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¿Quién es Daniela Castro?

La abuela de Daniela Castro había conocido a Eva Duarte, por eso le hablaba maravillas de ella. Vivía en el campo, en Carlos Tejedor, era una familia de trabajadores de la tierra. Eva y Perón lograron expropiar y fraccionar algunas parcelas para que fueran a mano de los y las trabajadores. Su abuela fue beneficiada, y además Eva le entregó una máquina de coser.

La abuela de Daniela murió a los 91 años. Era quien la apuntalaba y le insistía en no perderse en la mirada del otro. La llenaba de amor. Daniela es la segunda de cuatro hermanos. Tuvo una niñez y una infancia que recuerda como normal, en Mar del Plata. En un contexto familiar contenedor, humilde. Su papá era electricista y su mamá ama de casa.

Los padres quisieron entender por qué Daniela se corría del esquema de niño o niña dentro de los parámetros binarios. Empezaron a afinar la mirada y fueron a un psicólogo para entenderla y acompañarla.

-Creo que eso fue fundamental para el desarrollo de mi vida, y el acompañamiento que necesitamos las mujeres o los varones trans en estas instancias. Las familias son un ente fundamental para sostener el bienestar y el futuro de cualquier persona. Ellos entendieron en algún momento que iba a haber un proceso y que en algún momento yo iba a ser Daniela indiscutiblemente.

Su abuela Emma fue como su segunda mamá. Daniela lleva en su honor su segundo nombre. Y de ella sus bases ideológicas. “Era cien por ciento evitista, no había nada que superara a Eva Duarte de Perón”, cuenta. De todas formas, el desarrollo de su impronta militante llega desde un lugar – para ella- impensado. Tuvo que ver con su lucha por generar los recursos económicos que le permitieran vivir sin caer en la situación de prostitución.

-No teníamos recursos, éramos muchos en mi casa, mi papá no tenía un trabajo estable, cuando tenía trabajo estábamos un poco mejor y cuando no, la pasábamos peor. Entonces en algún momento termino parada en una esquina, en situación de prostitución. Yo entendía que no tenía que estar ahí, que tenía un montón de proyectos y metas en mi cabeza que no tenían que ver con eso. Me costaba entender por qué yo tenía que hacer algo a lo que me resistía totalmente para poder vivir.

Ese pensar fue el detonante para que esa esquina tuviera una fecha de vencimiento. Daniela era la que se resistía frente a la policía, y la que iba detenida. Tuvo un costo muy alto. “La pasé muy mal, estando presa más de tres meses en alguna comisaría común, de forma totalmente arbitraria”, cuenta. Por eso cree que las disidencias son sobrevivientes.

Empezar a reclamar por sus derechos en ese contexto era militar sin saber bien hacia dónde. La policía le dijo que “iba a terminar mal”. Creer que iba a desaparecer la llevó a buscar alternativas. Corría el año 2001, los primeros programas sociales empezaban a tapar los agujeros del neoliberalismo. Conoció a una referente barrial que la ayudó a conseguir un programa social, que tenía como contraprestación el trabajo en un ropero comunitario y en un comedor barrial.

Aprendió a coser a máquina, y así surgió la posibilidad de trabajar en un taller de costura, que sumado al salario del programa le alcanzaba para vivir. Después la Central de Trabajadores Argentinos la nombró administrativa, historia que la ubica en el presente.

-En aquel momento era muy difícil incluir a las disidencias dentro de algún parámetro sindical. La sociedad de trabajadores concentraba sindicatos sumamente machistas entonces fue muy difícil poder meterme en esos sectores. Tuve el abrazo de compañeros y compañeras que me apoyaban y pensaban, como yo, que había que darle batalla a aquellos que se oponían por una cuestión de género y no de capacidad política.

Es la primera mujer trans que obtuvo el cambio de documento. Había presentado un recurso de amparo luego de la aprobación de la Ley de Identidad de Género. No creía que iba a modificar su vida, pero el día que la jueza del tribunal la llamó para que estuviera presente en el momento del fallo, se sentó en un rincón a llorar desconsoladamente.

-Ahí entendí que mi vida entera cambiaba, que no era solamente un nombre en un documento, que ese fallo tenía que ver con la lucha, con los años de espera, con las detenciones, y a partir de ahí lo usé indiscutiblemente como bandera.

Daniela considera que hoy hay otra realidad, que “si bien sigue costando la participación de las mujeres y las disidencias, es un tema que está en agenda claramente, ese machismo se ha ido deconstruyendo, no por completo, pero sí bastante, y hemos ido ganando algunas batallas”.

