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Medio Ambiente

¿Quién es Eduardo Cerdá?

En los años noventa, Argentina usaba 30 millones de litros de agroquímicos en la producción agropecuaria, y según estimaciones, en el 2019 se aplicaron 500 millones.

Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata confirmó que las nubes tienen agroquímicos. El Ministerio de Agricultura anunció la creación de la Dirección de Agroecología y Eduardo Cerdá estará a cargo del área. Para Cerdá, el modelo agroecológico es transversal, tiene que ver con la salud, con el recuperar la vida en el campo, con el trabajo digno, pero también asegura que hay sobrados ejemplos de productores que se volcaron por la agroecología y “les ha ido muy bien, están desendeudados y más capitalizados”. “Hay muchos proyectos en todo el país que hay que acompañar, hay gente que sabe hacia dónde tenemos que ir”, dice.

Parte de su infancia la pasó en la quinta de su abuelo, productor de verduras. Escuchaba las charlas de los mayores sobre las siembras y el campo, en las visitas que se hacían de familia a familia. Recuerda haber visto una cantidad de pájaros que ya no se ven, y sabores que se han perdido. Cerdá nació en La Plata. Hizo la Secundaria Agropecuaria en Miramar y volvió a La Plata para estudiar ingeniería agrónoma.

Cuando se recibió se fue a vivir a Tres Arroyos, donde fue docente y asesor de una cooperativa. Ahí tuvo unas primeras experiencias en agroecología con productores.

En el ‘98 lo invitaron a ser el Director de Producción del Municipio y en 2003, en comunión con la Universidad Nacional de La Plata, trabajó en un libro sobre gestiones municipales y mirada sustentable con enfoque agroecológico. “El modelo de esta agricultura basada en químicos iba a dejar mucha gente en el camino, fue artificializando la forma de producir e hizo que los costos se fueran por las nubes”, dice.

Siguió trabajando con productores a los que les interesó la mirada de la agroecología, y empezar a pensar en la salud del suelo, de las plantas, de los animales, de la gente que trabaja en el campo. Hace unos cinco años el municipio de Guaminí lo invitó a dar una charla, y una vez ahí los productores se entusiasmaron con las experiencias que llevaban adelante en otros campos. Cerdá asegura que “Les ha ido muy bien, están desendeudados, más capitalizados y muy contentos. Eso contagió a otros municipios de la zona y nos hizo pensar que teníamos que trabajar en red”. Así nació la Red Nacional de Municipios que fomenta la agroecología (RENAMA). Luego, firmaron convenios con universidades nacionales, con municipios y
defensorías. España y Roma, desde Naciones Unidas invitó a la organización a dar charlas y talleres.

-¿Creés que a esta situación se llegó por una desconexión de las personas con la naturaleza?

-Totalmente, nuestra formación ha sido muy química, física, mecánica, y se perdió de vista mucho el ambiente. En las escuelas se trabaja mucho sobre la vida, y no se entiende qué es la vida. Se lo quiere representar como una cuestión mecánica, “si no te anda un riñón te lo cambio”, pensamos en una naturaleza que compite, y no es así, la naturaleza tiene mucho más de cooperación que de competencia. Si no, no existirían los bosques, la selva. Este tipo de
agronomía química nos ha llevado a querer ver en un mismo lote un solo cultivo, y donde aparece una plantita hay que matarla, y algunos plaguicidas que controlaban muy bien algunas malezas ya no lo hacen, porque se fueron haciendo resistentes. Por suerte hay mucha
sensibilidad, cada vez más. La sociedad percibe que no es necesario tener que intoxicarnos para producir alimentos, que los alimentos son otra cosa, y que hay que trabajar para recuperar la mirada sobre la vida. Lo bueno es que cuando uno charla con los productores que
vuelven a trabajar en la agroecología, una de las cosas que más manifiestan es “entro al campo y me da satisfacción volver a recordar lo que había”, porque antes estaba todo muerto.

-Hay comunidades que están generando conciencia y denuncian también cuando son fumigados. Con la creación de una dirección nacional de agroecología, ¿por dónde se empieza?
¿Cómo te imaginás un programa federal?

-Hay una muy buena intención desde de la Secretaría de Agricultura Familiar de acompañar. Creemos que es un año para visibilizar todas las experiencias que hay y también encontrarnos pensando qué tipo de agricultura queremos para el futuro a través de los municipios, con las provincias y las universidades. Hay muchos proyectos en todo el país que hay que acompañar, hay gente interesada y que sabe para dónde tenemos que ir. El problema es que muchos otros
creen que solo hay una. Nosotros siempre fuimos por los que querían, y si es desde el Estado, mejor, porque se llega de otra manera, si es con la sociedad, mucho mejor, y sino seguiremos
trabajando con nuestras redes, hermosas.

-Hay un sentipensar de pueblos originarios que tiene que ver con la comunión con la tierra, ¿lo toman?

-La agroecología incorpora y tiene muy en cuenta los saberes ancestrales, de la agricultura madre. Siempre se ha estado atento, tanto es así que toda la cosmogonía que tienen todos los pueblos indígenas, de alguna manera la hemos trabajado. Con calendarios astronómicos que piden los productores, que son útiles. Hacer agricultura no solo depende del suelo, las plantas dependen mucho de las lunas, y esa es una mirada de los pueblos originarios, y también de nuestros abuelos. Mi abuelo era quintero, agroecológico, para él era importante sembrar, podar, de acuerdo a las lunas. Hemos hecho investigaciones con el INTA y la universidad, y una fecha distinta hace que nazca menos maleza, o que tengamos una respuesta mayor en rendimientos, y todo eso no está en la agricultura convencional, tan racional. Es una cultura adicta, que cada vez pide más.

-¿Se puede recuperar un suelo sobreexplotado?

-Hay recuperaciones, y son más rápidas de lo que uno pensaba. Con plantas es como vuelve a tener vida, no es con más drogas o más veneno. Entender a la naturaleza nos libera, y nos hace repensar las formas de vida. Muchos médicos con los que trabajamos nos dicen que la enfermedad aparece cuando se pierde la coherencia. La coherencia se pierde fácil, cuando uno hace una cosa y dice otra. Cuando uno cree que no debería aplicar con agroquímico, pero lo
aplica. Eso, a la larga, puede traer enfermedad.

-¿Sos optimista respecto a que en algún momento se puedan prohibir los agroquímicos?

-No tengo esa expectativa, siempre pensamos en que ojalá podamos persuadir a mucha gente, estamos convencidos que es lo mejor que nos puede pasar desde lo profesional. Ojalá que las instituciones del agro entiendan que bajar costos es la mirada que tenemos que tener,
después se pueden repensar retenciones de otra manera, ojalá se puedan fomentar los cultivos que sean agroecológicos, y tengan mayor valor nutricional. No se puede seguir aplicando más, ya aplicamos 500 millones, la UNLP ha demostrado que hay agroquímicos en las nubes, ¿vamos a seguir así? ¿dónde paramos? ¿en 600 millones, en 1000 millones?. Hay que hacerse más preguntas.

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Medio Ambiente

Los pibxs del fertilizante orgánico

Crearon un fertilizante orgánico y aplicarán en veinte hectáreas
Se trata de un proyecto escolar de cuatro amigos que mutó y se transformó en un emprendimiento innovador que genera una alternativa sustentable y ecológica para el suelo. Esta semana, y por primera vez, Biocuno comercializó 7.000 litros de su fertilizante orgánico a un campo de la localidad de Las Flores, de veinte hectáreas.
Buscan crecer y convertirse en una multinacional y rompen con la lógica del campo como un negocio para pocos: “Queremos que sea rentable, que nos permita un margen de ganancia usando materias primas naturales, es un cambio que se debe el mundo”, dicen. El futuro ya llegó.

