La distopía niega lo humano

Más apuntes sobre esta realidad que a todos nos es inconcebible. Nota de Sandra Russo.

Estamos entrando en la mayor etapa de saqueo de la historia. Los buitres tienen a la justicia neoyorquina de su parte, como antes con Griesa, y  la jueza Penka pide activos en garantía: el paquete mayoritario de la empresa. 

Es decir, si no se privatiza, se embarga. Supresión, eliminación, colonización, domesticación, dominación. 

Y Milei va camino a querer hacerles creer a sus seguidores que “la casta” serán los miles de despedidos estatales, que desaparecerán junto con el Estado. Administrativos, médicos, docentes, enfermeros, técnicos, científicos, investigadores. 

Así de torpe es esta distopía, en la que los trabajadores medios y bajos son acusados de chorros porque cobran su sueldo ganado con su trabajo para el gran chorro que es el Estado. 

Los corsets ideológicos de Milei son religiosos. Es un fundamentalista de mercado que idealiza hasta el desborde algo que no es más que una máquina de lucro insaciable y a esta altura pavorosamente en manos de los peores exponentes de lo humano. 

Nos quieren deshumanizar porque ellos ya se deshumanizaron. Pero ese abstracto del esquema mental que Milei repite exaltado, no es más que su propia fe, sin lazo posible con la realidad. Solo Micronesia no tiene Banco Central. 

Es esperable que muy pronto haya violencia, pero no será solo contra los ciudadanos que nunca creyeron en él y que lo repudian, sino también contra muchos que lo han votado. Tomemos conciencia de la cantidad de gente que morirá por no poder comprar remedios o no poder acceder a un tratamiento. No estoy exagerando ni recurriendo a un golpe bajo. Eso votó el 55%. 

La distopía es la negación de la utopía. La utopía ve lo humano en su máxima expresión. La distopía ve en lo humano excremento. La distopía es, por su misma génesis, negacionista de la ternura.

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