La provincia de Buenos Aires es un territorio muy hostil para cualquiera que no encaje en el paradigma heterosexual. La creación del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, donde Daniela quedó a cargo del área de Diversidad Sexual, es un desafío.

-Está en plena etapa de desarrollo, aunque ya comenzaron las acciones. No nos han privado de poder proyectar, poder generar actividades, poder planificar a corto y mediano plazo, de qué forma tiene que funcionar el Ministerio y las distintas áreas. En el caso puntual del área de Diversidad, el trabajo en el territorio es fundamental y primordial. Ninguna de las que formamos parte de este ministerio podemos perder la mirada del territorio, entendiendo que ocupamos esos espacios llevando el nombre de todas esas compañeras que luchan y han luchado incansablemente, inclusive las que ya no están.

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Política

Milagro no necesita un milagro, necesita justicia

Hablo de Milagro porque fue la primera, porque ya pasaron más de cuatro años de la privación antojadiza de su libertad, pero mientras hablo de ella pienso en sus compañerxs detenidxs, y en Amado Boudou, y en los demás presos políticos, porque eso es lo que son. No hay condenas y están “preventivamente” presos por un sistema de justicia deforme que selectiva y políticamente elige a quienes pueden esperar sentencia en libertad y a quienes aunque siempre estuvieron a derecho deben esperar encerrados a que sus causas caigan. Porque todos sabemos que caerán. Porque sabemos cómo se compuso, en el caso de Milagro, el STJ que la encarceló, con trampa y engaño, y quienes vimos el antes y el después de lo que era su obra, también sabemos del odio a la felicidad del pobre.

Tenemos paciencia. Vamos despacio. La maraña que dejó el macrismo en todos los ámbitos de nuestra vida en común es monstruosa. Ningún gobierno desde el 83 había cometido tantos delitos a la luz del día sin que ninguno de ellos fuera tapa de diario. En la tapa de los diarios están los seleccionados para la demonización. El aparato de injurias y estigmatización no cambiará un ápice su naturaleza: siempre fue la misma, y no se puede deconstruir porque no se trata de periodismo sino de capitalismo corporativo, y los grandes medios son corporaciones como las petroleras o los laboratorios.

Hablo de Milagro porque nunca en mi vida me voy a olvidar de la primera visita al Alto Comedero en su esplendor, porque nunca se me había ocurrido que en este país existía un rincón como aquel, pluricultural, orgulloso, frenéticamente laborioso. Hablo de Milagro porque nunca voy a olvidar tampoco aquellos días de Reyes con los niños de las copas de leche armando sus mesitas coloridas y desbordantes de tortillas, y tortas acarameladas y bizcochuelos caseros. Nunca había visto ni volví a ver la felicidad popular tan concentrada, que olía a vainilla y a sudor. Y sigo hablando de ella porque nos han prohibido en estos años muchas cosas, pero hemos encontrado la manera de decirlas igual.

Milagro creó la Tupac diez años antes de que existiera tal cosa como el kirchnerismo. La creó cuando Cavallo decía que Jujuy era una de las provincias inviables. Es decir: que no se podía hacer nada por los jujeños. Que pasáramos a otra cosa, aunque la pobreza superaba al 50 % de la población y el hambre roía los estomaguitos de bebés y niñxs que habían nacido pobres. Ese es el determinismo de la derecha, que se fue volviendo ultra derecha aunque no querramos verlo. Serás lo que a tu lugar de nacimiento, a tu color de tu piel y a la clase que te toque le corresponda.

Milagro eligió para empezar su trabajo de organización popular empezar por ahí. En l992. A dar de comer. Y les propuso que armaran las primeras copas de leche a los estigmatizados de cada barriada. A los que tenían antecedentes penales. Esos que después nunca vuelven a conseguir trabajo, y menos todavía en un país en el que el trabajo estaba siendo dado por muerto.

A ella le han arrebatado más de cuatro años de su vida porque a la ultra derecha le molestaba el empoderamiento de los que deben mirar para abajo y nunca deben hacer ningún reclamo. Los que para los racistas que incluso no admiten que lo son, deben asumir que han nacido indios o negros, y deben clausurar en la infancia de idea del buen vivir.

