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Política internacional

El neoliberalismo choca contra el buen vivir

La rebelión frente al capitalismo como forma de descolonización

El modelo capitalista se impuso desde la colonia y continuado más tarde en los albores de la República por la ideología conservadora instalada en la Constitución que aprobó Portales. Los intentos modernizadores han sido siempre fieles al liberalismo imponiendo la libertad individual por sobre la idea de igualdad, así se fue forjando la sobre valorización y naturalización de la propiedad privada. Sin embargo, en nuestros pueblos indios existia otra concepción originaria en dónde era más considerada la idea de igualdad. El buen vivir practicado por nuestros ancestros excluye los excesivos privilegios de clase.

Los pueblos indios alzados en América vienen planteando hace rato una forma de vida alternativa al capitalismo y le han declarado una oposición radical, justificados en el régimen de injusticia brutal que hemos sufrido en las últimas décadas.

Un hito histórico paradigmático está en la historia boliviana de estos últimos años, desde la gestación de la revolución que surge con las protestas populares e indígenas en el contexto de las llamadas Guerra del Agua y Guerra del Gas provocadas por el recrudecimiento del capitalismo en manos de Sánchez de Losada quien también provocó matanza y medidas represivas que violaban los Derechos Humanos, tal cual ha sucedido en Chile durante la última semana.

El país hermano y vecino se constituyó una revolución que trajo consigo un cambio profundo en la distribución de la riqueza, con lo cual Bolivia viene superando (a pesar de la oposición de los sectores conservadores internos y de los zarpasos externos) con buenos resultados el problema de la desigualdad. Dicha revolución sólo fue posible en la unificación entre las clases indígenas y la clase popular.

En el caso chileno de estos días apreciamos un estallido de insurrección que ha ido decantando en una dura oposición a la política del gobierno de Sebastián Piñera que trajo algunos triunfos menores, tales como: el cambio en las prioridades del plan de gobierno, desmantelamiento de parte de su gabinete, la humillación de la clase política y empresarial, la suspensión de la Apec y de la Cop25 en nuestro país. Pero, por otra parte las grandes reivindicaciones siguen pendientes, el juicio y desafuero de Piñera, la instalación del nuevo pacto social y el urgente cambio de Constitución que permita terminar con el lucro en salud, las pensiones, educación, vivienda y transporte.

Esta vía democrática hacia el nuevo pacto social es familiar a los movimientos revolucionarios indios en cuanto a que la lucha contra el capital es también una guerra contra el capitalismo salvaje. Podemos ver estas dos alternativas de lucha que tienen un propósito común, reestablecer formas de vida sin desigualdad social. El encuentro entre estas dos fuerzas políticas constituye un gran potencial transformador para alcanzar la liberación del capitalismo de la colonialidad/modernidad.

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Medio Ambiente

Resistir en el monte

La Totorilla es una comunidad campesina integrada por siete familias, que viven en el paraje rural ubicado a 15 kilómetros de VIlla Ojo de Agua, sur de Santiago del Estero. La Familia Mendoza vive allí hace más de cuarenta años. Tres generaciones trabajaron la tierra y la cuidaron. Tienen cabras, chanchos, vacas, gallinas, quesos, zapallos, sandías, entre otras cosas.

Raúl Gustavo Báez es uno de los tantos empresarios que operan como señores feudales y amedrentan a las familias campesinas. Jamás vivió en Totorilla, y no tiene ningún acto posesorio. Ha utilizado métodos de tortura de la dictadura militar contra las y los hijos de Roque Mendoza y Gladis Galván, para expulsarlos de las tierras de las que él dice ser dueño: los ahogaba en el arroyo, y violó a su hija durante más de tres años.

A partir del programa radial que emite el Movimiento Campesino de Santiago del Estero -FM Suri Manta 89.3, una de las seis emisoras que el movimiento tiene en toda la provincia- se comunicaron para pedir asesoramiento, luego de que Báez comenzara un juicio, con muchísimas irregularidades, para desalojarlos. En ese momento la comunidad campesina pagó abogados privados que negociaron con Báez y le mintieron a la familia Mendoza: no los defendieron y el desalojo finalmente fue aprobado.

-La familia escuchó la radio, hablamos del derecho a la tierra, le decimos a la comunidad que no firmen nada si viene alguien, la tierra le pertenece al que vive y trabaja en ella. Nosotros queremos despertar conciencia, trabajar los derechos de las familias. En ese caso accionaron solos, después los acompañamos a resistir y también conocimos bien el expediente. Se resistieron desalojos en mayo y en octubre de 2018. El primero fue con matones, y en el segundo mandaron cuarenta policías- cuenta Adolfo Farías, vocero de la organización campesina.

Cuando la policía infiltrada entre los matones de Báez quiso entrar al campo, las familias, de buenas, les dijeron que no. Uno de los integrantes del paraje dijo, «Estamos organizados con en el MOCASE Vía Campesina, nos vamos a quedar porque quedarnos en la tierra es nuestro derecho. Ahora vienen nuestros compañeros». El fiscal -que tenía la orden desalojo firmada por el Juez Jozami- le dijo a la policía “Mejor nos vamos”. Raulito Báez, hijo de Raúl gritaba escondido detrás de las fuerzas: «Vayanse hijos de puta, ya los vamos a sacar».

Ese día la policía hizo base en al Escuela de Totorilla N 922. Su directora, Marité Carrizo, los recibió con café. El día anterior le había dicho a los niños y niñas de la comunidad: «Mañana ya no vivirán más en este campo, mañana los sacan de acá». Los niños llegaron llorando a sus casa. MOCASE lo denunció en el Consejo de Escuela de la Provincia. Báez, su hijo, los empresarios en general, y la justicia saben que no es lo mismo una familia desamparada que la organización. Mocase Vía Campesina ha tenido enfrentamientos con empresarios con mucho poder local, y ha podido frenar una cantidad de desmontes y desalojos.

