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Un rezo laico por todas las Ramonas

Los límites se van corriendo. Hoy fue un día record en pérdidas de vidas, y la mayor parte de las vidas perdidas eran de pobres. Ya ha quedado atrás el escándalo por el hambre que marcó el descenso de la aprobación de Mauricio Macri. Nuestra sociedad retoma con mucha facilidad sus vicios de normalidad aviesa. No es sólo la nuestra: el escenario global nos muestra cómo cacerolean en Madrid, por ejemplo, aún con cifras escalofriantes. Y vemos en las pantallas locales a entretenedores quejándose del “confinamiento”. Vayan a quejársele al virus, no a los gobiernos que ahorraron muertes.

El impacto de haber visto el video de Ramona, la vocera de la Poderosa, reclamando desesperadamente por el agua en el barrio Mujica, y saber tres días después que ella misma era entubada porque estaba contagiada, puede que los votantes macristas y a los locos por el running no los atormente, pero a buena parte de esta ciudad, sí. Y qué curioso: permanecemos en silencio.
No caceroleamos ni inventamos protestas con distanciamiento. Estamos rendidos después de trece años de negociados y atropellos. Va a haber que despertarse.

La porción de la ciudad que no acepta ni racional ni moralmente entregar vidas a la angurria de las patronales deberá encontrar una manera de hacerse escuchar. Repugna una ciudad que supo desde un primerísimo momento cuál era su población más vulnerable y no hizo nada. Nada. Nada de nada. Los dejó allí, sin agua y sin luz, sin alimentos, sin alcohol en gel, sin posibilidad de aislamiento por la superpoblación. Miraron para otro lado, como siempre. “Esta te la debo”, es lo mismo de siempre.

No tenemos por qué ceder nuestro derecho colectivo a la vida porque muchos estén ansiosos o extrañen las fiestas electrónicas. Allá ellos, si quieren exponerse es cosa suya. Pero exponen al resto. No hay por qué ceder al modo Pro de entender la vecindad ni de concebir el cuidado, porque no saben cuidar, saben echar, cerrar, perseguir, reprimir y fingir. A todos los que nos vienen con el cuento sueco y la gripecita hay que enfocarlos bien: son los que se le quejan al gobierno nacional por la estrategia que da resultados, pero saben cómo poner contra el gobierno a los hambrientos: si lo que quieren evitar a toda costa es el impuesto a la riqueza.

Dormir mal en estos días es tener una reserva de ética con el prójimo. La deuda interna de esta ciudad para su fuerza de trabajo más barata es monumental. No podemos ser cómplices ni espectadores del desastre que se avecina si no se recapitula y si no se entiende que el derecho a correr o a pasear de todos no vale ni una sola de las vidas que se perdieron en los barrios populares por negligencia y por imprevisión. Entérense de que no hay población de descarte.