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Los derechos de los niños cuatri

El lugar es Cariló. Un lugar que, como casi todos, soporta sobre sus seis letras varios mundos paralelos. En todos ellos naturalmente hay plata, porque Cariló es muy caro. Pero es distinto tener la plata para pagarse una semana en un apart, que la que se tiene para alquilar una casa todo un mes, y ambas cosas están a una distancia más que considerable de la plata que tienen los dueños de algunas casas, los cuatris estacionados como al descuido en la puerta junto con los demás vehículos, a la sazón un par de Audis o Toyotas. También tienen el lote de al lado para no perder perspectiva y carpa fija en algunos de los balnearios, preferentemente Cozumel. Casi no van al centro porque no quieren tener contacto con los advenedizos de los últimos años ni con los aún más repelidos visitantes ocasionales que llegan desde Pinamar o Gesell.

Diría incluso más, para que no me acusen de clasista, que después de todo no sé por qué suena a insulto, cuando es usada casi siempre para marcar diferencias de clase. Como si las clases no existieran o hubieran sido reemplazadas por alguna otra cosa más que subclases. Diría entonces que incluso hay gente que tiene mucha plata y aun así comparte una zona de su mundo no sólo con el que alquila su semanita en el bosque sino con el que veranea en Valeria o San Bernardo.

Más no me puedo esforzar: estoy dando tanto ejemplo para abrir el paraguas, ok. Después me llegan un montón de mails de gente que últimamente se hizo lectora de este diario (uno conoce bien, después de veinte años, a los lectores del medio en el que trabaja). Desde hace unos meses me bombardean a mails que me insultan o me acusan de no ser pluralista, de tener prejuicios ¡de clase! contra Macri, de odiar a los ricos y de evidenciar ciertas faltas privadas o la pobre ejecución de esas prácticas sexuales que presuntamente hacen dóciles y pro a las mujeres. Por suerte no es el caso.

A mí me encanta Cariló. Vengo desde hace más de una docena de años, porque cuando vine por primera vez una herida profunda que tenía se curó. Y quedó el lazo con el bosque, aunque es una estupidez decir que uno viene a Cariló por el bosque. Nadie viene a Cariló por el bosque. El bosque es magnífico, pero no deja ni por un centímetro de ser el marco perfecto para ser salpicado por casas que muchas veces son deliciosas, pero también por otras que lo único que hacen, con sus volúmenes y sus diseños dinastíacos, es gritar que ahí hay alguien que la supo hacer. No, no, uno no viene por el bosque. Los habitués que graduamos nuestras estadías de acuerdo con cómo nos haya ido puntualmente cada año venimos a descansar sobre nuestro costado más burgués.

Los progres, por identificarlos pronto, que venimos a Cariló, nos pasamos todo el año intentando aplastar esa parte nuestra. Es necesario aplastarla porque, al menos a mi entender, es la parte que no nos permitiría sostener algunas ideas fuerza que no tienen nada que ver con nuestros intereses individuales. Pero la gente no nace de un repollo, ni alcanza con explicar qué tipo de hombre puso la semillita en qué tipo de mujer para traernos al mundo. Caray, tanta parrafada para decir que veraneo en Cariló porque el bosque está bueno, pero además me provocan descanso las playas limpias, el silencio, la prolijidad, lo que se ve se mire hacia donde se mire. Todo es lindo. Perdón, perdón, no puedo evitarlo. Lo lindo me atrae.

Además estar en Cariló permite, en un día nublado, estar sentado con una computadora en un bar, con una enorme mesa a lado, ocupada por dos de esas tremendas familias numerosas que hay por aquí. A Cariló parecen venir todas las mujeres iguales o parecidas a Maru Botana. Todas tienen pilas de hijos, son rubias, manejan camionetas importadas, dan marcha atrás sin mirar si vienen peatones, tienen dientes superblancos, les dan delicadas pero firmes órdenes a las mucamas o niñeras que van con ellas a todas partes, y han perdido entre sus sucesivas maternidades alguna chispa que les encendería un poco más las caras.

