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Aca no entiende el que no quiere

Estuve cuatro años sin leer diarios, escuchar radio ni ver televisión. Esto dicho con muchísima exageración, ya que hasta hice radio unos meses, escribo periódicamente en un diario y veo C5n un rato todos los días. Pero habiéndome pasado la vida trabajando en ellos, mi autopercepción es que durante el macrismo mi único poder era ése. Renunciar a enterarme de lo que decían. Blindarme los oídos de lo que en algún que otro taxi confirmaba que era insoportable, no concederles mis emociones leyendo lo que escribían, y negándome a embobarme con el ritual de los gritos y las mentiras de paneles de gente que no tenía la menor idea de lo que decía. En una ceremonia doméstica y política, porque no fui la única sino que fuimos millones los que les dijimos basta en forma terminante, ejercí mi poder: no abrirles ni mi cabeza ni mis oídos.

Desde hace un mes he vuelto a leer diarios, a escuchar un poco de radio y no, con TN no hay caso, y con América tampoco: es mucho. Estoy bastante bien informada, pero me leo sitios digitales. Si me interesa qué está pasando entre EE.UU. e Irán, o en Bolivia o Chile, busco Nodal o DemocracyNow o medios locales de cada lugar. Si lo leo en Clarín o La Nación no lo hago para recibir información, sino para detectar cómo la manipulan.

Y la verdad volver a tomar contacto con ese mundo mediático, con esa realidad paralela, con ese lenguaje propio y feo, con esas imposturas y ardides discursivos, fue lo peor de este mes. Nunca se me ocurrió que el gobierno de Alberto Fernández iba a tener una “luna de miel” con el poder económico y financiero ni con los grandes medios. Ellos han desdoblado sus ataques, lejos de abandonarlos: lo tratan bien y respetuosamente en las entrevistas, y él es muy hábil con la palabra. Pero demonizan sus políticas. Y juegan obscenamente a meter cuñas para la división del Frente de Todos. Ahora las críticas a Cristina tendrán crecientemente la forma de defenderlo a Alberto. Pero a las políticas de Alberto las boicotearán todas.

La manera burda, patética demonización que emprendieron contra Axel Kiciloff, ya dándole curso a un estereotipo autoritario oriundo del marxismo, también es una manera de enfrentar a Alberto con Cristina, y de dar la sensación de que la provincia es “reducto”, palabra efervescente y trágica. Los “periodistas“ procesados o cuyos nombres están ligados a los servicios de inteligencia siguen opinando, los que mintieron o tiraron fruta también. Son los que hay. Y nadie les renovó el guión. Volvió la inercia de 2015: después de cuatro años en los que recomendaron comer tierra, hablaron de la tendencia de vivir en la calle, no hablaron de los gusanos en las empanadas que Vidal les mandaba a los pibes bonaerenses, resulta que ahora defienden a los pobres y a la clase media, y no saben distinguir entre un índice de referencia y un programa alimentario.

Ese es el sentido común, zonzo, ramplón, ignorante, que siguen emanando. A veces me pregunto si tendrán idea de lo que están haciendo y de lo patéticos que son. No creo.

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Bienvenidos a casa

Con muchísimos de ustedes ya tenemos una relación. La comunicación es eso: establecer una relación (de sentido). Dicho menos armado: la comunicación es hacer compañía, al cuerpo y a la mente, que somos ambas cosas, para experimentar algo diferente a la soledad.

En estos años tan duros muchos, millones, nos hemos vuelto medios de comunicación. Cada cuerpo y cada mente son capaces de generar esa vibración que se transmite con palabras o imágenes, y ante la emergencia del neofascismo hemos respondido como pudimos y con lo que había a mano. Redes. Calle. Encuentros mínimos. Encuentros multitudinarios.

Hemos necesitado hacerlo porque aquello que crecimos creyendo que era una caja boba se volvió un arma maligna. Porque el periodismo se hizo extremadamente escaso y muchos fuimos excluidos también de los pocos medios que quedaron. En mi caso seguí y sigo publicando una contratapa cada quince días en Página/12, donde trabajo desde l987. Pero no se abrió ninguna otra endija del periodismo profesional.

Fueron años de aprendizaje difícil. Porque a la exclusión de afuera se sumó la exclusión de adentro, y es ése el estigma: que hasta los que piensan como vos y dicen defender las mismas cosas entren en la estrategia (que tiene otros trasfondos, claro, localizados en la parte irresuelta de la condición humana) de segregarte porque estás “quemado”, cuando el que te quemó fue el enemigo.