Jallalla Milagro. Cada día, cada hora, hoy cuesta más, porque no sabemos cuánto más te ultrajarán y te difamarán. Es lo que hace esta gente, la de la ultra derecha de la política, el poder judicial y los grandes medios. Intentar destruir un buen nombre. Para destruir el tuyo mintieron a destajo y además rompieron a patadas las casas y se robaron hasta los motores de las piletas. Jallalla Milagro. Ojalá saques de tu memoria ancestral la reserva de fuerza y resistencia para esperar como hasta ahora, entera, el día de tu libertad. Lo escribo para que sepas que estás en nuestros corazones, como los demás compañerxs detenidxs.

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Contratapa Página/12

Cerdos

Hace unos cuantos años leí un cuento que me impresionó mucho, y esta semana volvió a mi memoria; volvieron las imágenes imborrables que el cuentista norteamericano Stephen Dobyns selló en mi cabeza, mediante una peripecia patética, que hacía salir a la superficie nuestra idea del éxito y sus devastadoras consecuencias.

Dobyns, en su ficción, cuenta la historia de un poeta célebre, unánimamente aclamado en todo el mundo, ganador de premios, narcisista igual que toda su familia, que cree ser depositaria de los mismos atributos que el ganador de premios, Jason W. Plover. “Existen en la vida peligros tan turbadores que necesitamos mantenernos en estado de alerta y permanentemente preparados para manifestar nuestra conmoción o nuestra incredulidad”, comienza diciendo el narrador. Y lo dice porque acaba de leer una noticia de último momento: Jason W. Plover “resultó muerto en Harvard Square cuando un cerdo cayó del cielo y lo aplastó mientras cruzaba la avenida de Massachusetts con el semáforo en rojo”.

El cerdo pesaba doscientos kilos y estaba destinado a aparecer en una película sobre el asalto a un banco. Un helicóptero lo transportaba desde una granja de Lexington a lo largo los márgenes del río Charles, donde en una locación esperaban una actriz muy taquillera y un camión blindado que la producción había alquilado por una tarde. Era una escena importante de la película. Cuando los ladrones intentaban escapar con el botín, el cerdo se interponía en su camino. El cerdo, mientras tanto, viajaba sedado. Pero la medicación terminó su efecto antes de lo previsto, y el cerdo ya despierto rompió las sogas que lo ataban y sus movimientos frenéticos desestabilizaron el helicóptero. Los productores no pudieron impedir que cayera al vacío, y que comenzara un trayecto descendente que al cabo de doscientos metros lo hizo chocar contra el poeta célebre. El cerdo sobrevivió.

Plover cruzaba con el semáforo en rojo porque estaba apurado, llegando tarde a un almuerzo con su editora. El semáforo no tuvo nada que ver con su muerte pero agregó morbo a la noticia y al brutal desangelamiento del poeta célebre, que se había pasado la mitad de su vida pensando cómo sería recordado, que tipo de adjetivos acompañarían la noticia de su muerte, de qué homenajes póstumos sería objeto y cómo esa posteridad lustrosa sería parte del legado que dejaría a su familia.

La cuestión es que fue recordado como el poeta célebre al que un cerdo que cayó del cielo aplastó mientras él cruzaba la calle con el semáforo en rojo.

La contingencia arrasó con todos sus planes, forjados prolija y burocráticamente congreso tras conferencia, honoris causa tras homenaje. Las ridículas circunstancias de su muerte se convirtieron en objeto de burla, no de lamento. Sus libros desaparecieron pronto de las librerías. Su familia quedó inmersa en el bochorno, y pronto lamentó más las circunstancias de la pérdida que la pérdida de Plover.

Esta es la diferencia entre la narrativa y la realidad. Es necesaria. Es saludable mentalmente reconocer entre ficción y realidad. La narrativa existe para compensar lo que la realidad oculta pero que se percibe, para crear secuencias de hechos que quizá en la realidad se den aislados pero que juntos permiten ver de cerca la trama del tejido de los hechos y su correspondencia con emociones inexplicables. La ficción dice la verdad de una manera que la realidad no puede.

Obviamente el cuento de Dobyns volvió a mi memoria a raíz que ese veraneante rico de Punta del Este que tiró a un cerdo (o un cordero, o lo que fuere) desde un helicóptero a una pileta de natación. No leí detalladamente la noticia. No me interesa si fue uno o el otro. Lo que veo es a un puñado de personas riéndose de la muerte.