El miedo no vive en el monte. La familia Mendoza decidió dejar de callar, a raíz de que los conflictos por la tierra hicieron que después de tantos años las víctimas pudieran hablar de las torturas a las que fueron sometidas por el empresario y su hijo.

Sobre finales de los ochenta y principio de los años noventa, Báez iba cuando los adultos se ausentaban de la casa para ir a trabajar al monte o al pueblo. Maribel Mendoza era víctima de violación y tortura de parte de Raúl y Raulito Báez en Totorilla. Después, el empresario se la llevó a su casa del centro de Villa Ojo de Agua, donde la hizo trabajar como empleada doméstica sin pagarle, y abusó de ella durante 3 años. Ella y sus hermanos Valeria, Evan, Juan y Hernán, fueron víctimas de tortura en agua congelada, de golpes y amenazas.

– Lo que hacía Báez era aplicarle la técnica del submarino, como en la dictadura, los sumergía en en el arroyo hasta que no resistía más y los largaba. Aprovechaba que no estaban los padres. Después de más de veinte años, a Valeria le quedaron secuelas, ataques psicóticos, ataques de llantos y dolor de oído agudo por el agua. Pero el que goza de custodia policial es Báez.

Ana Gladis Mendoza, fue otra de las víctimas de violación. Cuando quiso enfrentar al empresario y denunciarlo- el 7 de mayo de 2013- la asesinaron. El femicida, empleado de Báez la mató y dejó su cuerpo detrás de su casa.

-Ni él ni sus matones entraron más al campo, eso lo conseguimos. Presentamos una acción autónoma de nulidad del juicio civil, donde se discute la propiedad de la tierra, y nos aceptaron. O sea, volvemos a discutir en la justicia de quién es la Totorilla. Antes fallaron a favor de Báez, porque los abogados de la familia Mendoza no presentaron nada en su favor. En el caso del abuso sexual, tenemos grandes posibilidades de seguir adelante, porque ahora hay una nueva legislación, que empieza a correr cuando la víctima declara, no del hecho. La ley empieza a entender que la víctima no puede hablar en el momento. Hay un bloqueo psicológico. Cuando las compañeras lo ven al viejo, vuelve todo el tiempo a su cabeza lo que han vivido.
Las secuelas no se van nunca, pero la comunidad decidió.

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Política internacional Videos

Documentales sobre los Chicago Boys – Gracias Alex Ibarra. Viva Chile

🎬 Chicago Boys (2015)


https://ok.ru/video/87099247174

 

🎬 Chile: Impresiones (1978) *Francia

 

🎬 El diario de Agustin (2008)

 

🎬 La educación prohibida (2012)

 

🎬 Actores secundarios (2004)

 

🎬 Los montajes de la dictadura (2016)

 

🎬 Se robaron el cobre (2012)

 

🎬 Chile: Hasta cuando?

https://youtu.be/nqTdfz_8Lxw

 

🎬 Chile, la memoria obstinada (1997)

https://youtu.be/mNH-9aAF_Fg

 

🎬 La batalla de Chile (1975)

 

🎬 Newen Mapuche: la fuerza de la gente de la tierra (2011)

 

🎬 Mala Pesca: La depredación pesquera en Chile (2016)

 

🎬 Chao Pescao (2013)

 

🎬 Matapaco (2013)

 

🎬 La nostalgia de la luz (2010)

https://bit.ly/2JzeEvE

 

🎬 El botón de nácar (2015)

https://bit.ly/2NlsOBW

 

🎬 La ciudad de los fotógrafos (2006)

 

🎬 Huérfanos de la leche (2012)

 

🎬 Territorio sagrado (2014)

 

🎬 Plantar pobreza, el negocio forestal en Chile (2014)

 

🎬 I love Pinochet (2001)

 

🎬 El aguacate – El lado oscuro del superalimento (2018)

 

🎬 Las lágrimas secas de Chile (2019)

 

🎬 El gran robo de carabineros de Chile – PACOGATE (2017)

 

🎬 Corrupción en el ejercito de Chile – MILICOGATE (2015)

 

🎬 La doctrina del Shock (2009)

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Política

Cuidar al Frente

Un falso twitt del Turco Asís, surgido seguramente de las entrañas del monstruo que seguirá al acecho, enturbió muchos ánimos hoy. Con evidente mala espina, se decía allí –y en otras “fuentes” imprecisas que se pusieron en circulación – que había habido un “pacto” entre el macrismo y el Frente de Todos para “dejar así” los números en nombre de una presunta “gobernabilidad”. Es cierto que los números no dan, que hubo evidencias de manipulación de DNI, de alteración de padrones y exageradas subidas en algunos distritos que cumplen la función, para el macrismo, de “haber dado vuelta” lo que parecía irremontable. Hay denuncias presentadas, Graciana Peñafort se ocupó de disipar dudas formales, de indicar cuáles serían los pasos a seguir, y se esperará el escrutinio definitivo, toda vez que los datos que se conocen hasta ahora no son los datos realmente válidos. Pero quiero volver a la palabra “pacto”.

Para que estemos preparados. Para que asumamos que le ganamos al macrismo pero no le hemos cambiado su esencia mentirosa y trucada, ni hemos disuelto los enormes intereses que se siguen moviendo atrás de ese equipo desastroso que nos dejó realmente esa pesada herencia con la que se excusaron cuatro años.

Personalmente, como a todos y todas, me gustan más algunos candidatos y candidatas de los nuestros que otros, pero haciendo uso del más raso sentido común, me suena inverosímil, pueril, puerco y muy macrista que ya hoy se esté hablando de “pacto”. El triunfo está recién nacido y ellos han comenzado su retirada con un incendio en el Banco Nación después de agitar desde el domingo con su 40 %. Es evidente, por el tono que usaron tanto Macri como Vidal al aceptaer la derrota, que no se dan por derrotados. Y lo primero que intentarán hacer es dividir. Es la más fácil, la más obvia y la más burda de las estrategias, pero a través de trolls y comunicadores adictos, más seguras propuestas silenciosas que sobrevendrán, que tentarán a muchos con la división de un Frente que, así tal como está, los venció y los pone a mano de ser investigados como corresponde, porque sabemos que en el mandato de Macri se cometieron una cantidad considerable de delitos.

