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El vértice de la colonización

Feminismos y medioambientalismo: dos fenómenos de activismo que la política antineoliberal debe entender.

Mirando atentamente la escena global desde unos años, se ve emerger potentemente a dos fenómenos de una transversalidad nunca vista, tanto social como étnica y cultural, multitudinaria, que tomaron por asalto una agenda mental, subcutánea, ya domesticada por gobiernos, corporaciones y medios, y pusieron en cuestión lo establecido no hace diez o veinte o cien años, sino muchísimo antes.

Los feminismos y el activismo medioambiental se unen ahí, en ese punto ciego de la protesta visceral, con la furia de la cuenta pendiente, con el atragantamiento de lágrimas transgeneracionales, con una decisión no instada por líderes políticos sino sociales y por colectivos que interpelan a la política tradicional. En distintos idiomas dicen lo mismo: basta de colonización. Y en ese corte la idea de colonización se abre, desde el vértice mismo de su sentido, y aparecen países colonizados, pueblos colonizados dentro de esos países, mujeres colonizadas como parte de esos pueblos. La microfísica de la colonización. Porque a su vez, estos nuevos movimientos denuncian la colonización profunda y subjetiva que fue operándose con el paso de los siglos y que ha penetrado y es hoy sostén del sojuzgamiento, entre otros, de mujeres y de indígenas. Así como el patriarcado continúa amparado por varones y mujeres que lo han normalizado, hay indígenas o descendientes mestizados que odian a los indígenas porque se ven a sí mismos blancos, y que no dudan en ejercer el liderazgo feroz del blanco en tierras de indios, como en Bolivia.

Los indígenas latinoamericanos son hoy también un sujeto político nuevo, que juega un nuevo rol, que simbólicamente regresan con sus saberes y sus insistencias de siglos, y podría ubicárselos en el corazón de la nueva y masiva demanda medioambiental. En la reciente cumbre del clima de Madrid, Greta Thunberg cedió el protagonismo en la clausura a uno de los pueblos indígenas amazónicos más atacado, los guajajas, cuyos líderes están siendo asesinados por comandos paraestatales en Brasil. Y en Colombia, el centro de esta masacre ocultada por los grandes medios como todo lo realmente importante, no hay día en que no se acribille a líderes ambientales, la mayoría indígenas. El año pasado mataron a 230.

Chicos del colegio secundario de todo el mundo se organizan alrededor de esta nueva categoría política que es el nuevo medioambientalismo, muy lejos del Amazonas: se pelea para defender no sólo a los bosques y a los animales. Se pelea por defender también la vida humana, atacada por el cambio climático, sí, pero literalmente atacada por los beneficiarios económicos del cambio climático a través de comandos militares o civiles que matan a ambientalistas, o vecinos de innumerables pueblos y habitantes de selvas acechadas por glifosato, por cianuro, por falta de acceso al agua, por balas de goma o plomo.

Cuando llegamos hasta este punto de la idea, lo que se ve enfrente son corporaciones. Las que tradicionalmente se han dedicado a desequilibrar lo único verdaderamente “natural”, la naturaleza, es decir las mineras, las madereras, las de ganadería a gran escala, entre muchas otras. Pero también hay instituciones que bajo el neoliberalismo se han corporizado: poderes políticos, judiciales, mediáticos. Todo eso junto es a lo que se opone la demanda medioambiental, que lo que dice es que la tierra se agotó y necesita respiro, y que hay que cambiar nuestra idea de desarrollo y buscar formas de crecer globalmente con más armonía y más humanidad. Difícilmente pueda reclamársele este cambio a un solo país. Es por región o no es, por una sencilla cuenta de correlación de fuerzas. Son capaces de barrer con la especie, cómo no van a querer barrer a un país.

Los dos son despertares, el de los feminismos y el de los pueblos que rechazan un modelo de producción a gran escala. Y a ellos también podría sumarse, ya como modo de expresión política también nueva, la revuelta chilena, apasionante y dramática, sin referentes salvo la ya mítica “primera línea”, que por principio es anónima, pero con mártires y una identidad cultural plural que va de Víctor Jara a Las Tesis que globalizaron el himno Un violador en tu camino, y ancla en la histórica lucha mapuche en defensa de los recursos naturales. Esos movimientos inorgánicos, pero con una autodisciplina y una conciencia intensas, han sido las formas asombrosas que adoptaron por un lado las mujeres y por el otro los vecinos o las comunidades afectadas directamente en su vida cotidiana por los venenos de un modo de producción agotado, que ya sólo funciona con venenos más fuertes. Pero esos núcleos duros de pensamiento que ya circulaban no hubieran estallado como lo siguen haciendo si lentas cadenas de sentido no se hubieran movido en el sentido opuesto al que lo hicieron siempre. Hay un violador en el camino de cada pueblo colonizado. La colonización en sí misma es un abuso.

