El flan

–¡¡Hola, Graciela!!
–¡Hola! ¿Estás eufórica?
–¡No, estoy apurada!
–¡Bueno, no me grites!
–¡Perdoname! ¿Te hago una pregunta?
–Sí, dale.
–¿El flan se pone a baño de María?
–Sí, ¿por?
–¡Estoy haciendo un flan casero!
–Ah, qué bien. Sí, se pone a baño de María.
–Sí, estoy leyéndolo en un libro de cocina.
–¿Y entonces para qué me llamás?
–¡Para estar segura! ¿Sale bien?
–Qué sé yo. Sí, sale bien. ¿Nunca hiciste flan casero?
–¡Obvio!
–¿Obvio qué?
–¡Que no!
–¡Qué bien!
–¿Qué bien qué?
–Que estés aprendiendo a cocinar.
–No, yo cocino, pero cosas fáciles.
–¿Como qué?
–Patitas, salchichas.
–¿Y el flan es para una ocasión especial?
–Sí, hoy hace once meses y cuatro días que estamos casados.
–¡Qué romántico! ¿Salchichas y flan?
–No, boluda, compré un pollo al spiedo.
–Ah.
–Una cosa.
–Sí.
–¿Entonces el flan se pone a baño de María?
–Sí.
–¿Y qué es el baño de María?

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