La insatisfecha

–¿Qué tal?
–Nada.
–¿Cómo nada?
–Ni bien ni mal. Nada.
–Un mal día.
–No, no, igual que todos los días.
–Che, qué bajón que tenés.
–¿Yo? No, no, me da lo mismo.
–¿Qué te da lo mismo?
–Todo.
–¡Estás rayada, Rita!
–No, no, estoy igual que siempre.
–¿Con Carlos bien?
–Sí, sí, no tenemos ningún problema.
–¿Los chicos?
–Bien, gracias.
–¿Qué te pasa, Rita?
–¿No te digo? Nada.
–¿Y qué te gustaría que te pase?
–…
–¿Algo te haría feliz?
–Me gustaría ser de Acuario. Pero soy de Géminis.
–¿Y por qué te gustaría ser de Acuario?
–Porque dicen que las acuarianas son impulsivas y creativas.
–Bueno, pero hay geminianas que también soy impulsivas y creativas.
–No es mi caso.
–Bueno, Rita, eso ya no tiene remedio. Naciste cuando naciste.
–Y también me haría feliz tener un buen trabajo y que el mundo reconozca mi inteligencia y escribir una novela y ser alta.
–Bueno, Rita, alta no sos, pero un buen trabajo se puede buscar, y nadie va a reconocer tu inteligencia si te quedás encerrada en tu casa y ni siquiera querés hablar conmigo, que soy tu amiga, por teléfono.
–No tengo nada interesante para decir.
–Rita…
–Qué.
–Tenés unos hijos divinos, un marido que te quiere…
–Pero me gustaría escribir una novela, ganar un premio, viajar por el mundo, firmar autógrafos.
–¿Y si plantás un árbol?

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