Pero fue más la potencia que el dolor. Una de las respuestas a estos años dolorosos es este portal todavía en construcción pero ya listo para ser presentado. Sin estructura. Sin espalda económica.

Sin auspicios. Sin rosca política atrás. Trabajo de esto desde los 18 años. Toda mi vida me la he ganado trabajando en medios de comunicación, pero no como alguien que puede habérsela ganado a regañadientes o sintiendo que resignaba la pasión. No. Lo mío fue una suerte extraordinaria. Para mí la comunicación es la pecera en la que si soy pez puedo controlar mis movimientos o relajarlos, dejar abierto el plexo y confiar en las ideas que vendrán desde allí. Y eso lo supe muy joven y accioné para que me sucediera lo que me sucedió, que fue trabajar desde entonces, en cada etapa, en el medio que me parecía el que más se parecía a lo que yo quería decir.

Ahora me falta boca de expendio. Porque tengo una agenda, mía, personal, no propuesta por nada que no sea mi leal visión y perspectiva del mundo, nuestra región, nuestro país, nuestros hogares, nuestros afectos, nuestras maneras de ponernos en contacto. Y con esos cuarenta años atrás de experiencia, aún en la época en la que también yo veo que adolescentes de todos el mundo son los portadores de las voces más certeras, me cansé de escribir en Facebook tirada en el sillón y tratando inútilmente de poner los acentos a las o porque dejó de funcionar en el mini teclado.

Dejó de interesarme opinar sobre todo. Mi muro tan concurrido y mi fan page, tan nutrida, quedarán para reposteos de noticias que creo que deben circular, y alguna acotación orientativa.

Porque cuando armé ese muro, en diciembre de 2015, fue intencionalmente federal y regional. Jamás he compartido una foto de mi vida personal. Es un muro público y político que sirve para amplificar noticias que están en otra parte.

Pero acá quiero trabajar. Quiero expandir esa agenda, que hoy pasa por la política, la historia, la literatura, el medio ambiente y la educación. Cinco pilares que desde mi perspectiva conforman un universo que corre mucho peligro, y del cual depende todo lo demás.

Vamos a ver qué pasa. Ya les iré contando por qué esos son los pilares, quiénes serán los tres o cuatro compañeros de presencia constante, y de los invitados según las temáticas. Ya les iré diciendo mucho más de lo que no pude decir en ningún soporte desde hace mucho tiempo, porque hay ciertas agendas y registros de comunicación que necesitan generar su propio hábitat.

Esta es la casa de mis ideas y mis asociaciones. Así como aparecieron tantas casas en mi libro 22 cuentos cortos y ligeros, nace esta otra, con la aspiración de que sea un lugar de expansión y libertad, a salvo de condicionamientos y líneas editoriales que siempre escapan al control de quien no es más que un trabajador.

Estamos cosechando, entonces, lo que sembró la censura. Dándole lenta y dulce vida a un portal que será feroz o cómico, caliente o frío, móvil, amable, en el que quepan mi voz y las de otros y otras que andan diseminadxs por ahí. Todo el contenido será abierto, como intentamos ser y a veces no nos sale. Pero cuando no sale lo volvemos a intentar.

Absolutamente todos los libros que dediqué en los últimos años (Los de Fuerza Propia, de los Lo Femenino, los de Jallala, los de los 22 cuentos, los de las Nuevas crónicas del Naufragio) fueron firmados de la misma manera: “Con terquedad”. Porque hay cosas a los que uno no puede renunciar si está dispuesto a seguir siendo quien es.

Los viajes constantes, las clínicas, las presentaciones en distintos lugares del país me han servido, también, para comprobar hasta qué punto increíble las botellas que uno tira al mar son recogidas y a veces atesoradas. En eso encuentro también un tesoro del que nadie puede excluirme: del lazo creado a lo largo del tiempo con hombres y mujeres de distintas edades. Si algo me sostuvo de verdad en esta noche llamada Macri fue esa demostración asombrosa del amor que genera la comunicación cuando es genuina y leal con lo que se quiere decir. Cuando no hay eufemismos. Cuando cada palabra es rescatada de una pila para que sea la que corresponde. Así que bienvenidos, mis querides, a mi nueva casa.