El paisaje sigue siendo opaco y lleno de sombras. Pero hay algo que tendríamos que tener muy claro: este Frente debe tener una pronta identidad, no puede ser un patchwork de distintos sectores unidos con alfileres. Para lograr lo que nos proponemos colectivamente, este Frente debe darse la oportunidad de germinar como una base de un país que nunca existió hasta ahora. Esa unidad que se pronuncia debe encarnar, o nada habrá servido. Y para eso es necesario otro voto, un voto de confianza entre nosotros. Un tiempo de prudencia y de tolerancia mutua que en el
mejor de los casos nos acercará y nos hará más, y más fuertes. No podemos equivocarnos en eso. Estamos en el baile y hay que bailar. Llegamos juntos al baile y vamos a bailar juntos. El porcentaje que sacó Alberto Fernández, y que seguramente irá creciendo día a día a medida que se llegue al recuento definitivo, es apenas la señal de largada de un proyecto muy ambicioso, que es que por fin la unidad de tantos sectores nacionales y populares peleen mancomunadamente por un objetivo común, que es devolverle a nuestro pueblo su vida digna. Eso se malogrará si no sabemos cuidarnos de la perfidia, de la mala entraña y de la confusión que sembrarán sin pausa. Ya los conocemos. Es mala gente. Algunos se tomarán un descanso y llegarán nombres nuevos.

Pero los intereses que representó Macri seguirán intentando rasgar donde duela, echar oscuridad donde hay luz, habrá expertos en maledicencia. Si aprendimos del dolor que nos provocó esta tercera ola de neoliberalismo, tenemos que darle importancia y calidad al Frente que armamos. Tenemos que cuidarlo y que blindarlo. Es nuestra herramienta política. No tenemos otra. No lo olvidemos.

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Contratapa Página/12

Chile se despertó

En los últimos años, en estas notas, se habló recurrentemente de la “sensación de irrealidad” que intentaba impregnar en la sociedad el nuevo dispositivo de poder, más intenso y concentrado que nunca antes. Poder político, obscenidad judicial y grandes medios juntos en la tarea de culpabilizar a las víctimas. Despedidos, perseguidos, despreciados, reprimidos, invisibilizados, eran acusados de “algo haber hecho” para merecerse el dolor. Mientras tanto, los recursos escasos eran derivados hacia lo más alto de la pirámide. Se habló de la necesidad de romper ese relato hegemónico que bañaba de irrealidad la realidad.

No es el problema la construcción de un relato, porque todas las culturas, todas las religiones y todas las tradiciones políticas tienen un gran relato que las estructura, y fija su posición ante lo que está mal o bien. El problema era que este relato no llegaba a relato: cuando borraron a los héroes nacionales de los billetes (“Al fin algo vivo en los billetes”), lo que revelaron era que iban a prescindir de la historia, que desconocen y a la que ignoran, y que su relato se limitaría a acumular y esparcir básicos argumentos de resentimiento, no basados en una compresión determinada del mundo sino en la estimulación del odio. La grieta a la que apelaron no es otra cosa que mantener permanentemente dividida a la sociedad en mil debates legítimos, pero que alejaban la visión panóptica de lo que pasaba: estaban estableciendo un nuevo orden social, pensado como definitivo.

También se habló de “hechizo”, en una acepción muy lejana a la que le hace a Macri decir que su mujer es “hechicera”. El hechizo de referencia es un estado subjetivo y colectivo al mismo tiempo, cuyo trayecto se explica de afuera hacia adentro de las personas, y no la inversa, pero que luego de incorporado vuelve a salir, convertido en odio y en ceguera. Estos días nos hemos alterado al extremo, todavía asombrados de las imágenes que días antes llegaban del Ecuador. ¿Algún gran medio siguió la cobertura ecuatoriana? ¿Algún gran medio dio información sobre el encarcelamiento de correístas, de sus asilos en embajadas, de las venganzas ejemplificadoras que se tomaron contra líderes indígenas? No.

Eso forma parte de la sensación de irrealidad. La realidad se podía tapar. Pero ya no. Hay cadenas de informadores informales, nacidas del pueblo, que nos muestran, ahora, la barbarie de las fuerzas armadas chilenas. El “periodismo profesional” ha defeccionado. En el mundo y en esta región ardiente las multitudes tienen conciencia de la falsedad de las coberturas televisivas, aunque el desmadre chileno es tal, que la violencia extrema y descontrolada de los carabineros también apuntaron contra cualquiera que tuviera un micrófono, como el cronista de TN. En el pliegue abierto por las protestas masivas por una democracia que, como cantaban en España, “no lo es, no lo es, no lo es”, se pudo ver que la orden que tenían los carabineros era que su accionar delictivo debía ocultarse. Esas fuerzas parecen extemporáneas: nunca antes hubo tal proliferación de videos y fotografías y audios en los que queda al descubierto el gran delito de lesa humanidad que está llevando a cabo el gobierno de Piñera contra su pueblo.

Lo que Piñera pasó por alto es que la época ya no es aquella en la que la verdad asomaba por la televisión o los diarios. Atrasan medio siglo. Los pueblos se han hecho cargo de la información. Viene desordenada, mal fechada, sin créditos, con errores de tipeo, pero habla y vomita todo lo que los medios ocultan. Esos que no son periodistas sino aterrados vecinos que filmaron cómo los carabineros dejaban caer un detenido de una camioneta y lo mataban antes de acelerar, o los que tomaron las imágenes de otros carabineros entrando a los golpes a los domicilios de estudiantes, los que mostraron las visiones atroces de la cacería cuyo saldo de muertos se ignora todavía, han hecho por la información mucho más que los señores de traje y las señoras bien maquilladas que salen por televisión. La televisión ya no es el ombligo de la información. Las nuevas generaciones, las más libres y las más valientes, no se informan por televisión ni por los diarios.