Interpretar, leer esa escena, es complejo. Porque funciona con categorías que les pertenecen, no con las de la política tradicional (aunque también hay que decir que las derechas y ultraderechas son declaradamente enemigas de ambos fenómenos: odian a los feminismos y niegan el cambio climático). Siempre hay una retracción ante lo que no responde a las propias lógicas, y hubo y hay debates y críticas, porque en cada uno de esos movimientos hay disensos y hay tensiones. Pero por ahora no podemos dejar de ver una línea ascendente en lo que implica el involucramiento de millones de personas en esas inesperadas formas de romper los hechizos neoliberales.

“El Estado opresor es un macho violador” es una síntesis que expresa a las mujeres chilenas pero se ha cantado en muchos idiomas y en diferentes países con diversos tipos de gobierno. Hay más violaciones y hay más femicidios. El odio no cesa de crecer tampoco. Viene recargado porque viene a restaurar. Pero ésa, la de los feminismos, es una de las facetas de la lucha chilena, el modo en que la revuelta traga demandas y las escupe, con una garganta múltiple que no deja ninguna voz afuera. Hablan los que nunca fueron escuchadas o escuchados. Los que no salen en la televisión, que se ha quedado con su audiencia pretoriana pero está muy lejos de poder influir en las generaciones más jóvenes, que han roto antes que nada ese hechizo: el televisivo. Y son ellas y ellos los que mayoritariamente están en las calles.

Del vínculo que pueda establecer la política antineoliberal con esos movimientos que no le responderán nunca del todo, depende en gran parte la salida hacia el futuro.

3 respuestas a «El vértice de la colonización»

Excelsa columna .
Gran hallazgo de los dos movimientos más potentes , en cuanto a expresión de masas : el feminismo y lo medioambiental.
Me quedo con pinceladas exquisitas que alumbran vivamente el pensamiento ; pinceladas que son como toques maradonianos . No es una exageración. Sandra Sonia Russo es a la escritura política-socisl-feminusta-medioambiental , lo que Diego Armando Maradona es al fútbol y a la cultura popular .
Esas pinceladas son que el odio vuelve recargado para restaurar . Gran hallazgo . La derecha tiene miedo , porque sabe que el mundo está bulliciososo , hasta más no poder , de ideas , sensaciones , estímulos , emociones , sentimientos , pasiones , lo que les resulta altamente peligroso , por lo revolucionario , lo rupturista .
La otra pincelada genial es la última idea : los partidos antineoliberales deben tender lazos profundos con el feminismo y lo medioambiental , para así conformar un conglomerado potente que , como gran masa crítica, obture el poder demencial de EEUU , los medios, los títeres políticos de EEUU , Vox , las oligarquías , los neonazis , y quien sabe cuántos más.

Se puede abordar desde la idea d llevar el conocimiento académico a la sociedad, o llevar la sabiduría popular a las academias. Hay q hacer un gran esfuerzo dialéctico para incluir las propuestas ambientales y feministas en un antiguo marco d izquierdas-derechas, sobre todo en la actual compleja realidad d intereses en conflicto y cuyas banderas son claramente disputadas por sectores antagónicos

Estamos llegando otra vez en la historia humana a un punto de inflexión del formato mental de dominación, aquel constituido por los antiguos constuctores del orden creadores de las potencias subjetivas inmaculadas en la idea de Dios que parasitan como rectores en el espíritu critico/alma/formato mental, y que una vez asimilado sea asociado y la identidad provcando conflicto con el Ser o el espíritu, lo que real ente somos más allá del nombre.
La inercia del sistema de dominación siempre aleja del centro fundamental del propósito y sentido del derecho natural de la vida y obliga a jugar en la periferia en donde se fragmenta el poder de la masa que da por conocido y comprendido el punto inicial y findamental de su sentido de vida. El conflicto pone en evidencia la falta del puente de conocimiento operativo del poder del pueblo y su maquinaria estatal que procura el bienestar y felicidad como inicio y fin, es decir en un mismo tiempo conformar las necesidades básicas del instinto de supervivencia y la trascendencia de esta base que es la libertad creativa en donde se consiguen los verdaderos valores que constituyen la civilización.
Los opresores son buenos titiriteros mediante la cooptación de cualquier símbolo de la periferia sin embargo estamos a un paso de disolver esos grandes movimientos emergentes por Sandra en uno solo. El que posee conocimiento nunca pude ser engañado.

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