No es casual este tipo de diversión tan pegada, tan unida al sadismo, en un mundo en el que los ricos creen que “en realidad” el mundo es suyo. Las narrativas populares son muchas, porque siempre intentan, desde las derrotas históricas sucesivas, demostrar que hay valores y épicas de las que sólo son capaces quienes pelean juntos y para el bien de todos. La narrativa del poder de los ricos es una sola: de distintas maneras, siempre dice que todo les pertenece y que cualquier puja será aplastada mediante la peripecia necesaria, por más ruin o sádica que sea, esto es: por más vidas humanas o animales que cueste. Mientras el mundo se convierte en un nuevo circo romano que mata cristianos o esclavos o leones (pobres, mujeres, inmigrantes, animales, bosques, océanos, etc.) en un paraje caro y lleno de gente que cree que es superior a otra, tirar un cerdo desde un helicóptero es divertido. Es el tipo de diversión que le corresponde a la crueldad.

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Entrevista

¿Quién es Sergio Rafaelli?

El cura ambientalista

“Tomar en serio el mensaje de Jesús tiene que tener una consecuencia social, de no dejar de lado a los descartables de la sociedad, que en esta época son los campesinos. El grito de la tierra es el grito de los pobres”, dice el cura Sergio Raffaelli, que toma el planteamiento ecológico integral del Papa Francisco. Vive hace quince años en Santiago del Estero y está al frente de reuniones en las que se debate la Multiplicación de los panes y los peces, el derecho a la tierra, el modelo productivo que envenena, la salud y las herramientas legales para defenderla. Un cura ambientalista que el 26 de diciembre, logró -junto con sus vecinos y compañeros de lucha- reunir en la capilla de la virgen de Luján del Bagual, a una fiscal federal, un fiscal de ese departamento judicial, funcionarios y autoridades policiales. En estos días se realizaron distintos operativos donde se secuestraron mosquitos y fumigadoras que envenenan a los campesinos.

Pasó su primera infancia en Capilla del Señor, en el partido de Exaltación de la Cruz, provincia de Buenos Aires. Vivían en una quinta de verduras de treinta hectáreas que había comprado su abuelo cuando vino de la guerra. Cuando cumplió tres años su familia se mudó a San Martín, gran Buenos Aires. Tuvo algunos trabajos informales, arrancó la carrera de Comercio Exterior y consiguió empleo en un banco.
Nunca había pensado en ser cura. Cuando tenía veintidós años un amigo lo había invitado a una misión de verano en Monte Chingolo, Lanús, con un grupo de jóvenes de la parroquia. El amigo iba porque una chica que le gustaba.

-Fuimos en busca de novias y acá terminé. Fue una experiencia fuerte para mí, porque era un mes en misión y justo la zona que recorrimos era un asentamiento, esto recién empezaba. Era una experiencia nueva y muy linda compartir la vida y los valores con los pobres- cuenta.

Cuando volvió se acercó a la parroquia de su barrio. Había un cura nuevo. Le dijo “Che, quiero ser cura, quiero vivir toda mi vida así”. El hombre le dijo “Tranqui, podés ser médico, maestro o lo que sea para ayudar a los pobres”. Pero no.
Arrancó el seminario y se recibió el 10 de octubre de 1999. Cinco años después, con tres curas del Agustinos Recoletos dejaron la orden para irse a vivir a Santiago del Estero, lugar al que viajaban a misionar desde hacía algunos años.

La vida en Santiago como cura, como ser humano y como ciudadano lo ha cambiado muchísimo, dice. Han vivido en parroquias rurales. Conoció a la comunidad Tonocoté, comunidades afrodescendientes, descendientes de esclavos, y convive desde ese entonces con comunidades campesinas también.

Con ellos cultivó otro concepto de la tierra, el del pueblo originario y el campesino, “porque en Buenos Aires uno aprende que la tierra es un bien comercial que se compra, se vende, se alambra, se divide en cuadraditos, y esa es la imagen que tenemos de la sociedad rural, el campo y la pampa húmeda. Acá aprendí que hay otra manera de relacionarse con la tierra que no tiene tanto que ver con lo comercial sino con lo existencial”, dice.

-La gente de acá nos fue arrastrando a los curas a entender que la tierra es el lugar de vida y por eso se defiende. “A mí de acá me van a sacar muerto¨, te dicen. Arrasar el monte es arrasar una cultura. El monte es el alma del santiagueño. Es donde ha nacido, donde tiene su rancho, su escuela, su cementerio, el monte es un lugar donde sus animales comen, donde tiene sus remedios caseros, y el alimento de su familia.