La región arde. Parece que algún hechizo se hubiera roto. “No son treinta pesos, son treinta años” es la síntesis de un despertar aletargado pero de una potencia extraordinaria. “El pueblo se despertó”, era la frase proyectada en un gran edificio de Santiago. Los chilenos han salido a reclamar su vida digna, con la fuerza de quien ha permanecido mucho tiempo reteniendo su ira, arrodillado, reprimido de esa otra forma en que se reprime a la gente: no dejándola hablar.

En América Latina hemos vuelto a la realidad por el vacío de las heladeras pero también porque no alcanza vivir con la panza llena si apalean al de al lado, porque el de al lado puede ser uno mismo mañana, porque lo que se nos pide a cambio de no ser alienígenas es dejarnos colonizar, y la felicidad es un tejido inmaterial que entrelaza lo necesario para estar en paz con uno y con el mundo: una vida digna es imposible sin sensibilidad o sin justicia. Dice Macri que “la justicia social es un invento”. Justo en la Argentina un empresario torpe, saqueador y sin escrúpulos viene a decir que es un invento la memoria colectiva. Aquí la justicia social es una experiencia encarnada. Y eso es lo que jamás le van a perdonar a Perón.

A lo largo de la historia humana se ha mantenido a las aplastantes mayorías aceptando todo tipo de avasallamientos. Nos suelen contar la historia como una sucesión de batallas, invasiones, expansiones, conquistas. Pero hacia el interior de cada pueblo que colonizó o fue colonizado, ese hechizo también ha existido. Toda jerarquización hegemónica –étnica, de género, de nacionalidad, de color de piel, de inclinación sexual, y la lista es larga–, implica un pasado de resistencia y finalmente la aceptación generalizada de que “así son las cosas”. La aceptación del vencido forma parte del statu quo tanto como los privilegios de los vencedores.

La región está caliente. No es sólo el cambio climático lo que se acelera. Se acelera el capitalismo. Que ya no es lo que aprendimos en el colegio que era el capitalismo, así como no hemos vivido los últimos cuatro años en eso que nos enseñaron que era la democracia. Recuerdo el 83. Sacarnos la faja en el 83 fue una inmensa felicidad, porque volvía la democracia. Pero ahora ya no alcanza con eso porque la democracia fue siendo abusada poco a poco y más y más por el capitalismo corporativo. No alcanzan los conceptos. Los pueblos reclaman experiencias de bienestar.

Nos ha tocado ser contemporáneos de un momento bisagra. Lo que se quiere expulsar es el sacrificio de las mayorías para pagar esos privilegios que la señora de Piñera ya se dio cuenta que van a tener que amortiguar. No sé qué me causó más impresión: que viera al pueblo chileno como extraterrestre –es decir, asesinable–, o que hablara tan suelta de lengua de sus privilegios. Que dijera esa palabra. Que fuera tan consciente y clara en relación al orden que su marido intenta perpetuar. El de sus privilegios de clase.

La riqueza concentrada ha generado una nueva nobleza que reclama para sí lo que le resulta natural, sus privilegios. Hoy la región y el mundo están asistiendo al despertar de enormes mayorías silenciadas y mantenidas en la mugre para que unos miles acumulen todo. Se rompió el hechizo. Los alienígenas tienen la sangre del mismo color que la señora de Piñera. Pertenecen a su misma especie y a su mismo país. Y un aumento del Metro les revolvió las tripas, porque ahí sí hubo derrame: fue la gota que no contuvo el vaso. Hay pueblos que han sido tan maltratados, que ya no temen. No sabemos cuánto tiempo tomará ni qué articulaciones políticas podrán encausar este deseo colectivo de volver a vivir sin sufrimiento. Pero una vez roto el hechizo, será cuestión de tiempo. La noche neoliberal está apagándose. Se apagará más pronto si los pueblos se dan conducción política, y si siguen los dos pasos que Badiou considera indispensables para el amor: experiencia y construcción.

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Política

Las políticas, siempre

Cristina dijo ayer que Macri no es muy chispita, pero que las críticas internacionales se ensañan con él para no hablar de sus políticas. Porque quieren que venga otro que aplique las mismas políticas. Menem se fue abucheado pero parecía más bizarro su casamiento con Bolocco que sus políticas. Y De la Rua lo volvió a poner a Cavallo. «Porque los medios lo pedían». Y aplicó las mismas políticas. Macri hoy dice esto. Le sigue echando la culpa a ella porque es mujer. Y él solo conoce mujeres como la ex del Galicia. Bueno, no exactamente. Conoce a las que tienen muchísimo más. Las del Gslicia sueñan con ser como Juliana. Listo. Se terminó lo que puede decir Macri sobre las mujeres. Lo otro es guionado. Nos ve como potenciales desequilibradas por el shopping. El presidente de un país donde los pibes no toman leche. De madres desesperadas porque no les pueden comprar leche. Lo de Macri obviamente es de un machismo revulsivo. Pero siempre acordémonos de sus politicas. Porque su idea de las mujeres no está disociada de lo que piensa de los pobres, de los negros, de los jubilados, de los discapacitados, de los indios, de los docentes. Las políticas. Hay que combatir las políticas.

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Medio Ambiente

La tierra encadenada

En 1930, el cacique mapuche Miguel Ñancuche Nahuelquir viajó a Buenos Aires a pedirle al Estado Nacional la titularidad de lote 140 de la comunidad Cushamen, donde su comunidad vivía desde siempre, porque el poder político de la ciudad de Esquel no le daba respuesta a su reclamo.
El conflicto había surgido cuando llegó el árabe Juan Sfeir a pedirle alquiler, subvivienda, y no solamente nunca le pagó un peso sino que vendió esas tierras a un compatriota. Nahuelquir finalmente obtuvo en Buenos Aires el título, volvió al territorio, presentó la documentación y murió “misteriosamente” de un síncope. Inmediatamente su familia perdió -también misteriosamente- la titularidad. Perdieron la tierra.