Agustín Molina, Lucas Celse, Tomás Armendáriz e Ignacio Gilabert tienen menos de veinte años y estudiaron en la escuela secundaria pública Ingeniero Felipe Senillosa de Tandil. Una de las exigencias del secundario era un trabajo final para desarrollar los conocimientos
en química. Tiraron algunas ideas. Un montón de ideas. Desde un principio buscaron algo en lo que les interesera trabajar. Extendieron su inquietud fuera de clase. La luz se encendió cuando el primo de Ignacio, ingeniero agrónomo, les dió un libro-manual de agricultura orgánica. Cada uno leyó un bloque e hicieron una puesta en común. El libro estaba lleno de recetas de fertilizantes orgánicos, y a partir de ese conocimiento crearon una propia.

Trabajan durante un año en la investigación de prototipos hasta llegar a el producto final.

“Nos fue genial”, cuenta Agustín Molina, ahora estudiante de Biotecnología en la UNLP. Durante el último año de secundaria ya tenían sesenta litros en un bidón. Querían que la gente conozca el producto, por eso fueron a un taller de cultivo en Tandil y lo regalaron.

-¿Cómo impactó en la ciudad Biocun?
-La verdad es que hay una repercusión increíble. Está buenísimo que la gente nos brinde apoyo y que vean que somos chicos con ganas de emprender. En Tandil nos están dando lugar y eso la verdad es un montón, porque hay bastantes discusiones sobre el impacto
ambiental.

-¿Cuál es la opinión de ustedes sobre el sistema productivo en Argentina?
-No es nada bueno el agrocultivo, por eso queremos aportar nuestro granito de arena para generar un cambio.

Esta semana y por primera vez, el proyecto de innovación Biocuno comercializó 7.000 litros de fertilizante ecológico a un campo de veinte hectáreas de la localidad de Las Flores. Arrancaron en junio del año pasado a pedido de Francisco, un abogado que administra una empresa familiar que tiene crías de ganado vacuno. Para él es fundamental que el alimento de los animales sea sano, por eso necesita un tratamiento orgánico.

-Nos pusimos a trabajar en julio durante las vacaciones de invierno. No somos compañeros de secundaria, somos muy amigos. Nos conocemos mucho, eso es fundamental. A lo largo de seis días terminamos de producir todo y teníamos que
esperar la fermentación anaeróbica que requiere de determinado tiempo dependiendo de las condiciones de temperatura que se den. En enero pudimos filtrar, por suerte
estuvimos todos.

Para la inversión tuvieron que explicar que no tenían el dinero para producir tanta cantidad, entonces recibieron un pequeño adelanto que les permitió encarar el lote.


Hoy, además de estar asesorados por un profesional, están insertos en el mundo académico, “Eso va a ser importante para nuestro proyecto y el conocimiento, Tomás está estudiando medicina, Nacho administración de empresas, Lucas ingeniería en Sistemas. Creo que nos vamos a complementar muy bien”, dice.


-Nuestro objetivo es producir un fertilizante ecológico sin efectos secundarios para la salud y el suelo y que a su vez sea rentable, que nos permita un margen de ganancia usando materias primas naturales. No solo apuntamos a comercializar en Argentina, queremos ser una multinacional porque es un cambio que hay que generar acá pero en todo el mundo también. Estamos estudiando para seguir investigando y con una
expectativa de superación constante. Queremos mejorar nuestra producción, creo que venimos por buen camino.

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Política

¿Quién es Daniela Castro?

La abuela de Daniela Castro había conocido a Eva Duarte, por eso le hablaba maravillas de ella. Vivía en el campo, en Carlos Tejedor, era una familia de trabajadores de la tierra. Eva y Perón lograron expropiar y fraccionar algunas parcelas para que fueran a mano de los y las trabajadores. Su abuela fue beneficiada, y además Eva le entregó una máquina de coser.

La abuela de Daniela murió a los 91 años. Era quien la apuntalaba y le insistía en no perderse en la mirada del otro. La llenaba de amor. Daniela es la segunda de cuatro hermanos. Tuvo una niñez y una infancia que recuerda como normal, en Mar del Plata. En un contexto familiar contenedor, humilde. Su papá era electricista y su mamá ama de casa.

Los padres quisieron entender por qué Daniela se corría del esquema de niño o niña dentro de los parámetros binarios. Empezaron a afinar la mirada y fueron a un psicólogo para entenderla y acompañarla.

-Creo que eso fue fundamental para el desarrollo de mi vida, y el acompañamiento que necesitamos las mujeres o los varones trans en estas instancias. Las familias son un ente fundamental para sostener el bienestar y el futuro de cualquier persona. Ellos entendieron en algún momento que iba a haber un proceso y que en algún momento yo iba a ser Daniela indiscutiblemente.

Su abuela Emma fue como su segunda mamá. Daniela lleva en su honor su segundo nombre. Y de ella sus bases ideológicas. “Era cien por ciento evitista, no había nada que superara a Eva Duarte de Perón”, cuenta. De todas formas, el desarrollo de su impronta militante llega desde un lugar – para ella- impensado. Tuvo que ver con su lucha por generar los recursos económicos que le permitieran vivir sin caer en la situación de prostitución.

-No teníamos recursos, éramos muchos en mi casa, mi papá no tenía un trabajo estable, cuando tenía trabajo estábamos un poco mejor y cuando no, la pasábamos peor. Entonces en algún momento termino parada en una esquina, en situación de prostitución. Yo entendía que no tenía que estar ahí, que tenía un montón de proyectos y metas en mi cabeza que no tenían que ver con eso. Me costaba entender por qué yo tenía que hacer algo a lo que me resistía totalmente para poder vivir.

Ese pensar fue el detonante para que esa esquina tuviera una fecha de vencimiento. Daniela era la que se resistía frente a la policía, y la que iba detenida. Tuvo un costo muy alto. “La pasé muy mal, estando presa más de tres meses en alguna comisaría común, de forma totalmente arbitraria”, cuenta. Por eso cree que las disidencias son sobrevivientes.

Empezar a reclamar por sus derechos en ese contexto era militar sin saber bien hacia dónde. La policía le dijo que “iba a terminar mal”. Creer que iba a desaparecer la llevó a buscar alternativas. Corría el año 2001, los primeros programas sociales empezaban a tapar los agujeros del neoliberalismo. Conoció a una referente barrial que la ayudó a conseguir un programa social, que tenía como contraprestación el trabajo en un ropero comunitario y en un comedor barrial.

Aprendió a coser a máquina, y así surgió la posibilidad de trabajar en un taller de costura, que sumado al salario del programa le alcanzaba para vivir. Después la Central de Trabajadores Argentinos la nombró administrativa, historia que la ubica en el presente.

-En aquel momento era muy difícil incluir a las disidencias dentro de algún parámetro sindical. La sociedad de trabajadores concentraba sindicatos sumamente machistas entonces fue muy difícil poder meterme en esos sectores. Tuve el abrazo de compañeros y compañeras que me apoyaban y pensaban, como yo, que había que darle batalla a aquellos que se oponían por una cuestión de género y no de capacidad política.

Es la primera mujer trans que obtuvo el cambio de documento. Había presentado un recurso de amparo luego de la aprobación de la Ley de Identidad de Género. No creía que iba a modificar su vida, pero el día que la jueza del tribunal la llamó para que estuviera presente en el momento del fallo, se sentó en un rincón a llorar desconsoladamente.