Ese conocimiento y la fuerza de sus conciudadanos lo llevó a convertirse en un cura ambientalista. Hace quince años empezaron las reuniones por el peligro de la usurpación de las tierras de parte de los grandes empresarios. Se formó una comisión de tierras parroquial donde al principio se acercaban las familias o algún representante para ver qué hacer con estos conflictos.

-No soy abogado, pero hice un curso de primeros auxilios en cuanto el derecho a la tierra. Tenemos una radio en la parroquia que hemos hecho con mucho esfuerzo en base a la aldea campesina. La idea era tener un medio de comunicación propio donde nosotros podamos decidir qué contenido le queremos poner, que tiene que ver con la toma de conciencia de derechos. Nos ayudó mucho que las comunidades escuchen la radio todo el dia, la gente se fue como apropiando de estos derechos.

Dios, el Papa y el cuidado del medio ambiente

En el 2015 el Papa Francisco escribió una carta encíclica, para todo el mundo, que tiene que ver con “el cuidado de la casa común”. Es una herramienta política que plantea no una ecología verde al estilo Greenpeace, si no una ecología integral, donde toda cuestión ecológica no puede dejar de lado el planteamiento social. Se trata de escuchar al grito de la tierra como el grito de los pobres, como un solo grito. “Este modelo consumista que nos envenena no tiene mucha durabilidad en el tiempo, con todo el tema del agotamiento de los recursos, el calentamiento global, las guerras por los bienes culturales”, dice el cura Raffaelli.

-El papa lo dice claro, este no es el sueño de Jesús. Este no es el proyecto de bien para su pueblo, el suyo es un modelo inclusivo. Y en las reuniones con las comunidades campesinas leemos ese texto. En la multiplicación de los panes y los peces se ve claro. Los discípulos le dijeron a Jesús que le diga a toda la multitud que se vaya, porque no había mucho para comer. Y en el fondo están ahí bien claritos los dos modelos, el de los discípulos que era el modelo judío, que en definitiva es el nuestro, consumista, egoísta, en donde yo tengo para mí y los demás que se jodan. Y el de Jesús, que plantea que lo poquito que hay, hay que repartirlo, y que si se comparte, alcanza para todos. Me parece que ahí está un poco la puja de poderes que se traducen en modelos políticos, sociales, económicos. Con la gente lo debatimos mucho, sobre cómo traducir cuando tenemos que elegir en las elecciones. Aunque sabemos que ningún proyecto político es perfecto, santo, inmaculado, debemos pensar cuál es el que más similitudes tiene con el proyecto de Jesús. Cuál es el que pone a los pobres en el centro, el que piensa en la inclusión de los postergados. Y desde ahí el compromiso de uno. Tomar en serio el mensaje de Jesús tiene que tener una consecuencia social, de no dejar de lado a los descartables de la sociedad, que en esta época son los campesinos, que son despojados de sus tierras.

Reunión bisagra en la Capilla del Bagual

El 26 de diciembre, lograron reunir en la capilla de la virgen de Luján del Bagual, a una fiscal federal, un fiscal de ese departamento judicial, funcionarios y autoridades policiales.

-Siempre quieren poner al cura como el superhéroe. Yo formo parte de la mesa de tierras en la que hay comunidades campesinas que son los protagonistas de la mesa y también participa el INTA con compañeros que trabajan en la zona, la Universidad Nacional de Santiago del Estero a través de la cátedra de Ecología Política, algunos organismos del gobierno, el Comité de Emergencia, entre otros.

La reunión fue bisagra por la gran participación de la comunidad, en su mayoría mujeres, hijas, madres, abuelas, niños y niñas. Los varones que trabajan lo hacen en las fincas de los grandes empresarios. Y cuando se acercan a las reuniones corren el riesgo de ser despedidos.

-Gracias a Dios los dos fiscales, y la policía la federal nos han dado algunas herramientas, sobre todo en lo que tiene que ver con el uso de la tecnología, para pasarles fotos, videos, nombres de las fincas, dueño, fechas, para que cuando vean cualquier movimiento extraño o situaciones cerca de las casas se los transmitan. Después de la reunión se han secuestrado bastantes mosquitos por no estar registrados o por usar algún veneno prohibido. La gente con todo eso se va empoderando y va viendo que, a pesar de que la lucha es muy desigual, cuando la comunidad está organizada los engranajes del Estado y la Justicia van respondiendo por la presión de las comunidades.