Corre enero del año 2018. Una familia bulliciosa ingresa en el Viejo Almacen del Foyel, a mitad de camino entre Bariloche y el Bolsón. Piden tortafritas, agua para mate, y ubicación del baño. El último en ingresar al salón es un señor mayor. Se acerca a Yuyo Brigues -propietario del lugar- y le dice “Yo viví acá”. Explica que su padre trabajaba ahí, y que hacía transporte de madera. Brigues le muestra una foto que atesoraba de los viejos propietarios.
Le pregunta el nombre de su padre:

-Miguel Sfeir. Hijo de Juan Sfeir de colonia Cushamen.

Yuyo queda en silencio, haciendo cálculos.

-Mi abuelo Juan Sfeir se tuvo que ir de la colonia porque mató a un indio que se le vino encima del mostrador.

Miguel Ñancuche Nahuelquir era el bisabuelo de Facundo Jones Huala, perseguido político de los gobiernos de Macri. Bachelet y Piñera. Yuyo Brigues es un historiador sin academia, y ató cabos por su cuenta.

Brigues nació en la ciudad de La Plata. Su papá era trabajador independiente y su mamá telefónica. Lo mandaron a una escuela doble turno Salesiana. No terminó el secundario porque abandonó cuatro veces quinto año.

La noche de los lápices se gestó en el Normal N° 3, en la misma manzana donde él estudiaba a los catorce años: “Hubo hechos violentos y sangrientos a la vista, he visto llevarse de la puerta de casa a militantes, saberlos desaparecidos en supuestos enfrentamientos, vimos en la puerta de la escuela ríos de sangre, restos humanos”, recuerda. Sus padres eran peronistas -según Yuyo- porque entendían sus orígenes. Su papá le repetía “Nunca te olvides de dónde venís”. Él agradece ese recordatorio, que ha sido su guía.

Cuando tenía veintidós años, decidió irse de viaje por Sudamérica con doscientos dólares.
Estuvo cinco meses en Otavalo, un pueblo indígena Ecuatoriano rodeado de volcanes.
Empezó a hacer artesanías. Le gustaba, le posibilitaba viajar con poco y fue encontrando su
identidad.

-Me sentía cien por ciento vivo. No vendía nada, pero me daba para subsistir- cuenta.

Llegó un amigo desde La Plata con un rescate: otros doscientos dólares. Los cuidaban como el aire. Trataban de canjear comida por artesanías, pero al poco tiempo emprendieron el regreso con un capital de dos naranjas, dos bananas y diez dólares.

En Perú, un camionero los levantó y los llevó en la carga, viajaron toda la noche entre cañas de bambú mirando las estrellas. Ese día vieron cómo se puso el sol en el pacífico. Se refugiaron en un hotel con los últimos pesos, pidieron ayuda en el consulado, hasta que terminaron refugiados en un templo Hare Krishna.

Yuyo viajó a Bariloche a hacer temporada de trabajo. Tras idas y vueltas se quedó. Formó una familia, pasó frío, emprendió varios negocios que le demandaban viajar por la zona, y se estableció.

Los ciento veinte kilómetros que unen el Bolsón y Bariloche exigían una semana de travesía y acampe, siempre que las condiciones climáticas fueran favorables. A mitad de ese camino se levanta el Paraje Foyel, con poco menos de cien habitantes, pocas casas, algunos animales y el secreto mejor guardado: el Lago Escondido.

El Viejo Almacen del Foyel, un lugar histórico al que Yuyo miraba en cada viaje estaba cerrado y abandonado. Un día vio gente, frenó y pidió la dirección del dueño. Encontró a un hombre, que desde la puerta de su casa lo miraba fijo y en silencio. Yuyo hacía ademanes, buscaba convencerlo de que se lo alquilara y argumentaba, elocuente. “Si me decido le aviso, lo llamo”, fue lo único que consiguió.

Un año después, camino a Esquel, Yuyo de detuvo en el paraje y se acercó nuevamente a la casa:

-Hace tiempo estoy viendo si pasa con la camioneta- le dijo el viejo.
-Bueno, don, ¿qué decidió?
-¿Sabe que perdí su número?
-¿Y a cuánto me lo alquila, Don?
-Doscientos pesos, ¿le parece bien?
-Sí, bueno, le dejo cincuenta de seña. Me estoy yendo pero al regreso armamos un contrato
de alquiler.
-Hagamos un contrato de seis meses.
-Hay que hacer una inversión para amortizar, había pensado diez años.
-¿Y si yo quiero vender el día de mañana?
-Usted quiere vender, y yo quiero comprar.
-Pero usted, ¿vio cómo está?
-Sí, Don.

Yuyo conoció a Marta, su esposa, en el paraje mientras ponía en condiciones el lugar. Ella es santafesina, criada en el valle de Fiske Menuko (General Roca), y estaba de visita. La invitó a cenar y luego a escuchar música. Después tuvieron dos hijas y abrazaron juntos el proyecto.

En el terreno de Yuyo y Marta está ubicada la tranquera donde comienza el camino hacia el lago Escondido, según una sentencia del 2009 del tribunal superior de la provincia que lo habilitó como paso de servidumbre, pero hasta el día de hoy no hay paso. Aparece entre las nubes, el bosque y la montaña. La chimenea de la cabaña humea y la puerta se abre.
Adentro suena un disco compacto.

Se necesita una tarde para revisar todo lo que cuelga de las paredes del Almacén. Fotos de la familia Foyel e Inacayal, últimos caciques en resistir la conquista del desierto, libros, recortes de diario, fotografías, documentos. Yuyo atiende a dos mujeres que acaban de ingresar. Un barril ubicado en el medio del local oficia de salamandra.

