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Apunte 2 sobre Rosario

Quedó mucho por decir sobre lo que reverberó en Rosario. El inicial “Se siente, se siente, Alberto Presidente” será reformulado en breve por algún otro cántico que le pertenezca más a Alberto, que lo ubique mejor en el lugar que está ocupando. Su responsabilidad es enorme. Es él la amalgama. La tensión de los cierres de campaña lo mostraron airoso, como en las entrevistas sin red en las que refutó, negó o superpuso su propia visión por sobre los blablá de los entrevistadores de los Grupos. Mantiene la cordialidad pero ya ha bajado la línea principal de su gobierno: mirar y tratar con deferencia al pueblo y no a las corporaciones, recuperar el Estado para el pueblo. Eso no es gratis ni será sencillo. Siempre conviene recordar que no estamos ante elecciones comunes y corrientes, sino ante una decisión colectiva que o bien intentará el reflote de la vida digna, o bien convertirá a este país en basural material y simbólico. Y del otro lado está la mafia. Esa que nos mantendrá cortando clavos el domingo. A Alberto le toca su turno en este momento crucial y límite. Y él no parece agobiado ni irritado: lo vemos nadar en aguas a las que no les teme.

Y está ella. La que dijo “Si yo estoy acá parada, es por ustedes, por el amor que me tienen. Que es recíproco, inclaudicable, insobornable”. Lo sabemos, Cristina. Esa mujer perseguida por un aparato ilegal, junto a toda su familia, tiene ahora a su hija menor enferma, perdió hace poco a su madre, no pudo hacer el duelo por su compañero porque no dejó el gobierno ni un solo día, y después entendimos por qué no lo dejó: ya entonces estaba rodeada de funcionarios, legisladores y gobernadores que no la querían y en quienes no pudo descansar.

Y pese a todo, cuando la conclusión política fue que incluso quienes le habían dado la espalda eran necesarios para que el pueblo argentino tuviera la chance de dejar atrás esta pesadilla, Cristina estuvo a su propia altura: se corrió a un costado y lo miró a Alberto. Y todos supimos que ella mejor que cualquiera de nosotros estaba viendo cuál era la salida del laberinto. Su palabra ordenó. Y Alberto tejió el Frente que hoy nos hace más fuertes, y ya somos mejores porque estamos haciendo política. Este Frente es el hijo de la política que nos gusta. Y lo defenderemos como tal.

Somos contemporáneos de un mito, escribí hace un tiempo. Que un paso al costado haya logrado que lleguemos a esta instancia con tanta expectativa y esperanza es la prueba de que la política es eso cuando se la concibe como un servicio al pueblo y no como una herramienta de ambición personal. Haber planeado por sobre la confusión y haber tomado las decisiones que tomó, la hacen más mítica todavía. Lo que esperábamos de ella era su habilidad para saltar por arriba de los obstáculos que le ponen. Lo hizo de nuevo. Demos gracias por ser contemporáneos de esta
mujer. No hay muchos dirigentes ni aquí ni en ninguna parte tan personalmente consustanciados con sus representados. Ese es el lujo que nos damos. Mirá, Macri.

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La inteligencia al poder

Ya desde media tarde, cuando los alrededores del Monumento a la Bandera estaban colmándose de gente, y algunos de los que estaban ahí daban sus testimonios, era obvio por qué Macri les pidió a sus votantes que no den argumentos. Los argumentos son todos del Frente de Todos. De arriba para abajo y de abajo para arriba y viceversa. Lo que se vio antes, durante y después del cierre de campaña fue un fenómeno de representación política: qué sed, qué hambre, qué necesidad de representación política tenemos. Había lágrimas. Muchas. Conexión. Comunicación entre los que estaban abajo del escenario y los que lo veíamos por la televisión, con Cristina y Alberto. Son ellos los que votaremos porque creemos en lo que dicen, y lo que dicen es lo que queremos decir y vivir nosotros.

Cristina habló en un tramo de su discurso sobre la importancia inexorable de la inteligencia, ya que todos los otros recursos alguna vez se extinguen. Y un paneo rápido por el escenario, más un flash de los últimos dos o tres meses, nos certifican que sí, que hemos hecho lo correcto, que la unidad de los sectores del campo nacional y popular es el primer y decisivo paso para salir de esta trampa mortífera en la que caímos precisamente por no tener presente que el enemigo, siempre, gana gracias a las divisiones.

Tanto la gente que fue, que articulaba con racionalidad y emocionalidad lo que ya no le es soportable de la vida que ofrece el modelo neoliberal, como los movimientos políticos recientes que, gracias al panóptico de Cristina, han permitido la consolidación de este Frente, son la esperanza. La inteligencia debe volver al poder.