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Hoy, los ojos en Ecuador

Flor Cervina Galarza Saltos tiene 106 años. Hoy a las diez la mañana Andrés Aráuz la acompañó a votar. Fue algo más que un nieto acompañando a una ciudadana que si vota, lo hace por conciencia ciudadana, como tantos ancianos que lo hacen en las elecciones de América Latina.

Las elecciones de Ecuador son cruciales para la región. También fue crucial la traición de Lenin Moreno, quien ya no puede dar un discurso sin que le lluevan los gritos de traidor y ladrón. Ecuador fue un experimento más en la larga tarea de Estados Unidos de extirpar de la región a los líderes y gobiernos que no tenían en sus planes ser apéndices de sus políticas, como lo han sido todos, sin excepción, los que sufrieron los golpes mediáticos y judiciales que padecimos también en la Argentina.

Todos sus pueblos fueron castigados no sólo con nuevas deudas impagables y hambre y destrato del Estado que dejó de ser garante de los débiles y se convirtió en una aseguradora de que los costos iban a ser pagados por la base de la pirámide, mientras en la cima se enriquecía el mismo puñado de siempre.

Los gobiernos que las derechas unificaron bajo el logo de “populismo”, palabra demonizada que hay que desdemonizar, eran todos muy distintos. Nunca el Brasil de Lula se pareció a la Venezuela de Maduro, ni la Argentina de Cristina se pareció a la Bolivia de Evo. Cada uno se parecía a sus propios pueblos, que son en sí mismos disímiles, multiculturales, cada uno en un estadío distinto de desarrollo y con diferentes intereses estratégicos para preservar de los buitres.

Cada uno tuvo sus Judas y cada uno tuvo sus mercenarios con micrófono y sus fiscales y jueces delincuentes que armaron causas para dejar fuera de juego a lo que en una democracia es adversario pero que en esta guerra de baja intensidad que nos implantó una vez más el imperio, es enemigo. En todos nuestros países renació la teoría del enemigo interno, y todos venimos agotados de tanta persecución, mentira, náusea y saqueo.

Hoy miramos las elecciones de Ecuador no como espectadores “objetivos” sino como ciudadanos involucrados en una verdad que aprendimos con dolor. No sólo en cada una de nuestras sociedades nadie se salva solo, sino que ninguno de nuestros países se levantará del barro solo. Ecuador es una esperanza enorme para la reconstrucción de nuevos organismos internacionales que nos libren de la escoria de la OEA.
Si Aráuz compite hoy por la presidencia no fue porque Moreno sea democrático, sino porque reacciones internas y externas a la política ecuatoriana hacen posible otra vez poner la voluntad en una nueva construcción colectiva, regional, soberana, implantada en un eje que no sea el que históricamente nos castigó, sino en una nueva geopolítica que no nos ahogue, sino que nos permita respirar. Que sea.