«En nombre de Dios, no»

«En nombre de Dios, no»

Entrevista

Desde las lógicas más disruptivas, muchas mujeres se acercaron al feminismo a través de la militancia católica. Maria Teresa Bosio es Presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir desde hace varios años. Habla de los fundamentalismos religiosos en América Latina, la escalada de la violencia contra las mujeres, el golpe en Bolivia y la palabra del papa Francisco, entre otras cosas. “En este golpe aparecen muy fuerte los símbolos de la biblia, de la cruz. Símbolos que toman ese matiz de colonización que no queremos. Repudiamos el golpe en Bolivia, y la violencia hacia las mujeres indígenas y de pollera. En nombre de Dios no”, dice.

Nació en un pueblo pequeño del interior de la provincia de Córdoba, en una familia católica. Su militancia dentro del catolicismo se forjó en su adolescencia, marcada por las escuelas religiosas y el mensaje evangélico de Jesús. Dice que le encantaba leer el antiguo y el nuevo testamento, pero lo que la desafiaba era el mensaje de Jesús con la opción por los más humildes, los desvalidos, “y con el no juzgar, ponerse en el lugares de les otres, y romper con los parámetros, las normativas y los contextos en los que habitaba, es decir, un contexto patriarcal, donde las mujeres estaban siempre subordinadas”. Ese mensaje es el que primó en su recorrido. Cuando decidió irse a estudiar a la capital Cordobesa, en el año 84, se inscribió en la Carrera de ciencias de la Educación, y lo primero que hizo fue buscar un espacio que trabajara la Teología de la Liberación. Sus docentes volvían de sus exilios y la referenciaron a la iglesia de “Quito” Mariani que estaba en el barrio Cerro de las Rosas. Así participó de algunas comunidades de base en las que Quito era referente mientras estaba internada en una pensión de pupilas. Sus actitudes disruptivas en relación a la religión y su forma de pensarse y pensar su lugar como creyente, hicieron que la echaran de esa institución, donde habitaban cuarenta mujeres. “Ahí mandaba un cura salesiano con formas perversas y jodidas de dirigir la institución, generaba mucho conflicto, y entre todas las compañeras pensamos que el conflicto no estaba entre nosotras, sino que era el cura”, recuerda. No conceptualizaban el patriarcado todavía, pero entendían por dónde venía el problema. La única que fue al frente fue Teresa, y le valió su permanencia en el lugar. Se fue a vivir con algunas amigas al barrio de Alberdi, y se pudo conectar con la revista El tiempo latinoamericano. Una revista de laicos, de rescate histórico. A ella la pusieron a ordenar el archivo de Angelelli, y así es como se enteró que había sido asesinado por la dictadura. En ese tiempo conoció a Marta Alanis. Algunos años después le contó su proyecto de Católicas por el Derecho a Decidir. Había pocos espacios de debate político en pleno neoliberalismo, y ella tenía ganas de reiniciar su búsqueda. Marta le ofrecía un espacio para trabajar de forma voluntaria. Tenían muy poco financiamiento, y el sindicato de publicidad les prestaba una piecita donde trabajan en un proyecto de prevención de VIH Sida, que articulaban con otras organizaciones. Tenían una obra de teatro, iban a los colegios, a las cárceles, y a diferentes instituciones trabajando con prevención. Algunos años después se fue interiorizando en el feminismo con su base teórica, metodológica, política. “Yo era una feminista instintiva. Negaba un mandato que me quería imponer mi mamá de ser una chica que se quedara en el pueblo, se casara, que fuera docente. De hecho todo eso lo hice (risas), pero una transita la vida como puede, con esos mandatos patriarcales y conservadores, donde las mujeres teníamos que estar ocupando roles de cuidado, teníamos que vivir la sexualidad desde el aguante y la reproducción, el no placer, cosas que a mí no me cerraban pero que tampoco tenía muchos elementos para disputarlo”, dice.

