Hay que Desaparecer a Cristina

Parece una pesadilla pero vivimos en ella. A ajenos y a algunos propios se les ve la hilacha porque también se les ve la perfidia: con Cristina no pueden y planean encerrarla. ¿Qué haremos para impedirlo? Nota de Carlos Caramello.

“Son moderados todos los que tienen miedo,
o los que piensan traicionar de alguna forma”

Ernesto “El Ché” Guevara de la Serna

Las ensambladoras de chismes y noticias; los corrillos; las usinas de especies; los orfebres de rumores; los mentideros… todos pivotean hoy en un tema recurrente. Y lo esparcen como mantra, un poco invocando a los dioses para que se concrete, otro poco horadando las endebles mentes periodísticas que las visitan: Cristina Presa. “Esta vez no zafa”; “va en cana sí o sí”; “con el fiscal este no va a poder porque es joven y quiere sangre”. Con esas y otras linduras explican la espada de Damocles que creen ver sobre la cabeza de la actual Vicepresidenta. Ajenos y, por qué no, algunos propios.

La idea viene de lejos. Ya durante la presidencia de Mauricio Macri habían hecho malabarismos con la cuestión pero ninguno de los operadores de esta encerrona podía asegurar que no se produjese una pueblada que saliera a “rescatar a la Jefa” y, claro, nadie quería hacerse responsable de otro 17 de octubre.

Distinto hubiese sido si Ella decidía encabezar la fórmula. El affaire Lula Da Silva recalentaba el imaginario colectivo del anti-cristinismo y no eran pocos los que sacaban cuentas de cuánto del caudal electoral de “la señora” les iba a tocar si algún juez valiente se animaba… ya que Bonadío, “el elegido”, había abandonado Comodoro Py rumbo a un plano en el que él también sería juzgado.

El “gambito de dama”; “el dribling” de la Gran Jugadora; la decisión estratégica de Cristina hizo que ese sueño húmedo se transformase en la pesadilla de verla asumir como Vice… Claro que, con Alberto de Presidente.

Allí, probablemente, se encuentre el origen de ese jardín donde los senderos se bifurcan. Porque uno supone (y esto está absolutamente atado a la subjetividad del análisis) que la selección de Fernández, de entre todo ese ramillete de posibilidades que tenía para candidatear a alguien a la presidencia acompañándolo como Vice, debe haber sido definida por el conocimiento que Ella tenía del susodicho: un hombre íntimamente relacionado con la Justicia penal; de excelente vínculo con el Círculo Rojo; gran operador político históricamente ligado a Duhalde, Massa y Randazzo (léase “los con capacidad de daño”) y, naturalmente, una figura “amable” para los que votan peronismo tapándose la nariz.

Claramente hubo, además, compromisos. Juramentos que hoy se avizoran incumplidos. Basta rebuscar en el discurso de asunción de Alberto para tener una idea aproximada de cuáles eran esos pactos no escritos que, evidentemente, no fueron honrados. Hoy una promesa, mañana una traición.

Correlación de fuerzas”, explica el “albertismo” hasta el cansancio sin que se interprete con claridad qué dicen (o qué quieren decir) con la frasecita. Sencillo: la correspondencia con “Héctor que no me deja mentir”, la cercanía con “Marcelo” (por Midlin, responsable del histórico apagón de 2019), la conexión con “mi amigo Horacio” durante el momento más álgido de la pandemia; la “sensibilidad” de Kristalina Georgieva en el momento de la “negociación” con el Fondo o el vínculo afectuoso tirando a cholulezco con Biden son, a todas luces, más “fuertes” que los acuerdos alcanzados con Cristina. Hete allí la “verdadera correlación”.

Y, además, la Justicia. Su ámbito. Su “refugio”. Esa Justicia a la que no la va a alcanzar reforma alguna, por blandita y de plastilina que fuera, porque la idea es que “se tiene que revisar a sí misma”. Bull shit!

Por eso hoy, lanzada la campaña con promesa de PASO para todo el mundo y, ante el peligro de que Cristina compita, gane y sea la candidata del peronismo, ya no les alcanza con operar para la derrota como hizo Massa en 2013 y 2015. O Randazzo en 2017. Hay que asegurar la pelota. Ponerla abajo del pie. Esconderla…

Y no se les ocurre mejor idea que meterla presa. Porque, aunque los “fanáticos” aparezcan por  TV portando una guillotina o pidiendo un “sicario que le pegue un tiro en la cabeza”, aunque el presidente del Concejo Deliberante de Bell Ville, Ernesto Gavier manifieste su deseo de que la “sepulten viva” y Claudia Jaunin, subdirectora de Turismo del Departamento de Rivadavia, Mendoza, haya posteado una foto de un Falcon verde, Jorge Rafael Videla levantando la tapa del baúl y Cristina adentro, lo importante es que ese tipo de exabrupto tiende a bajarle el volumen a las causas inventadas y a la acción de un nuevo tipo de esbirro que, con título de abogado y en el marco de una jurisprudencia amañada, prometa “hacer justicia” con Cristina… aunque suena a “ajusticiar”.

Los sótanos intactos de la democracia; la ofensiva de los medios concentrados; la campaña de murmuraciones monotemáticas; la exageración en un discurso opositor cargado de violencia son, ni más ni menos que la “habilitación” a (cubiertos por el paraguas del bien jurídico), sacrificar a una dirigente que, con sus claroscuros, se eleva largamente sobre la chatura identitaria de la clase política argentina. Y, entonces, la palabra “desaparecer” recobra vigor y significante… aunque traten de adornarla con el adverbio “políticamente”.

Y… sí: celebraron el cáncer con Evita agonizando, por qué no habrían de organizar un linchamiento mediático-judicial para Cristina.

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2 comentarios

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  1. Estoy completamente de acuerdo con lo que dices y el artículo de fondo que publicas. Y a la única que tenemos que defender en este momento es a nuestra más señera dirigente que tiene nuestro pais: «Cristina». Basta de palabras ya tenemos que participar en actos en su defensa. Gracias Sandra