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El lawfare o la democracia. Basta de blabla.

Escribo pasadas las once de la noche, cuando en Ecuador han dejado afuera a Aráuz, el candidato ganador del domingo pasado, y se han reunido los otros dos candidatos con representantes de la OEA para dar otro golpe institucional. 

Aquí el Poder Judicial volvió a vomitar sobre la Constitución, sacando la causa de mega espionaje del juzgado de Lomas de Zamora y remitiéndola a Comodoro Py. A Stornelli. Es una comedia de Darío Vittori, que descanse en paz. Está todo a la vista. No hay disimulo. Golpean en nuestras narices,  y los otros dos poderes del Estado dejan hacer. 

Uno cree que al pueblo y a la democracia se los defiende. Que un gobierno nacional y popular tiene la obligación de defenderse porque con su suerte va la de millones que hambrearán pero también habrá más persecución y muerte.

Uno cree que el Presidente debe salir de su limbo de cordialidad y dar a entender cómo lee la realidad, porque si no la lee correctamente llegarán calamidades a la patria.

Uno cree que esta escena dividida entre Ecuador y la Argentina es una bisagra tras la cual deberían cesar las declaraciones y verse las señales de la defensa. Si no se actúa ahora, la amabilidad de hoy será sangre mañana.

Hay que reaccionar, y ahora.

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Internacionales

Hoy, los ojos en Ecuador

Flor Cervina Galarza Saltos tiene 106 años. Hoy a las diez la mañana Andrés Aráuz la acompañó a votar. Fue algo más que un nieto acompañando a una ciudadana que si vota, lo hace por conciencia ciudadana, como tantos ancianos que lo hacen en las elecciones de América Latina.

Las elecciones de Ecuador son cruciales para la región. También fue crucial la traición de Lenin Moreno, quien ya no puede dar un discurso sin que le lluevan los gritos de traidor y ladrón. Ecuador fue un experimento más en la larga tarea de Estados Unidos de extirpar de la región a los líderes y gobiernos que no tenían en sus planes ser apéndices de sus políticas, como lo han sido todos, sin excepción, los que sufrieron los golpes mediáticos y judiciales que padecimos también en la Argentina.

Todos sus pueblos fueron castigados no sólo con nuevas deudas impagables y hambre y destrato del Estado que dejó de ser garante de los débiles y se convirtió en una aseguradora de que los costos iban a ser pagados por la base de la pirámide, mientras en la cima se enriquecía el mismo puñado de siempre.

Los gobiernos que las derechas unificaron bajo el logo de “populismo”, palabra demonizada que hay que desdemonizar, eran todos muy distintos. Nunca el Brasil de Lula se pareció a la Venezuela de Maduro, ni la Argentina de Cristina se pareció a la Bolivia de Evo. Cada uno se parecía a sus propios pueblos, que son en sí mismos disímiles, multiculturales, cada uno en un estadío distinto de desarrollo y con diferentes intereses estratégicos para preservar de los buitres.

Cada uno tuvo sus Judas y cada uno tuvo sus mercenarios con micrófono y sus fiscales y jueces delincuentes que armaron causas para dejar fuera de juego a lo que en una democracia es adversario pero que en esta guerra de baja intensidad que nos implantó una vez más el imperio, es enemigo. En todos nuestros países renació la teoría del enemigo interno, y todos venimos agotados de tanta persecución, mentira, náusea y saqueo.

Hoy miramos las elecciones de Ecuador no como espectadores “objetivos” sino como ciudadanos involucrados en una verdad que aprendimos con dolor. No sólo en cada una de nuestras sociedades nadie se salva solo, sino que ninguno de nuestros países se levantará del barro solo. Ecuador es una esperanza enorme para la reconstrucción de nuevos organismos internacionales que nos libren de la escoria de la OEA.
Si Aráuz compite hoy por la presidencia no fue porque Moreno sea democrático, sino porque reacciones internas y externas a la política ecuatoriana hacen posible otra vez poner la voluntad en una nueva construcción colectiva, regional, soberana, implantada en un eje que no sea el que históricamente nos castigó, sino en una nueva geopolítica que no nos ahogue, sino que nos permita respirar. Que sea.