Decía que en la mesa de al lado los padres y las madres estaban enfrascados en una conversación y algunos de los niños, en otra. Los de la punta, que estaban justo dentro de mi campo auditivo, tenían entre 6 y 8 años y eran compañeros de colegio.

Primero hablaron sobre algo deportivo que no llegué a escuchar y no me importaba. Después empezaron a preguntarse por otros compañeros. Ema está en Punta del Este con los abuelos, el Alemán manda mails desde Nueva York (sus padres están separados; se fue a Nueva York con el padre; un capo, el padre), Nico llega mañana. Y Manu… Pobre Manu, se tuvo que quedar en Buenos Aires. Se armó un kilombo terrible en la familia de Manu, porque al padre lo acusaron por estafa. Dijo uno, y ahhh, dijo el otro.

Después de un silencio tan corto que no sé si podría llamarse silencio o más bien pausa obligada para tragar y respirar, volvieron brevemente sobre el tema deportivo, como si lo último que dijo uno perturbara al otro. El otro, entonces, volvió rápidamente sobre el tema del que se había escapado. Quién sabe por qué. Eso es lo que tienen los chicos de todas las clases sociales: tratan de entender. “¿Qué es estafa?”, preguntó de pronto. “Es como robar, pero con empleados, oficinas, con todo legal.” Ahhh, dijo el más chico. Después volvieron otra vez al deporte.

Más allá de los encantadores bares del centro, el bosque seguía y sigue siendo magnífico. El problema en esta playa tan encantadora son las ideas que caen como paracaídas obscenos, disparados a veces por ricachones pintorescos y a veces por niños de 6 o 7 años. Todos son lindos y tendrán todas las oportunidades. No se los puede culpar por ello. Como no se puede juzgar a un nene de Lugano por haber nacido en Lugano. Tienen 6 o 7 años y ya se podría hacer un trazado tentativo de las vidas que tendrán estos chicos, y sus contemporáneos que no están aquí y que tal vez ni pronunciaron nunca la palabra vacaciones.

Esta nota no tiene por objeto señalar la evidencia tan obvia de que hay chicos ricos y chicos pobres, ni que todos los chicos deberían tener las mismas oportunidades, como marca la Constitución argentina y la Convención de los Derechos del Niño. Estos de Cariló no eran los remanidos niños ricos que tienen tristeza, esa figura tarada que forma parte del legado discursivo de Carlos Menem.

Pero me quedé pensando si esos chicos que tomaban su licuado en un bar de Cariló no tendrían también derecho a saber, ya a su edad, qué significa realmente la palabra estafa.

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12 respuestas a «Los derechos de los niños cuatri»

Tanto palabrerio para calmar tu conciencia? Tanto «perdón, perdón». Perdón por qué? De qué rama ideológica te quedaste colgada para destilar tanta culpa? Por qué tantos prejuicios? Quizás no soportes que otros disfruten de lo mismo que vos sin necesidad de escribir cada tanto mil palabras para decir algo asi como: «veraneo en Carilo pero soy buena, justa y progre»
«Es necesario aplastarla porque, al menos a mi entender, es la parte que no nos permitiría sostener algunas ideas fuerza que no tienen nada que ver con nuestros intereses individuales».
Pero que hipocresia!!!

Estoy totalmente de acuerdo con la observación de la idea de conciencia de clase. Además como tal, ¿Qué habría de hcer entonces?¿ Decir que simplemente uno debe mirar hacia abajo y lamentarse por todo? ¿Señalar con el dedo tanto al que nació aquí como allá? Creo que ese es el punto saber qué quiere decir la palabra estafa.
Me gustan mucho algunos textos…

Es asi de simple. La estetica y la moral se retroalimentan. Las madres rubias de niños numerosos, del opus-soja-nuevo rico- resultan agresivas para los que pensamos que la ostentacion del estereotipo de riqueza de estos lares tan desiguales es impudoroso

Hola Sandra, leí tu artículo en Pagina 12, la de la espiritualidad naif que hay hoy por hoy (leyes espirituales) y la relación de Macri con estas leyes.
Me parece muy bueno el artículo, de hecho, estoy resolviendo el porqué me parece tan trucha toda esta onda new age, quizá porque el catolicismo pierde adeptos y es la nueva forma del poder espiritual? mucho público quedó en bolas cuando perdió la fé en la iglesia.
Te dejo mi mail y msn es, andres-natural@hotmail.com, también te dejo mi página http://www.natural-rasta.com.ar si te interesa comunicate o mirate la web. Un gusto leerte.
Abrazo y paz!