-¿Cuáles son las estrategias que desde CDD se están pensando contra los fundamentalismos religiosos que desembarcan en América Latina?
En principio conformar espacios disidentes dentro del fundamentalismo religioso. Construimos diálogo con otras compañeras de otras religiones que llevan la misma disputa. La mayor subordinación que tenemos es a la hora de tomar decisiones, de construir perspectivas teológicas, entonces la idea es armar un movimiento interreligioso, contrarrestar el ecumenismo conservador que están construyendo estos sectores.

-Participaste del XXVI Coloquio Internacional de Estudios de Género donde se habló de la lucha por la despenalización del aborto en América Latina, ¿cuál es el estado de situación en la región? ¿qué podemos esperar con la avanzada de la derecha que arrasa con los derechos humanos?
-Nosotras siempre tenemos un mensaje de esperanza. Reconocemos al enemigo, y así tenemos herramientas para contrarrestar sus discursos. La idea es disputar estos discursos en la educación, en las instituciones de salud, para disminuir la resistencia. Lo que vemos en América Latina es que esta tensión juega en el interior del Estado. Los sectores fundamentalistas saben dónde generar la disputa y dónde poner el obstáculo. Usan el Estado como una herramienta para obstaculizar el acceso a los derechos.

-¿Qué opinión tenés respecto al golpe de Estado en Bolivia en nombre de la política femenina, con una presidenta autoproclamada y funcional a la derecha fascista?
Nosotras decimos “En nombre de Dios no”. En todo este golpe aparecen muy fuerte los símbolos de la biblia, de la cruz. Símbolos que toman ese matiz de colonización que no queremos. Repudiamos el golpe en Bolivia, y la violencia hacia las mujeres indígenas y de pollera y todas las mujeres. Se las ha despojado de los pocos derechos que pudieron alcanzar en la gestión de Evo Morales. Hubo una respuesta a los dichos de Rita Segato de las mujeres indígenas. En este recorrido tenemos que salirnos de nuestro lugar de privilegio -porque somos feministas blancas, educadas, con obra social- a veces uno juzga desde un lugar determinado un proyecto político porque no está viviéndolo. Esas mujeres hablan desde el no haber tenido nada, haber tenido los derechos básicos negados como el de la salud, la anticoncepción, la educación. Y en Argentina las mujeres indígenas disputan sentidos y lugares en relación al feminismo, que era un feminismo blanco.

-El papa Francisco habló de la situación latinoamericana, dijo que “hay Gobiernos débiles que no han conseguido poner orden y paz”, y por otro lado dijo que la situación es similar a la de la década de los 70 y 80, ¿qué opinión tenés?
Creo que no va a haber paz en la medida en que haya injusticia. Los gobiernos no son débiles, lo que pasa es que América Latina siempre estuvo sometida a procesos de dominación, exclusión y colonización. Y la disputa con los sectores poderosos es tan desigual que uno puede pensar que los gobiernos son débiles pero no, es que los otros son muy fuertes. Habría que revisar un poco en la historia de latinoamérica, que él pueda mirarla. Siempre fuimos una región sometida a los designios de los poderosos, con nuevas estrategias, nuevas intenciones de sustraer riquezas, porque ahora está el capitalismo financiero, o el extractivismo, pero siguen siendo los mismos, que de todas las formas nos siguen poniendo bajo sus pies.

-¿Cómo vivieron la marcha atrás de Mauricio Macri sobre el protocolo de ILE? ¿Cómo creés que será el debate aquí en más teniendo en cuenta que Cambiemos deja al país sin Ministerio de Salud?
Lo del protocolo fue una vergüenza, hubo un desconocimiento de todo el proceso que se vivió durante todo el 2018. Nos pareció que el protocolo estaba muy bien, muy prolijo, nos sorprendió gratamente, y después vino la contramarcha. Pero es la posición que Macri adoptó en la campaña política, adhirió al pañuelo celeste sin ambigüedades. Creo que al tener al presidente entrante con una posición muy clara, y escuchar que la Iglesia no va a incidir en la cuestión del debate, el panorama es esperanzador. Hoy es una demanda social que entró en agenda.

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