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Puigjane, El Piru

Un documental de Fabio M. Zurita levanta la figura de un cura que nunca terminó de ser reivindicado, a pesar de que sus 20 años de cárcel nunca tuvieron pruebas concluyentes. Nota de Luis Franc.

UNA RELIGIÓN QUE NO ES OPIO

En la historia occidental y latinoamericana, la Iglesia como institución tradicionalmente forma parte orgánica en los genocidios, en la perpetuación de dictaduras y en el sostenimiento del sistema de
dominación mundial corporativo. La captura de las subjetividades por medio de la Fé orquesta en gran medida la colonización mental de los pueblos. Como ejemplo local, la actuación de la cúpula eclesiástica en la dictadura cívico militar 1976/1983 – de la cuál hasta se develaron hasta intervenciones de miembros de la iglesia en salas de torturas – forma parte de lo más oscuro de la historia.

Sin embargo, los sacerdotes tercermundistas – y su proyección en el presente con los curas de Opción por los Pobres – marcan otra narrativa. De identificación plena con las causas humildes, de dedicar sus vidas al trabajo comunitario en villas, asentamientos y barrios periféricos, se presentan como contrafigura de la oficialidad. Un caso emblemático en tal sentido fue Fray Antonio Puigjané, quien supo merecer su propio documental: “Antonio Puigjané, el Piru”(2015), dirigido por Fabio Zurita.

La película se presenta llanamente como un biopic que recorre desde sus comienzos en la orden sacerdotal, hasta su ancianidad luego de la gran paliza de su vida que fueron los veinte años de cárcel por supuesta – e incomprobable – complicidad en el copamiento del cuartel de La Tablada en 1989, aspecto al cuál el director dedica gran parte del material. Zurita demuestra, con la excusa de Puigjané, que la religión plantea caminos alternativos. Como dice uno de los entrevistados, el historiador Osvaldo Bayer, era “… de los mejores discípulos de Jesús. No de Cristo: de Jesús”.
Nacido en Córdoba, familiarmente fue “El Piru”. Su origen humilde aparece como materia prima de su identificación con el mundo de los excluidos, los caídos del mapa. Luego de una necesaria contextualización histórica nacional sobre el pensamiento de una iglesia alternativa a partir de los años cincuenta, el documental recorre en orden cronológico desde el movimiento que funda en La Rioja a partir del vínculo con Monseñor Angelelli, hasta sus últimos años. Es en aquella provincia donde crea una cooperativa que integra orgánicamente a los pobres: estos ya no se encuentran representados sino que forman parte. Rafael Sifre del Movimiento Católico Rural, explicita el puente tendido, ya desde el obispo riojano: “Les hicimos abrir un poco los ojos sobre la verdad del Evangelio. Un Evangelio que es palabra liberadora, que es mensaje de felicidad para todos. Y no un mensaje de resignación y opresión como estaban bastante acostumbrados a tener.” Si se toman tales palabras, el pensamiento del movimiento se encuentra en las antípodas de lo que dicen combatir. Sin embargo, es pertinente destacar un contrapunto: a la frase recién citada la antecede:
“Empezaron a descubrir que Monseñor Angelelli era un hombre de Dios, que no era comunista como les habían hecho creer, y que se podían fiar de él.” Y al recordar el momento en que sectores de derecha comenzaron una campaña difamatoria en la cual, precisamente, los acusaban de comunistas: “¿Comunistas nosotros? Teníamos terror en aquella época, a lo que era el comunismo.
Nos parecía mentira.”. Conclusión provisoria: la iglesia como institución hizo un excelente trabajo en la demonización de lo que en su concepción – otro tema son sus diferentes prácticas – fue y sigue siendo el mayor proyecto de emancipación de la historia. Hasta integrantes de la contracorriente que tenía como eje al obispo y a Puigjané aparecen formateados por esa idea.

En tal sentido, se desprende del trabajo de Zurita que Puigjané era más humanista que ideológico; un hombre humilde, sincero. Y lo más importante: que puso el cuerpo por su causa. Hasta el punto de que en el infame juicio por el copamiento a la Tablada, el sacerdote tiene la oportunidad de que su involucramiento en los hechos se trate como caso aparte; sin embargo se niega, y decide ir preso sus veinte años de condena. A la sombra desde la cuál puede pensarse su desideologización le responde de frente la luz de quien elige ir preso con el resto. Y no solo eso: retrocediendo en el tiempo, la Madre de Plaza de Mayo Carmen Conde cuenta que es ella quien lo anoticia en plena dictadura sobre las desapariciones y las consecuentes rondas en la Plaza: de ahí en más, su vínculo con la causa durará hasta su muerte. Es así que el documental abre con imágenes de archivo donde lo vemos como orador en un acto contra el Punto Final; acto al cuál Zurita vuelve cerca del final de la película. Como resumen, es muy elocuente el testimonio del psicólogo Osvaldo Fernandez – autor del texto “Por qué estuvo preso Puigjané” -: “Antonio estuvo preso por lo que hizo en toda su vida, no en La Tablada”.
Religiosos como Fray Antonio Puigjané, Enrique Angelelli y tantos que ofrecen su propia vida en función de un ideal realizable en la misma tierra y no en un supuesto “Reino”, son enormes merecedores de homenajes como el de Fabio Zurita.


(disponible en Cine Ar y en Cont.ar)

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