La causa de la apertura al Lago Escondido es solamente la punta del Iceberg. La extranjerización de la tierra es la cuestión de fondo, y la apertura a nuevos terratenientes.
Ese camino al Lago atraviesa nueve campos, entre ellos, las doce mil hectáreas de Joseph Lewis. El resto de los propietarios, llegados luego de las corrientes migratorias post- campaña del desierto, tampoco quieren compartirlo.

-Me parece que están ilusionados con que algún día llegue uno con una valija de dólares.

Marta se acerca a la mesa. Pregunta qué queremos comer, pero sugiere: “Yo haría truchas para todos”. Aceptación inmediata. Se suma al relato horas después, habla muy claro, es precisa y contundente. La trucha está exquisita.

Por ese fallo, ese mismo año organizaciones políticas y sociales les pidieron alquilar el predio para manifestarse. Yuyo y Marta lo evaluaron internamente por los conflictos que podría traerles, y decidieron aceptar y avanzar, después de todo viven del turismo y la apertura es estratégica. La decisión trajo consecuencias de inmediato. Les pintaron y empapelaron los carteles del Almacén.

– Hicimos de cuenta que habíamos alquilado el espacio, para protegernos del qué dirán de los vecinos, del linchamiento. Ellos no tienen acceso al lago tampoco, ni acceso a nada. Pero esto es un Boca-River constante, lo tomaron personalmente, y nos obligan a posicionarnos, no tuvimos margen. Nosotros pensamos permanentemente en los grises posibles, porque tenemos un negocio de madera, porque tenemos hijas que van a la escuela acá. Por eso evaluamos los riesgos.

Creen que los vecinos del paraje defienden al magnate por intereses personales, por esa posibilidad tan latente como incierta de que ese vecino rico les compre las tierras. La garantía que le brindan a cambio es que nadie circule por el lugar.

– Uno de los argumentos que utilizan los vecinos para no permitir el paso es que “con los dueños originarios, antiguamente, tampoco se accedía porque te cagaban a tiros”. Pero era una época en la que imperaba el revólver en la cintura, y a los trabajadores indocumentados de origen trasandino se dice que ante cualquier reclamo los fondeaban en el lago. De estas cuestiones no se hablan, hubo homicidios, muertes dudosas, hace muy pocos años atrás.
Por eso nos preguntamos todo el tiempo si continuar –dice Yuyo.

Hace dos años él decidió dejar de ir a las reuniones vecinales. Marta tomó la posta en un grupo que organiza el turismo en la zona: “Mi presencia tiene un montón de ventajas, soy mujer, hablo correctamente, tengo un tono bajo de voz, no me saco los pelos, puedo ser sumamente diplomática, puedo ser la rubia tarada y a los dos segundos una arpía que te come la cabeza. En general, en el mundo de los varones nuestra voz no vale nada, entonces te dejan hablar y hablar, y fui comiendo algunas cabezas”.
Un vecino llamó al telefóno personal de Marta para decir que “Nos vamos a quedar todos sin trabajo con esto del Lago Escondido”. La amenazó, le preguntó cuánto le pagaba La Cámpora. Y en el mismo tenor le preguntó “¿Están buscando otro Santiago Maldonado?”.

Hacía menos de un mes habían encontrado el cuerpo de Santiago.
-¿Qué me estás diciendo Jorge?
-¿Cuánta plata te están poniendo? Están viniendo Montoneros armados.
– Jorge, yo nací en el 78, y Montoneros hoy no existe.
– Si ellos vienen armados, nosotros vamos a estar armados también.

El vecino estaba sacado. En el barrio se lo conoce como “el francés” porque vivió en Francia un tiempo, pero es argentino. Y se le rinde cierta pleitesía porque “Es el dueño de cien hectáreas, porque fue gerente de una empresa, o porque se maneja como parte de ese grupo de élite que se reparte las tierras fiscales como si fuesen propias”, dice Marta.

Mientras lo escuchaba, ella recalculaba. Conocía a sus vecinos, que son tranquilos, hasta que -como todo grupo humano- entra en histeria. Pensó que se iba a armar una batalla campal en la puerta de su casa.

-Está en el inconsciente colectivo, la lógica de ellos es que a mí me manda Yuyo, no que quiero que se libere en acceso al lago. Yo tengo dos hijas, y una casa de madera. Al centro comunitario Azul, ubicado en el paraje, lo prendieron fuego tres veces hasta que lo eliminaron. A la radio que se opuso activamente a que Lewis cambie el aeropuerto de lugar también la prendieron fuego. No voy a correr riesgos porque sí. Corté el teléfono, le dije que era una estupidez lo que decía. Y le dije a Yuyo “¿qué hiciste?”.

Yuyo pidió que el acampe no se hiciera en la puerta de su casa, y paralelamente Marta denunció a Jorge en la policía. Ahí cambió todo. Alguien de la fuerza dio aviso a Jorge, quien minutos después cayó en el Viejo Almacen del Foyel:

-¿Vos me hiciste una denuncia?
-Sí.

Yuyo se acercó y se agarraron a las piñas. Marta lo recuerda con enojo: “La arreglaron como arreglan las cosas los varones, yo soy grande, me defiendo, me pasaron por encima”.

Las piñas sirvieron para otra cosa. Esa noche Yuyo contó lo que pasó a los medios a través de un audio. Le recomendaron que presentara un habeas corpus y eso obligó a la jueza a sentar a las partes a dialogar. Se empezó a hablar del lago. Pidieron custodia policial. El patrullero llegó, bajó la velocidad, y siguió de largo. Liberó la zona. Esa noche no durmieron.

-Fue una chispa en falso, si el tipo se hubiera ido de acá enojado, sin poder dar la piña, hubiese ido a llenar cabezas- dice Marta.

Después de eso hubo otras marchas más. La relación con los vecinos sigue latente.
Conviven con la cuestión de por medio.

-Mucha gente llega acá con ganas de ir al lago, y nosotros recomendamos que no lo hagan.
Además no se llega. Cruzás algunas tranqueras, a medida que vas pasando van avisando, te pasan camionetas por al lado y te miran. La última tranquera está cerrada. Es pelear con Goliat.