-Ahí entendí que mi vida entera cambiaba, que no era solamente un nombre en un documento, que ese fallo tenía que ver con la lucha, con los años de espera, con las detenciones, y a partir de ahí lo usé indiscutiblemente como bandera.

Daniela considera que hoy hay otra realidad, que “si bien sigue costando la participación de las mujeres y las disidencias, es un tema que está en agenda claramente, ese machismo se ha ido deconstruyendo, no por completo, pero sí bastante, y hemos ido ganando algunas batallas”.

La provincia de Buenos Aires es un territorio muy hostil para cualquiera que no encaje en el paradigma heterosexual. La creación del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, donde Daniela quedó a cargo del área de Diversidad Sexual, es un desafío.

-Está en plena etapa de desarrollo, aunque ya comenzaron las acciones. No nos han privado de poder proyectar, poder generar actividades, poder planificar a corto y mediano plazo, de qué forma tiene que funcionar el Ministerio y las distintas áreas. En el caso puntual del área de Diversidad, el trabajo en el territorio es fundamental y primordial. Ninguna de las que formamos parte de este ministerio podemos perder la mirada del territorio, entendiendo que ocupamos esos espacios llevando el nombre de todas esas compañeras que luchan y han luchado incansablemente, inclusive las que ya no están.

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Entrevista

¿Quién es Sergio Rafaelli?

El cura ambientalista

“Tomar en serio el mensaje de Jesús tiene que tener una consecuencia social, de no dejar de lado a los descartables de la sociedad, que en esta época son los campesinos. El grito de la tierra es el grito de los pobres”, dice el cura Sergio Raffaelli, que toma el planteamiento ecológico integral del Papa Francisco. Vive hace quince años en Santiago del Estero y está al frente de reuniones en las que se debate la Multiplicación de los panes y los peces, el derecho a la tierra, el modelo productivo que envenena, la salud y las herramientas legales para defenderla. Un cura ambientalista que el 26 de diciembre, logró -junto con sus vecinos y compañeros de lucha- reunir en la capilla de la virgen de Luján del Bagual, a una fiscal federal, un fiscal de ese departamento judicial, funcionarios y autoridades policiales. En estos días se realizaron distintos operativos donde se secuestraron mosquitos y fumigadoras que envenenan a los campesinos.

Pasó su primera infancia en Capilla del Señor, en el partido de Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires. Vivían en una quinta de verduras de treinta hectáreas que había comprado su abuelo cuando vino de la guerra. Cuando cumplió tres años su familia se mudó a San Martín, gran Buenos Aires. Tuvo algunos trabajos informales, arrancó la carrera de Comercio Exterior y consiguió empleo en un banco.
Nunca había pensado en ser cura. Cuando tenía veintidós años un amigo lo había invitado a una misión de verano en Monte Chingolo, Lanús, con un grupo de jóvenes de la parroquia. El amigo iba porque una chica que le gustaba.

-Fuimos en busca de novias y acá terminé. Fue una experiencia fuerte para mí, porque era un mes en misión y justo la zona que recorrimos era un asentamiento, esto recién empezaba. Era una experiencia nueva y muy linda compartir la vida y los valores con los pobres- cuenta.

Cuando volvió se acercó a la parroquia de su barrio. Había un cura nuevo. Le dijo “Che, quiero ser cura, quiero vivir toda mi vida así”. El hombre le dijo “Tranqui, podés ser médico, maestro o lo que sea para ayudar a los pobres”. Pero no.
Arrancó el seminario y se recibió el 10 de octubre de 1999. Cinco años después, con tres curas del Agustinos Recoletos dejaron la orden para irse a vivir a Santiago del Estero, lugar al que viajaban a misionar desde hacía algunos años.

La vida en Santiago como cura, como ser humano y como ciudadano lo ha cambiado muchísimo, dice. Han vivido en parroquias rurales. Conoció a la comunidad Tonocoté, comunidades afrodescendientes, descendientes de esclavos, y convive desde ese entonces con comunidades campesinas también.

Con ellos cultivó otro concepto de la tierra, el del pueblo originario y el campesino, “porque en Buenos Aires uno aprende que la tierra es un bien comercial que se compra, se vende, se alambra, se divide en cuadraditos, y esa es la imagen que tenemos de la sociedad rural, el campo y la pampa húmeda. Acá aprendí que hay otra manera de relacionarse con la tierra que no tiene tanto que ver con lo comercial sino con lo existencial”, dice.

-La gente de acá nos fue arrastrando a los curas a entender que la tierra es el lugar de vida y por eso se defiende. “A mí de acá me van a sacar muerto¨, te dicen. Arrasar el monte es arrasar una cultura. El monte es el alma del santiagueño. Es donde ha nacido, donde tiene su rancho, su escuela, su cementerio, el monte es un lugar donde sus animales comen, donde tiene sus remedios caseros, y el alimento de su familia.

Ese conocimiento y la fuerza de sus conciudadanos lo llevó a convertirse en un cura ambientalista. Hace quince años empezaron las reuniones por el peligro de la usurpación de las tierras de parte de los grandes empresarios. Se formó una comisión de tierras parroquial donde al principio se acercaban las familias o algún representante para ver qué hacer con estos conflictos.

-No soy abogado, pero hice un curso de primeros auxilios en cuanto el derecho a la tierra. Tenemos una radio en la parroquia que hemos hecho con mucho esfuerzo en base a la aldea campesina. La idea era tener un medio de comunicación propio donde nosotros podamos decidir qué contenido le queremos poner, que tiene que ver con la toma de conciencia de derechos. Nos ayudó mucho que las comunidades escuchen la radio todo el dia, la gente se fue como apropiando de estos derechos.

Dios, el Papa y el cuidado del medio ambiente

En el 2015 el Papa Francisco escribió una carta encíclica, para todo el mundo, que tiene que ver con “el cuidado de la casa común”. Es una herramienta política que plantea no una ecología verde al estilo Greenpeace, si no una ecología integral, donde toda cuestión ecológica no puede dejar de lado el planteamiento social. Se trata de escuchar al grito de la tierra como el grito de los pobres, como un solo grito. “Este modelo consumista que nos envenena no tiene mucha durabilidad en el tiempo, con todo el tema del agotamiento de los recursos, el calentamiento global, las guerras por los bienes culturales”, dice el cura Raffaelli.

-El papa lo dice claro, este no es el sueño de Jesús. Este no es el proyecto de bien para su pueblo, el suyo es un modelo inclusivo. Y en las reuniones con las comunidades campesinas leemos ese texto. En la multiplicación de los panes y los peces se ve claro. Los discípulos le dijeron a Jesús que le diga a toda la multitud que se vaya, porque no había mucho para comer. Y en el fondo están ahí bien claritos los dos modelos, el de los discípulos que era el modelo judío, que en definitiva es el nuestro, consumista, egoísta, en donde yo tengo para mí y los demás que se jodan. Y el de Jesús, que plantea que lo poquito que hay, hay que repartirlo, y que si se comparte, alcanza para todos. Me parece que ahí está un poco la puja de poderes que se traducen en modelos políticos, sociales, económicos. Con la gente lo debatimos mucho, sobre cómo traducir cuando tenemos que elegir en las elecciones. Aunque sabemos que ningún proyecto político es perfecto, santo, inmaculado, debemos pensar cuál es el que más similitudes tiene con el proyecto de Jesús. Cuál es el que pone a los pobres en el centro, el que piensa en la inclusión de los postergados. Y desde ahí el compromiso de uno. Tomar en serio el mensaje de Jesús tiene que tener una consecuencia social, de no dejar de lado a los descartables de la sociedad, que en esta época son los campesinos, que son despojados de sus tierras.

