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El sínodo por la Amazonia

Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llama él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente mala, es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el Papa le paró el carro a un enviado que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. “La alta política es algo muy noble”, dijo.

Sabe que el trampolín a través del que las nuevas elites financieras se han encaramado al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época en la que le ha tocado ejercer su papado, es precisamente la antipolítica. La abonan a chorro tanto medios como empresarios y CEOS. Es el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Macri hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Peña Nieto hizo política? ¿Duque hace política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando el FMI entra a escena. Nombres variopintos. Dos salidos de la política traicionera y dos productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como “chorros” o “dictadores” los chorros y los dictadores de nuestro tiempo.

Cuando el Papa hizo su primera visita a la región fue a Brasil. Al encuentro de jóvenes. Y allí dijo su recordado “hagan lío”. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquél fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, y son estos nuevos cultos que apañan al neofascismo, y que están pensados como la nueva religión hegemónica de la región. Los que depositan en cada individuo recortado de los otros la posibilidad de su salvación en la tierra: tener suerte, si así fue la voluntad de Dios. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les ha tocado. No luchan. Rezan. “Hagan lío” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general que le da el Papa, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del lodo.

Esta semana en Roma el Papa inauguró el Sínodo por la Amazonía. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pedido de los obispos de diversos países a los que esta nueva camada de gobiernos odiadores los enfrentó de pronto con el hambre y el fuego. Esta semana se vio la foto de las decenas de camiones que empresas ganaderas mandan a las zonas deforestadas por el fuego.

En el Vaticano ahora están los delegados de las etnias aplastadas. El Papa recibe a los habitantes ancestrales –a quienes pidió perdón por la colonización ya hace unos años en Bolivia, pero eso que era una enorme noticia fue como otras miles de enormes noticias borroneada por los grandes medios–. El Papa recibe a los Garabombos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en esas etnias deslumbrantes que brotan de la Amazonía. Recibe a esos invisibles.

En la apertura del Sínodo, Francisco fue al hueso y nos compete, aunque la lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de nuestros países. Se refirió a la disyuntiva sarmientina “civilización o barbarie”. En estas notas se ha apuntado varias veces que esos términos se han invertido. “El lema de civilización o barbarie se ha usado para aniquilar pueblos originarios”, dijo. Los que se identifican con la civilización están trayendo una nuevo colonialismo”, dijo.

Las elites financieras que desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los bárbaros sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas, animales y vegetales. El Papa después tiró una flecha hacia Pichetto, aunque nombrando sólo a la Argentina. Dijo que en nombre de la civilización (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late en la región desde hace cinco siglos), se escuchan palabras denigratorias, “con el desprecio a los ‘bolitas’, a los ´paraguas´y a los cabecitas negras”.

Los que tenía enfrente mientras decía eso eran los guardianes de la naturaleza, los que como ha dicho también Chomsky, “han sido los que en la historia más han luchado por defensa de la vida en el planeta”. Son los que perseveran hace siglos y siglos, cuando nuestros países no existían, en el buen vivir, que no le demanda a la tierra más de lo que la tierra pueda dar sin arruinarse ni seguir estando allí, disponible y pródiga para las generaciones futuras.

Esos pueblos, que tienen su propia medicina, que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con los blancos, y algunos de ellos han tomado decisiones de una sabiduría extraordinaria, como los más populosos, que en lugar de vivir todos juntos se han repartido por diferentes zonas de la Amazonía para evitar desequilibrios. Esos invisibles que hoy deben huir de sus tierras porque el fuego las devora, en estos días tienen un interlocutor. Mientras desde la “civilización” llegan las fotos del hijo de Bolsonaro haciendo gracias con sus armas, mientras Ecuador se desangra, mientras en Colombia los activistas ambientales son asesinados todos los días, mientras en la Argentina se fumiga glifosato sobre escuelas rurales y hay niños y adultos enfermos soportando la amplia gama de envenenamiento que produce la ganadería o el cultivo transgénico a gran escala, ellos, los pueblos originarios, siguen guardando sus secretos y aspiran solamente a que los dejen en paz.

Hoy son ellos la civilización a la que hay que mirar con interés político. Bolivia es el único país que ha logrado quedar en pie y sigue repartiendo justicia y felicidad, junto con desarollo. Nos los tenemos que tomar en serio. No por “un gesto”. Por algo mucho más profundo y lúcido: si logramos romper la fetichización del dinero como vara del poder político, se abrirá una nueva fase de nuestra cultura común. Ellos nunca fueron del todo incorporados como sujetos políticos en paridad con los demás. Como el machismo, el racismo es algo que a veces parece encapsulado como un virus transversal. Ese es el hueso. Porque el hueso es la tierra, pero también el modo de ser y estar en ella. Y los pueblos originarios saben de eso mucho más que nosotros. Muchísimo más.