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Crónica desesperada desde Ecuador

Hoy no escribo un texto. Lo de hoy es un grito desesperado. En Ecuador nos están dejando morir.

No es una sensación, es una realidad. Hace tiempo que lo vienen preparando y esta pandemia se los sirvió en bandeja. No alcanzó con la traición bien planificada de Lenin Moreno, ni con el esfuerzo denonado por menospreciar lo hecho por Correa. Era necesario un castigo ejemplar. Decirle a este pueblo de indios que Atahualpa ya había muerto, que a los dirigentes indígenas ya los habían comprado, que ellos habían vuelto para normalizar la patria.
Hoy no es que se les fue de la mano a pesar del esfuerzo. Hoy es el resultado del esfuerzo hecho para castigar. El resultado del odio, de la inoperancia, de la traición.

La cuarentena sin paliativos, sin contención, sin el estado presente es simplemente aislar para matar de a uno y sin capacidad de resistencia. La desinformación coadyuva a la parálisis que también aisla. En las ciudades donde las autoridades mantuvieron el tejido social, la idea de pueblo, el sentido solidario están sobreviviendo. En donde culturalmente prima el sentido comunitario en torno a la tierra y su producción es donde menos efectividad tiene esta máquina de muerte.

Los muertos en la calle es la manera obscena de mostrar el castigo. Las dictaduras militares dejan los ejecutados en la calles como escarmiento y forma de sembrar el terror. Aqui está bien mostrado el sadismo de dejarlos librados a su suerte. No aparecen en el Guayaquil coqueto, el del modelo exitoso. Aparecen donde se vive apiñado, sin servicios o precarios, con un calor sofocante, donde la muerte se pasea con naturalidad y no hay recursos para pagar 1000 dólares el servicio funerario.

Es tal la desidia y el volumen de cadáveres acumulados que ya van apareciendo adentro de camiones de transportes de alimento conducidos hacia otros lugares de la provincia o del país. Esto no es exageración , ni son las hordas correístas bombardeando con falsa información. Es la triste consecuencia de un estado ausente, mentiroso, corrupto hasta la médula y dispuesto a no permitir que el fastidio ciudadano madure en organización..

Se nos piden datos numéricos que nada dicen ni representan, pues todos son datos mentirosos. Los médicos amenazados con que si divulgan datos son echados. A los cadáveres no se les realiza autopsia. Lo que sí podemos contar son historias. Amparito Salinas, encontrada en su casa sin alimento y sin vida. Rosa Escobar, que habiéndose acabado el oxígeno que tenía salió a la vereda y con gritos desesperados murió frente a la mirada impotente de sus vecinos. La familia de los Barriga a quienes encontraron toditos abrazados en la única cama de su habitación, y también los hermanitos Castro, a quienes alguien llevó ante la puerta del hospital y los dejó sentados en una silla hasta que sus cuerpos inertes llamaron la atención de algún enfermero.

Estas son historias concretas de gente concreta que se cuentan por cada barrio pobre de Guayaquil. La vida no vale nada, como canta blades.

A los médicos de la salud pública les está prohibido hacer reanimaciones, cuando llega la neumonía se abandona al paciente y el oxígeno cuando se acaba no se repone. Pero mientras tanto se paga al FMI 320 millones de dólares. Esa es la prioridad.

A nadie extraña que la ministra de gobierno no tenga respuestas o mienta. Es vieja conocida. Comandó la represión en las protestas de octubre. ¿Qué significa para ella una persona más o menos? En Baños quiso meter calladita a cinco policías presuntamente contagiados a pasar la cuarentena en la escuela de policía. Enterado el alcalde le negó el permiso. La respuesta fue dejar a baños sin policía y en consecuencia sin seguridad.

