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Esta vez no, muchachos

Ayer Rocca, hoy Caputo, trabajan para romper a cuarentena, o quizá no exactamente: trabajan para tirar la catástrofe sobre los hombros del peronismo. Un número descontrolado de muertos, escenas imposibles de soportar como las que llegan desde Europa o Estados Unidos aquí no serían posibles: si viendo cómo se exponen y se desloman desde el Presidente hasta los intendentes de pueblos de pocos habitantes para salvaguardar vidas y ganar tiempo mientras se refuerza el sistema sanitario que desmantelaron los Ceos, hay gente que sale a cacerolear para “los políticos” se bajen el sueldo, escenas como ésas terminarían en una crisis institucional fogoneada por el círculo rojo, al que la vida en general le importa un comino. Ya lo demostraron. Ya mataron 30.000 y ellos hicieron silencio y negocios.

Rocca, Caputo, Macri. La gente de los balcones trabaja de extra para ellos. El mito de “los políticos son todos iguales” fue el que llevó a exponentes de lo peor de lo humano al poder. No sólo no son todos iguales, sino que sin política sólo quedan los negocios. Y la gente que vive en uno o dos ambientes y está apretada y endeudada y estafada por esos tipos que le tienden trampas cae y vuelve a caer una vez y otra vez: si les pisaron la cabeza, su único alivio sería ver que a otros se la pisan más.

Estas no son épocas ordinarias. El mundo lucha contra una pandemia no controlada, la cuestión es la vida o la muerte. Y así y todo, la gente de esos balcones que grita “la que cobran la ponemos nosotros” son alienados que no pueden terminar de aceptar que la que tiene Rocca, la que tiene Caputo, la que tiene Macri y todos los secuaces también la pusimos y la tendremos que poner nosotros. Están ciegos o alienados, o simplemente deben ser oyentes de Mitre o audiencia de TN o similares. Los envenenan y no hay autodefensas, porque ya se encargaron de demonizar a cualquiera que dé otros argumentos.

Ni a Rocca ni a Caputo ni a Magnetto les importa si rompiendo la cuarentena morirán miles de personas más de las que puede alcanzar un plan coordinado por los mejores especialistas del país. Ni Rocca, que el año pasado recibió 300 millones de subsidios (de la pusimos todos), ni Caputo ni Macri están ahí para cuidar de nadie. ¿No les alcanzaron los cuatro años de vacunas escondidas, de computadoras embaladas, de evasión a mano alzada, de chanchullos evidentes? No. Quieren más. Quieren boicotear el plan gubernamental, elogiado por la OMS.

¿Qué tiene en la cabeza esa gente de esos balcones? Odio. Odio al peronismo. No hay pito que les vendrá bien, ni siquiera su propia salud o la de sus seres queridos, para que reaccionen con sentido común. Reaccionan a favor de su propia destrucción, como lo
hicieron votando a un impedido de inteligir la realidad.

Esta vez no, muchachos, como dice Alberto. Esta vez se la bancan. Esta vez la parca está acá afuera, esperando que un grupo de imbéciles escuche a algún mercenario de los grandes medios azuzando a detestar no a “los políticos” sino a la política. Y no seremos un hueso fácil de roer. No. Nuestra vida, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros vecinos y también nuestros representantes, que no paran de articular y trabajan a destajo para que el sistema sanitario que Macri destruyó soporte la pandemia, todo está en riesgo. No seremos mansos ni dejaremos que nos lleven por delante de nuevo. Cuando tuvimos que aceptar que perdimos y vimos año a año cómo se robaban todo, cómo nos acallaban, cómo nos perseguían, cómo golpeaban a la abuela que levantaba una berenjena en la plaza de Mayo, cómo gaseaban a los jubilados a los que les quitaron sus remedios, bancamos.

Ahora no estamos para soportar su alienación. Todo tiene un límite y el virus es el límite. Dejen de joder con los cacerolazos. Si los políticos deciden bajarse el sueldo estará muy bien, pero que Rocca, Caputo, Magnetto, Macri y todos los de su turbia especie paguen también para sostener el sistema que se robaron. Que la pongan. Los acaparadores, los desabastecedores, los especuladores, tienen que aprender una lección y no es sólo la que podrá venir o no del gobierno.

En esta crisis sanitaria cualquiera que atente contra la estabilidad social y la salud física y mental de la población es un delincuente. Y no nos moverán de esa certeza. Ya armamos un Frente y ganamos las elecciones. Tenemos un Presidente confiable. Y no permitiremos que tres mil perturbados, arengados por mil mercenarios, nos arrebaten lo que supimos conseguir.