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Pensemos en «Playboy» II

En esta sección, el lunes pasado, pensamos en Playboy a propósito de las fotos de María Luján Telpuk. Pensamos que no era curioso, sino más bien de rigor, que una mujer joven y atractiva cuya imagen salta a los medios a raíz de un caso como el de la valija de Antonini reciba su oferta y la acepte y sea entonces Playboy el medio a través del cual los lectores puedan ver a esa mujer desnuda.

Sugeríamos pensar un poco más sobre este tema. ¿Qué significa una mujer desnuda en una revista? Y más específicamente, ¿qué significa ésa mujer desnuda? Por lo pronto, la defensa de Antonini ya ha pedido exhibir las fotos de Telpuk en el juicio de Miami, y al parecer el pedido ha sido denegado. Pero sí podrá esa defensa argumentar que Telpuk “utilizó el escándalo para ganar dinero”.

Aquí al menos ya hay un significado de ese desnudo: en el marco del caso, se lo intenta equiparar con un “antecedente”. En un juicio de mentirosos consuetudinarios que trabajan para el que mejor les pague y trafican lo que les manden y traicionan al que les toque traicionar, se intenta convertir el desnudo en Playboy de una ex agente aeroportuaria como un “antecedente” que deje sobrevolando, acaso, que se trata de una mujer poco fiable, que busca fama y vida fácil y en consecuencia no es dueña de una palabra fuerte.

El intento de la defensa de Antonini no deja de ser en sí mismo revelador de quién es el defendido. ¿Qué significa una mujer desnuda en una revista? Entre las innumerables respuestas posibles, aquí hay una: significa que se puede usar ese desnudo para desacreditarla. Significa que el desnudo, que estas sociedades alientan porque el público consume desnudos, no es, como se pretende muchas veces, un “atrevimiento” para el que hay permiso social, sino que es un “desliz” que esas mujeres pagarán de diversos modos. En Miami, ahora, ese modo adopta la forma del debilitamiento de una testigo.

La sola idea de exhibir en el juicio las fotos de Playboy proviene de ese agujero del derecho donde van a caer las lacras de un lado y del otro. Las que generan estrategias en las que no se demuestra la inocencia de alguien, sino que se trabaja para borrar las pruebas que lo incriminan. Desde esa ventana sucia se puede ver a una mujer joven y atractiva que llega desde el anonimato más completo a la luz pública, y cuya “verdadera” aspiración es trepar socialmente. Se puede usar su desnudo para inhabilitar las palabras de esa mujer.

Para eso, naturalmente, no hay que pensar, sólo dejarse llevar por la inercia machista que recorre esos circuitos discursivos. Porque si uno lo piensa, qué pavada. Qué estupidez pretender que un cuerpo desnudo va en sentido contrario a la verdad, o que se aleja de ella. Qué razonamiento hipócrita, qué flor de hilacha le cuelga al valijero, cuyas palabras, pese a sus “antecedentes”, fueron tomadas como “revelaciones” por los grandes medios, y comunicadas así, como “revelaciones”, sin comillas, en esa cruza de inexactitud y ambigüedad que caracteriza a la manipulación.

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