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Sociedad

Interrupción Voluntaria y Marea Verde

La historia como realización perpetua y los vértices de una memoria necesaria

«Si para algo sirve la historia es para hacernos conscientes de que ningún avance social se consigue sin lucha», afirmó el historiador catalán Josep Fontana. 

La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo fue aprobada hoy. Pero su conquista fue el producto de cientos años de lucha de mujeres que pagaron un alto costo para llegar hasta acá. 

Cada uno sabrá a quién recordar. En mi caso miro las fotos de las compañeras que peleaban en soledad mientras una gran cantidad de mis congéneres varones las depreciaban. Por su puesto que también pienso en mi vieja. Y en las miles y miles y miles de mujeres que perdieron la vida en situaciones de abortos clandestinos. Miro, devastado, la carita de cada una de ellas hasta valorar y reivindicar,  aún más, esta Ley. 

Y rememoro a las militantes de puños apretados que conocí a lo largo de mi vida. A las pibas cargadas de pasión que hicieron esto posible y nos mostraron cómo es que se pelea en formato de marea, de maremoto. Pero no me olvido de aquellas que fueron humilladas por exigir esto que mañana tendrá certificado de legalidad. En la sensación de profunda soledad que percibían cuando llegaban a sus casas, agotadas, después de reclamar algo que las cruces y las buenas costumbres catalogaba de gran pecado. 

Veo, ahora, a las chicas jóvenes de mi pías contar con condiciones mínimas de asepsia hospitalaria que hasta el día de hoy solo disfrutaban las personas acomodadas de mi sociedad. 

Y en la emoción de esa marea verde que nos inunda, diviso también, una sociedad un poquito mejor. Un hogar de Matria/Patria que cuida un poco más a sus hijxs. 

Las lágrimas de alegría son contagiosas: ver a las mujeres, hoy a la madrugada, en la plaza de los dos Congresos, abrazarse en medio de la noche verde, quedará en los pliegues donde la belleza se inscribe como entusiasmo.  

Quienes sabemos como Fontana que nada se conquista sin lucha, redoblaremos la pelea por lo que falta. Y eso es mucho. Es de una inmensidad que aparece inabarcable. Sin embargo, al mirar para atrás y ver los jalones previos, la claridad nos atraviesa. 

Este asunto de la vida solo tiene sentido si somos capaces de combatir por sueños buenos. Por imaginarios que enfrenten las pesadillas. Por futuros en los que nuestros descendientes muestren –orgullosos– nuestras fotos en plena lucha.

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