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Axel emocionado

Es cierto que hace años que las clases, en la provincia de Buenos Aires y en muchas otras, no empezaban cuando correspondía, a principios de marzo. Pero no solamente a eso debe haberse debido la emoción del gobernador Axel Kiciloff, cuando su voz se quebró y debió parar unos instantes el discurso para reponerse y recuperar el tono “oficial”.

A muches nos gusta mucho este tono no “oficial”. A muches nos encanta que un gobernador, un presidente, un ministro, alguien con mucho peso sobre sus espaldas, tenga la emocionalidad tan segura y tan firme que pueda permanecer a flor de piel en un ámbito en el que hemos visto desfilar a cínicos, a mentirosos, a superestrellas autopromovidas, a luchadores por sus propios espacios de poder.

A muches nos gusta mucho que Axel, que según ha dicho está en proceso de la deconstrucción de su masculinidad y también de un Estado elitista, sea el hombre al que se le quiebra la voz y los ojos se le humedecen cuando anuncia que los niños y niñas de su enorme distrito tendrán clases desde el día uno del ciclo lectivo de su mandato. Nos gusta que un gobernador piense en los niños y niñas de su distrito como personas con las que está comprometido íntima y
personalmente.

Axel, atacado, criticado, analizado con ojos odiosos por los grandes medios, sigue su ruta política dotado de sus valiosas herramientas: un saber específico y reconocido en el mundo sobre su especialidad, la economía, y una sensibilidad que lo desborda en el contacto con la
gente. Pueden seguir, esbirros, que ya sabemos que son aquellos que atacan los que tienen la llave del mañana.