo». La proclama que se adjudicó el crimen amenazó con continuar la sangría sobre todos “los perros comunistas” que simpatizaban con la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

En Santiago de Chile, se enunció esta última semana que Rucio Capucha, el perro que se enfrentó a los carabineros en la Plaza Dignidad –o Baquedano–, fue adoptado el último 16 de noviembre luego de ser curado por estudiantes de veterinaria participantes de las protestas. Rucio se había enfrentado contra los pacos, junto a centenas de encapuchados que lo bautizaron con el apelativo que hoy pulula en las redes junto a su foto. En el país trasandino se asocia a Rucio con la memoria de Negro Matapacos el pastor negro con pañuelo rojo que acompañó las marchas estudiantiles de 2011 convirtiéndose en un símbolo de la resistencia contra la derecha post-pinochetista


Rucio

Dicen los descendientes de los pueblos amazónicos que matar a un perro tiene como consecuencia una de los peores maldiciones: que el asesino nunca podrá ser recordado como alguien que tuvo un tránsito vital sobre la tierra. Se considere que su memoria deja de ser retenida incluso por sus herederos, por su hijos y por las personas con las que tuvieron trato y familiaridad. Su contracara, en la mitología Nanti, es el fulgor de la criatura ultimada. El o ella, el perro o la perra llega a brillar en las noches como la forma esperanzada de una estrella. Su carita vuelve y una y otra vez a salpicar de alegría lxs niñxs y sus juegos –visibles en sus descendencias perrunas– son capaces de curar las peores enfermedades.

Los Nanti, junto con los Matsigenkas se sienten parientes cercanos de los perros. Afirman que el acto de aullar a la luna es una señal de conexión planetaria. Una especie de diálogo entre el ecosistema y la sensibilidad profunda del can. Quizás la íntima sabiduría de morder pacos, desafiar tanques y disponer sermones comprometidos con la dignidad humana sea algo más que un código disperso.

La esperanza de Ihapa, la ferocidad comprensible de Rucio –criado en la heráldica de Matapacos, y la voz de pausada de Ellacuría son signos de un devenir de gruñidos que defienden a nuestras lágrimas. Cuando el tiempo pase nosotros recodaderos a estos perros. Sus asesinos no habrán dejado registro del paso por la vida. No serán siquiera polvo. Pero nuestros nietos conocerán la esperanza legada de Ilhapa, la valentía de Rucio, la ferocidad del Negro, y el legado de los jesuitas de El Salvador. Todxs perrxs. Como yo.

 

Escultura en homenaje al Negro Matapacos en la Plaza a la Aviación, Providencia.

 

 

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Política

La vuelta

Sin la frente marchita

Queríamos despedazar toda maldad como hierro fundido sobre labios. Y advertirle a la ciénaga del márketing su incapacidad para desafiar la dicha. Andábamos en parejas, en cielos, en grupos clandestinos jugándonos la risa entre las balas. Y un día sufrimos tantas puñaladas de tristeza que morimos un ratito. Fue ahí que alzamos la cabeza. Como un cachorro que termina de despertarse. Forzamos el tronco escapular en varios intentos de remo y salimos a la superficie en secreto para anunciar el retorno merecido. No volvemos solos. Traemos de la mano un puñado de millones de lágrimas rotas empaquetadas en resentimientos limpios y silenciosos. Regresamos con pibxs que toman el testigo de la marcha nocturna con antorchas de memoria. Con músicas nuevas que se llueven de baile y alegría. En sus mochilas se pueden ver casi cuatro años en los que fuimos perseguidos, despedidos y despreciados. No retornamos solos: delante nuestro vienen nuestros hijos. Ellos ya saben quiénes son el mal porque retrataron sus caras, con precisión, al costado negro de la vida. Nosotrxs cumplimos con la tarea del tránsito. Les detallamos –en las tardes de domingo– su perfil de ruines, su insensibilidad, su odio de clase, su canallesca manera de tratar a los débiles. Cuando sea tendrá fotos de Santiago, de Nahuel, de Héctor. Esa es la causa de porqué nuestros pulmones ya intuyen más aire con gusto a primavera. Pero nos sabemos contenidos. Estrujados. Cautelosos. Sensaciones que que no significan suspensión de esperanza. Es solo que estamos tomando impulso, para oficiar el grito. Sonará muy fuerte. Será de gloria. (jne)