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Generación

La frase se me vino inevitablemente a la cabeza. Me llamaban para hablar en la presentación de la revista Generación, el 11 de junio, y alguien en el teléfono me decía que en la mesa también iba a estar una docente de la Facultad de Ciencias Sociales con la que últimamente nos vemos seguido. Me reí porque hasta hace un par de meses no nos conocíamos, y ahora chocamos en las entradas o las salidas de diversos encuentros en los que se discute la crisis del “campo” o en las que se discute la ley de radiodifusión. La frase, decía, se me vino como por inercia a la cabeza: nos une el espanto. Pensar en esa frase, no ya usarla, pensarla apenas, da un poco de rechazo, como todo lo demasiado escuchado, lo demasiado repetido, lo demasiado obvio. Y sin embargo, la frase de Borges, a quien también le debemos la percepción de que el peronismo es “incorregible”, me vino a la cabeza. Esa frase que anticipa que no es el amor el motivo de una unión sino la náusea.

Habiendo sido editora muchos años, sé que hay dos frases que muy a menudo acuden a la cabeza de quienes titulan diarios o revistas, y que después uno tacha, porque han sido tan transitadas que ya son lugares comunes. “No nos une el amor”, que implica espanto, y “Nos habíamos amado tanto”, el título de esa maravillosa película de Ettore Scola que hablaba de un grupo de amigos que compartió sueños y que después dejó de compartirlos. Unos siguieron pensando en ellos con otros, y otros siguieron pensando en ellos mismos. Compañeros de ruta, compañeros de generación que (otra vez Borges, otra vez el perceptor de esencias) llegados al punto en el que los caminos se abrían, se abrieron. Abrirse es otra manera particular de señalar alejamiento político o emocional. Abrirse connota libertad de acción. Es curioso, porque de alguna manera se opone a “cerrar filas”, o “encolumnarse”, que tienen connotaciones negativas. “Abriéndose”, se pretende salvaguardar la perspectiva individual. Hemos sobrevalorado, instados por las inercias de la época, la perspectiva de los “abiertos”.

A pesar de que me reí cuando rechacé mentalmente la frase, después me pregunté qué tienen en común esas dos expresiones que sirvieron en los últimos años tantas veces para titular diversas situaciones de la política argentina. Haberse constituido no por ellas mismas ni por su origen, sino por el uso dado, en lugares comunes, hace pensar en realidades también repetidas, también recurrentes. Que no nos una el amor sino el espanto. Que nos hayamos amado tanto: la frase tomada de Scola implica también una segunda parte no dicha: que ya no nos amamos. El tiempo verbal deja caer su letanía melancólica: todavía duele el amor ya inexistente. Inevitable también, viene otra frase, la estrofa de un tango, “Los mareados”, que argentiniza la sensación de vacío cuando cierta clase de amor se desgasta: “Mirá lo que quedó”.

Somos un país de cuya entraña brota la diferencia mal llevada. Quizá por eso nos brotan realidades que auspician estas maneras de decir. A muchos que ha unido el espanto, les ha sido negado el amor. No estoy siendo víctima del síndrome Paluch, ni poniéndome autoayuda, que justamente la autoayuda es uno de los conceptos que trajeron consigo los ’90 y que hicieron estragos en la percepción del otro. Es necesaria la aclaración por un desvío de tópicos pertinentes para hablar de cuestiones colectivas. Hablo de un amor en sentido amplio, hablo de la órbita de los afectos. Me pregunto cómo quedan, cómo juegan, cómo se mueven en esta triste historia. Y me pregunto también por qué será que tan pocas veces se habla de la dimensión afectiva de la política. De la pasión.

Los argentinos somos un pueblo pasional, pero el espanto es una pasión más popular que el amor. Hemos visto muchas más veces gente juntarse para odiar a otro que agrupándose por sus propias afinidades. No es así en todas partes. No es una ley de la condición humana. Es más bien, creo, el rasgo de una idiosincrasia que pretendió siempre ser portadora del estandarte del crisol de razas, pero en cuyos intestinos sigue anidando la bacteria del racismo. Este conflicto, además de tantas otras cosas, invisibilizó a millones de argentinos. Sobrevuela el prejuicio de que los peronistas son los vagos o los sobornados. Al “cabecita” alcanza con verle el color de pelo y de piel: no importa lo que piensa. El prejuicio indica que ni siquiera piensa: se deja llevar, se deja comprar por poca cosa.