Yuyo comenta que el próximo dieciocho de noviembre se hará una nueva visibilización: “Yo ya estoy bailando, me podría callar la boca, pero no lo hago, sigo bailando”.

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Los shuar

Estaban los dos sentados en esos sillones con forma de huevo que diseñó el escandinavo Aalvar Alto, por los que tienen preferencia los hoteles de convenciones. Había tres sillones. Me senté en el restante. Los miré, me miraron. Los tres hicimos un gesto con la cabeza y murmuramos algo impreciso con una media sonrisa. Una ceremonia de cordialidad en una situación en la que no se comparten los idiomas.

Uno era un hombre un poco calvo y regordete, de rasgos mestizos y vestido de traje. El otro era un aborigen con camisa y pantalón, y plumas de colores muy fuertes en la cabeza. Nos quedamos en silencio un buen rato, mientras alrededor iba y venía mucha gente. En un momento el hombre calvo le dijo al indio algo en español. Un español sudamericano que a mí se me hizo impreciso. Después de otro rato de silencio el hombre de traje finalmente hizo un poco de esfuerzo para asomarse desde su sillón huevo, y se dirigió a mí:

–Disculpe usted. ¿Usted es periodista?

–Sí. Argentina.

–¿Tendría la amabilidad de aceptarnos un regalo? –dijo, mirándonos alternadamente al indio y a mí.

–Claro –sonreí yo por impulso, dispuesta a esas comunicaciones espontáneas que surgen en esas convenciones. Entonces, el indio que estaba a mi derecha también se incorporó, y me dijo su nombre. No retuve ese nombre, pero sí la afirmación que hizo después:

–Soy jefe shuar.

El hombre calvo era alcalde de un pueblo amazónico ecuatoriano, cerca del cual había una comunidad shuar. Yo nunca había escuchado de ellos. Hace un mes, fueron los shuar los que friccionaron tan fuerte con el gobierno de Rafael Correa que hasta hubo un maestro shuar muerto. Los shuar y Correa entraron en una polémica pública sobre la responsabilidad de esa muerte. Hubo un reflejo rápido de ambas partes para evitar la ruptura. La Conaie, que nuclea a las comunidades del estado plurinacional que es Ecuador, necesita a este gobierno de un Estado unitario que de acuerdo con la Constitución rige a todos los ecuatorianos. Y Correa no habría llegado al poder sin esa fuerza, que representa a la organización social más grande del país. Los shuar son los más díscolos. Los más radicales.

El indio extendió hacia mí, entonces, un libro. Lo tengo aquí. Se llama (y obviamente copio letra por letra) Tarimiat Nunkanam Inkiunaiyamu. Es uno de los libros más maravillosos que he visto en mi vida. Tiene el tamaño de un manual, 500 páginas, señaladores numerados, ilustraciones, fotos, historias de vida, testimonios, análisis, opiniones y documentos sobre tres pueblos de la Cordillera del Cóndor, entre Perú y Ecuador. Los wampís, los awayun y los shuar son los pueblos que viven en esa zona. Los tres pueblos pertenecen a la familia lingüística del jíbaro.

El alcalde y el jefe shuar habían llevado al Foro Social Mundial algunos ejemplares de ese libro monumental, con CD y PDF. Pero no sabían qué hacer con él. Nadie parecía interesado en ellos. Fue así como me traje a casa el libraco, y ahora que los shuar protagonizaron el violento incidente en cuyo esclarecimiento trabajan junto a funcionarios estatales, me di un baño de inmersión en una historia increíble.

Porque en esta semana, justo la del llamado Día de la Raza, la historia de los shuar pareció puesta en el camino. Una historia en el camino de la conciencia de este continente, tan raro incluso para los que nacimos en él. Tan desconocido, tan ignorado, tan ausente de nuestras percepciones de la realidad.

Los shuar nunca fueron colonizados, hasta los ’60 del siglo pasado. Pasaron quinientos años recorriendo la selva y la montaña, su lugar de origen hace unos 2500 años. Aferrados a su cultura, sabios en hierbas, cazadores, nómadas de esencia y espíritu. Los contactos con ellos siempre fueron en los alrededores de sus vastos territorios, pero hasta el siglo pasado nadie interfirió con sus vidas. Cuando llegaron las empresas mineras a la Amazonia, ahí sí aquel universo fue destrozado. Les arrebataron sus tierras, las más biodiversas del planeta. Fueron confinados a reservas. Los curas salesianos arrancaron de sus comunidades a una generación entera de niños shuar. Desaprendieron su lengua y aprendieron español. Perdieron sus hábitos nómadas. Los curas los nombraron de otra manera. Esta generación de shuar, ya adulta, es la que hoy lidera la parte más radical y dura de las organizaciones aborígenes ecuatorianas. Domingo Ankuah, dirigente shuar a nivel nacional, cuenta en su biografía:

“Yo fui reclutado por los salesianos tal vez cuando tuve mis 4 o 5 años, que ellos determinan así. Lo primero que sé que ellos hicieron fue darme un nombre, o sea dos nombres, dos apellidos, porque mi padre cuando yo nací me dio un nombre pues era sólo nombre que los shuar teníamos. Pero cuando me reclutaron, me dieron el nombre que todavía mantengo. Muy niño no conocía todo lo que sucedía en la vida, lo que hicieron los misioneros. Hice la primaria y estuve en el colegio de práctica agrícola de la misión salesiana hasta los 17 años”.

Otro shuar dice en uno de los videos que acompañan el libro que ellos son “tan fuertes porque durante dos mil quinientos años no necesitamos dólar, y podemos seguir otros dos mil quinientos años sin un solo dólar”. Sus mujeres viejas se quejan de que las mineras han alterado todo, y ya no crecen algunas de las plantas necesarias para su medicina. También se quejan de que sus mujeres jóvenes, criadas como Domingo Ankuah, ya no saben ni hacer ni cuidar sus huertas. No saben quiénes son. Hay conflictos familiares que no conocían desde que no pueden ser nómadas. El sedentarismo forzado los irrita en su faz más profunda. No viven de acuerdo con su naturaleza.