Reunión bisagra en la Capilla del Bagual

El 26 de diciembre, lograron reunir en la capilla de la virgen de Luján del Bagual, a una fiscal federal, un fiscal de ese departamento judicial, funcionarios y autoridades policiales.

-Siempre quieren poner al cura como el superhéroe. Yo formo parte de la mesa de tierras en la que hay comunidades campesinas que son los protagonistas de la mesa y también participa el INTA con compañeros que trabajan en la zona, la Universidad Nacional de Santiago del Estero a través de la cátedra de Ecología Política, algunos organismos del gobierno, el Comité de Emergencia, entre otros.

La reunión fue bisagra por la gran participación de la comunidad, en su mayoría mujeres, hijas, madres, abuelas, niños y niñas. Los varones que trabajan lo hacen en las fincas de los grandes empresarios. Y cuando se acercan a las reuniones corren el riesgo de ser despedidos.

-Gracias a Dios los dos fiscales, y la policía la federal nos han dado algunas herramientas, sobre todo en lo que tiene que ver con el uso de la tecnología, para pasarles fotos, videos, nombres de las fincas, dueño, fechas, para que cuando vean cualquier movimiento extraño o situaciones cerca de las casas se los transmitan. Después de la reunión se han secuestrado bastantes mosquitos por no estar registrados o por usar algún veneno prohibido. La gente con todo eso se va empoderando y va viendo que, a pesar de que la lucha es muy desigual, cuando la comunidad está organizada los engranajes del Estado y la Justicia van respondiendo por la presión de las comunidades.

Cuando vivía en otra parroquia, hace tres años, la quemaron por un conflicto de tierras. Si bien no tenían pruebas evidentes, todo cerraba, “toda la lectura que hizo la comunidad fue quemaron la iglesia por estar del lado del bien común, pero eso a gente la animó a comprometerse más, ayudaron con lo que podían y la iglesia quedó más linda que antes” cuenta.

Sus vecinos le agradecen constantemente por su compromiso. Raffaelli no tiene miedo a lo que se enfrenta, “Sino estaría encerrado en mi casa, ando con el cuidado que debo tener, cuando voy a visitar las comunidades voy en la camioneta o una motito que tengo ahí, a veces de noche, y no tengo miedo, porque no tengo nada que perder, no tengo hijos, ni familia. Creo que es una riqueza esa libertad interior que uno tiene de darse por completo”.

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Política

El otro campo, Nacional, popular y agroecológico

Zulma Molloja nació Bolivia, pero se crió en Alto Comedero, cerca de San Salvador de Jujuy. Su mamá y sus abuelos producían en el campo, plantaban frutos y hortalizas. Ahora vive -desde algún tiempo- en La Plata, en la zona de quintas donde trabaja la tierra, y desde hace cinco años milita en la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT). Tiene sembrados zapallitos, lechugas, zanahorias, y algunas cosas más. Se unió a Trabajadores de la Tierra por una cuestión personal, y por las tormentas. Se sentía sola y un poco desamparada. Un temporal fuerte hizo que toda su producción y su casilla se viniera abajo. Se quedó llorando sin saber qué hacer y sin ayuda de nadie. “Cuando pasan estas cosas los pequeños productores se organizan, se ayudan entre ellos, por eso me uní”.

Pensó en dejar de invertir en agroquímicos, y pensar en otras alternativas. En ese sentido, “avanzamos mucho en cuestiones agroecológicas, antes comprabas un veneno con 6 mil pesos, y hoy trabajamos con fertilizantes y ahuyenta plagas casero y orgánico”. La agroecología es un cambio de paradigma, y hoy son muchísimos más los que están trabajando sin tóxicos e intentando modificar el modelo productivo, “también planificamos la comercialización, la venta directa entre el productor y el consumidor”. Venden en algunas plazas de forma directa para poder recuperar las inversiones que realizan, ya que muchas veces los intermediarios se quedan con gran parte de las ganancias. Los pequeños productores en La Plata organizados son cerca de seis mil, y casi dieciséis mil en todo el país.

La gran contradicción en un país con vasto territorio como Argentina es la falta de oportunidades para adquirir tierras. Los pequeños productores normalmente se ven obligados a arrendar, “la realidad es que del uno al diez tenemos que pagar alquileres carísimos, hasta veinte mil pesos la hectárea, es una locura. El pequeño productor está a la deriva, sin tierra, sin vivienda”, explica Zulma. Las viviendas que ellos mismos logran construirse con maderas son muy precarias, y corren el riesgo de incendio, que arrasa con todo. Hace pocos días hubo dos casos por cortocircuito, que dejó a dos productores con lo puesto. Son el otro campo, el que no se ve afectado por las retenciones porque produce para el consumo interno. “Lamentablemente no podemos exportar grandes cantidades, pero producimos alimentos sanos para los argentinos, alimentos que llegan a la mesa de las familias”.

Paralelamente, intentan concientizar a las nuevas generaciones de niños, niñas y adolescentes respecto a la calidad de los alimentos que consumen. Se les enseña desde la huerta cómo cultivar sin agrotóxicos. Así, no solo se cuida la salud, sino la misma tierra, como un elemento lleno de vida, y el medioambiente. Además, desde la organización abordan la problemática de género, e intentar brindarle herramientas a las víctimas violencia, para poder llevar adelante sus familias. Han levantado un jardín comunitario donde más de 40 niños y niñas hijos de quinteros asisten, escapan a la desnutrición, aprenden huerta y consumen orgánico. Lo cierto que en este debate sobre las retenciones, el foco está puesto muy lejos de la salud pública, y muy cerca de la lógica capitalista de producción.
Zulma Molloja tiene cierta esperanza, sobre todo en ellos mismos: “Siempre nos engañaron y mintieron, pero hoy en día tenemos esperanza de que puede cambiar algo, pero somos nosotros mismos los que hemos cambiado el esquema al hacer agroecología, hemos avanzado en la organización”.

El reclamo que siempre han hecho y según Zulma seguirán haciendo es el del acceso a la tierra. “Queremos créditos blandos, no queremos que nadie nos regalen nada, queremos tener una vivienda digna, de material, y una tierra propia”, dice y explica que generalmente, los dueños de las quintas no les permiten construir casas de material y por eso el esquema es levantar casillas de madera, precarias y poco seguras.
La diferencia con los dueños de la tierra es ideológica, y también histórica. Zulma sabe que hay una batalla cultural de por medio, aunque asegura: “No nos interesa tanto discutir ciertas cosas, queremos que avance la agroecología y que se revalorice nuestro trabajo, siempre se apoyó a los grandes sojeros y a los grandes empresarios y se han olvidado del pequeño productor, esa es la realidad”.

