España y el mito de la guerra civil

Hoy, 18 de julio, a 85 años del de 1936, es bueno hacerse la pregunta: ¿Qué tuvo de civil la Guerra Civil Española? Nota de Mónica Puertas.

Hay que empezar así. Fuerte. Porque decir guerra civil tiene el mismo impacto sodomizante que tuvo la Teoría de los dos demonios en Argentina. Paraliza e invita a “pasar página”. Promueve la equidistancia. La convierte en un valor. 

En España, la guerra civil se dice también “guerra entre hermanos”. Que es una forma perversa de romantizar del conflicto. Y que, además de todo lo anterior, infantiliza a los contendientes. Ese pacto de olvido, que fue la Ley de Amnistía de 1977, no hubiera sido posible sin la instalación de esta idea de “dos bandos”. Como si hubieran tenido similar capacidad de daño y fueran homologables entre sí. Como si fueran igual de responsables de la violencia.

¿Qué tuvo de civil la cantidad de material bélico que Hitler y Mussolini dieron a Franco? ¿Y la cantidad de soldados profesionales que mandaron con salario y días de descanso? ¿Qué tuvo de civil que un grupo de militares usara toda su capacidad material, técnica y logística para represaliar a su pueblo?

La mal llamada guerra civil empezó con el golpe del 18 de julio de 1936. Hoy hace 85 años. Y como la derecha en eso de alimentarse de mentiras es atemporal y ahistórica, la dictadura franquista se instituyó sobre una serie de bulos (fake news) que funcionaron y funcionan como mitos legitimadores. Para justificar el golpe se dice, por ejemplo, que el gobierno de la Segunda República era ilegítimo. El Pacto de San Sebastián de 1930 lo desmiente. La mayoría de la clase política había firmado un mismo documento para echar al Rey, Alfonso XIII, que tuvo que exiliarse. El régimen monárquico impregnado de caciquismo y sostenido por la oligarquía terrateniente, ya no cuadraba. Para las elecciones del 12 de julio, el Partido Republicano ganó en 41 de 50 ciudades. Si querían legitimidad “aquí tienen dos tazas”. Para diciembre, la República había sacado su primera constitución. En el marco de la crisis económica mundial de 1929, y del avance del nazismo y del fascismo en Europa, España era una flor de loto.

La legislación entre los años 1931 y 1933, durante el primer gobierno republicano, fue socialmente progresista. Se alivió a la mujer de su destino marcado por los mandatos sociales. Podría votar, casarse por civil sin pasar por la Iglesia y divorciarse. 

En la pulseada, el laicisismo ganó la batalla por la educación y se quitó la enseñanza a la iglesia. Pero en lo relativo, el gobierno fue reformista, lo que le supuso erupciones por izquierda y por derecha. 

El gobierno siguiente, de 1933-1934 encontró a la derecha unida y ganando elecciones. Toda la legislación en materia social y laboral, que ni siquiera se había podido implementar del todo por falta de cuadros burocráticos en las instituciones, se borró de un plumazo. Fue un período de desgaste en donde los grupos de choque de la Falange, creada en 1933, se ocuparon de crear la sensación de caos y desorden. Para cuando llegó el tercer gobierno, con una coalición de republicanos y socialistas (los comunistas entrarían al gobierno meses después), el caos dejó de ser sensación para convertirse en  certeza. En julio, con la sublevación de los militares Francisco Franco, Emilio Mola y Queipo de Llano entre otros, se terminó de desplomar la estructura de orden público y el gobierno perdió el monopolio legítimo de la fuerza. Julián Casanova, historiador de ese período, señala a éste como otro de los motivos por los que España se vio envuelta en el conflicto. Las masas, brutalmente empobrecidas, habían llegado radicalizadas. Sin nada que perder. Y puede que el gobierno se viera excedido. 

Los primeros meses de la República, mientras Franco avanzaba sobre el territorio asesinando y fusilando, en territorio republicano algunos militantes o trabajadores sacaban de “paseo” a sus adversarios políticos. Se multiplicó la violencia contra sacerdotes, curas y la Iglesia en general, que representaba el atraso y el conservadurismo reaccionario.  Aun así, mientras cierto revisionismo busca mostrar a estos hechos como causa-efecto, lo cierto es que Franco avanzó independientemente de la violencia de algunos elementos incontrolados. El carácter de sus crímenes de lesa humanidad lo dan su sistematicidad y planificación de la muerte. Su régimen fue fagocitando las estructuras del estado para ponerlas al servicio del terror. Pero, sobre todo, fue una  estrategia  planificada.

