Malquerida

–No me quiere, yo sé que no me quiere.
–¿Por qué decís eso? Claro que te quiere.
–No, no me quiere.
–Sí te quiere, ¿cómo no te va a querer?
–No, no, no.
–No llores, él te quiere.
–No me quiere, yo lo sé.
–Qué decís…
–Lo que digo…
–Pará de llorar, no dramatices…
–No dramatizo, me duele…
–Pero estás exagerando…
–No exagero, no me quiere…
–Pero claro que te quiere…
–Te digo que no me quiere…
–Te re quiere, se le nota…
–¿Te parece?
–Claro que me parece, calmate.
–Pero entonces…
–¿Entonces qué?
–Si me quiere…
–Sí te quiere…
–¿Entonces por qué me dice que está desilusionado, que pensaba que yo era mucho mejor de lo que soy, que no ve la hora de volver a estar solo, que comparada conmigo cualquier otra es un bombazo, que soy sucia, que no me arreglo, que cocino mal, que tengo mal carácter, que se aburre conmigo, que…
–¿Todo eso te dice?
–Sí.
–¡Qué guacho!
–¿Viste que no me quiere?
–Pareciera que no.

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