Crédito Foto: diarioQué

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Política

Intendenta de Humahuaca, coya y coplera

Karina Paniagua tiene 44 años y viene de una familia tradicional de Humahuaca, que siempre ha trabajado por la preservación de la cultura: pertenece a la Cuadrilla de Cajas y Copleros del 1800 – por costumbre de sus abuelos y sus padres- una asociación cultural que conserva el canto propio y tradicional de su tierra, la copla.
En su adolescencia empezó a insertarse en distintos ámbitos de la sociedad humahuaqueña, comenzando por los centros de estudiante. Terminó la escuela primaria y secundaria en su pueblo y a los dieciocho años se afilió al Partido Justicialista. Desde ahí milita y trabaja para buscar espacios de poder para la gente del interior. No teniendo más alternativas académicas, se recibió de docente en su pueblo.
Sus abuelos siempre hablaban de la vida de Perón, y su mamá formó parte del Concejo Deliberante de Humahuaca, como secretaria administrativa. Karina es la primera dentro de su familia en lograr ocupar espacios dentro de la política.
En el 2003 la convocaron para formar parte del Ejecutivo Municipal como Coordinadora de Cultura. Desde ese momento fue funcionaria en distintos estamentos y durante los últimos cuatro años trabajó como concejal.
También es vicepresidenta de la Mesa Ejecutiva del Justicialismo de la provincia de Jujuy. Asegura que es la primera vez que ingresan representantes que no portan apellidos tradicionales de la política, y dice “No fue fácil, hubo que ir haciendo los espacios y rompiendo esos viejos esquemas”.
En Jujuy se desdoblaron las elecciones y le tocó competir el 9 de junio con siete candidatos a Intendente, todos varones. El número de candidatos fue histórico. Karina cree que su pueblo la apoyó porque la conoce y siempre la vio trabajando. Hace una semana uno de los funcionarios que la acompaña, y su familia, fueron amenazados de muerte. Karina no lo desestima, pero está convencida de que es una amenaza de tinte político, por eso se concentra en lo importante: en pocos días se convertirá en la primera intendenta mujer, peronista, y con raíces indígenas de la provincia.

-¿Cómo se entrelazan la cosmovisión indígena con la militancia dentro del justicialismo?
-Se complementan, esa es la verdad. Humahuaca es un pueblo con arraigos culturales muy fuertes, y la cuestión política no es ajena todo lo que va aconteciendo en la vida ciudadana. Yo personalmente siento que en mí se complementan estos dos pensamientos, y con ellos vengo trabajando en la comunidad.

-¿Cuáles son los reclamos de las comunidades originarias para con el Estado?
-Durante estos años recorrí mucho los distintos pueblos del interior para poder formalizar proyectos necesarios para la comunidad. Estamos permanentemente reunidos, venimos solicitando que las políticas del Estado lleguen a los pueblos, porque han estado totalmente ausentes. Las comunidades no piden mucho, quieren respeto a su cultura y su territorio. Hay muchas peticiones por los títulos de la tierra, de propiedades comunitarias. Y también las estructuras y necesidades básicas. Hay pequeños productores que necesitan arreglar las tomas de agua para poder comercializar sus productos, y también necesitan el acceso a la salud y a la justicia. Las distancias son largas, por eso necesitamos contar con esos servicios en los distintos pueblos. Lo que queremos nosotros fundamentalmente es evitar el desarraigo de las comunidades, nuestra gente se está yendo a las ciudades grandes en
busca de una mejor calidad de vida, de un progreso. Hay que generar una contención para evitar que se vayan lejos y abandonen sus tierras, sus familias.

-¿Cuáles son los conflictos por la tierra?
-Muchas comunidades ya han hecho reclamos formalmente. Hay que seguir visibilizando esta problemática en las esferas nacionales, porque hay mucho por hacer en nuestras comunidades a lo largo y ancho de todo el país.

-¿Cómo fueron estos cuatro años de macrismo?
-No fueron fáciles. Humahuaca ha sido el epicentro del gobierno provincial y nacional. Macri ha llegado cuatro veces a la ciudad. Y esto gobierno ha venido a sacarse una foto y no nos ha dejado nada, ningún beneficio para los humahuaqueños. Seguimos postergados en el tiempo. Ha sido duro, las diferencias políticas han hecho que no se gobierne para todos.

-¿Cómo viven desde ahí el golpe de Estado en Bolivia?
-No somos ajenos a esas noticias. Estamos cercanos a la Quiaca y tomamos muy de cerca el golpe, tenemos muchos hermanos bolivianos trabajando en Humahuaca en los distintos sectores de producción agrícola. Estamos atentos a lo que pasa por esta cuestión de hermandad que tenemos, por la cercanía.

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Política

«En nombre de Dios, no»

Entrevista

Desde las lógicas más disruptivas, muchas mujeres se acercaron al feminismo a través de la militancia católica. Maria Teresa Bosio es Presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir desde hace varios años. Habla de los fundamentalismos religiosos en América Latina, la escalada de la violencia contra las mujeres, el golpe en Bolivia y la palabra del papa Francisco, entre otras cosas. “En este golpe aparecen muy fuerte los símbolos de la biblia, de la cruz. Símbolos que toman ese matiz de colonización que no queremos. Repudiamos el golpe en Bolivia, y la violencia hacia las mujeres indígenas y de pollera. En nombre de Dios no”, dice.

Nació en un pueblo pequeño del interior de la provincia de Córdoba, en una familia católica. Su militancia dentro del catolicismo se forjó en su adolescencia, marcada por las escuelas religiosas y el mensaje evangélico de Jesús. Dice que le encantaba leer el antiguo y el nuevo testamento, pero lo que la desafiaba era el mensaje de Jesús con la opción por los más humildes, los desvalidos, “y con el no juzgar, ponerse en el lugares de les otres, y romper con los parámetros, las normativas y los contextos en los que habitaba, es decir, un contexto patriarcal, donde las mujeres estaban siempre subordinadas”. Ese mensaje es el que primó en su recorrido. Cuando decidió irse a estudiar a la capital Cordobesa, en el año 84, se inscribió en la Carrera de ciencias de la Educación, y lo primero que hizo fue buscar un espacio que trabajara la Teología de la Liberación. Sus docentes volvían de sus exilios y la referenciaron a la iglesia de “Quito” Mariani que estaba en el barrio Cerro de las Rosas. Así participó de algunas comunidades de base en las que Quito era referente mientras estaba internada en una pensión de pupilas. Sus actitudes disruptivas en relación a la religión y su forma de pensarse y pensar su lugar como creyente, hicieron que la echaran de esa institución, donde habitaban cuarenta mujeres. “Ahí mandaba un cura salesiano con formas perversas y jodidas de dirigir la institución, generaba mucho conflicto, y entre todas las compañeras pensamos que el conflicto no estaba entre nosotras, sino que era el cura”, recuerda. No conceptualizaban el patriarcado todavía, pero entendían por dónde venía el problema. La única que fue al frente fue Teresa, y le valió su permanencia en el lugar. Se fue a vivir con algunas amigas al barrio de Alberdi, y se pudo conectar con la revista El tiempo latinoamericano. Una revista de laicos, de rescate histórico. A ella la pusieron a ordenar el archivo de Angelelli, y así es como se enteró que había sido asesinado por la dictadura. En ese tiempo conoció a Marta Alanis. Algunos años después le contó su proyecto de Católicas por el Derecho a Decidir. Había pocos espacios de debate político en pleno neoliberalismo, y ella tenía ganas de reiniciar su búsqueda. Marta le ofrecía un espacio para trabajar de forma voluntaria. Tenían muy poco financiamiento, y el sindicato de publicidad les prestaba una piecita donde trabajan en un proyecto de prevención de VIH Sida, que articulaban con otras organizaciones. Tenían una obra de teatro, iban a los colegios, a las cárceles, y a diferentes instituciones trabajando con prevención. Algunos años después se fue interiorizando en el feminismo con su base teórica, metodológica, política. “Yo era una feminista instintiva. Negaba un mandato que me quería imponer mi mamá de ser una chica que se quedara en el pueblo, se casara, que fuera docente. De hecho todo eso lo hice (risas), pero una transita la vida como puede, con esos mandatos patriarcales y conservadores, donde las mujeres teníamos que estar ocupando roles de cuidado, teníamos que vivir la sexualidad desde el aguante y la reproducción, el no placer, cosas que a mí no me cerraban pero que tampoco tenía muchos elementos para disputarlo”, dice.

