Es un momento de crisis generalizada. También política. Es una necesidad colectiva que emerja una opción de construcción popular. Pero mientras tanto, tenemos que retomar, todos, la batalla cultural, su incomodidad. Tenemos que transformar el bajón en rabia. Y con la rabia hacer política. Nota de Sandra Russo.
Harta de él y de ellos. Me la paso diciendo en la radio que es mejor la rabia que la melancolía. Que hay que hablar. Que no hay que agachar la cabeza, que callar es una manera de hacerlo.
Estamos enfermos de silencio. Hace muchos años que venimos soportando la presión de esconder nuestra identidad política para no pasar un día irritante. Y miren cómo estamos de tanto disimular: en esta kermesse diabólica gestionada por Chucky y su pandilla.
Esto se pudre y hay que estar alertas porque que se pudra no significa que nos liberamos del dispositivo de poder global que sostiene a estos mamarrachos.
Ya sabemos que se avecina también una crisis en el campo popular. En eso creo que el debate deberían darlo los que pertenecen al campo popular, y dejar de soportar lo que nos condujo hasta acá: si no nos gustamos nosotros, a quién vamos a gustarle.
Pero esto no tiene que ver con ninguna interna. Tiene que ver con empezar a hablar. Lo digo de una manera, de otra, vinculando la idea con un tema y con otro. Milei diría que intento adoctrinar a los oyentes. Qué confusión ha sembrado, en qué bajo nivel de comprensión hemos caído como especie.
Hablar quiere decir dejar salir la rabia. Hablar nomás, no pasar al acto como ellos. Hablar. Luchamos contra psicópatas que pasan al acto y son peligrosos. Ellos no hablan. Están fuera del lenguaje, en la montaña rusa del extravío.
Dejar de evitar el choque con el cuñado, la vecina, el encargado, la panadera, algunos amigos, tías, ex parejas, amantes, compañeros de trabajo.
El choque ya es inevitable. Nos chocaron a todos. Y estábamos papando moscas, militando a un tipo que ahora trabaja en un fondo de inversión. Dejémonos de joder con todo ese lastre.
Pero para eso tenemos que hablar, tenemos que existir y hacer evidente nuestra existencia. Demos por cerrada la etapa de la cortesía. Nos han declarado la guerra. Y tenemos que rearmarnos con la dirigencia decente, coherente y combativa. ¿O vamos a volver con la terapia de grupo?