Cuando vivía en otra parroquia, hace tres años, la quemaron por un conflicto de tierras. Si bien no tenían pruebas evidentes, todo cerraba, “toda la lectura que hizo la comunidad fue quemaron la iglesia por estar del lado del bien común, pero eso a gente la animó a comprometerse más, ayudaron con lo que podían y la iglesia quedó más linda que antes” cuenta.

Sus vecinos le agradecen constantemente por su compromiso. Raffaelli no tiene miedo a lo que se enfrenta, “Sino estaría encerrado en mi casa, ando con el cuidado que debo tener, cuando voy a visitar las comunidades voy en la camioneta o una motito que tengo ahí, a veces de noche, y no tengo miedo, porque no tengo nada que perder, no tengo hijos, ni familia. Creo que es una riqueza esa libertad interior que uno tiene de darse por completo”.

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Medios

Aca no entiende el que no quiere

Estuve cuatro años sin leer diarios, escuchar radio ni ver televisión. Esto dicho con muchísima exageración, ya que hasta hice radio unos meses, escribo periódicamente en un diario y veo C5n un rato todos los días. Pero habiéndome pasado la vida trabajando en ellos, mi autopercepción es que durante el macrismo mi único poder era ése. Renunciar a enterarme de lo que decían. Blindarme los oídos de lo que en algún que otro taxi confirmaba que era insoportable, no concederles mis emociones leyendo lo que escribían, y negándome a embobarme con el ritual de los gritos y las mentiras de paneles de gente que no tenía la menor idea de lo que decía. En una ceremonia doméstica y política, porque no fui la única sino que fuimos millones los que les dijimos basta en forma terminante, ejercí mi poder: no abrirles ni mi cabeza ni mis oídos.

Desde hace un mes he vuelto a leer diarios, a escuchar un poco de radio y no, con TN no hay caso, y con América tampoco: es mucho. Estoy bastante bien informada, pero me leo sitios digitales. Si me interesa qué está pasando entre EE.UU. e Irán, o en Bolivia o Chile, busco Nodal o DemocracyNow o medios locales de cada lugar. Si lo leo en Clarín o La Nación no lo hago para recibir información, sino para detectar cómo la manipulan.

Y la verdad volver a tomar contacto con ese mundo mediático, con esa realidad paralela, con ese lenguaje propio y feo, con esas imposturas y ardides discursivos, fue lo peor de este mes. Nunca se me ocurrió que el gobierno de Alberto Fernández iba a tener una “luna de miel” con el poder económico y financiero ni con los grandes medios. Ellos han desdoblado sus ataques, lejos de abandonarlos: lo tratan bien y respetuosamente en las entrevistas, y él es muy hábil con la palabra. Pero demonizan sus políticas. Y juegan obscenamente a meter cuñas para la división del Frente de Todos. Ahora las críticas a Cristina tendrán crecientemente la forma de defenderlo a Alberto. Pero a las políticas de Alberto las boicotearán todas.

La manera burda, patética demonización que emprendieron contra Axel Kiciloff, ya dándole curso a un estereotipo autoritario oriundo del marxismo, también es una manera de enfrentar a Alberto con Cristina, y de dar la sensación de que la provincia es “reducto”, palabra efervescente y trágica. Los “periodistas“ procesados o cuyos nombres están ligados a los servicios de inteligencia siguen opinando, los que mintieron o tiraron fruta también. Son los que hay. Y nadie les renovó el guión. Volvió la inercia de 2015: después de cuatro años en los que recomendaron comer tierra, hablaron de la tendencia de vivir en la calle, no hablaron de los gusanos en las empanadas que Vidal les mandaba a los pibes bonaerenses, resulta que ahora defienden a los pobres y a la clase media, y no saben distinguir entre un índice de referencia y un programa alimentario.

Ese es el sentido común, zonzo, ramplón, ignorante, que siguen emanando. A veces me pregunto si tendrán idea de lo que están haciendo y de lo patéticos que son. No creo.

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Política internacional

Que los trague la tierra

Cuando Charles Chaplin criticó al sistema capitalista, lo hizo desde la perspectiva de un país desarrollado. Quien lo engullía en esa desopilante y metafórica imagen era una gran máquina, y en la división internacional del trabajo impuesta por los (mal llamados) países centrales, les tocó la industria. A América Latina le tocó la tierra.
Y no necesitamos hacer una película de eso. La tragedia latinoamericana de ser tragados por la tierra es literal. Por estos días le tocó a Colombia desenterrar a sus muertos. Lo que se conoce como “falsos positivos” no es más que la ejecución extrajudicial y a sangre fría de civiles. Esos falsos positivos aparecieron en regiones como Antioquia, Caldas y Magdalena.