-¿Cuáles son las estrategias que desde CDD se están pensando contra los fundamentalismos religiosos que desembarcan en América Latina?
En principio conformar espacios disidentes dentro del fundamentalismo religioso. Construimos diálogo con otras compañeras de otras religiones que llevan la misma disputa. La mayor subordinación que tenemos es a la hora de tomar decisiones, de construir perspectivas teológicas, entonces la idea es armar un movimiento interreligioso, contrarrestar el ecumenismo conservador que están construyendo estos sectores.

-Participaste del XXVI Coloquio Internacional de Estudios de Género donde se habló de la lucha por la despenalización del aborto en América Latina, ¿cuál es el estado de situación en la región? ¿qué podemos esperar con la avanzada de la derecha que arrasa con los derechos humanos?
-Nosotras siempre tenemos un mensaje de esperanza. Reconocemos al enemigo, y así tenemos herramientas para contrarrestar sus discursos. La idea es disputar estos discursos en la educación, en las instituciones de salud, para disminuir la resistencia. Lo que vemos en América Latina es que esta tensión juega en el interior del Estado. Los sectores fundamentalistas saben dónde generar la disputa y dónde poner el obstáculo. Usan el Estado como una herramienta para obstaculizar el acceso a los derechos.

-¿Qué opinión tenés respecto al golpe de Estado en Bolivia en nombre de la política femenina, con una presidenta autoproclamada y funcional a la derecha fascista?
Nosotras decimos “En nombre de Dios no”. En todo este golpe aparecen muy fuerte los símbolos de la biblia, de la cruz. Símbolos que toman ese matiz de colonización que no queremos. Repudiamos el golpe en Bolivia, y la violencia hacia las mujeres indígenas y de pollera y todas las mujeres. Se las ha despojado de los pocos derechos que pudieron alcanzar en la gestión de Evo Morales. Hubo una respuesta a los dichos de Rita Segato de las mujeres indígenas. En este recorrido tenemos que salirnos de nuestro lugar de privilegio -porque somos feministas blancas, educadas, con obra social- a veces uno juzga desde un lugar determinado un proyecto político porque no está viviéndolo. Esas mujeres hablan desde el no haber tenido nada, haber tenido los derechos básicos negados como el de la salud, la anticoncepción, la educación. Y en Argentina las mujeres indígenas disputan sentidos y lugares en relación al feminismo, que era un feminismo blanco.

-El papa Francisco habló de la situación latinoamericana, dijo que “hay Gobiernos débiles que no han conseguido poner orden y paz”, y por otro lado dijo que la situación es similar a la de la década de los 70 y 80, ¿qué opinión tenés?
Creo que no va a haber paz en la medida en que haya injusticia. Los gobiernos no son débiles, lo que pasa es que América Latina siempre estuvo sometida a procesos de dominación, exclusión y colonización. Y la disputa con los sectores poderosos es tan desigual que uno puede pensar que los gobiernos son débiles pero no, es que los otros son muy fuertes. Habría que revisar un poco en la historia de latinoamérica, que él pueda mirarla. Siempre fuimos una región sometida a los designios de los poderosos, con nuevas estrategias, nuevas intenciones de sustraer riquezas, porque ahora está el capitalismo financiero, o el extractivismo, pero siguen siendo los mismos, que de todas las formas nos siguen poniendo bajo sus pies.

-¿Cómo vivieron la marcha atrás de Mauricio Macri sobre el protocolo de ILE? ¿Cómo creés que será el debate aquí en más teniendo en cuenta que Cambiemos deja al país sin Ministerio de Salud?
Lo del protocolo fue una vergüenza, hubo un desconocimiento de todo el proceso que se vivió durante todo el 2018. Nos pareció que el protocolo estaba muy bien, muy prolijo, nos sorprendió gratamente, y después vino la contramarcha. Pero es la posición que Macri adoptó en la campaña política, adhirió al pañuelo celeste sin ambigüedades. Creo que al tener al presidente entrante con una posición muy clara, y escuchar que la Iglesia no va a incidir en la cuestión del debate, el panorama es esperanzador. Hoy es una demanda social que entró en agenda.

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América Latina según Enrique Dussel

La autoproclamación de Jeanine Añez a la presidencia de Bolivia con una enorme biblia en la mano en la que se lee “Los cuatro evangelios” es una muestra más de cómo “la fe” aparece, en esta nueva fase de colonialismo, como un instrumento político que divide a la ciudadanía, y que la enfrenta para sembrar aquí y allá guerras civiles de alta o baja intensidad. Estados Unidos está más que dispuesto, parece decidido a recuperar Latinoamérica bajo la doctrina Monroe: algo que les pertenece. El golpe de Estado en Bolivia y los derechos de ese pueblo y de todos los pueblos de la región peligran. Enrique Dussel, académico, filósofo, historiador y teólogo argentino, naturalizado mexicano, analizó el contexto de América Latina, “donde nos enfrentamos a nuevas categorías que surgen de una realidad colonial, nos encontramos desvalidos de teoría para poder encarar esto”.

En una entrevista brindada al Canal 21 de México con Carmen Aristegui, el filósofo Enrique Dussel afirma que desde el fin del siglo pasado, los movimientos progresistas -que algunos los llaman de izquierda- cubrieron América del Sur, “pero de pronto hubo un paso atrás, empezó una reorganización de la derecha comandada por la OEA”.

Dussel se refiere puntualmente a la situación de Bolivia, que junto con Haití era el país más pobre de América Latina, y que ha aumentado anualmente su porcentaje de riqueza, y su PBI como ningún otro. Dice que es necesario “pensar muchos temas nuevos que no se habían hecho objeto de estudio”. El primero sería pensar cómo un sector de clase, que habiendo estado en la pobreza, gracias al éxito de estos gobiernos progresistas, ingresa a una especie de clase media y pasa a tener otras aspiraciones, que ya no significan salir de la pobreza. “Hay un cambio de subjetividad, pasan a ser consumistas neoliberales, que creen que ciertos proyectos tradicionalmente de derecha pueden solucionar sus nuevas aspiraciones”.

Para Dussel se ha observado muy poco la subjetividad, y asegura que estamos frente a un fenómeno nuevo, con las iglesias neoevangélicas apoyando el proceso brasileño y boliviano, con un hombre desaforado como Camacho que dice algo que teóricamente es esencial: “Vamos a sacar de los lugares públicos a la pachamama y vamos a imponer la biblia”.

Dussel explica que esa biblia “no es la del catolicismo y de derecha tradicional, es la biblia de los nuevos grupos evangélicos que justamente toman la cultura popular y los pueblos originarios como un oscuro paganismo, que el cristianismo –su cristianismo- debe reemplazar a rajatabla. Esa biblia no es católica de derecha, es una biblia que viene de las sectas norteamericanas y cambia la subjetividad de un indígena que tiene su cultura y lo quiere transformar en un hombre moderno, que deje las borracheras y que ahora sea más ascético, que se proponga trabajar y entrar en la sociedad capitalista burguesa”. Todo como parte de un estereotipo ya inoculado: poco pueblos hay más laboriosos que el boliviano.

Se trata, en palabras del reconocido filósofo, de poner en la escena una biblia del evangelismo norteamericano, en una actitud perfectamente orgánica, “en querer destruir la tradición indígena, que se suma al racismo tradicional y al machismo, y al mismo tiempo con un sentido burgués y pronorteamericano, es una nueva interpretación de la sociedad. Es un cristianismo fundamentalista, fanático, donde la riqueza es considerada una gracia de dios. Es novedoso, y está prendiendo en muchas partes”.