Al fin encuentro un lugar donde dejarte mensajes. Muchas veces sentí que eras mi voz en tu palabra escrita. Gracias!!!!
Hace años que leo tus notas y me parecen bárbaras, son lo que piensa mucha gente que conozco y nos las pasamos cuando alguno no las leyó.
Acá estaré!!!
Gracias, gracias!

¿Qué placer cada uno de nosotros siente por por lo que hace, (llámese actividad profesional, acción comunitaria, hobby, familia, hogar, sexo, ocio…)? ¿Mis placeres están ahí porque los «elegí»?, o ¿cuánto hay de condicionamiento desde el entorno? ¿Y por qué sentir culpa de nuestros placeres? ¿Cuándo un placer se convierte en adicción?
Sandra, tu nota me desperó muchas preguntas. Aproximarnos a las respuestas ameritaría un trabajo interdisciplinario interesante. Te lo dejo picando para poder hacer algo desde la tele.
¡Gracias por generar este placer por la lectura!
Una lectora fiel de tus escritos en «Página 12»

Yo creo que uno labura mucho (cuando puede y tiene laburo) y es mas que justo que pueda veranear, donde quiera, como quiera. El problema es la desigualdad, cosa que no es culpa del que tiene trabajo (yo no lo tengo lamentablemente y no puedo vacacionar, bah, no puedo muchas cosas) Lo mas grave, es que muchas señoras rubias, tengan tantos hijos rubios que supondran que tienen el derecho de disfrutar de todo eso solo por nacer, que se criaran en colegios top, donde seguro se toparan con otros hijos de otras señoras rubias que hacen lo mismo que ellos, van a los mismos lugares, se educaran en las mismas universidades privadas carisimas, heredaran similares puestos gerenciales y eventualmente nos gobernaran, sin haber pasado nunca cerca de la vida real, sin haber estado nunca sin trabajo, sin haber conocido la cara de los que sufren, de los ninguneados que menciona Galeano.
Y en esta seudo democracia, mucha gente los votara, porque son lindos, porque son prolijos, porque son sanos, porque son «pro» Y por supuesto, me olvidaba, jamás, pero jamás, conocerán la carcel aunque estafen, aunque mientan al fisco… esos detalles de la vida cotidiana, esas contingencias que sufren, porque ya sabes, son «maniobras empresarias»
Y despues, en el gobierno, pediran «mano dura», porque el unico miedo que tienen es que le roben lo que naturalmente tienen, eso, que Dios, la Patria y las buenas costumbres le legaron con tanta sabiduria desde la cuna.

No conocía tus escritos hasta que leí en el blog de Hernan Iglesias tu nombre. Entré a tu blog y leo esta nota. Terrible… es insólitamente hipócrita… me encantó el comentario de Claudia. Debe ser dificil disfrutar con tanta culpa, «no fun without guilty feelings», re católico.. jaja. Y otra oc-servación: ¿por qué pensás que Cariló es como es y no como Valeria del Mar? Claaaro… es la gente con guita la que lo hace lindo… todo limpio, restricciones a la edificación, un centro con negocios top, paradores buenos, etc. etc….. que vacaciones tan culposas…

