San Valentín, el santo de los shoppings

Por la ruta del amor y sus interpretaciones también circulan mensajes colonizadores de nuestras emociones más profundas.

Nunca me aprendo el día porque tengo mis años, viví la etapa de las hormonas  bailarinas cuando ese santo ni se nombraba en este país y lo vi ser beatificado el los 90, cuando estalló el fenómeno de esos » no lugares» a los que con el tiempo naturalizamos como un paisaje urbano por un lado, y un signo «inevitable» de la época. Eran tan «inevitables» porque en esa década comenzó la destrucción en democracia de las pequeñas industrias, el desmantelamiento del aparato productivo, la subestimación y la guadaña contra los comercios minoristas y barriales. 

Después las «marcas» fueron compradas por los dueños de los shoppings, mientras al mismo tiempo las grandes cadenas de farmacias arrasaban con las farmacias de antes, atendidas por sus dueños y con escucha para cada cliente. 

San Valentín, que dice ser el santo de los enamorados, beatificado por quienes ya mandaban la plata afuera, goza hoy (¡hoy mismo!) de increíble difusión que estimula la compra del regalo, no la manera de entender el enamoramiento como una etapa del amor que también encajó en el paradigma del amor romántico. 

A las mujeres ese paradigma nos sigue costando caro, porque la fachada de la rosa y el peluche encubre un modo de entender y peor, de experimentar el amor como un sentimiento que el capitalismo incrustó en lo profundo de las sociedades: uno que exalta el consumismo y la asimilación del modo de vida norteamericano como la ruta a seguir por las generaciones más jóvenes. Uno que hace la vista gorda a la violencia. 

San Valentín es parte de una batalla cultural perdida por falta de masa crítica por parte de millones de receptores de mensajes que no tienen defensas ante la incitación constante de todos los medios transmisores de mensajes. 

Es un item iconográfico del firmamento del olimpo patriarcal, porque no pone en cuestión nunca el modo de amar y exalta el regalo como un signo de ese tipo de amor que si se lo mira de cerca, incluye obviamente a muchas enamorados que lo disfrutan, pero paralelamente acompaña históricamente una reacción contra los feminismos y tiende un manto de piedad sobre la reestructuración económica que benefició la concentración también de la actividad comercial.

Es una forma de colonización de las más arteras, porque, ¿quien será el amargo o la amarga que no se rinda frente a un regalo o regalito que exprese, como la tele en todas sus variantes, que llenan espacio cada año con la exaltación del «día de los enamorados»?

La realidad nos dice que el enamoramiento no es un estado de inimputabilidad. Haríamos mejor es revisar a qué le llamamos amor y cómo lo tramitamos internamente, que en prendernos a celebrar acríticamente un estado deseable y maravilloso pero que ha caído bajo la capa de viligancia y de desconfianza que tantas veces disimula con un regalo el acto soez de revisar teléfonos, robar claves, celar a destajo, hundirse en el sufrimiento, creer que el amado/amada es «nuestro». 

San Valentín no son los padres, son los shoppings, que estrangulan a sus locales con alquileres desfasados y suman a sus precios ese plus que va a parar a la concentración de la riqueza y la precarización de sus empleados.

El amor en estos tiempos tiene miles de oportunidades para manifestarse y lo hace. Pero su ruta de mercantilización no es la que necesitamos en estas latitudes. No somos norteamericanos y millones no lo querríamos ser ni con beca. San Valentín es un signo vacío que no propone nada importante en relación al amor. Lo convierte simplemente en un acto más de compra y venta.

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6 comentarios

  1. Como tantas veces , el artículo es tan completo , tan profundo , que sólo queda la arrobada , extasiada admiración ante tanto talento analítico para diseccionar esta moda , que como toda moda es un invento de los comerciantes para facturar .
    Como muy bien se precisó es una celebración estadounidense, como Halloween; o San Patricio , que es de Irlanda , pero que se traspolo para que se consuma cerveza a raudales en todo el orbe .
    El sentido común indica que no se puede celebrar al amor romántico , en un mundo que odia , porque ése es el objetivo de los medios de comunicación. Exasperar , irritar , sobre saltar es la meta de los medios , para que las sociedades vivan tensas , incómodas. Lo hacen so pretexto de mejorar la calidad democrática , cuando persiguen exactamente todo lo contrario ; es decir , deteriorar hasta más no poder la democracia , para que surjan opciones extremas de derecha , neoliberales, con las cuales se incrementan geométricamente sus ingresos .
    San Valentín no tiene nada que ver con el amor .
    Es una celebración que le agrada mucho a Bullrich , la jefa del Pro , no precisamente por el amor , sino porque el nombre del santo le remite a una de sus marcas favoritas de vino , con la que da rienda suelta a su adoración del dios Baco .

  2. Suelo no registrar, ni responder a fechas ”impuestas”. Sí, utilizo lo positivo. Soy una enamorada de la vida. Y como tal respeto y proclamo todas sus formas. No, comprando regalos. Simplemente defendiendo sus formas, todos los días!!!

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