Lo cierto es que en Bolivia se da por una parte la blanquitud racista que desprecia al indígena. Son las cholas bolivianas humilladas, siendo rapadas, violadas, ultrajadas. Hemos visto en distintos videos cómo lloraban “las mujeres de pollera”, las cholas feministas, cuando los soldados les cortaban sus trenzas. La pollera y las trenzas tienen un alto significado simbólico para ellas. “Esto coincide con la doctrina de la OEA dirigida por Almagro. Eso da un panorama desconocido para América Latina, que hay que enfrentar con mucha seriedad. Es un fundamentalismo de derecha evangélico. Son nuevas categorías que surgen de una realidad colonial, que en Europa y en Estados Unidos no pueden interpretar, nos encontramos desvalidos de categorías teóricas para poder encarar esto”.

Pero el pueblo, según Dussel, va a reaccionar. Va a encarar lo que está pasando, “por las tradiciones aymaras, que ya han sido influenciadas por cinco siglos de catolicismo, van a enfrentar a los grupos evangélicos. Vamos a ver a grupos de lucha religiosa, que es esencialmente política”.

Hoy en América Latina los grupos neopentecostales se han propagado muchísimo, son cuentapropistas. Dussel explica cómo un pastor “aprende de otro un cierto lenguaje, un cierto uso de ciertos textos bíblicos, arma un argumento que no es propiamente mesiánico sino ideológico y político contemporáneo con textos bíblicos, y pone su comunidad a la cual se le cobra un diezmo, y se enriquecen”. Cualquier buen orador puede vivir de eso. El neoevangelismo se propaga como un negocio: “Logran tener mucha presencia en nuestro pueblo, porque está angustiado, está pobre, está sufriente, y no sabe el sentido de todo eso. El pobre que deja de ser pobre agradece a Dios, porque gracias a Dios tiene un trabajo, tiene una casita, cumple con su deber, y deja sus tradiciones”.

Se trata de la biblia reinterpretada desde un hombre norteamericano, “es el origen de la posibilidad de una nueva vida. Eso es hoy utilizado por la OEA, que se está retirando de Medio Oriente; estuvieron en Irak, Irán, Afganistán, Libia, haciendo desastres, y se alejaron de América Latina. Aquello ya lo dejan de pensar, han sido derrotados por los rusos, vuelven a América Latina porque la quieren recuperar, y estamos en esa situación. Es el enemigo disfrazado, ya no quieren disputar elecciones porque saben que las pierden, estamos en un momento muy peligroso”.

«Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=6L2IiK8cAg4»

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Política

Quién es Daniel Ruiz

Hace treinta días Daniel Ruiz fue excarcelado, después de haber sido detenido por la protesta de diciembre de 2017 contra la reforma previsional. Estuvo trece meses en la cárcel, imputado por supuestas lesiones a un policía. “Quiero volver a mi ciudad, estar con los míos, ser lo que siempre fui. Pero hay algo que quiero, es que todo esto, lo poco o mucho que uno aprendió de esta experiencia le sirva a las nuevas generaciones. Para que no le vuelva a pasar a nadie”, dice.

Daniel Ruiz tiene 40 años y dice con orgullo que ha vivido toda su vida en el mismo barrio de la ciudad de Comodoro Rivadavia. No tenían red de gas, ni de cloacas y las primeras obras estatales se comenzaban con el compromiso de los vecinos en poner la mano de obra. Daniel era chico y ayudaba a su papá a hacer las zanjas, “Entre todos hacíamos todo, me críe viendo esa solidaridad”, dice. Así fue forjando una identidad colectiva.

Le tocó, por ser parte de la generación que se educó en los noventa, que las instituciones públicas los abandonaran a su suerte. Había pocas vacantes para quienes empezaban el secundario. Por la demanda se armó una escuela (N°71) sin edificio propio. “Ahí es donde fueron mis primeras peleas colectivas, porque estudiábamos en edificios rotos y eran inviernos de mucho frío, entonces hicimos sentadas y organizamos el centro de estudiantes”.

Sobre el final de los noventa lo despidieron de su primer trabajo, en un frigorífico. Con sus vecinos armaron cooperativas porque había hambre y decenas de despidos en un solo día. “Era un golpe psicológico la gente no podía pagar el gas, con lo que significa eso en ciudades frías, era una angustia permanente”, recuerda.

En la primera asamblea de su barrio fueron más de doscientos vecinos. Como él había terminado el secundario le preguntaron si podía anotar a todos en el padrón y escribir los puntos que se habían charlado. Así se gestó su rol militante.

En una reunión de Coordinación de los vecinos se votó cortar los accesos a los yacimientos petrolíferos para pedir trabajo. Daniel estuvo en presencia de lo inédito. Aprendió ese día lo que era la huelga de una petrolera, que comenzó a las cinco de la mañana y fue desalojada con la furia de gendarmería una hora después.

Al poco tiempo comenzó su militancia partidaria, era una ruptura del MAS en Comodoro, tuvo así una base de formación política marxista que, según dice, le sirvió mucho. Con el método de afectar a las multinacionales como Repsol, consiguieron alrededor de 1.800 puestos de trabajos y así entró a trabajar como petrolero. Arrancó en el área de perforación.
Un trabajo hostil, en el que se trabaja a la intemperie durante doce horas, más las horas de viaje de larga distancia. Seis días de día, seis días de noche, mientras desde una casilla un hombre observa durante las doce horas. Así opera la empresa sobre el trabajador, en un estado permanente de control y vigilancia.

-Cuando yo entré, era piquetero, había estado varias veces en marchas, entrevistas con el gobierno y con las mismas empresas. Entonces el primer año me dieron el trabajo más hostil que había. Aguanté eso porque quería ser petrolero, y por dignidad. Empecé de a poquito a hablar con otros compañeros, y cuando me di cuenta éramos del turno que estábamos organizados.

Luego fue delegado y congresal del gremio. Ruiz habla de las largas jornadas y los horarios rotativos, que hacen que los trabajadores petroleros vivan a trasmano. Para algunos no hay día del padre, egresos de los hijos, ni actos de fin de año, ni domingos en familia.

El 14 de diciembre de 2017 Daniel Ruiz viajó a la ciudad de Buenos Aires, habían decidido con el partido (Socialista de los Trabajadores Unificado) participar de la marcha contra la reforma previsional. Sabían que el clima era de hostilidad, que no iban a una marcha cualquiera, porque la decisión de avanzar con la reforma estaba tomada. Llegó a las diez de la mañana, sintió que el ambiente estaba tenso, pero, a pesar de cómo sucedieron los hechos, cree que “tenía que estar ahí, por quienes me enseñaron a trabajar, y por los excombatientes, algo muy sentido para mí”.

Como él, hubo mucha gente identificada ese día por el Ministerio que conduce Bullrich. En abril de 2018 se dio la orden de que le intervengan todos sus dispositivos de comunicación, cuentas, y se le hizo seguimiento de inteligencia a él y sus familiares. En septiembre, cuando venía de una marcha de Astilleros de Santiago, subía de la estación Pichincha del subte y sintió que lo seguían dos personas, pensó que le iban a robar. De una camioneta bajaron cuatro más y gritaron “Es él”. Creyó que lo habían secuestrado, hasta que una policía de civil le explicó que eran de la Policía Federal. En la comisaría no le decían por qué estaba detenido, ni le permitieron comunicarse con nadie durante horas. Lo hostigaron para que diera información.