Un vecino de Guayaquil luego de perder su segundo familiar gravó un video quejándose en duros términos de las autoridades y hoy está preso.

Buscan distraer y de paso demonizar a Correa y en un lawfare versión bananera lo condenaron a 8 años de prisión y 25 de inhabilitación por corrupto, mientras ellos hacen negocios con la compra de mascarillas o separan parte de las ayudas internacionales para sus propias campañas.

Así se maneja este gobierno.

Ecuador está agonizando. Ayúdennos a que viva.

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Política

Los indios del pasado y del futuro

Anoche estaba en Zapala, sola, cuando me llegaron esos videos que muchos vieron y que después no fui capaz de volver a ver. Escribí un posteo en Facebook que despedía el humo de mi rabia, un posteo descentrado y furioso que si no escribía me hubiese hecho daño. Uno ve lo que pasa. Es demencial. Esa mujer –no es casual que hayan elegido la mascarada de una mujer para hacerles de florero siniestro, lleno de flores carnívoras – hoy decretó que las fuerzas no deberán rendir cuentas por nada de lo que hagan durante la represión. ¡Y la libertad de prensa! Ese concepto de culto para acusar a los gobiernos populares de lo que nunca hicieron, censurar, salvo cuando los medios, como en Venezuela, eran parte activa de los intentos de golpe o cuando incitaban a la violencia contra quienes apoyaban al chavismo. Ahora en Bolivia las fuerzas le echan gas en la cara a los corresponsales extranjeros o los amenazan con acusarlos de sedición. Si algo tiene esta ultraderecha es libertad para expandir su odio. Ya llegarán protestas duras desde otras latitudes, pero aquí… parece un mal menor. Parece una necesidad tolerable. Consienten. Salvo excepciones, los que ya sabemos consienten todo, porque en realidad ven en Bolivia eso que quisieran hacer en todas partes, locuras tales como negar a los indígenas en un país con más de un setenta por ciento de población indígena.

Están alienados y tienen algo más que el falso diablo adentro que vemos cómo los pastores neoevangélicos les sacan al grito de “¡Vete demonio!”. Pero la presidenta de facto ha hablado de “satánica” para referirse a la Pachamama. A ella le gusta más Halloween.

Todavía no se dan cuenta, pero matan a los que han matado siempre desde hace siglos, y sin embargo no son los mismos. Matan a los indios como si hoy los indios fueran lo que fueron para las cortes del siglo XV. Y hoy son todo lo contrario: son la reserva de la especie para encontrar nuevas formas de estar y ser en el mundo, en armonía y en equilibrio.

Los jóvenes chilenos que usan punteros láser para enfrentar a los carabineros anabolizados estilo chimpancé, tienen otra idea de los pueblos originarios. El láser y la bandera mapuche se llevan bien y se necesitan. No hay contradicción entre modernidad y pueblos originarios, porque en el paradigma que todavía no tomó forma pero que germina, los pueblos originarios forman parte de lo nuevo. Tienen soluciones que Occidente no tuvo. Tienen saberes que Occidente no tiene. Lo plurinacional no es una forma de decir. Es un modo de integrar y acoplar lo reprimido, lo sabio, lo emergente, lo último, lo antiguo, y de vivir en paz.

Aunque hoy sigamos viendo escenas inenarrables dignas de torquemadas tan torpes como sanguinarios, se abre el camino de la cohesión plurinacional en todos nuestros países y la certeza de que la emancipación será con ellos o no será. No es una concesión de progresía. Es un despertar que nació en Chile pero se expandirá porque siempre nuestra región siempre fue el patio trasero que reprodujo con los originarios la opresión que Estados Unidos ejercía contra nuestras sociedades. Esos cholos y cholas que parten al alma cuando lloran a sus muertos estaban aquí desde mucho antes que llegaran los europeos y, qué paradoja, hoy nos están esperando en el futuro.