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El enemigo interno, parte II

¿Este era el plan para el que Patricia Bullrich no se cansó de comprar armas? Nunca tuvimos hipótesis de conflicto con un país extranjero. Si a Gran Bretaña Macri le mandó el oro de nuestras reservas, además de desmalvinizar todo lo que pudo. Desde el principio no hubo hipótesis sino plan: y el plan era generar la conocida, aberrante y sangrienta escena del enemigo interno. Ya no pelean contra fuerzas insurrectas ni organizaciones armadas como hace treinta años. No las hay. Hay chicos del sencudario, jubilados, jóvenes y personas comunes y corrientes que salen a las calles a gritar que el neoliberalismo no es lo que eligen en elecciones, que quieren otra cosa, que están hartos de tantas mentiras y eufemismos.

A cada rato vemos vejaciones, maldad, violaciones a los derechos humanos inconcebibles. Los medios ni mu. Hace años que son parte del elenco estable del neoliberalismo. Ahora la presidenta de facto de Bolivia celebra una fecha de posibles elecciones con Evo proscripto y con el vicepresidente del MAS detenido en el fin de semana.

¿Supervisará la OEA las nuevas elecciones? ¿Es posible que el mundo siga andando cuando se ven helicópteros sobrevolar Cochabamba y empiezan a aparecer los ricos de cada país tan parecidos a nuestros sojeros, tan seguros de su superioridad, tan excitados por las ganancias que un gobierno que no les pertenezca puede limitarles?

Estamos en un dilema y en una bisagra. Nunca la reacción pro yanqui fue tan feroz, con un presidente que cursa un juicio político y levanta su imagen con slogans supremacistas. La verdad, Estados Unidos nunca fue una potencia cultural. En sus incursiones en medio oriente, además de robarse el petróleo, se ocuparon de borrar huellas de culturas milenarias, la iraní, la siria. Sus representantes locales y quienes los defienden tienen la piel oscura pero aspiran a ser blancos como Trump. Si pudieran, todos ellos se teñirían el pelo de rubio canario y recortarían corazones para el Día de San Valentín. No les alcanzaría. Quieren, querido rey, borrar de la faz de la tierra a los sobrevivientes de la primera colonización. Quieren deforestar sin que nadie moleste. Quieren matar sin causa. Quieren enchufarnos a su propio y siniestro Cristo en la mente.

Mientras cursamos ese dilema, y estamos por empezar una nueva etapa en la Argentina, aspiro como simple ciudadana que busca la información que ellos ocultan a que no se le permita a la Iglesia Universal desplegarse en el país. Ningún culto que incite al odio racial debería ser habilitado. Una cosa es defender derechos, y otra entregarse mansa e ingenuamente a que nos operen como lo han hecho en Brasil y en Colombia. Ser democrático también es repeler a los agentes de los golpes o las democracias de fachada.