Pero Claudia García, la directora de Medicina Legal estima que habría cerca de 200 mil desaparecidos en fosas comunes. Aunque hay más. Según el propio Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, hay en marcha más de veinte mil investigaciones sobre desaparecidos basadas en las declaraciones de paramilitares desmovilizados que han hablado de más de 2 mil cementerios clandestinos.

Los traga el capital de las grandes oligarquías terratenientes que moldearon su patrimonio al calor de la formación de los estados nacionales. Los traga la tierra para que callen. Los traga la tierra para que no reclamen.
En la última década, los gobiernos nacionales y populares de América Latina fueron el caldo de cultivo para hacer confluir intereses en común. Fuimos conscientes de un “nosotros” provocando la aceleración de la consciencia regional de que el capitalismo desarrollado sólo ha funcionado sobre la base de expoliar nuestros recursos naturales. La cuestión del medio ambiente fue monopolizada durante años por el oenegismo liberal europeísta y marketinero, cuyo padrinazgo deriva sospechosamente en grandes multinacionales y, aparentemente, sólo sirvió para lavar culpas ante los ojos de algunos sectores sociales. En los países nórdicos, estos sectores, licúan esa culpa en campañas de reciclaje en casa, a tono con el corazón del individualismo liberal.

De este lado del mundo asistimos a un sinfín de asesinatos de líderes sociales ambientalistas que denuncian por fuera de campañas marketineras -estilo Greenpeace- la vulneración de derechos básicos como el acceso al agua y el saqueo sistemático de todo lo demás.
Muchos de esos líderes eran colombianos. A fines de noviembre en Colombia, se realizó un gran paro nacional, enmarcado en una región convulsionada cuyo epicentro fueron los días de octubre de un Chile despierto. Se inició una saga de reclamos como la derogación del paquetazo de Uribe, el rechazo a la ley laboral y previsional, pero sobre todo, el fin de los asesinatos de líderes sociales (700 desde la firma del acuerdo de paz en 2016).

Así se ve claro. Cuando son los propios pueblos originarios, sus descendientes o simpatizantes los que reclaman por el fin del saqueo y la destrucción del planeta, la cuestión ambiental deja de ser “cool” para volverse peligrosa.
Claudia García, de Medicina Legal, dice que serían necesarios “casi 100 años” para identificar los restos mortales de los enterrados como NN. Por cómo está América, y por la llama que prendió en toda la región, confiamos en que esos años no serán de soledad.

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Contratapa Página/12 Política internacional

El vértice de la colonización

Mirando atentamente la escena global desde unos años, se ve emerger potentemente a dos fenómenos de una transversalidad nunca vista, tanto social como étnica y cultural, multitudinaria, que tomaron por asalto una agenda mental, subcutánea, ya domesticada por gobiernos, corporaciones y medios, y pusieron en cuestión lo establecido no hace diez o veinte o cien años, sino muchísimo antes.

Los feminismos y el activismo medioambiental se unen ahí, en ese punto ciego de la protesta visceral, con la furia de la cuenta pendiente, con el atragantamiento de lágrimas transgeneracionales, con una decisión no instada por líderes políticos sino sociales y por colectivos que interpelan a la política tradicional. En distintos idiomas dicen lo mismo: basta de colonización. Y en ese corte la idea de colonización se abre, desde el vértice mismo de su sentido, y aparecen países colonizados, pueblos colonizados dentro de esos países, mujeres colonizadas como parte de esos pueblos. La microfísica de la colonización. Porque a su vez, estos nuevos movimientos denuncian la colonización profunda y subjetiva que fue operándose con el paso de los siglos y que ha penetrado y es hoy sostén del sojuzgamiento, entre otros, de mujeres y de indígenas. Así como el patriarcado continúa amparado por varones y mujeres que lo han normalizado, hay indígenas o descendientes mestizados que odian a los indígenas porque se ven a sí mismos blancos, y que no dudan en ejercer el liderazgo feroz del blanco en tierras de indios, como en Bolivia.