En una nota de análisis sobre el conflicto que enfrentó a los shuar y a Correa, el periodista Kintto Lucas –Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí– indica esta semana que hubo errores estratégicos de ambas partes, gobierno y comunidades, y que lo lógico es una mutua autocrítica. Porque el gobierno unitario contra el que choca la nacionalidad shuar es el gobierno que más respeto les ha tenido en la historia moderna de ese país. Aunque el daño causado a los shuar sea ya irreparable. Sobre las contradicciones como ésta que bullen en los países más progresistas de la región, sobre cómo leer esta realidad de gobiernos populares que, sin embargo, salvo en Bolivia, no han avanzado lo suficiente o dudan en hacerlo, Lucas cita a Saramago en este párrafo:

“A esta ciudad le basta saber que la rosa de los vientos existe. Este no es el lugar donde los rumbos se abren, tampoco es el punto magnífico donde los rumbos convergen. Aquí, precisamente, cambian los rumbos”.

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El sínodo por la Amazonia

Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llama él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente mala, es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el Papa le paró el carro a un enviado que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. “La alta política es algo muy noble”, dijo.

Sabe que el trampolín a través del que las nuevas elites financieras se han encaramado al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época en la que le ha tocado ejercer su papado, es precisamente la antipolítica. La abonan a chorro tanto medios como empresarios y CEOS. Es el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Macri hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Peña Nieto hizo política? ¿Duque hace política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando el FMI entra a escena. Nombres variopintos. Dos salidos de la política traicionera y dos productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como “chorros” o “dictadores” los chorros y los dictadores de nuestro tiempo.

Cuando el Papa hizo su primera visita a la región fue a Brasil. Al encuentro de jóvenes. Y allí dijo su recordado “hagan lío”. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquél fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, y son estos nuevos cultos que apañan al neofascismo, y que están pensados como la nueva religión hegemónica de la región. Los que depositan en cada individuo recortado de los otros la posibilidad de su salvación en la tierra: tener suerte, si así fue la voluntad de Dios. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les ha tocado. No luchan. Rezan. “Hagan lío” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general que le da el Papa, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del lodo.

Esta semana en Roma el Papa inauguró el Sínodo por la Amazonía. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pedido de los obispos de diversos países a los que esta nueva camada de gobiernos odiadores los enfrentó de pronto con el hambre y el fuego. Esta semana se vio la foto de las decenas de camiones que empresas ganaderas mandan a las zonas deforestadas por el fuego.

En el Vaticano ahora están los delegados de las etnias aplastadas. El Papa recibe a los habitantes ancestrales –a quienes pidió perdón por la colonización ya hace unos años en Bolivia, pero eso que era una enorme noticia fue como otras miles de enormes noticias borroneada por los grandes medios–. El Papa recibe a los Garabombos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en esas etnias deslumbrantes que brotan de la Amazonía. Recibe a esos invisibles.

En la apertura del Sínodo, Francisco fue al hueso y nos compete, aunque la lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de nuestros países. Se refirió a la disyuntiva sarmientina “civilización o barbarie”. En estas notas se ha apuntado varias veces que esos términos se han invertido. “El lema de civilización o barbarie se ha usado para aniquilar pueblos originarios”, dijo. Los que se identifican con la civilización están trayendo una nuevo colonialismo”, dijo.

Las elites financieras que desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los bárbaros sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas, animales y vegetales. El Papa después tiró una flecha hacia Pichetto, aunque nombrando sólo a la Argentina. Dijo que en nombre de la civilización (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late en la región desde hace cinco siglos), se escuchan palabras denigratorias, “con el desprecio a los ‘bolitas’, a los ´paraguas´y a los cabecitas negras”.

Los que tenía enfrente mientras decía eso eran los guardianes de la naturaleza, los que como ha dicho también Chomsky, “han sido los que en la historia más han luchado por defensa de la vida en el planeta”. Son los que perseveran hace siglos y siglos, cuando nuestros países no existían, en el buen vivir, que no le demanda a la tierra más de lo que la tierra pueda dar sin arruinarse ni seguir estando allí, disponible y pródiga para las generaciones futuras.

Esos pueblos, que tienen su propia medicina, que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con los blancos, y algunos de ellos han tomado decisiones de una sabiduría extraordinaria, como los más populosos, que en lugar de vivir todos juntos se han repartido por diferentes zonas de la Amazonía para evitar desequilibrios. Esos invisibles que hoy deben huir de sus tierras porque el fuego las devora, en estos días tienen un interlocutor. Mientras desde la “civilización” llegan las fotos del hijo de Bolsonaro haciendo gracias con sus armas, mientras Ecuador se desangra, mientras en Colombia los activistas ambientales son asesinados todos los días, mientras en la Argentina se fumiga glifosato sobre escuelas rurales y hay niños y adultos enfermos soportando la amplia gama de envenenamiento que produce la ganadería o el cultivo transgénico a gran escala, ellos, los pueblos originarios, siguen guardando sus secretos y aspiran solamente a que los dejen en paz.

Hoy son ellos la civilización a la que hay que mirar con interés político. Bolivia es el único país que ha logrado quedar en pie y sigue repartiendo justicia y felicidad, junto con desarollo. Nos los tenemos que tomar en serio. No por “un gesto”. Por algo mucho más profundo y lúcido: si logramos romper la fetichización del dinero como vara del poder político, se abrirá una nueva fase de nuestra cultura común. Ellos nunca fueron del todo incorporados como sujetos políticos en paridad con los demás. Como el machismo, el racismo es algo que a veces parece encapsulado como un virus transversal. Ese es el hueso. Porque el hueso es la tierra, pero también el modo de ser y estar en ella. Y los pueblos originarios saben de eso mucho más que nosotros. Muchísimo más.