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La zona gris

A una chica de Zona Norte las compañeras le pegaron porque era muy linda. Vaya razones, criaturas. Están pasando algunas cosas raras con las púberes, de las que conviene tomar nota. Hay explotando una nueva sexualidad adolescente, que incluye la ambientación mental del porno. Un amplio sector de las niñas de vidas amables se da permisos insólitos. Pero tratándose de un giro de época, marcado a fuego por el mercado, habría que preguntarse o invitarlas a preguntarse si esos permisos se los toman, o si se sienten obligadas a tomárselos, para estar a tono unas con otras, y así sucesivamente.

Los estudios de algún remoto instituto de sexualidad norteamericano, si uno se tomara el trabajo de buscarlos, seguramente tendrán alguna estadística sobre adolescentes peteras o algún trabajo sobre la incidencia del pete en la satisfacción con la que algunos varones de hoy sobrellevan las relaciones estables. (El solo y simple hecho de que a la fellatio se le pase a decir “pete” implica necesariamente la domesticación de lo exótico: ese mismo movimiento vuelve trivial lo excitante. Por una fellatio un varón tenía que esperar. Hoy, la cultura popular indica que un “pete” no se le niega a nadie. Si hay onda, se entiende.)

La revista Cosmopolitan, biblia de nuevos usos y costumbres que en general suelen ser siempre los mismos, filtraba sin embargo en octubre del año pasado otra nueva escena de la sexualidad adolescente. Cosmo lo titulaba “Un nuevo tipo de violación”.

El fenómeno pertenece al mismo reino que las peteras, los cócteles de alcohol y tranquilizantes, los boliches donde se admite sexo en los sillones, el valor en alza de la puta sobre el de la chica new romantic, los sitios porno dedicados exclusivamente a adolescentes borrachas. La nota habla de “una zona gris”, un límite borroneado entre la relación sexual ocasional consentida y la relación forzada.

En rigor, de lo que está hablando es de un límite borroneado, no por el varón de la escena, sino por el alcohol que tomó la chica, y que no le permite recordar exactamente si pasó o cómo pasó. Uno de los sueltos de la nota informa que “tres de cada cuatro de las víctimas están borrachas cuando ocurre el ataque”.

Es interesante el planteo de si esto constituye o no una nueva forma de violación. Todos recordamos a la joven y fumada Jodie Foster en aquel bar de la película, coqueteando en la máquina de música. Y experimentamos el sentimiento asqueante de aquella violación múltiple, una escena que tuvo por víctima a la chica que no por fumar ni coquetear indujo a nadie. Pero no se trata de una historia así, en singular. Se trata más bien de una tendencia a depositar en “la zona gris” las decisiones, las elecciones, las convicciones que debe hacer una mujer en cada etapa de su vida. Se trata de estar conscientemente (esto es: públicamente) a favor o en contra de determinadas actitudes, pero sin necesidad de sostener lo que se cree, porque a “la zona gris” se llega después de la pastilla, las gotas, los tragos, en fin, se llega vulnerable. Y sobre todo, ya institucionalizada, codificada, descripta, a “la zona gris” se llega queriendo desentenderse de la responsabilidad sobre el propio cuerpo.

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7 respuestas a «La zona gris»

En la página 173 de tu libro amar y flirtear, escribiste algo que me parece tiene que ver, cito: «la sexualidad femenina requiere si o si un poco de amistad». Ahora bien, la moda bolichera es ser sexualmente zarpada y comehombres, tener mucho sexo como sea, existe entonces un serio conflicto que se soluciona con muuuucho alcohol, hasta perderse.

Muy bueno tu artículo, Sandra. Bueno y bastante triste. Quizás tendríamos que preguntarnos qué es lo que les pasa a los jóvenes de hoy que miran tan ansiosamente esta «zona gris» y depositan ahí todo lo que podría significar algo valioso en la vida.

Lo voy a pensar. Y si se me ocurre algo, te lo haré saber.

En un blog publicitado por el gran diario argentino, hoy un título refleja la traducción generacional para las treintañeras de esta actitud femenina adolescente:Como enganchar tipos. Y la que da los consejos es una periodista que confiesa: la tele me cambió la vida.
La desmesura adolescente tiene su explicación en la falta de límites, pero no me atrevo más que a observarlo y estar atenta porque la verdad es que vengo de una generación ignorante y mi adolescencia tuvo menos sexo que Harry Potter. O al menos yo, durante esa época.
Tal vez si en todas las familias se hablara abiertamente de temas como el sexo, las cosas serían diferentes, pero no es fácil, no?
Y creo que debemos recordar la presencia constante de imagenes provocativas sexualmente que en momentos de exaltación hormonal están viendo esos chicos.
Al fin y al cabo, el mundo en el que viven es el mundo que les hemos dado.

Cada tanto leo tus notas y me pareció justo esta vez dejarte un comentario.
Creo que, como mencionás al principio de la nota, esos permisos que se toman no son tales. La presión del grupo y el cuidado de las apariencias de siempre, hacen que la pretendida «libertad sexual» no sea otra cosa que la obligación de pertenecer. Me preocupa que un «pete» haya dejado de llamarse «sexo oral» y se haya aproximado actualmente a la categoría de «beso caliente». Me preocupa que estas pibas no la tengan tan clara en realidad.

Aquí no hay que buscar el problema en los jóvenes sino en los LIMITES, un muchacho y/o muchacha necesita limites, si nos los tiene es como el agua sin recipiente que fluye y fluye explorando todo tipo de “TERRENOS”, si a una quinceañera no se le pone un limite de salidas a Matines o Boliches la muchacha (o muchacho) ira, y trago va, trago viene pasa, pero por que? Porque sus viejos (carentes de limites en su adolescencia) no le dijeron ¡NO, al matine vas a los 19! entienden?
El problema es que se esta desmembrando la idea y la VERDAD de que la “EDUCACIÓN DA TRABAJO Y EL TRABAJO DIGNIFICA”… Sin educación y trabajo somos como el agua fluyente…sin rumbo alguno, capas de llegar adonde no se desea.
Atentamente un Adolescente Informado

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