-¿Vos sabés por qué estás acá?
-No.
-Sabés lo del Congreso, y lo de tu compañero de rastas (Sebastián Romero). Si decís algo te podés ir a la mierda de acá.
-Todos sabemos cómo empieza y cómo termina esto- les respondió.

Lo miraron. Se miraron y quedó clara la situación. Al otro día lo llevaron a Comodoro Py donde le leyeron las imputaciones. Quedó un día en los calabozos esperando a que lo llevaran a Tribunales, tal como le habían prometido. Pero a las tres de la mañana, a empujones, estaba entrando en una celda de Marcos Paz.

-Lo más difícil fue la primera semana. Uno sabe que perdió. Y empieza a reflexionar y pensar qué es lo que debería haber hecho. Cuando abrían el patio yo no salía, hasta que un día salí, vi los paredones muy altos, me sentía en una iglesia, me veía muy chiquito. Entre las rejas y los alambres de púa dije “Esto a mí no me va a ganar”.

Así se empezó a adaptar al pabellón, y a replicar conocimiento de trabajo en equipo para empezar a conseguir algunas cosas como pinturas para los pabellones, incorporación de mesas y sillas, instalaciones eléctricas, cocinas y bachas, entre otras. La superpoblación es uno de los mayores conflictos. Según un informe de la Sala de Casación II, se comprobó que en Marcos Paz hay detenidas 2800 personas, cuando el penitenciario está habilitado para 1400.

-Tuve suerte en la vida, primero porque nací en la Patagonia. Hay una tradición de nuestros pueblos de dar pelea, sobre todo quienes nos antecedieron, los pueblos originarios, hay mucha bronca acumulada y la palabra dignidad tiene otro sentido. Me di cuenta que adentro de la cárcel había un movimiento genuino y masivo de todos los pabellones, y decidí involucrarme. Descubrí que en la cárcel sí es sí, la palabra vale mucho.

Daniel no quería estar ilusionado con la idea de irse. Le habían negado varias veces la excarcelación con argumentos ridículos. El poder del estado lo seguían manejando Macri y Bullrich. Estaba confiado con las luchas populares, y con la campaña por su liberación. El resultado de las PASO lo alentó, hacía más de un año que estaba preso, dijo “Ahora es cuando”, y anunció a sus abogados que era hora de apretar las clavijas. Empezó una huelga de hambre. Hubo actos por su libertad en más de veinte países. Hubo presión y se consiguió una reunión y una fecha para el comienzo del juicio. Salió en libertad el 8 de octubre. A las seis de la tarde se había ido dormir una siesta. A las siete entraron en su celda y le dijeron “Ruiz, te vas, en una hora tenés que estar afuera”. Lo sacaron como entró: a empujones. Firmó las actas, le entregaron el documento.

-De acá no me voy sin el carnet de River, si estaba mi documento tiene que estar el carnet.

Se fue sin plata, pidió subir al colectivo, después al tren, y en el Molinete del subte, se cansó de pedir por favor y saltó. A las pocas horas se reunió con sus familiares.

El próximo paso Daniel Ruiz es pedir la nulidad del juicio. “Cuando termine el proceso judicial la vida sigue. Quiero volver a mi ciudad, estar con los míos, ser lo que siempre fui.
Pero hay algo que quiero, es que todo esto, lo poco o mucho que uno aprendió de esta experiencia le sirva a las nuevas generaciones. Para que no le vuelva a pasar a nadie”, dice.

-Hay cosas que valoro, esta lucha fue de la unión de la clase obrera y los sectores populares. Tuve el apoyo de todos los organismos de derechos humanos, del Foro de Presos Políticos, independientemente de mi postura. Eso no tiene que ser una excepción, tiene que ser una norma. Hay un uso de la justicia para manipular los fines políticos, eso es lo que se tiene que terminar.

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Líderes colombianos bajo las balas

América Latina enfrenta una cacería cada día más feroz contra los líderes sociales indígenas que defienden la vida y el territorio. Cauca es uno de los treinta y dos departamentos de Colombia, su capital es Popayán y está ubicado en las regiones andina y pacífica, a más de 500 kilómetros de Bogotá.

De acuerdo con el Consejo Regional Indígena, este año han sido asesinados 54 nativos en diferentes puntos del norte del departamento. La situación se agravó durante la última semana, con quince asesinatos sistemáticos de comuneros indígenas. El presidente colombiano, Iván Duque, busca militarizar la zona, pero las comunidades aseguran que cada vez que eso sucede, un nativo es asesinado. No esperan protección del Estado porque el Estado no es confiable.

Las fuerzas de seguridad estatales y grupos al margen de la ley, en su disputa por el territorio, atacan con impunidad a las organizaciones sociales y sectores populares en el país. Atentan contra la visión milenaria y ancestral del ecosistema, que está siendo destruido por la economía liberal, y también contra los campesinos que monitoreaban el consensos de paz con las FARC que el gobierno de Duque echó por tierra.

Para el Consejo Regional Indígena, que agrupa a más del 90% de las comunidades indígenas del departamento del Cauca, la política de muerte y exterminio se ha fortalecido desde el posicionamiento de Duque “por el abandono institucional y estatal a los acuerdos de paz, profundizan flagelos como el narcotráfico, la explotación de la madre tierra y el control del territorio, escenario ideal para que los grupos armados y las mafias del narcotráfico se posicionen y fortalezcan desarmonizando y desplegando la muerte y la guerra”.

La muerte llegó al municipio de Morales el 30 de octubre, con el asesinato de tres personas, en un caso relacionado al supuesto robo de una vivienda. Horas después, la Unidad Nacional de Protección confirmó el secuestro y asesinato del escolta Fabián Rivera en Suárez.

Jesús Mestizo era un líder indígena a quien también interceptaron cuando salía de su casa el domingo por la noche y asesinaron a quemarropa. Menos de veinticuatro horas antes, se había reportado el homicidio de Alex Vitonás Casamachín, un joven de 18 años, que fue atacado por hombres armados en la vereda Loma Linda, del municipio de Toribío.

Ese mismo día, las comunidades indígenas del lugar habían denunciado el asesinato de los guardias indígenas (kiwe Thegnas) Asdrual Cayapu, Eliodoro Fiscue, José Gerardo Soto, James Guilfredo Soto y Nejuex Cristina Bautista.

El Gobierno colombiano responsabilizó a disidentes de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ordenó el despliegue de 2.500 militares en la zona, para enfrentar a las estructuras armadas y “frenar la expansión del narcotráfico”. El presidente Duque busca articular el trabajo de los organismos del Estado con las autoridades indígenas, pero el defensor del Pueblo en el Cauca, Rossi Jair Muñoz, asegura que cada vez que avanzan en ese sentido, un nativo es asesinado.

 



Fuentes:
https://www.bluradio.com/nacion/horror-en-el-cauca-15-muertos-en-menos-de-una-semana-pcfo-231665-ie435?fbclid=IwAR0FjAWlRaFzN-r0KfnDK4bRaXmfN5ICKDedJMN-iBA7IxyHvL194MJaUqE

https://www.facebook.com/cric.colombia/

https://www.nodal.am/2019/11/en-una-semana-asesinaron-a-13-personas-en-el-norte-del-cauca/?fbclid=IwAR0lOeHOs8gacPnjVWvX6TXQMgLQGXDgzQ7JX2dt4rlBL2JsxVG8XdBzWs8&utm_source=tr.im&utm_medium=l.facebook.com&utm_campaign=tr.im%2F1UWje&utm_content=link_click

https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/presidente-duque-reitero-su-plan-social-para-el-cauca-430430