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Y apareció Guzmán

Quien sea que haya sido que lo conocía, no guardó el secreto mucho tiempo. Hace mucho tiempo seguramente era un estudiante prometedor. Recién va por los 37. Pero ya está decantado, como a
lo largo de la historia muchos jóvenes como él o más jóvenes aún tomaron en sus manos enormes empresas colectivas. Guzmán habla casi en cámara lenta, haciéndose entender, en un tono seguro
y amable, pero el contenido de lo que dice y también su voz y su actitud corporal minimalista, de leve acercamiento al micrófono o desdibujamiento de la media sonrisa, es firme. Claro y firme,
como él debe estar viendo su plan. Tal como explicó el miércoles en Diputados, tiene un plan pero las circunstancias complejísimas de la deuda contraída por los cara de piedra, requiere dejar abiertas ventanas flexibles para ir nadando junto con las oleadas que vaya levantando la reestructuración de la deuda argentina.

Hace un par de semanas en una nota de Página/12 esta observadora apuntaba que la restructuración de marras no será una más. Que el mundo está en un punto álgido y de bifurcación, y que una vez más “el caso argentino” será el caso testigo para otro países, entre ellos
algunos de los europeos que apoyan al país, porque el rey está desnudo y el rey, tal como se entiende la palabra en su acepción absolutista, no es ningún miembro de la realeza: es el FMI.

Vaya uno a saber cuál era el plan de ellos cuando accedieron a prestar millones de dólares a un gobierno que, tal como explicó ayer CFK, no los iba a gastar en paliar el hambre ni en hacer rutas
ni en mejorar hospitales ni la infraestructura de nada, salvo la de sus “ingenierías fiscales”, como decía De Narváez jactándose de la propia. Cuando el FMI siguió prestando no era para ayudar a un
país sino a un gobierno y eso estaba claro y era público, y no alcanza con se hayan cartelizado con los grandes medios ni con que “la opinión pública» permanezca todo el tiempo obnubilada por los
debates menores a la que la obligan a atender.

No vamos a conocer ese plan para no frustrarlo, se entiende perfectamente. Sólo pueden querer reclamar más detalles los cara de piedra y los que precisamente intentan frustrarlo porque van a
comisión con buitres o bonistas. Hay muchísimas personas, incluso muchas dentro del país, que preferirían que no se restructurara nada y que nuestro destino sea un Puerto Rico. Los hay a patadas.

Lo que ya sabemos y la confianza de la representación política tienen ejes muy claros: no se pagará tal como está pactado, no se pagará ajustando a los trabajadores, no se pagarán tasas delirantes, el FMI debe asumir que fue corresponsable en la irresponsabilidad de entregar una masa de dinero tan grande destinada a la fuga, y los bonistas deberán aceptar que los negocios de altísimas ganancias tienen altísimos riesgos. Quien confió en Macri, en fin, debe aceptar que se equivocó, y que no será el pueblo argentino el que otra vez pagará con su dolor la festichola de ilegalidad y falta de escrúpulos que se vivió en los últimos cuatro años.

Faltaba un ministro de Economía que trenzara lazos de empatía con los grandes economistas heterodoxos de este tiempo, con el Papa, con los líderes mundiales que se la ven venir. Y que tuviera la templanza necesaria para trasmitir algo que uno advierte que tiene en mente. Un cuadro político y económico de última generación, formado para esto: para tomar el guante justo cuando hay que darlo vuelta. Y apareció Guzmán.