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Cristina fue a otro fondo

Hay un matiz en la personalidad de Cristina Kirchner que hasta ahora se ha puesto en disvalor, porque el cinismo forma parte, mal que nos pese, de la cultura política capitalista, y ella nunca tuvo esa dosis que en otros y otras existe en distintas proporciones. El gobierno macrista si puso la vara alta en algo, fue en cinismo. Pero Cristina nunca fue cínica, es mordaz. La frontalidad y la mordacidad son dos atributos muy fuertes en ella. El cínico no afronta, rodea. El cínico no aborda la verdad, la disfraza. Y ella, cuando se harta o se tiene que defender –es decir, desde muy joven – no entra en el juego de los cínicos que muy menudo la rodearon y en los últimos años la persiguieron: ella ataca con la frontalidad y la mordacidad.

No son atributos que la cultura patriarcal infunda a las mujeres. Se sabe que debemos sonreir y ser suaves. Debemos buscar protección y a lo sumo, como se celebra en twitter a ignotas figuras femeninas del espectáculo, se nos alienta al cinismo, a la peleíta llena de “querido”, “divina”, “tesoro”, etc. Al gag que tapa el resentimiento o el enojo o la envidia, que son nichos emocionales previstos para que por ahí circule el malestar femenino.

Cristina, este lunes, en Comodoro Py, abandonó la sonrisa coloquial con la que habló tantas veces de su libro, porque la circunstancia era muy otra. Después de años de persecución, después de estar muy claro que el Lawfare es lo que ha derrocado a varios ex presidentes de la región, consciente de los enormes peligros que corre el gobierno que integra con Alberto Fernández al frente, habló del fondo de la cuestión.

Diría que de los dos fondos de esta cuestión. Uno, el más personal pero no por ello menos político, es que el Lawfare –en el que medios y poder judicial trabajan en pinzas – incluye no sólo la persecución a opositores políticos de la derecha, sino a sus familias, en un aspecto mafioso que tarde o temprano deberá ser juzgado. En el fondo de esa cuestión Cristina no estaba allí defendiéndose ella, sino hablando de lo que más le había dolido, por imperdonable, por extrajudicial, por canalla: que persiguieron a sus hijos, que su hija se quebró, y que por otro lado esa persecución mancha el nombre de Néstor. Es eso lo que la pone loca, usando esa palabra en la acepción de las mejores tradiciones de las “mujeres locas” de esta región: las que pusieron sus cuerpos por sus seres queridos.

El otro fondo, es que mucho más allá de esta causa o las otras que le armaron, si el lawfare no es abortado y el Poder Judicial no se restaura como un poder del Estado que no puede aceptar este tipo de maniobras mafiosas, no hay democracia posible. Y tenemos a Pompeo avisando que será Estados Unidos el que garantizará “la paz social” en los países donde sus presidentes títeres no puedan controlar la situación.

Cristina el lunes estuvo a la altura de sí misma, pero también a la altura del momento álgido, sobrecogedor de la región, y de los peligros que acechan al gobierno de Alberto Fernández.