LO QUE HACE LINDO Y ENTRAÑABLE A UN SITIO ES TOTALMENTE SUBJETIVO, PODEMOS BUSCARLE EXPLICACIONES, ANLIZAR CUESTIONES PERO MAS ALLA DE LO IMPECABLE DE CARILO Y SU GENTE, HAY UNA HISTORIA QUE SUSTENTA TANTOS AÑOS DE FIDELIDAD . HAY LUGARES DESPOJADISIMOS QUE APASIONAN, OTROS POBLADOS COMO HORMIGUEROS, QUE TAMBIEN GENERAN GRANDES AMORES. NO TENES QUE DISCULPARTE TANTO . TU ANALISIS SOCIOLOGICO ACERC DE LOS LUGARES Y LA GENTE QUE CONCURRE A ELLOS CREO QUE ES UN VICIO PROFESIONAL, UNA ACTITUD ALGO CONTRACTURADA . HAY ALGO DESPECTIVO, Y PREJUICIOSO, COMO SE DICE POPULARMENTE DE MALA LECHE. ESAS RUBIAS CON HIJOS RUBIOS TAMBIEN SON PARTE DE ESTE REPARTO INEXPLICABLE DE POSIBILIDADES QUE ES LA VIDA. NO SE SI ES JUSTO, NO SABEMOS CUANTA COMPASION ABRIGA EL ALMA DE UNA PERSONA, NI PODEMOS MEDIR SU COMPROMISO SOCIAL TAN ALEGREMENTE. TE MOLESTA COMPARTIR EL AMOR POR CARILO CON LAS RUBIAS. ESTO TUYO HUELE A DISCRIMINACIÒN

También llego acá desde el blog de Iglesias.

Veraneé este enero en Cariló y me crucé con vos en el centro varias veces. Una vez, tomaste un café en el mismo bar que yo (en el centro cmercical viejo) y otras, te vi por ahí, siempre sentadita en un bar.

Muy de acuerdo con algunas de las cosas que decís. No tan de acuerdo con otras.

«la gente de Cariló» es inclasificable. Trataba de imaginar de qué trabajaba cada quien, y confieso que no encontraba la respuesta. Un día le le dije a mi marido que tenía ganas de tocar el timbre en las casas más llamativas, para preguntar: «Perdón, ¿usted de qué trabaja?».

Las 4 x 4 son insoportables, tanto como lo son los hombres o mujeres que las manejan. Hay excepciones, claro.

No vi tantas mujeres rubias parecidas a Maru Botana, sí, en cambio, vi muchas mujeres rubias parecidas a … ¿¿Adriana Aguirre, Claudia Villafañe, la mujer de Franchella o de Calvo?? Eso sí: muchas rubias.

Cariló es caro.

El bosque es maravilloso.
La noche es tranquila.
No hay cables, ni asfalto, ni semáforos.

Un saludo!

hola sandra .me pregunto hasta qué punto no es discriminar el hecho de manifestar el discurso de -la rubia – tonta – 4×4 – falta de chispa en la cara- rico – estafador.
tanto como con la del negro de mierda – cabecita – si vive en la villa roba – no trabajan porque son vagos-.

Sandra: cuando empecé la facultad no sabía nada de política, me ganó una izquierda comandada por un compañero que un día nos invitó a la casa. Era un depto en la zona de Plaza San Martín, la mucama nos atendió de uniforme y le decía «niño». Nunca me repuse de semejante impresión. No se puede ser de izquierda y tener una mucama con uniforme que te dice niño, sin vivir en una enorme incoherencia, es decir en la hipocresía, es decir en la traición. Y es mentira que uno no se pueda extraer de su clase, se puede. Lo que buscás en Cariló no es el bosque ni la limpieza de las playas, es la ausencia de gente de abajo compartiendo el espacio, esa gente que tira cáscaras de banana en cualquier lado. Sin quererlo concientemente, buscás el calorcito que tiene un espacio donde no existen las clases porque todos son de la misma clase. Es el mundo ideal, el mundo del apartheid. No te olvides que ese paraíso no sería posible sin que los que están abajo mueran como perros en un mundo donde la religión y el dios son «la renta». Y alguien te puede decir que no sientas culpa por elegir Cariló. Yo te digo: ¡Qué bueno que sientas culpa! Y no te estoy diciendo que no vayas, todo lo contrario. ¿Por qué no? ¿Quién no quiere vivir en un mundo donde no existen las clases? ¿Quién no se quiere borrarse por un rato del mundo tal como es, aunque sea soñando despierto? ¿A quien no le gusta la ficción? Lo que no está bien, es borrarse de ello todo el tiempo. Ahí te convertís en cómplice yculpable.

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