También hay mucha gente que se quiso y que ya no se quiere. O que navegó en el mismo bote y ahora nada separada. Gente que anduvo junta y dejó de hacerlo, pero al modo argentino. Con dolor. “Nos habíamos amado tanto” cumple los requisitos para hablarnos de esos afectos que cubrieron con su potencia una época de la vida, y también de la separación traumática a la que parecemos destinados. Como si no tuviéramos previstas maneras honrosas de separación. “Nos habíamos amado tanto” suena casi como una copla o como un haiku lastimoso. No lo dice, no lo explicita, pero sugiere una traición.

Si para unos y para otros la Argentina lleva en sí alguna cuerda, una sola, que emita un sonido, uno solo, en este momento deberíamos escucharlo. Si para unos y para otros la patria vale la pena, esta pena de hoy habrá que digerirla y elaborarla, pero ya basta de roer insultos, subestimaciones, campeonatos de lucidez y falos de proporciones. La pulseada que presenciamos y padecemos es bizarra, pueril y machista. Va de suyo que quien dialoga cede algo para ganar al otro como interlocutor. Partiendo de esa base, las modificaciones anunciadas unilateralmente por el Gobierno implican que el diálogo no ha sido posible, pero también que hubo errores que se rectificaron o que se intentan rectificar. Al mejor modo argentino, “el campo” y el Gobierno deberían ahora sentarse por espanto, que nadie les pide amor. Pero sentarse.

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11 respuestas a «Generación»

El Casciari (http://orsai.es/) tituló así su último post y si bien él habla de otras cosas, creo que hay un sentimiento común ahí. Algo que yo no sé explicar pero me toca, aunque sea uruguaya, o porque soy uruguaya.
Este lugar común va por mi: El Cono Sur duele.

Sandra: leí tu nota de hoy en pagina y coincido con vos, hay que HACER. Hace días que busco el modo, el canal por el cual expresar/manifestar mi respaldo al gobierno en esta crisis y no lo encuentro. Pienso de qué forma colaborar, poner un granito de arena de alguna forma que no sea la militancia política partidaria, y no la encuentro. No soy ni fui peronista, sin embargo con Cristina, fue la primera vez que ganó el/la candidato/a que voté y quisiera encontrar la forma de respaldar con el cuerpo lo que dije con el voto. Un abrazo, como si nos conociéramos 😉

Sandra Russo, el motivo que me movilizo hasta esta pagina es para agradecerle «personalmente» sus articulos de estos ultimos meses en pagina 12. Yo vivo en Francia y la informacion a pesar de Internet me llega en forma parcial. Desde que comenzo el conflicto con el sector agrario hay un gran coro mediatico que repite las misma estrofas contra el gobierno; y en favor de ese sector. Usted es una de las pocas personas que representan un oasis del pensamiento en este momento. Fue una de las pocas personas que no defendio la famosa caricatura de Clarin, no actuo en forma corporativa, ni tampoco dijo «no se metan con fulano». Tampoco veo en sus notas el juego de muchos de sus colegas (y de pagina tambien) de decir que hay malas acciones en las dos partes y que al final de sus exposiciones piden al gobierno dar marcha atras.
El gobierno actual tiene un gran problema de comunicacion, no sabe «vender» sus logros y objetivos. Personalmente pienso que si el gobierno da marcha atras, volveremos a las peores epocas de nuestra historia. Lo pienso viendo quienes son los que tejen las alianzas en contra del gobierno. Y finalmente tiene razon, hay mucho de misognia y de racismo en el campo… opositor.

Bueno,

El bombardeo de desinformación está al pie del cañon. O sos de uno, o sos del otro.

Nuevamente, la falsa teoría de los dos demonios cobra vigencia. Mientras, volvemos a escuchar al ciudadano medio con pancartas de » andate», » que se vayan todos», que plim y que plum. Eso es llevar la crítica al facilismo histórico, del cual ya conocemos las consecuencias.

Creo que la salida de este momento es haciendo un debate público en el Congreso Nacional, para dejar sentadas las posiciones y para que TODOS nos enteremos qué se debate en la reunciones secretas entre los supuestos dos grupos.

