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Los indios del pasado y del futuro

Anoche estaba en Zapala, sola, cuando me llegaron esos videos que muchos vieron y que después no fui capaz de volver a ver. Escribí un posteo en Facebook que despedía el humo de mi rabia, un posteo descentrado y furioso que si no escribía me hubiese hecho daño. Uno ve lo que pasa. Es demencial. Esa mujer –no es casual que hayan elegido la mascarada de una mujer para hacerles de florero siniestro, lleno de flores carnívoras – hoy decretó que las fuerzas no deberán rendir cuentas por nada de lo que hagan durante la represión. ¡Y la libertad de prensa! Ese concepto de culto para acusar a los gobiernos populares de lo que nunca hicieron, censurar, salvo cuando los medios, como en Venezuela, eran parte activa de los intentos de golpe o cuando incitaban a la violencia contra quienes apoyaban al chavismo. Ahora en Bolivia las fuerzas le echan gas en la cara a los corresponsales extranjeros o los amenazan con acusarlos de sedición. Si algo tiene esta ultraderecha es libertad para expandir su odio. Ya llegarán protestas duras desde otras latitudes, pero aquí… parece un mal menor. Parece una necesidad tolerable. Consienten. Salvo excepciones, los que ya sabemos consienten todo, porque en realidad ven en Bolivia eso que quisieran hacer en todas partes, locuras tales como negar a los indígenas en un país con más de un setenta por ciento de población indígena.

Están alienados y tienen algo más que el falso diablo adentro que vemos cómo los pastores neoevangélicos les sacan al grito de “¡Vete demonio!”. Pero la presidenta de facto ha hablado de “satánica” para referirse a la Pachamama. A ella le gusta más Halloween.

Todavía no se dan cuenta, pero matan a los que han matado siempre desde hace siglos, y sin embargo no son los mismos. Matan a los indios como si hoy los indios fueran lo que fueron para las cortes del siglo XV. Y hoy son todo lo contrario: son la reserva de la especie para encontrar nuevas formas de estar y ser en el mundo, en armonía y en equilibrio.

Los jóvenes chilenos que usan punteros láser para enfrentar a los carabineros anabolizados estilo chimpancé, tienen otra idea de los pueblos originarios. El láser y la bandera mapuche se llevan bien y se necesitan. No hay contradicción entre modernidad y pueblos originarios, porque en el paradigma que todavía no tomó forma pero que germina, los pueblos originarios forman parte de lo nuevo. Tienen soluciones que Occidente no tuvo. Tienen saberes que Occidente no tiene. Lo plurinacional no es una forma de decir. Es un modo de integrar y acoplar lo reprimido, lo sabio, lo emergente, lo último, lo antiguo, y de vivir en paz.

Aunque hoy sigamos viendo escenas inenarrables dignas de torquemadas tan torpes como sanguinarios, se abre el camino de la cohesión plurinacional en todos nuestros países y la certeza de que la emancipación será con ellos o no será. No es una concesión de progresía. Es un despertar que nació en Chile pero se expandirá porque siempre nuestra región siempre fue el patio trasero que reprodujo con los originarios la opresión que Estados Unidos ejercía contra nuestras sociedades. Esos cholos y cholas que parten al alma cuando lloran a sus muertos estaban aquí desde mucho antes que llegaran los europeos y, qué paradoja, hoy nos están esperando en el futuro.