Tres ideas sobre tecnopolítica y campañas electorales

Cambió el siglo y cambió el paradigma. Pero no toda la dirigencia política lo comprende. Y no se puede avanzar entre signos que no se descifran. Nota de Gastón Garriga

“Las fuerzas políticas no saben leer ni los triunfos ni las derrotas”, sostuvo en una entrevista reciente el consultor Gustavo Córdoba. Comparto esta afirmación, especialmente en lo referente a la forma que hoy adopta el peronismo, el Frente de Todos, y asumo que, por distintos motivos que no voy a enumerar aquí, ha quedado anclado en el pasado reciente y eso le impide comprender ciertas particularidades del paradigma hoy vigente, la tecnopolítica. 

Mientras no se comprenda con claridad la dimensión del fenómeno, las victorias y los aciertos serán producto del azar y ningún aprendizaje podrá extraerse de las derrotas. Enumero a continuación algunos puntos, necesarios pero no suficientes, que deberían considerarse para evitar distorsiones y desfasajes a la hora de comprender, decidir o actuar en consecuencia.

Uno, de la representación a la identificación. Hasta los primeros años de este siglo, imperaba la lógica de la representación. Los votantes buscábamos seres extraordinarios, excepcionales, para que encarnaran nuestros intereses. La oratoria de Alfonsín, el carisma de Menem, el coraje de Néstor -acaso el último de una era-, eran rasgos distintivos de liderazgos intensos, con volumen más que suficiente para atravesar todo tipo de situaciones: una campaña electoral, una crisis económica, un recambio de gabinete o lo que fuera. 

Con el cambio de época y de paradigma, la lógica de la representación dio paso a la de la identificación. No buscamos quien nos deslumbre sino quien se nos parezca. De lo extraordinario a lo ordinario. ¿Qué clase de candidatos interpelan más y mejor emocionalmente al electorado? El que quiere colgar todo e irse a ver Netflix, el que confiesa los conflictos irresueltos con su padre, el que anda en un Clio o el que ofrece moderación. El problema surge cuando esos mismos sujetos deben enfrentar responsabilidades de gobierno, frente a ciudadanías cada vez más irritables e impacientes. Los hechizos o enamoramientos duran cada vez menos. 

¿Entonces?  La respuesta está en la división del trabajo. Un candidato ganador no es necesariamente alguien dotado para gobernar o para gobernar por sí mismo. Se requieren acuerdos políticos previos y dispositivos de poder de más de una cabeza. Exactamente lo contrario de nuestra tradición.

Dos, repensar la idea de costo político. Este es uno de los preceptos básicos a revisar. Los errores del antagonista no se traducen automáticamente en ventaja propia. La política no es como el tenis. Capitalizar un error requiere primero reconocerlo, luego  exponerlo a través de narrativas y recursos eficientes y sostener ese esfuerzo. Es decir, en tiempos de campaña, se debe estar listo para adoptar cambios de rumbo, para aprovechar los insumos que el otro nos ofrece.

Ya nadie duda de que “la foto” -al punto que no es necesario especificar cuál- fue un punto de inflexión en la campaña previa a las PASO. Pero no se trató de la foto en sí, sino del uso que a partir de ella hizo el dispositivo mediático y de campaña de JxC. El video de la agresión de Macri a C5N podría -en términos potenciales- haber tenido un efecto similar: era un documento visual, breve, claro y contundente, exponiendo algo  de un líder que él mismo hubiera preferido ocultar, en oposición a una de sus promesas históricas, el republicanismo y la libertad de expresión.

Aunque es cierto que el poder de fuego mediático está distribuido de modo asimétrico a uno y otro lado de la grieta, eso no basta para explicar que un tema haya durado meses y el otro apenas cuarenta y ocho horas. Hay, por parte del propio FdT, una falta de voluntad o, peor aún, una falta de registro del valor de esas imágenes que, recordemos, hasta ADEPA y FOPEA, tuvieron que repudiar. 

¿Qué se podría haber hecho? Muchas cosas: operar a la prensa internacional, plantear cuestiones de privilegio y declaraciones de repudio en todos los concejos deliberantes, integrar a esos repudios a los medios locales, interpelar a los radicales, que no están muy contentos con Macri últimamente. En síntesis, salar las heridas.

Tres, siempre es hoy. Macri se encargó, casualidad o causalidad, de sepultar rápidamente el incidente con sus declaraciones sobre el destino de los fondos que puso el FMI. Todo ganancia: una declaración sobre un tema abstracto y complejo, que sólo interpela a minorías politizadas es comparativamente casi inocuo. El coro de dirigentes del FdT recoge el guante, declara, retruca, demanda, probablemente sin registrar que ayudan a Macri a dejar atrás un elemento incómodo: la imagen que lo exponía como un tipo por fuera de la ley, sin límites, acostumbrado a cumplir todos sus deseos y caprichos. “Los ricos no piden permiso”.

La memoria de los votantes blandos funciona como el timeline de una red social, una especie de presente permanente, en el que las categorías de pasado y futuro se cancelan y la memoria sólo abarca los últimos días. El micrófono ya cayó en el olvido.

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Un comentario

  1. Es interesante el análisis de Garriga .
    El Frente de Todos tropieza con quien se encuentra a la cabeza está fuera de eje.
    O es un visionario de aquellos y entonces da gran importancia a lo macro para seducir a los capitales; o se está suicidándo en lo micro .
    Personalmente no creo que Fernández esté gobernando mal , lo que pasa es no asume el protagonismo que debe tener. Se muestra cansino, como si estuviera fatigado. No le pone pimienta a si gestión
    El domingo veremos qué pasa .
    El frente gobernante debe definirse. Debe haber un rumbo ; una impronta .

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