Por último, fluye y fluye el argentino descripto por Jauretche…el medio pelo.Si, ese..el mismo.

Ivan

Sandra:
dado que pagina 12 no deja comentar las noticias, lo hago aca. Era un lector diario de pagina 12. Hasta que se oficializo. En tu nota de hoy 19/06/08 vos pones lo siguiente.
«el Estado pueda redirigir una parte de la renta en beneficio de aquellos que debe proteger prioritariamente cualquier Estado decente: los más débiles.»
Tambien decis que este estado lo esta haciendo como ninguno.
Quiero saber como se distrubuyen las riquesas con un tren bala? , y si alguna vez en estos dias saliste a recorrer pcias como cordoba de donde soy para que veas lo mal que la estan pasando la gente. O hay que ser pobre para que puedas participar de la distribucion de riqueza?. esa gente vive por y gracias al campo. Y si los gringos, son abaros y todo lo que quieras pero la plata la ponen en sus pueblos. Estoy de acuerdo con la distribucion de riquezas y que hay que hacerlo mas que de acuerdo. Pero no nos dejemos llevar por los lindos (algunos) discursos de nuestra presidente que despues no son llevados a la practica. Aca seguimos con el mismo modelo politico que menen pero con un discurso bien maquillado.

Sandra, como ya te dije antes era un gran lector de pagina, y admiro a varios de los periodistas de ese medio. Lo único que en estos momentos y desde hace 1 o 2 años no coincido con la vision que tienen. Es una lastima que no se puedan comentar las notas en el pagina para asi no molestarte por aca.

Saludos y disculpen en desorden de ideas. Es que tenia ganas de escribir.

QUIERO RESPONDERLE A MARIANO
¿Córdoba capital anda mal? Lo vi tanto a Luis Juez dándole consejos sobre gobierno a la presidenta que pensé que él lo hacía de maravillas. No me digas que, mientras fue intendente, no dejó a la ciudad de Córdoba como París. Estoy desilusionado, y yo que le creía.
Otra cosilla: como vos bien decís, los gringos son avaros pero algo gastan en sus ciudades. Bueno, la idea de la redistribución es que no haya que esperar que los ricos consuman y los pobres puedan agarrar algunas migajas. La cosa es SACARLES a los que más tienen para emparejar la cuestión. Por eso hubo 100 días de paro, no es joda lo que se está discutiendo.

Mariano tiene razón. Hay que salir un pocode Buenos Aires para ver la situación del interior. El fin último es la entraga de tierras como ya lo vienen haciendo hace rato en la aptagonia. El grado de corrupción de este gobierno no tiene nada que envidiarle al menemato

¿Sacarles a los que más tienen para emparejar la cuestión? Con «emparejar» supongo que te referís sacarle plata a los que trabajan para mantener a toda esa pobre gente a la que le pagan 100 o 50 pesos para ir a esos actos rídiculos que hace este gobierno, y que no se creen ni ellos mismos.

Acá arriba hay dos comentarios, firmados por dos nicks distintos, uno Diego y el otro Javier, con 5 minutos de distancia. Ninguno de los dos comentaristas dejó email. Y resulta que ambos fueron hechos desde la misma PC. Es decir, se trata de la misma persona. Soy el moderador de este blog y resulta que tengo ese dato.

Entonces qué hizo el pavote este, es decir Diego-Javier. Vino a poner su opinión, pero de paso puso dos, en dos comentarios distintos, para que se lea como que hubo dos personas distintas opinando en contra del post y criticándolo. Lo más patético de todo esto, es que el segundo comentario incluye una denuncia al gobierno por pagarle guita a la gente para que vayan a los actos. Y al mismo tiempo, el hace lo mismo, en su gesto de publicar dos comentarios anónimos con nombres distintos. Señalo esto porque creo que ejemplifica muy bien un estado de situación. Los que critican al gobierno, mal o bien, caen en las mismas chicanas y trampas sucias que pretenden denunciar. Supuestamente son lo «nuevo», la «reacción», pero en realidad son exactamente lo que denuncian. En psicología se llama proyección: eso de asignarle a los demás los trapos sucios propios. En un blog se llama: no seas tan tarado como para hacerte el hacker y ni siquiera tomarte el trabajo de pasarte a la máquina de al lado en el locutorio.

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