Los indígenas latinoamericanos son hoy también un sujeto político nuevo, que juega un nuevo rol, que simbólicamente regresan con sus saberes y sus insistencias de siglos, y podría ubicárselos en el corazón de la nueva y masiva demanda medioambiental. En la reciente cumbre del clima de Madrid, Greta Thunberg cedió el protagonismo en la clausura a uno de los pueblos indígenas amazónicos más atacado, los guajajas, cuyos líderes están siendo asesinados por comandos paraestatales en Brasil. Y en Colombia, el centro de esta masacre ocultada por los grandes medios como todo lo realmente importante, no hay día en que no se acribille a líderes ambientales, la mayoría indígenas. El año pasado mataron a 230.

Chicos del colegio secundario de todo el mundo se organizan alrededor de esta nueva categoría política que es el nuevo medioambientalismo, muy lejos del Amazonas: se pelea para defender no sólo a los bosques y a los animales. Se pelea por defender también la vida humana, atacada por el cambio climático, sí, pero literalmente atacada por los beneficiarios económicos del cambio climático a través de comandos militares o civiles que matan a ambientalistas, o vecinos de innumerables pueblos y habitantes de selvas acechadas por glifosato, por cianuro, por falta de acceso al agua, por balas de goma o plomo.

Cuando llegamos hasta este punto de la idea, lo que se ve enfrente son corporaciones. Las que tradicionalmente se han dedicado a desequilibrar lo único verdaderamente “natural”, la naturaleza, es decir las mineras, las madereras, las de ganadería a gran escala, entre muchas otras. Pero también hay instituciones que bajo el neoliberalismo se han corporizado: poderes políticos, judiciales, mediáticos. Todo eso junto es a lo que se opone la demanda medioambiental, que lo que dice es que la tierra se agotó y necesita respiro, y que hay que cambiar nuestra idea de desarrollo y buscar formas de crecer globalmente con más armonía y más humanidad. Difícilmente pueda reclamársele este cambio a un solo país. Es por región o no es, por una sencilla cuenta de correlación de fuerzas. Son capaces de barrer con la especie, cómo no van a querer barrer a un país.

Los dos son despertares, el de los feminismos y el de los pueblos que rechazan un modelo de producción a gran escala. Y a ellos también podría sumarse, ya como modo de expresión política también nueva, la revuelta chilena, apasionante y dramática, sin referentes salvo la ya mítica “primera línea”, que por principio es anónima, pero con mártires y una identidad cultural plural que va de Víctor Jara a Las Tesis que globalizaron el himno Un violador en tu camino, y ancla en la histórica lucha mapuche en defensa de los recursos naturales. Esos movimientos inorgánicos, pero con una autodisciplina y una conciencia intensas, han sido las formas asombrosas que adoptaron por un lado las mujeres y por el otro los vecinos o las comunidades afectadas directamente en su vida cotidiana por los venenos de un modo de producción agotado, que ya sólo funciona con venenos más fuertes. Pero esos núcleos duros de pensamiento que ya circulaban no hubieran estallado como lo siguen haciendo si lentas cadenas de sentido no se hubieran movido en el sentido opuesto al que lo hicieron siempre. Hay un violador en el camino de cada pueblo colonizado. La colonización en sí misma es un abuso.

Interpretar, leer esa escena, es complejo. Porque funciona con categorías que les pertenecen, no con las de la política tradicional (aunque también hay que decir que las derechas y ultraderechas son declaradamente enemigas de ambos fenómenos: odian a los feminismos y niegan el cambio climático). Siempre hay una retracción ante lo que no responde a las propias lógicas, y hubo y hay debates y críticas, porque en cada uno de esos movimientos hay disensos y hay tensiones. Pero por ahora no podemos dejar de ver una línea ascendente en lo que implica el involucramiento de millones de personas en esas inesperadas formas de romper los hechizos neoliberales.

“El Estado opresor es un macho violador” es una síntesis que expresa a las mujeres chilenas pero se ha cantado en muchos idiomas y en diferentes países con diversos tipos de gobierno. Hay más violaciones y hay más femicidios. El odio no cesa de crecer tampoco. Viene recargado porque viene a restaurar. Pero ésa, la de los feminismos, es una de las facetas de la lucha chilena, el modo en que la revuelta traga demandas y las escupe, con una garganta múltiple que no deja ninguna voz afuera. Hablan los que nunca fueron escuchadas o escuchados. Los que no salen en la televisión, que se ha quedado con su audiencia pretoriana pero está muy lejos de poder influir en las generaciones más jóvenes, que han roto antes que nada ese hechizo: el televisivo. Y son ellas y ellos los que mayoritariamente están en las calles.

Del vínculo que pueda establecer la política antineoliberal con esos movimientos que no le responderán nunca del todo, depende en gran parte la salida hacia el futuro.