La excusa perfecta para dar el golpe fue el asesinato del político opositor José Calvo Sotelo (la historiografía franquista olvida mencionar que fue una venganza por el asesinato previo de José Castillo). Se concretó con ese episodio un mito fundacional de los conspiradores. Franquismo y fake news. 

Lo que siguió después fue un entrenamiento. Porque, dice el sociólogo Daniel Feierstein que un genocidio siempre es una práctica social. 

Franco hablaba de los “rojos” como los enemigos de España. Como en todo proceso genocida, se destruyeron los lazos de reciprocidad. La clave siempre es hostigar, aislar, debilitar para después exterminar. La desconfianza generalizada fue tierra fértil para la ruptura del lazo social.

A Queipo de Llano lo llamaron el “General de la radio”. Todas las noches hablaba para la ciudad de Sevilla; incitaba a sus soldados a violar a las mujeres “rojas”, que no iban a poder evitarlo “aunque berrearan o patalearan”. La violencia sexual se esparció como lava.

Se estima que los asesinados y asesinadas por las tropas franquistas fueron entre 100.000 y 200.000. Muertos que siguen enterrados en el más humillante anonimato, en miles de cunetas esparcidas por toda España. 

La detracción de las democracias occidentales, en principal Francia e Inglaterra, junto a la ayuda que Alemania e Italia dieron a Franco, sumado al desplome de la estructura del orden público fueron el caldo de cultivo para un golpe que iba a durar 72 hs. y duró tres años. Y porque hubo un pueblo que resistió lo que pudo.

España es hoy un campo minado de símbolos franquistas. Calles, monumentos, plazas. Los vencidos permanecen abajo de la tierra. Sin paz.

Hace unos días, un programa de televisión española mostraba cómo trabaja el equipo forense junto a la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). En una lápida el epitafio :

 “Pedro Wandelmer Martínez
1870- 1940
VENCEREMOS ABUELO VENCEREMOS”. 

#18JYoCondeno

Compartí tu aprecio

3 comentarios

  1. Es un artículo estremecedor , por lo contundente .
    Nos deja perplejos. Ez la devastación inclemente que produce el mal aplastante.
    Franco fue un asesino bestial . Logró , por la imposición del sentido, quedar como símbolo de la autoridad , del orden . Cuantas veces creímos, los incautos , que la solución definitiva era » hay que hacer como Frsnco » . No sabíamos lo que decimos .
    La realidad cruel de este mundo indica que el poder real , o las élites, o la oligarquía, impone brutalmente su verdad social, a través de sus medios, de su boicot económico, de las fuerzas de seguridad y armadas que responden a la consolidación de ese orden , y , desgraciadamente para mi , con la complicidad miserable de la iglesia católica.
    Digo desgraciadamente porque participé durante décadas, buscando un alivio psicoemocional y la estructuración de la personalidad. Me equivoqué. Fui manipulado por una institución milenaria que el único fin que persigue es la preservación de su poder y el status quo social . La iglesia católica jamás será instrumento de transformación social; siempre será impedimento para cambios revolucionarios. No lo hacen por apego irrestricto a una verdad divina ; lo hacen para preservar su gran negocio multinacional . En eso se convirtió la religión.
    Lamentablemente España perdió su futuro en ese genocidio franquista . Aún lo sigue sufriendo. Desgraciadamente trasladó esta impronta homicida a sus colonias de América.
    Vox y el Partido Popular son su fracaso social.
    El macrismo es nuestro fracaso social . Lo dejamos constituirse por la estupidez de la dirigencia de nuestro sector .
    Las consecuencias finales de tamaño error son impredecibles , pero seguramente serán devastadoras , y como onda radiactiva permanecerán en el tejido social por décadas.

  2. Lo peor de la situación actual arranca, efectivamente, del pacto con el fascismo en la llamada transición, precedido del congreso psoe de Suresnes 1974 -Franco aún vivo- donde Llopis perdió no por su menor carisma sino porque se opuso a cualquier pacto con el franquismo, a la monarquía y a la otan
    En aquellos momentos la izquierda, psoe y parte del pce, desmovilizaron al pueblo sin garantías democráticas y pasando sobre el genocidio como si no hubiera existido. Lo desmovilizaron y finalmente lo confundieron hasta acabar ‘modélicamente’ con aquella primavera de esperanza

Deja un comentario