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Relacionemos

Hace poco supimos de la existencia de Carola Rackete como capitana de barco detenida por haber salvado a inmigrantes africanos de la muerte en el mar. Para ese entonces Pía Klemp, que ya había salvado a otros, era amenzada con la aplicación de una ley siciliana durísima, avalada por la ultra derecha iltaliana, para condenar a quienes salven vidas en el Mediterráneo. Saludamos la existencia de estas jóvenes y bravas mujeres con muchos tatuajes en sus cuerpos, aunque el Mediterráneo está surcado también por capitanes varones que hacen rescates epopéyicos como el el del español Open Arms, la ong cuyos integrantes se lanzaron al mar a rescatar a los refugiados que ya no aguantaban más la espera de días y días a los que los sometía la justicia italiana.

Alemana como Rackete, Pia Klemp fue premiada por la alcaidía de París por su tarea de salvataje, pero respondió con estas palabras “No soy humanitaria. No estoy allí para áyudar´. Estoy por solidaridad. No necesitamos medallas. No necesitamos que las autoridades decidan quién es un ´héroe´y quién es ´ilegal´. De hecho, no están en condiciones de determinarlo, porque todos somos iguales. Lo que necesitamos es libertad y derechos. Es hora de que mostremos la hipocresía detrás de estas condecoraciones y llenemos el vacío con justicia social. Es hora de convertir todas las medallas en puntas de lanza de la revolución. ¡Documentación y refugio pata todxs! ¡Libertad de movimiento y residencia!”

Cómo no relacionar a estas jóvenes alemanas cargadas de la mordacidad y la valentía de una de piratas justicieros, con la aspereza de la sueca Greta Thunberg diciéndoles a los miembros del Parlamento Europeo que sabe que no la quieren, pero no le importa, porque ella tampoco los quiere. Porque non cumplen con su palabra. Cómo no relacionar las reacciones en cadena y protesta en más de ciento veinte países de estudiantes secundarios reclamando por la reducción urgente de gases. Cómo no relaciones, al fin, esos gases, con los que producirá la Amazonía arrasada, destinada al fracking, a la ganadería y a la soja en una escala de producción que terminará con el planeta y finalmente con la especie.

Hay una nueva épica global. Es la defensa de la vida en todas sus formas. La encarnan seres humanos muy jóvenes que serán nuestros flautistas de Hamelin, pero nos conducirán a otro tipo de sistema, sencillamente un sistema de producción a escala humana y a escala de la Casa Común, que es el planeta. Estemos preparados para aprender a leer y a escribir esa épica nueva. De ella depende todo.

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La Amazonía se quema

Bolsonaro dice que es posible que los miles de focos de incendios que están devastando la Amazonía hayan sido provocados por las ONGs que lo están denunciando por permitir la destrucción descarada del pulmón del planeta, por un lado, pero por el otro también el hábitat actual y ancestral de cientos de pueblos indígenas, a los que les están incendiando puntualmente sus casas, les están secando los ríos y los están expulsando hacia lo que queda de selva. Y eso sin hablar de la centenaria cantidad de especies que están enloquecidas, porque han puesto fuego donde desde hace siglos y siglos había oxígeno y árboles. Las especies se extinguen cada día un poco más rápido, como cada día un poco más rápido se producen las extinciones. La ultra derecha dice que el calentamiento global es un relato marxista. El relato de la ultra derecha es tan burdo como sus líderes, tan bruto y tosco como ellos.

Uno de los fotógrafos más importantes de Brasil, Araquém Alcantara, 68 años, especialista en fotografiar desde hace décadas el esplendor de la Amazonía –está exponiendo ahora junto a Sebastiao Salgado –, subió ayer a youtube un video (sin subtitular todavía) que se puede buscar fácilmente y en gran parte es comprensible incluso para los que no hablamos su idioma. El rictus de su cara y la tristeza de sus ojos ayudan también a comprender la desolación de lo que relata. Sentado frente a su computadora, donde se ve a un animal escapando del incendio, Alcántara desgrana los escenarios que vio y fotografió, de tierra arrasada y chamuscada donde ya no hay nada verde. Recomiendo visitar su sitio, que lleva su nombre.

Aparecieron también video en los una mujer de un poblado atacado grita a cámara que les están sacando el bosque y el río. Grita escandalizada. Atrás de ella se ve el fuego. Su pueblo huye, como huyen los africanos, como huyen los salvadoreños y los hondureños. La ultra derecha pone en mundo en fuga desesperada mientras que queda con todo el dinero y también se siente sueña del planeta. Noruega y Alemania ya han recortado partidas de dinero que estaban acordadas con Brasil para la protección de un bien de la humanidad. Las retiran porque es darle dinero al presidente que está autorizando la destrucción. En la tierra arrasada se harán implantaciones de ganadería, y se emitirán desde ahí los gases más peligrosos de todos.

No quieren al resto de la población. No quieren a los animales. No quieren a la naturaleza. No quieren a sus países. No quieren a nadie. Son una deformación de la especie. Ellos, los que están ahí arriba.

Fotografía: Araquém Alcântara